jueves, 5 de enero de 2017

Maneras de vivir

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Es posible que no sea de tu agrado, es posible, incluso, que te asquee. Puede que me veas con unos ojos entrenados por las grandes masas con todo tu beneplácito. O tal vez sea que me tienes miedo. Temes algo tan sencillo como que pase a tu lado y te pida lumbre. Sí, fumo las colillas que encuentro, los cigarrillos que tiras tras un par de ansiosas caladas. Y ni siquiera me miras cuando nos cruzamos. Te asusta lo que desconoces y, en este caso, no entiendes mis marcadas y profundas facciones. 
Mi rostro se ha curtido en mil batallas contra inclemencias que sólo has visto en el cine y aun así me desprecias. He corrido mil y una aventuras, o ninguna, pero bajo las estrellas he vivido más intensamente que tú bajo tu techo de clichés. Por eso piensas que soy una amenaza. Soy inofensivo. Es más, lo que estoy es indefenso ante pensamientos como el tuyo. No soy un ladrón, ni un delincuente. Tampoco soy un vago o un aprovechado. Sólo soy un hombre que ha decidido no seguir las normas que tú sigues.

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