domingo, 24 de marzo de 2019

El cuerpo deshabitado

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Dándose contra los quicios,
contra los árboles.

La luz no le ve, ni el viento,
ni los cristales.
Ya, ni los cristales.

No conoce las ciudades.
No las recuerda.
Va muerto.
Muerto, de pie, por las calles.

No le preguntéis. ¡Prendedle!
No, dejadle.

Sin ojos, sin voz, sin sombra.
Ya, sin sombra.
Invisible para el mundo,
para nadie.


Poema de Rafael Alberti
Imagen de Pixabay



viernes, 22 de marzo de 2019

El Cazador De Dioses - Capítulo 1: El Hallazgo

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Anteriormente en El Cazador De Dioses...


Una luz roja empezó a parpadear en el radar. El sistema de escaneo automático de la Thaddeus había encontrado algo en las zonas gélidas de la Tierra, y parecía que era aprovechable. De inmediato, la paleontóloga Saima Tyagi informó al capitán Harris, quien se vistió a toda prisa y acudió al laboratorio. Parecía contrariado por la repentina interrupción de lo que fuera que estuviera haciendo en su camarote, pero se le pasó en cuanto descubrió de qué se trataba. Según las lecturas recibidas, un bloque de hielo en una cueva de Alaska albergaba en su interior un ejemplar en buen estado de homo sapiens que databa del pleistoceno. Deslumbrado, el capitán ordenó a la paleontóloga que desenterrara al cavernícola, lo introdujera en una cápsula y lo llevara a bordo de la nave. Le acompañarían Jim Niizaki y el no-humano G-Carl.

El término "no-humano" se usaba para designar a los ciudadanos de la Federación de Planetas que, tal y como sugiere, no formaban parte de nuestra especie. Ese era el caso de G-Carl, descendiente de los gorilas modificados genéticamente que un siglo atrás habían sido usados para trabajar en las minas de Marte (El Planeta de los Simios, como se llegó a conocer popularmente). También se consideraban no-humanos a los androides, y desde luego, la Thaddeus contaba con uno en su tripulación: la mecánica April 9213. Venía de serie con la nave; fue programada expresamente para su mantenimiento y la conocía como si fuera una extensión de sí misma. Podía decirse que lo era.

Por ese motivo, a pesar de la peligrosidad de la misión, Harris prefirió no enviar a la androide. Si moría el hipergorila aún le quedaba otro agente de seguridad, y no sentía ninguna simpatía por Niizaki, el técnico de crio-hibernación. Pero no quería perder a la encargada de supervisar la salud de la nave. Además de ser un valioso activo para la compañía, April tenía otras funciones que el capitán hubiera echado de menos.

Así pues, fueron Tyagi, Niizaki y G-Carl quienes bajaron a la Tierra para recuperar al espécimen. El capitán no dudaba de la profesionalidad de la paleontóloga, y sabía que el gorila ayudaría en todo lo que hiciera falta, pero el técnico de crio-hibernación era impredecible. Aunque se encontraba sobrio, la edad y el alcoholismo lo estaban dejando cada vez más hecho polvo. No obstante, lo necesitaba allí abajo para que programara la cápsula, que también disponía de funciones médicas para asegurar la supervivencia del sujeto conservado, en la que transportarían la preciada carga. Desde el laboratorio, el capitán se sintió aliviado cuando Tyagi le confirmó a través de su comunicador de pulsera que la extracción había sido un éxito, y que no tardaría en recibir en pantalla un diagnóstico preliminar realizado por la máquina de Niizaki. El homínido presentaba signos de asfixia. Había muerto aproximadamente en el año -20.000 tras un derrumbe. Pero el aislamiento y las bajas temperaturas habían mantenido el cuerpo en perfectas condiciones, dada su antigüedad.

Con sólo pulsar un botón, podían reparar sus células y reanimarlo, pero era algo que el capitán de la Thaddeus prohibió terminantemente, y que, como es obvio, ninguno de los tripulantes tenía la más mínima intención de hacer, mucho menos en mitad del espacio. Eso sí, el cavernícola despertaba una inmensa curiosidad, y todos los que no estuvieron presentes cuando fue sacado del hielo quisieron acercarse a contemplarlo una vez dentro de la nave. Ian Harris fue el primero, quería asegurarse de que el cadáver sería útil para la Nascimbene Corp., lo cual le supondría todo un éxito profesional. Tal vez el ascenso a un puesto mucho más cómodo que el de capitán de aquella chatarra flotante, que pasaba más tiempo en el espacio que en suelo firme, y unos honorarios aún más elevado que los que ya recibía. Aquel pobre diablo salvaje y desaliñado que había muerto en el pasado, representaba el símbolo de su reluciente futuro.

Estaba tan ansioso por contactar con la compañía que ni siquiera recurrió a la técnica de comunicaciones. Volvió a su camarote y desde allí, a puerta cerrada, realizó la videollamada al consejo directivo. Poco después, se pasó por el puente de mando y ordenó a los pilotos que pusieran rumbo al sistema Asgard. Natalie Clark y Scott Lewis fijaron la ruta, configuraron la nave en modo automático y, a pesar de no estar solos, se dedicaron una sonrisa pícara el uno al otro. Sabían lo que aquello significaba: fiesta y revolcón. La Thaddeus tenía algo que celebrar.



Novela por entregas de Román Pinazo 
Ilustraciones de Oscar Silvestre

jueves, 21 de marzo de 2019

El Cazador De Dioses - Prólogo

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Desde el principio de los tiempos hemos contemplado las estrellas con anhelo, deseando alcanzarlas, comprenderlas y conquistarlas. Siempre supimos que ese era nuestro destino. Hasta que un día, así fue.

Tras la terraformación de Marte y el descubrimiento de otros planetas habitables, poco a poco la Tierra quedó abandonada. Aunque de todas formas, la vida allí era cada vez más difícil. Tres siglos de contaminación, radiación y extinciones masivas provocadas por el ser humano habían causado estragos irreparables en la salud del planeta. Cuando quisimos reaccionar, era demasiado tarde.

Pero como suele ocurrir cuando dejamos el nido, nos gusta conservar recuerdos del lugar donde crecimos. Un objeto simbólico, un álbum de fotos o, como era el caso de EarthWorld, un museo viviente.

EarthWorld era un planeta desierto pero habitable del sistema Asgard. Después de instalar una enorme red de vallas magnéticas que dividían su superficie en diecinueve zonas, la compañía Nascimbene Corp. intentó recrear en cada una de ellas los diferentes periodos de la historia natural de la Tierra. Para ello utilizaron el material genético encontrado en diversas exploraciones paleontológicas, realizadas en el antaño conocido como planeta azul. Un colosal parque biológico situado en el mismo sistema de Nuevo Edén, hogar de familias adineradas y aburridas a la caza de nuevas experiencias. Por eso, EarthWorld era un negocio seguro.

La Federación de Planetas autorizaba a la Nascimbene Corp. a clonar cualquier especie animal o vegetal que hubiera existido en la Tierra a lo largo de toda su historia, exceptuando a los homínidos pertenecientes a la cadena evolutiva del homo sapiens. Tampoco estaba permitido, en teoría, clonar humanos actuales. No obstante, existía un vacío legal al respecto. ¿Y si encontraban, no material genético, sino un cadáver conservado en buenas condiciones?

En el año 2178, la ciencia permitía la reparación celular de sujetos fallecidos y su posterior reanimación. En otras palabras: era posible resucitar a los muertos. Sólo era cuestión de tiempo que alguien acabara reanimando al sujeto equivocado.


Nave: Thaddeus

Misión: Búsqueda y recuperación de material genético para ampliar la biodiversidad de EarthWorld.

Destino: Tierra, Sistema Sol

Tripulación: 11 miembros


Nº 1
Nombre: Ian Harris
Rango: 1
Sexo: XY
Edad: 54
Categoría: Humano
Función: Capitán
Comentario personal: Si hay pasta, con eso nos basta.
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Otros datos: Ambicioso en extremo. Problemático.


Nº 2
Nombre: Oli Kruger
Rango: 2
Sexo: Mira la puta foto
Edad: 36
Categoría: Humano
Función: Agente de seguridad
Comentario personal: Obedezco bien las órdenes siempre que no me toquen los cojones.
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Otros datos: Ex-militar. Implantes cibernéticos.


Nº 3
Nombre: G-Carl
Rango: 2
Sexo: Macho
Edad: 27
Categoría: No-humano
Función: Agente de seguridad
Comentario personal: Se me da bien patear culos.
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Otros datos: Hipergorila. Dieta vegana.


Nº 4
Nombre: Natalie Clark
Rango: 3
Sexo: Sólo con mi chico
Edad: 28
Categoría: Humana
Función: Piloto
Comentario personal: Si necesitas una buena piloto, cuenta conmigo. Si buscas algo más, ponte a la cola.
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Otros datos: Primera de su promoción. Dieta vegana.


Nº 5
Nombre: Scott Lewis
Rango: 3
Sexo: Sólo con mi chica
Edad: 26
Categoría: Humano
Función: Co–piloto
Comentario personal: Siempre hay algo en lo que mejorar.
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Otros datos: Involucrado sentimental-mente con Clark.


Nº 6
Nombre: April 9213
Rango: 3
Sexo: El que prefieras
Edad: 5
Categoría: No-humana
Función: Diagnóstico y mantenimiento de la nave
Comentario personal: No me importaría salir de vez en cuando.
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Otros datos: Androide. Función secundaria: MBP.


Nº 7
Nombre: Saima Tyagi
Rango: 4
Sexo: Mujer
Edad: 42
Categoría: Humana
Función: Paleontóloga
Comentario personal: Puede que no sea la mejor, pero sí la que más ama su trabajo.
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Otros datos: Profesional e intuitiva.


Nº 8
Nombre: Jim Niizaki
Rango: 4
Sexo: No desde hace bastante
Edad: 66
Categoría: Humano
Función: Técnico de crio-hibernación
Comentario personal: Como una máquina antigua funciono con combustible, pero funciono bien.
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Otros datos: Problemas con la bebida (sin incidentes graves).


Nº 9
Nombre: Valeria Onatopp
Rango: 4
Sexo: XY
Edad: 21
Categoría: Humana
Función: Técnica de comunicaciones
Comentario personal: (En blanco)
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Otros datos: Sobrina de Ivan Pietrovich.


Nº 10
Nombre: Robert Palmer
Rango: 5
Sexo: XXX
Edad: 45 (+150 años crionizado)
Categoría: Humano
Función: Cocinero
Comentario personal: Ya que no me proporcionan los ingredientes que pido, al menos déjenme cambiar el repertorio musical de la nave.
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Otros datos: Formación obsoleta.


Nº 11
Nombre: Miguel Grijalba
Rango: 5
Sexo: Macho español
Edad: 47
Categoría: Humano
Función: Limpieza y mantenimiento
Comentario personal: Sin pausa pero sin prisa.
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Otros datos: Contactos de interés.


Observaciones: Buen rendimiento hasta la fecha, pero necesario imponer disciplina. Detectadas palabras mal sonantes a la hora de rellenar las autofichas de los empleados. Importante: la casilla de Sexo no es la de Comentario personal.


Novela por entregas de Román Pinazo 
Ilustraciones de Oscar Silvestre


miércoles, 20 de marzo de 2019

Vosotros

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Vosotros. Los que usáis a Marwan, Andrés Suárez y demás cantautores para bajar las bragas... tened el coraje de jugaros la sangre con palabras propias o al menos estad después a la altura con frases ingeniosas que mantengan ese deseo. Dejad de vendernos mentiras, mentiras y más mentiras.

Texto de Saray Pavón
Foto de Dani Alarcón

lunes, 18 de marzo de 2019

Realeza

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“¡Dónde se encuentra mi familia!” entra gritando el rey con locura al castillo. Vengo a reclamar por su presencia, sentencia. Los súbditos no saben si contestarle o escapar y nunca volver al castillo para hundirse con la oscura verdad. Se observaban absortos entre ellos hasta que un valiente da un paso adelante: "mi rey, su familia lo espera como lo ha esperado hace ya veinte años, frente a la ventana de la segunda torre". 

El rey queriendo no entender se abre paso entre los plebeyos, que le libran el camino hasta las escaleras. El aire se enrarece mientras el monarca sube escalón por escalón. De pronto su mente se envuelve en sus grandes batallas, en cómo arrasó con cientos de pueblos, las súplicas que no dejó salir de la boca de sus enemigos y como se volvió el ser más poderoso de esas tierras. Los escalones siguen apareciendo y el aire se enrarecía todavía más. El rey siente un peso que le corta el aire. Se deshace de su pesada armadura. Las luces se distancian más y una puerta enorme emerge ante su mirada.

Se detiene, golpea fuertemente buscando contestación y solo se le devuelve silencio. Ya molesto por no entender qué sucede empuja la puerta y en los bordes de esta se deja entrever un poco de luz. Solo la puerta y su respiración llenan la sala de sonido. El rey siente que lo tocan en la espalda. Un clérigo en quien no había reparado, ansioso por ver a los suyos lo estuvo acompañando todo el tiempo. Este le habla: "oh, gran señor ¿de verdad queréis entrar ahí?". "Sí, padre, busco a mi familia: a mi esposa reina de todo lo que observamos y a mi príncipe"

El clérigo suelta el hombro del rey y da un escalón abajo. El rey, sin entender que sucede, entra en la habitación...


Relato de Chango Bastardo
Imagen de Pixabay



sábado, 16 de marzo de 2019

jueves, 14 de marzo de 2019

Tunning personal

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Vicenta Marquínez Martínez decidió abrirse un perfil nuevo en la red social. Había llegado a la conclusión de que usando su nombre y fotos reales no conseguiría hacerse amigos nuevos e interesantes, de estos que cuelgan frases lapidarias capaces de resumir la evolución del pensamiento humano en pocas palabras.

Ella subía a la red fotos del día a día, en la parada del autobús, metiendo la compra del super en el coche, tomando un café a media mañana...lo que hacemos todos en fin. Pero claro, con su nombre y sus fotos, de dudoso glamour el resultado en likes era pésimo.

Entró en la app, eliminó su perfil, y clickó "crear nuevo perfil".

Lo primero fue elegir su nuevo nombre: Vicky Marck. Tenía gancho y desprendía un halo misterioso extranjero fantástico. Además, sería Eslovaca y carnívora, pensó,sintiéndose de repente invadida por una excitación sexual increíble. 

En creencias se definió como budista no practicante, aconfesional y albina. Sus ojos brillaban de emoción y cada vez se gustaba más a sí misma.

Para la foto usó un dibujo de Mary Shelley tuneado. Era el centenario de Frankenstein y esto dotaría su perfil, sin duda, de un factor cultureta ciertamente irresistible. Se le pasó por la cabeza hacerse con uno de Edgar Allan Poe, pero este transmitía un mal rollo que poco iba con sus intenciones virtuales.

En intereses se declaró cooperadora de una ONG defensora de familias ictiófagas de invertebrados habitantes del Pacífico.

Cuando terminó de rellenar todos los campos del formulario salió a dar una vuelta y así darle tiempo al algoritmo social de la app para que le sugiriese nuevos contactos basados en el cruzamiento de datos con otros perfiles vegetarianos defensores de la alimentación basada en la quinoa.

Cuando paró en el paso de cebra frente a su portal ya se sentía nueva y plenamente identificada con su recién creada personalidad virtual. Decidió que guardaría todos sus libros en el cuarto de contadores del bloque. Total, nadie leía ya nada y ella no quería tener nada que ver con su aburrida vida anterior.

Renovaría su armario con ropa blanca vaporosa y quizás se tiñese el pelo de algún color de moda en Korea de sur. Últimamente los grupos pop de aquella parte del mundo lo estaban petando.

Al despertar al día siguiente sufrió una recaída en su triste personalidad anterior. Fue a misa de 12 y se presignó las veces que manda el catecismo.

Recuperó los libros del cuarto de contadores y los puso a la venta en wallapop. Total, nadie leía ya nada. También se convenció de que su color de pelo no estaba tan mal, de todas formas había olvidado la clave de acceso a la app.

Cosas de jueves.



Microrrelato de A. Ramírez
Imagen de pixabay

martes, 12 de marzo de 2019

El mejor amigo...

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...del oso. Es una novela de Arto Paasilinna que trajo Lucía Vargas y me dió mucha curiosidad la sipnosis que nos hizo: Pastor en proceso de divorciarse al que le regalan un oso que adopta como mascota. Además el plus de estar desarollada la historia en Finlandia... pero bueno, al grano: he disfrutado sumergiéndome entre las páginas aunque reconozco que no entra dentro de mi top-books.

La trama viene a enredarse y deshojarse en: Unos osos juegan despreocupadamente y descubren manjares alimenticios junto a su madre pero algo cambiará drásticamente la historia del libro. El pastor, déspota y férrico, cumple cincuenta años y le regalan un oso (así logran colocarlo y no se gastan ni un duro) al que le cae el nombre de Lucifer por la expresión que suelta la mujer del pastor al verlo. Este danzará de un sitio a otro: ocupará el hueco de un difunto marido, porque el pastor acuerda con la desgraciada que lo cuide con el fin de aliviar su soledad, una madriguera artificial donde...

domingo, 10 de marzo de 2019

Elegí la vida

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No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.


Poema de Rudyard Kipling
Imagen de Pixabay

viernes, 8 de marzo de 2019

Choose Life

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No era una transgresión
eso de amarse,
pero aceptamos su dogma
para no sucumbir a nuestros miedos.

No era una transgresión
sentirse libre,
aún así, recibimos los golpes
y escondimos la canción en los barrotes.

No era una transgresión
continuar vivos,
pero preferimos el violín
al tormento continuo de la rabia.

Poema de Diego Solís
Imagen de Pixabay



miércoles, 6 de marzo de 2019

Agridulce desorden

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La insensatez se apodera de mis sueños, hasta ahora llenos de coherencia y premoniciones rutinarias, hasta ahora imbuidos en un tono ceremonial de alineamiento y eficiente disciplina. Donde hubo armonía gris y oscuro orden, ahora solo hay caos y locura que estallan como un vistoso estampado, un vórtice de discordancias perpetuas, un remolino de inseguridades; como el resultado de sumergir en lejía una camiseta de colores vivos, retorcida estratégicamente. En mi mente ya no hay espacio para las ideas estructuradas y llenas de juicio. Se acabaron la concentración y la responsabilidad simbolizadas con interminables estanterías que albergaban los volúmenes de la corrección, el compromiso y otras muchas virtudes. Esos huecos se van completando con la improvisación y la sorpresa, con pequeños trozos de sutil indiferencia, con revoltosos jirones de curiosidad. La seriedad y la preocupación dan paso a la risa y al esparcimiento. El semblante sombrío que siempre emergía en primerísimo plano en mis sueños, se torna un plano abierto donde confluyen cientos de desconocidos que ríen, disertan y pasean cruzándose los unos con los otros. Y los envidio, dentro de mi propio delirio nocturno, y comienzo a dejar de temer al desorden, aunque aún me aterre descubrir nuevos colores, nuevas técnicas para convertir prendas aburridas en todo un canto a la libertad. Voy descartando progresivamente ese ambiente de inconsciente opresión, ese agobiante y pesado techo descendiente que, al igual que las paredes, me condenaba al hastío en una habitación menguante y obsesiva. Ahora correteo sin sentido alguno de un lado a otro por un enorme prado de  floridas posibilidades y he desechado completamente lo establecido, no sin cierto esfuerzo y nostalgia hacia aquel anterior estado de ilusoria autocomplacencia.  Y me temo que esa nostalgia jamás desaparecerá, por mucho que la excitante colección de posibles vivencias que me rodea eclipse, con su color, el grisáceo tapiz en el que retocé, tiempo atrás. Pero ya no hay remedio, o no quiero ponerlo; todos los libros que conformaban mi vida están esparcidos por el suelo, pues fui yo mismo quien provocó el terremoto que hizo tambalear las estanterías. El temor a las réplicas me impide poner orden de nuevo, por eso salgo a campo abierto. Por eso, aun a riesgo de no encontrarme con otro ser humano en kilómetros, me lanzo a las enormes llanuras de la incertidumbre y el desasosiego. Y deseo, envuelto en el manto reversible de la esperanza y lo desconocido, volver a soñar, pero esta vez despierto, con esos espacios abiertos donde todos ríen, disertan y pasean, esperando que el resorte que retiene mi arrojo se rompa de una vez por todas y me impulse hacia dulces y turbulentas espirales de color y locura.

Texto de A. Moreno
Imagen de Pixabay

lunes, 4 de marzo de 2019

El dolor

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El dolor no humaniza, no ennoblece,
no nos hace mejores ni nos salva,
nada lo justifica ni lo anula.
El dolor no perdona ni inmuniza,
no fortalece o dulcifica el alma,
no crea nada y nada lo destruye.
El dolor siempre existe y siempre vuelve,
ninguno de sus actos es el último
y todos pueden ser definitivos.
El dolor más horrible siempre puede
ser más intenso aún y ser eterno.
Siempre va acompañado por el miedo
y los dos se alimentan uno a otro. 




Poema de Amalia Bautista
Imagen de Pixabay


sábado, 2 de marzo de 2019

Mi delito

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Estaba sentado en el banco de madera de una estación de tren. Conocía todos los rincones. Todos los días me paseaba un largo rato antes de dirigirme a mi trabajo.
Los sintecho, mendigos del sueño de la noche, se apelotonaban en un rincón de la estación. Un predicador dictaba sus proclamas desde un pequeño púlpito.
Eran las ocho de la mañana de un día cualquiera, cualquier día era bueno para morir. Los trenes se sucedían como pequeñas balsas trasladando a sus ocupantes a las pequeñas islas de la gran ciudad.
Todas las mañanas, mis ojos contemplaban la misma escena. Tapé mi cara con la palma de mis manos para aislarme del bullicio y decidí que después de tanto tiempo esperando fielmente, el día, por fin, había llegado.
Caminé sobre el andén, titubeando. Bajé hasta la vía por una escalerilla y tumbé mi cuerpo sobre el raíl. Deseaba tener constancia de que moría contemplando mi propia muerte. Desde mi posición divisé como se acercaba un convoy y por los altavoces se repetía: «El próximo tren no parará en esta estación».
        —¡Bien! —exclamé—. No parará. Todo pasaría rápido, sin que pudiera volverme atrás. “No parará”, me repetía.
El corazón se aceleraba por momentos, mis brazos temblaban. Un sudor frío pegó la ropa a mi piel. Supe que no había forma de huir.
El predicador se dirigía a los mendigos, me citaba como ejemplo de fariseo, y que todos y cada uno de los allí presentes debían seguir sus consejos para no acabar como yo.
No presté demasiada atención a la perorata. Sólo pensaba en mi final y acomodé mi cuerpo a la vía. Los mendigos se dedicaban a quitarme los zapatos, pero no me importaba, en unos segundos, no me servirían de nada.
El tren se acercaba a toda velocidad. Por mis ojos brillantes se sucedían imágenes de mi vida. De repente, me desplacé a un lado. No sé por qué extraño motivo, quizás hoy no quería morir.
El predicador me miró con una expresión quebradiza, como si pidiera perdón por los pecados que no había cometido, pero finalmente abroncó mi decisión con gritos roncos. Si hubiera permanecido en la vía y mi alma se hubiera liberado de mi cuerpo, habría conseguido más seguidores. Los mendigos me chillaban: «¡cobarde!» y el eco martilleaba mi cabeza.
Y salí de la estación, descalzo, pensando en mi delito de cobardía.
Quizás regrese mañana o la semana que viene. Suplicaré al predicador para que me clave con afiladas escarpias a la madera de los raíles. No creo que se niegue, podrá clamar a la concurrencia de que soy un nuevo Mesías. Servirá para mis intereses de cobarde.

Texto de Eugenio Barragán
Imagen de Pixabay

jueves, 28 de febrero de 2019

El suelo del matadero

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—Oye Rick -preguntó la jovencita que acababa de conocer en un bar a través de un guasap- ya sé que te has tenido que marchar de repente porque eres detective privado… Pero ¿qué hago yo ahora el resto de la noche sola en tu cama?
—No sé, puedes contar ovejas… -respondió Rick.
—Tu profesión debe de ser emocionante… Dime… ¿Has estado alguna vez a punto de morir?
—Muchas veces, pero ninguna en mi trabajo.
—No, estoy hablando en serio.
—Yo también.
—Cuenta entonces -dijo y le envió un emoticono travieso.
—Hace un mes conocí una mujer por internet. Quedamos en un hotel, porque yo le propuse que hiciera todo lo que yo le dijera. Y ella aceptó.
—¿Una desconocida aceptó realizar todas tus fantasías sexuales?
—Exactamente.
—¿Y qué pasó?
—Fue un sueño hecho realidad. El mejor sexo que jamás he tenido.
—¿Y sigues con ella?
—No. Después todo se convirtió en una pesadilla.
—¿Por qué?
—Me has preguntado si he estado alguna vez a punto de morir. De repente se volvió loca. No sé, debió molestarle algo que dije o es que en realidad era una asesina, lo cierto es que de repente sacó un cuchillo y me lo quitó todo.
—¿Te robó?
—No exactamente. Se puso celosa y me quitó el móvil y las llaves y tuve que salir corriendo.
—¿Ella conoce tu dirección?
—Sí. Me mandó varios regalos.
—¿Cambiaste la cerradura, supongo?

—No me molesté, vive a más de mil kilómetros de aquí.
—Menos mal que has llegado, me estaba entrando miedo y al oírte abrir la puerta me has dado una alegría.
—Estoy en el trabajo. Yo no he abierto la puerta...


 Texto de Jose Antonio Gamero
Imagen de Pixabay

martes, 26 de febrero de 2019

Error fatal

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Alargué el brazo para comprobar si aún seguía allí, bajo el agua. El frío no parecía afectarme, me había vuelto insensible, o tal vez el temor a ser descubierto en aquella situación elevaba la cantidad de adrenalina en mi sangre de tal forma que me otorgaba la sensación de estar envuelto en una piel de oso. El otro aspecto desagradable era el hedor de aquellas aguas putrefactas. Hacía todo lo posible por no pensar en ello y, como aquellos enfermos que se evaden del dolor proyectando imágenes en su cabeza, yo plasmé en la mía la reacción de los más allegados al averiguar lo que había hecho. Lo más increíble para mí mismo fue el hecho de haberme arrepentido al instante, como si me hubiese agradado haberlo tenido en mi mano. Arrojar un cadáver al río… eso habría sido mucho más comprensible para todos que perder la alianza en el desagüe del inodoro el día de la boda.


Texto e imagen de A. Moreno 


domingo, 24 de febrero de 2019

Miniaturas, de ELoy Falcón

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El mismo autor nos envió una breve descripción de su trabajo en la que podemos  comprobar que controla de su campo. No, no tiene una tienda de Warhammer 40.000. Es arquitecto. Lo explica así:

Presento a concurso estas ruinas hechas con cartón para juegos de estrategia y/o rol con miniaturas de 28mm.

Para llevarlas a cabo he usado cartón de doble corruga, masilla tapajuntas para paredes interiores, pegamento caliente, arena, gravilla y pinturas. Utilizando una miniatura como canon de referencia para la escala, sobre la caja de cartón hice el trazo de una fachada básica. Tuve en cuenta la disposición de las ventanas y de los pilares entre ellas para modular correctamente la longitud de cada trozo de fachada. Del mismo modo, tuve en cuenta las alturas de las ventanas, las posiciones de los forjados y de las cornisas para calcular la altura de la pieza.


Una vez la estructura básica estuvo trazada sobre el cartón, lo corté con un cúter y procedí a ensamblarlo con pegamento caliente.

Con el armazón preparado, tapé todas las corrugas visibles del cartón con pegamento caliente y después cubrí toda la pieza con masilla tapajuntas para darle textura al cartón y que pareciera hormigón.

Por último, añadí arena, grava y alguna que otra pieza de plástico y madera para simular montones de escombros y pasé al pintado.




Como extra, y porque no solo de ruinas vive el friki, hemos seleccionado esta otra espectacular miniatura  (de 5x2,5cm) fotografiada de forma exquisita por Jonathan Martín, a quien habrá que seguir la pista a partir de ahora. Creo que es necesario añadir que el cuerpo está hecho con palos de helado y las velas con mondadientes.


Texto de A. Moreno
Texto explicativo del propio Eloy Falcón
Imágenes de Eloy Falcón excepto la última, que es de Jonathan Martín

viernes, 22 de febrero de 2019

Segundo

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Y dices sin decir, lo que nunca quisiste decir cuando tus frases se entrecortan, porque no quieres que las escuche a pesar de que esté delante. Y dices sin decir lo que siempre quisiste decir, porque tus labios vibran y el carmín brilla. Y no dices nada y lo dices todo, porque tus ojos hablan, pero tú no lo sabes. 

Y mi voz tiembla, y te pido que levantes la cabeza con la misma frase tantas veces repetida. Y quieres correr lejos del momento, porque no quieres conversar, pero tú lo haces sin hablar, solo con gestos. 

Y te quedas allí, en el rincón, porque las sombras se han deslizado por el pavimento y han clavado tus pies al suelo, con las puntas en forma de lanza. Y no sangras y nada dices, pero lo dices todo cuando tus ojos brillan como el carmín.

Y las saetas detenidas sobre la realidad persiguen la obstinada persistencia del tiempo. Las sombras regresan a la esfera y puedes escapar, y no decir nada, porque ya lo dijiste todo sin palabras.



Texto de Eugenio Barragán Fuentes
Imagen de Pixabay 

miércoles, 20 de febrero de 2019

Cuando fui el novio de la niña de El Exorcista

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No es verdad que Karras sacara al demonio de Regan. Por lo visto la niña siguió unos años más dando por saco, hasta que la madre se hartó de las tropelías de su hija y la echó de casa.

Regan, vagabunda por Georgetown, ya con veintiséis años o así. Se enrola en un viaje a España y paga el billete con un milagro negro. Aterriza en Toledo, por la catedral primada; rodea el edificio como una mendiga del medievo, a su aire, respondona, escupe a veces el gargajo verde; y se mete por otras calles y los turistas se apartan un poco. Alguna tarde de un día laborable escucha misa con cuatro viejas, y cuando el cura dice «oremos» ella convulsa sobre la madera del reclinatorio; luego reza el padrenuestro al revés y las viejas se santiguan y se van sin terminar la misa. Regan errabunda por el Miradero, por la ribera del río, siempre con el mismo camisón astroso; con un aburrimiento de mil demonios; con la cara rajada de heridas supurantes y los ojos de loba hambrienta. A veces hace lo del giro de la cabeza en algún parque escolar y los niños se tronchan de risa desde los columpios.

Regan y yo nos encontramos en el Paseo de Recaredo. Yo dibujaba algo y ella se paró a mirar lo que hacía; se echó a reir, una risa como un rugido, cargada de mocos en el pecho, y luego lo del gargajo verde. Escupió en el dibujo y quedó una mancha perfecta; un paisaje con un nublado sucio y esmeralda muy original.

        —Eres una artista, Regan.
        —Dame tu alma y seremos felices, Garven.

La voz diésel de Reagan me tiró los tejos. Regan olía a humedad, a cerrado y a frío de sótano. Llevaba siempre el camisón de siempre, viejo, amarillo, de chichinabo, con más mierda que un jamón. Tenía eccemas en los labios y los navajazos infestados del agua bendita del cura. La melena lacia de un cristo arrojado y rescatado del cieno del río.

        —Regan, me encantaría que fuéramos novios. Estoy más solo que la una.

Y Regan me daba su mano hinchada, podrida y fuerte. Metía la lengua en mi boca como un colibrí satánico; esa lengua de dos cuartas que sale en la película. La saliva ácida de Regan con algo de pota verde entre las muelas carniceras. Caminábamos de la mano y me hacía reír con sus palabrotas, virajes y acrobacias. Arreglaba todos mis dibujos a salivazos.

        —Lo que te quiero, cabrona.

A veces se liaba a collejas conmigo; era así de bruta y gamberra, igual que un muchacho. Porque yo no olvidaba el macho cabrío que llevaba Regan dentro, o los machos, nada menos que mil demonios. Cuando se quedaba fija, pensativa, supersticiosa, triste, con los ojos en blanco; se oía el murmullo de los demonios como si estuvieran reunidos dentro de su boca, sentados en las piezas dentales. Comíamos altramuces y cortezas en las terrazas de aquel parque cargado de verdura; bebíamos granizados y horchatas en vasos de plástico para llevar. Bailábamos con la música de los caballitos; nos dábamos el lote en la rosaleda y hacíamos algún sacrilegio. Regan me lo pagaba todo con la magia del infierno, siempre había dinero y saldo positivo; eso no era nada para el diablo y todo para los mortales.

        —Regan quiero vivir contigo en aquel barrio cerca de Urgencias por si te pasas conmigo.

De modo que Regan ya tenía las llaves en el bolsillo del blusón y unas escrituras de no sé qué notaría debajo del brazo. Éramos propietarios de un primero que daba al parque de las tres culturas. De una palmada aparecían los muebles a su gusto, blancos, como en la película. Regan tenía un joder salvaje y urgente. Una cabalgada de vértigo, siempre procuraba que acabara yo antes. Su cuerpo desnudo de vampiresa con una incipiente podredumbre post mortem, morada, musculazo, marcado y áspero; con unos pechos breves y rojos, malolientes, un poco quemados con agua bendita. Estaba buenísima como una satanasa de Frank Frazetta. Me hacía su baile maldito con las muñecas vendadas y en bolas; y aparecía la proyección del ángel caído en la puerta del armario. Luego se quedaba tumbada con los ojos en blanco, así hasta mañana, con el murmullo de los demonios en la boca, toda la noche con esos rumores que me ayudaban a coger el sueño.

        —Lo que te quiero, cabrona.

Un domingo había que ir a votar.

        —Mira Regan, estás en el censo electoral: Regan Teresa MacNeil

Y Regan cogía la papeleta de un partido católico para el congreso y el senado. De modo que el diablo votaba con un apostólico sentido.  Me vio la cara y quiso explicármelo.

        —Bajo la falda de una madre de domingo eucarístico solo es posible nuestra anarquía, Garven.
        —Qué huevazos tienes, Regan.
        —¿A quién vas a votar, Garven?
        —Lo que tú me digas, que para eso me tienes endemoniado.

Después íbamos a tomar unas cañas, entre el hueco que dejaba la gente que se apartaba de Regan. Siempre con la blusa de siempre, con los navajazos del cura en la cara; descalza, callosa, hijaputa, triste y digna. Bebía litros hasta regurgitar eructos de verde espuma; verde puré de guisantes; verde absenta o verde limón. Luego hacía lo del giro de la cabeza como un aspersor y quedaba un círculo de pota en el suelo. Qué descojone, Regan. «Esta maldita noche paga Regan» decía cachonda, satanasa; cuando la gente se hacía a sus cosas y la sonreían. Pagaba todo, con el milagro de su bolsillo, con el manantial de dinero desde el infierno. Regan nunca esperaba el cambio; así era de espléndida. Mi Regan.

Pero se fue una madrugada; me despertó el silencio de los diablos. Se iría con el sigilo de una levitación, por la puerta o por el fregadero, por la ventana o por el techo. Dejó un vacío como un limbo; me abandonó en el purgatorio de mi casa sin ella. Encima de la mesa encontré una bolsa de deporte a reventar con billetes de quinientos y una nota escrita a boli rojo que decía: «Me voy, chico bueno. El poder de cristo me obliga». Puse velas negras en las puntas de una estrella de seis puntas. Pero no venía nadie. Regan. Mi Regan.


Texto e ilustración de Garven

lunes, 18 de febrero de 2019

PUTA

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Sin título:

PUTA el ego de tu mente
y de la sombra que te sigue
queriendo despegarse de tu usurpador ser.

PUTA vos y tus ideas deformes,
tus palabras discriminatorias
y tus temores de "hombre" salvaje.

PUTA tus pensamientos machistas
y todo lo que vomitan.
Y hasta el sudor violento que expele tu piel.

PUTA todo lo que me decís
queriendo hacerme de menos,
queriendo hacerme mal.

PUTA mía quizás, pero PUTA tuya, JAMÁS.


Poema de Dánitza Baca
Imagen de Pixabay

sábado, 16 de febrero de 2019

@Drink&DrawSevilla

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Desde el 2009 percibo Sevilla como una ciudad muy viva. El movimiento artístico, más allá de los canales oficiales, salpica la poesía con sus ciclos, el teatro, la música… hasta el dibujo. Para esa faceta tenemos clubs, quedadas de bocetistas urbanos (urban sketchers) y una nueva iniciativa: @Drink&DrawSevilla

Su precursor es Antonio de Zayas y lo que plantea es: quedadas, por toda la ciudad, que reúnan a los interesados en el arte del dibujo y la pintura (tanto tradicional como digital)

Lo que se pretende: 
-Ampliar tus círculos de conocidos.
-Aprender de unos y de otros sobre técnicas, programas, materiales, tips,...
-Conocer rincones nuevos, tanto al aire libre como en interiores.
-Y salir de tu zona de confort mediante la propuesta de temas concretos.


Es un evento gratuito. Sólo tendrás que reservar tu plaza mediante mensaje privado. Y da igual el nivel que tengas de dibujo, lo importante aquí son tus ganas de aprender y crecer en el mundo del dibujo.

El primer encuentro se realizó el domingo 10 de Febrero en la Taberna del Dragón Verde (¡me lo pasé genial!). Estuvimos Carlos Gómez (@strengian), Rosario Utrera (@Rosario_Utrera), Maiku (@maiku_no_koe), Antonio de Zayas (@adzrinsta) y yo, Saray Pavón, (@SarayPavon aunque subo más dibujos en Behance) (vamos, gente muy maja). Puedes ver fotitos en el Instagram @Drink&DrawSevilla y Facebook, esa red social que nos hace procrastinar y a veces trae sorpresas. 

No se ha concretado periodicidad ni día específico de la semana pero sí sabemos la fecha del siguiente: 16/02/2019 a las 17h en CheckPoint @arcadebarsevilla c/Feria, nº49 (un evento a puerta cerrada porque la inauguración del espacio será el 22 de Febrero). Artista invitada: @sarahconhachecartoonist  

¡No os lo perdáis!


Texto de Saray Pavón
Cursivas e Imágenes de Antonio de Zayas


jueves, 14 de febrero de 2019

Muerte creciente

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Córtame en dos con un hacha.
Miedo.
Haz que mis entrañas jueguen.
Suelo.
Córtame después la leña,
Cielo.

Dispárame tras ocultarme,
A traición.
Con razones contundentes,
Corazón.
Justifica mis desvelos.
Estupor.

Acuchíllame en el lecho,
No te cortes.
Que la sangre no te asuste,
Y que brote.
Haz de mi pecho tu lienzo,
Pon tu toque.

Estrangúlame despacio,
Medias de seda.
Hasta que me torne malva,
Es tu carrera.
Juega conmigo a la muerte,
¡Eh! Tú la llevas.

Arrójame al precipicio
Desde lo más alto.
Que parezca un accidente,
Tacón desgastado.
Búscame luego si quieres,
Te esperaré abajo.

Envenéname en la noche,
Romántica la cena.
Espera a que llegue el postre
Para apagar las velas.
Lleva el champán a la cama,
No me esperes despierta.

Empápame en gasolina
Ríete de mí un rato
Fuma un puro con desprecio
Antes de prender el rastro
Y observa cómo me enciendo
Sin acabar en tus brazos.

Aunque parezca una broma
Hay que tomárselo en serio
Asesinar no es tan fácil
Como andar contando cuentos.
Créeme y haz lo que digo,
Sigue estos sabios consejos.
Que muy pronto y, si te aplicas,
Me estarás cortando el cuello.
Pero empieza desde abajo
Como yo he estado escribiendo
Poco a poco, una locura
Como crecieron los versos.
No tengamos prisa, tonta
Mientras, ve matando el tiempo
Pues esto es vivir contigo,
Un continuo matadero.

Texto de A. Moreno
Imagen extraída de Pixabay y retocada por A. Moreno

martes, 12 de febrero de 2019

1 de Noviembre

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A veces al revivir una vieja foto de familia, se dejan recuerdos en remojo cerca de la ventana, en la cocina. Y se sienta uno, mientras tanto, a repasar garbanzos de manera meticulosa y enfermiza redescubriendo momentos que ya no se recordaban haber vivido.

De la confusión se da uno cuenta entre el cuarto garbanzo y el quinto, al fijarse en el piquito formado por el relieve que dejó su raicilla.

Y vuelves, despistado, del garbanzo a la vieja foto de familia, con ese color que ya se iba, y que ahora, al mirarla fijamente, parece que se intensifica. Que huele a otro tiempo, a nudo en el estomago, y a pellizco en la barriga. 

Casi parece otra vida, aquella de recuerdos en remojo, cerca de la ventana, en la cocina.




Microrrelato de A. Ramírez
Imagen de pixabay

domingo, 10 de febrero de 2019

Mírame

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Deja ya de mirar hacia la calle
mientras la camarera nos pregunta
si queremos la leche bien caliente
o si la preferimos más bien tibia.
No me hables más del tiempo, que ya sé
que hace un calor impropio de estas fechas,
ni repitas de nuevo
las sandeces que dicen los políticos,
que ya me tienen harta.
No muevas más las manos en el aire
ni te subas las mangas ni te abroches
por enésima vez
el último botón de la camisa;
déjala un poco abierta, que me ponen
esos vellos rebeldes que se asoman
como pidiendo guerra.
No me cuentes la última película
ni ese libro tan gordo que has leído.
Cállate, por favor, calla un momento,
deja las manos quietas y, de una puta vez,
mírame tres segundos a los ojos.


Poesía de Ana Montojo
Imagen de Pixabay


viernes, 8 de febrero de 2019

La versatilidad de sus cuerdas

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Si buscas en google José Marín, Wikipedia nos lleva a un compositor y cantante español del Barroco (año 1618), sin embargo, aunque calcen mismo nombre e inquietud por el mundo musical… del José que vamos a hablar es el que nos ha regalado momentos impresionantes en el Ciclo de La Mirada de Hoy (en el cierre de temporada se marcó, junto con Carlos Castro -al saxo-, una improvisación basándose en una de sus canciones). Espero que al tiempo pongan la desambiguación en la web, mientras tanto nosotros ya empezamos a hacer sonar su nombre. 

Los escenarios no le dan miedo y se entrega, ya sea con micrófono o a viva voz. Ha lanzado su primer EP Siete canciones menores y otras tantas creciditas que cuenta con cinco pistas en las que se demuestra la versatilidad de sus cuerdas de guitarra y vocales, pero sabemos que su estudio nunca descansa y que tiene sentimiento para llenarnos las estanterías con sus CD’s. 

Su destreza le ha llevado a arriesgarse musicando el poema Una mujer de Carmen Aliaga, del que ha salido victorioso (y he de reconocer que se encuentra entre mis favoritos): no sólo se mete la piel de los versos sino que capta el ritmo de Libro Huérfano

Y mientras esperamos su siguiente entrega, podemos encontrarle en YouTube, Facebook y cautivando en el plató. 



Texto de Saray Pavón
Fotografía de Álex Ruiz
Audiovisual José Marín

miércoles, 6 de febrero de 2019

Proyecto Rockin' ladies

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Es difícil descolgar un sambenito y mostrar la realidad. En estos momentos en los que muchos hombres (y peor aún, mujeres) arremeten contra todo movimiento feminista, hay que destacar iniciativas como esta que nos ocupa. No hace falta hablar de paridad sino de ganas de hacer las cosas bien hechas y demostrar que están ahí. Perdón, demostrar nada, no hay que convencer de nada a nadie, sino hacer visible lo que otros o bien no quieren ver o bien tratan de ocultar por vete tú a saber qué motivos. El proyecto Rockin' Ladies trabaja por esto y mucho más. Está encabezado por la fotógrafa Raquel García, que además tampoco le teme a ponerse detrás de una batería; está aprendiendo, dadle tiempo. Junto a ella, otras dos polifacéticas e inquietas músicas: María Neila, vocalista de Alien Rockin' Explosion (aquí la divertida entrevista que nos regalaron) y París Lakryma, ex-batería de La calle del ruído. En su incansable lucha, no escatiman en esfuerzos para que salgan a la luz artistas del entorno del rock y el metal que, por el simple hecho de ser mujer (en el amplio y completo sentido de la palabra) permanecen en un segundo plano. Nada más y nada menos que en estos géneros tan masculinizados desde siempre en los que, hasta no hace mucho (y aún en algunos casos), se usaba la figura de la mujer como mero objeto de deseo y para hacer parecer malotes a nuestros ídolos. Raquel  y compañía pelean por todo lo contrario, dar nombre y visibilidad a mujeres con talento, que es lo que nos interesa. Y sobre todo en nuestro país. Todos conocemos bandas extranjeras con alguna integrante, o incluso con una mujer al frente. Pero en España, donde el rock y el metal carece del apoyo de los medios masivos, ese "yo me lo guiso, yo me lo como" es más complicado, si cabe, para ellas. Y no solo se preocupan de que suenen sus nombres y mostrarlas con increíbles fotos, sino también sus voces, sus historias, sus experiencias. Todos los días se puede descubrir una intérprete, compositora o instrumentista  a la que conocer, con la que disfrutar y dar mimo a tus orejones. Están ahí, te lo aseguro.

Así que si no conoces este necesario proyecto ya te informo yo y, si no lo sigues, ya estás tardando. Te lo pongo fácil: PINCHA AQUÍ

Texto de A. Moreno
Logo diseñado por Helen Sotillo

lunes, 4 de febrero de 2019

Pasmados

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Nos quieren engullir y cercar
nos persiguen incesantemente
nos controlan tozudamente
si nos pillan se sonríen y relamen
y nos piden que les acompañemos a su hogar
en la pocilga te dan tu espléndida ración
incluso si quedas descontento
te la pueden aumentar
la ley y el orden
son nuestros principios fundamentales
el que atente a alguna debe morir
Dios así lo quiere.
Te tragan, tú corres,
tropiezas y vuelves a correr
pero ten cuidado
los ángeles también lo son.


Poema de Felipe Zapico
Ilustración de Casilda García Archilla



sábado, 2 de febrero de 2019

Ir

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Para que la poesía sea un viaje debe acompañarte sin interferencias y de manera tranquila. Si existe una poeta que está fuera de la contaminación de las redes sociales y alejada de la inmediatez su nombre es Cecilia Silveira. Su nuevo libro de poesía se llama Ir. Ir, llegar y estar son las tres secciones del poemario. Y en este tránsito pausado Cecilia Silveira compone sus versos con exquisita musicalidad.

Mienten mis manos.
El desplazar se instala en mi garganta,
no digo casi nada cierto,
escucho un latido que huye,
lo sigo,
y el surco que dibuja en el espacio
me guía.

Los versos de la autora recuerdan esos inicios de Woolf o Duras cuando componen sus textos a partir del sonido de las olas del mar, el silencio de las playas desiertas o las sombras de los árboles. Desde esos paisajes la palabra se transforma en un puente que te conduce a cuestiones como la muerte, el deseo o el hecho de escribir. Sus versos se parecen a las naturalezas muertas en la pintura, pero las suyas están completamente vivas. Además, el ritmo, la cadencia y la musicalidad de su poesía surgen de manera muy natural tras esa elaboración tan calmada que la autora nos expresa.

Dejamos el puente atrás,
gritamos conjugaciones de un ir común,
y llegamos al acontecimiento.
Porque un puente atravesado por el tiempo
es siempre un disparador de instantes.

Lo veranos, las dunas, la muerte.
El guardián de los granos de arena
conoce la estrategia de las hormigas,
y seduce al aire
en espera de un paisaje quieto.
Sabe que el movimiento incita a dudar.


El puente es un lugar de paso, de cambio, de unión de un lugar a otro, pero también puede separar, marcharse y abandonar a los caminantes. El puente es una proyección de deseos e ilusiones, así como un lugar en el que se pierde aquello que no se es. En definitiva, el puente de Silveira es un terreno sin tiempo.

y conseguimos arañar la cáscara que nos niega,
en un terreno sin tiempo,
donde ya estamos perdidos.


Elementos líquidos y marinos están muy presentes en Ir. Encontramos mareas, olas, corrientes, lluvia, lágrimas o ríos entre los símbolos de agua de la autora.  Así como también aves, insectos y árboles entre lo inmaterial y lo material de piedras, nidos, juncos, aire o luz. Sus composiciones son hermosas, plasman sabiduría y transmiten la paz de los versos que se han escrito con calma y que luego se han trabajado con lentitud.
Para poder escribir, se debe leer con profundidad. Es por todo ello que no sorprende que entre las muchas lecturas de la autora se encuentren escritores de la talla de Ida Vitale, Idea Vilariño, Inger Christensen, Tomás Transtromer, Adam Zagajewski, Wislava Szymborska, Concha García, Sharon Olds o Alejandra Pizarnik.

Se oyen gritos que llegan.
La entrada a todos los puentes es una puerta
en la última habitación del ahora.


Ir es un gran poema lento, culto y prudente. Un libro para aprender, sentir y vivir un recorrido. En él Silveira nos muestra su madurez poética observada desde un instante de transición.

Sólo sé estar en este instante
y apenas soy capaz de transmitirlo.


Título: Ir
Autora: Cecilia Silveira
Ediciones En Huida
ISBN: 978-84-17502-36-2
Reseña de Beatriz Pérez Sánchez
Imagen portada de Ir

jueves, 31 de enero de 2019

Ajenjo, de Ramsés Torres

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Herida. En silencio y herida. Como siempre que se encontraban. Herida por el pasado. Vapuleada por el presente. Desorientada y a la deriva de un mar de sentimientos. No tenía sabor. Inodoro, incoloro e insípido. El ahora no tenía sentido. Sentada en aquel viejo Café, daba pequeños sorbos de ajenjo y grandes bocanadas de amargura, que tragaba con dificultad. El pasado acudía a su cabeza una y otra vez. Tan sólo unos momentos antes lo había vuelto a ver. Se había vuelto a perder en sus ojos, en la comisura de sus labios, en sus manos y, como casi siempre, su corazón había dado un vuelco. Sólo entonces cobraba vida su alrededor. Volvían el color y el sabor de las cosas. El sentido de la existencia. Su sonrisa. Y ella volvía a ser feliz. Guiños del pasado, de lo que pudo ser y no fue, sonrisas cómplices y miradas encontradas. Recuerdos y esperanzas que se desvanecían cuando llegaba el adiós. Y ella se quedaba sentada. Una vez más. Sintiendo aún el calor de su presencia. Escuchando su voz. Perdida en aquella mirada de amor. Y luego el tiempo pasaba. Y ella volvía a apagarse. Desaparecía su hálito de vida como si de una llama asfixiada por la falta de oxígeno se tratara. Ahogándose en un eterno vaso de ajenjo. Lenta o rápidamente. Daba igual. Qué más da. Sencillamente pasaba. Se dejaba vivir. Martilleando su ajado corazón con el paso de los minutos, las horas, los días y los meses... hasta que lo volvía a ver. Y volvía a sentir ese fuego en su interior. Esa pasión reservada para los amores verdaderos. Aquella nube de arena que arrasaba su pecho y le devolvía la vida de un solo golpe.

Pero mientras, el tiempo pasaba y lo devoraba todo a su paso. Dicen que curaba heridas. Que cicatrizaba los cortes del destino. Ella no pensaba eso. La flecha etérea que atravesaba su corazón le dejaba un dolor constante. Siempre elegantemente vestida y con tocado, esperaba que su hombre entrara por la puerta del Café y volvieran a charlar un rato. Unos minutos. Horas con suerte. Pero mientras... mientras esperaba sumergida en recuerdos del pasado. Atada a un destino que no le quería. Un destino que no la amaba. Un destino que la engañaba con una vida de cartón. En ocasiones aparecía por el Café y se sentaba junto a ella. Siempre de negro, con su sombrero y su maraña de pelos y barba. Se encendía una pipa, se pedía una copa y dejaba pasar el tiempo. Apenas cruzaban unas palabras. Sin importancia. Banales. Cargadas de una rutina insoportable y escasas de amor. Aislados el uno del otro. Como dos desconocidos. Marido y mujer. Sometidos a un presente maldito que los ahogaba en su propia existencia. Luego, el que ejercía como su esposo, se marchaba y ella esperaba a que entrara el verdadero amor de su vida. Siempre acompañada de su ajenjo. Bebida de borrachos decían en el viejo París, a la que se achacaba el alcoholismo de la clase trabajadora. Pero no le importaba. Jaleo y bullicio en el Café. Pero ella estaba sola. Aislada. No escuchaba nada. Su rostro rezumaba la tristeza de lo más profundo de su ser y su mirada se perdía en los recovecos del pasado. En sus recuerdos. En aquella noche. La noche en la que salió a cenar con él.

Recordaba su perfume. Las risas. La comida. Las miradas que se repartían. Las sonrisas encontradas. Cómo les guiñaba la luna. Su traje de chaqueta. Su vestido verde estampado. Aquellos secretos que se confesaban con el silencio de sus gestos. Esa atracción mutua que la pasión se encargaba de avivar. Esas abejas en el estómago. Ese zumbido en el corazón. Ese galope incontrolado de la sangre. Ese fuego interior que emergía cada vez que se tocaban. Sabía que el amor tenía que ser algo parecido a eso. ¿Acaso era amor?. Se había dado cuenta de que iba a estar enamorada de ese hombre toda su vida. Pero entonces llegó el alba. Todo había sido a escondidas. Llegaba la hora de la despedida. Ella estaba prometida y él también. Compromisos que los separaban de sus verdaderos impulsos. Y allí estaban. Uno junto al otro. La aurora se convertía en testigo de lujo. Se miraron y naufragaron en los deseos más profundos de su interior. Parecía que se iban a fundir en un beso. Un beso prohibido. El contacto de sus labios formando un único ser. Ella lo deseaba con toda su alma... pero aquel compromiso la ataba. Lo miró y deseó con todas sus fuerzas que él la hiciera suya. Pero aquel hombre también respetó su palabra. El beso fue el único ausente aquella noche. Llegó la hora de separarse. El mutismo de sus gargantas había reinado en los últimos minutos. ¿Para qué romper aquel hermoso silencio?, ¿qué decir cuando son las almas las que hablan?. Llegó el adiós, huérfano de broche dorado, y rematado con una sonrisa de melancolía. Ya se echaban de menos cuando una última mirada quedó eclipsada por el amanecer y los primeros rayos del sol. Aquella noche había acabado.

Y luego pasó el tiempo. Él se casó y ella se casó, pero ninguno con el otro. Pasaban los días. Y las semanas. Y la arena de aquel reloj no cesaba de caer. Y el sol salía y se ponía. Y ella se instaló un día en aquel Café y comenzó a ver pasar su vida a través de un vaso de cristal bañado con ajenjo. Tiempo muerto. Ajenjo y espera. Vaga existencia apoyada siempre en la esperanza de volverlo a ver una vez más. De que apareciera por la puerta. Y un día entraba. La pasión surgía de nuevo y la llama de la vida la llenaba por completo. Olvidaba su vida actual y se dejaba perder entre las miradas de aquel hombre y su voz. Se dejaba perder en aquella maravillosa noche donde sus vidas pudieron cambiar, pero no lo hicieron. Ignoraba si él, al que verdaderamente amaba y esperaba todos los días, quería a su mujer. La misma a la que llamaba esposa y acompañaba en el lecho por las noches. Lo ignoraba y le daba igual saberlo, porque cuando venía y se sentaba con ella, era el único momento que vivía. Eran los únicos instantes en los que se sentía viva y todo se removía en su interior. Luego él se marchaba diciendo que volvería. Y ella lo esperaba. Nunca la besaba. Nunca lo besaba. Nunca se besaron. Nunca se dijeron que se querían. ¿Amor?, tal vez... Pasaban los años y el beso no llegó, pero siempre se encontraban para perderse en sus rostros y sumergirse en lo más profundo de sus deseos. En los recuerdos de aquella noche y de lo que pudo ser y no fue.

Un día ella faltó del Café... y él no llegó. Nadie los volvió a ver. Unos dijeron que fue el tiempo el que la devoró. Que ella había gastado el reloj de arena. Otros que se cansó de esperar. Algunos se atrevieron a decir que él dejó de venir. Y fueron muy pocos los que rumorearon que habían huido juntos. Nada más se supo. Un día de 1876 apareció un cuadro en Brighton. Se titulaba “En el Café” y su autor era un tal Edgar Degas. Era conocido por participar con sus cuadros en la primera Exposición de los Impresionistas un año antes. La obra sufrió fuertes y drásticas críticas, pero aún así hubo un comprador. Dicen que era alguien con sombrero negro y pelo canoso. Un hombre mayor con una barba teñida de pinceladas blancas y que fumaba pipa. Unos dicen que era amante de la pintura de Degas, pero los más osados contaron que le escucharon decir que el hombre del cuadro era él, y que la mujer era su desaparecida esposa, “La bebedora de ajenjo”. Algunos rieron, pues sabían que los protagonistas de este cuadro eran dos amigos de Degas que habían posado para el pintor, pero otros aseguraron haber visto a aquel hombre años atrás, en un viejo Café de París, acompañado de una mujer con la vista perdida en el fondo de un vaso de ajenjo...

Texto de Ramsés Torres

martes, 29 de enero de 2019

Life is Strange 2. Episodio 1

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No nos cansamos de esta franquicia. Primero fue Life is strange, con Max y Chloe arreglando el mundo. Luego vino Before the storm, un viaje al pasado en el que vivimos el momento en que Chloe y Rachel se conocieron y el por qué eran tan cercanas. Incluso nos apretamos el cinturón y dejamos de pedir a Just Eat por un tiempo porque compramos la edición Deluxe con el bonus Before the storm: Farewell, en el que asistimos al crudo instante en que Chloe y Max se separan justo después de morir William 

Continuamos esta saga extraña como la vida con Life is strange 2. En principio lo único que sabemos es que no hay rastro de las dos amigas que pusieron patas arriba el pueblo. Y poco más. Dos hermanos que espero van a vivir una aventura emotiva y por la que merezca pagar los 39,99€. Otro mes sin Just Eat. Cargamos el juego y vemos los detalles de los créditos iniciales. Muy currados, todos los logos con un efecto hiperrealista de bordado. Lo primero que te va a pedir es aceptar la Política de privacidad. Lo siento, muchachada, la interminable lista de avisos ha llegado hasta aquí también.
*ALERTA SPOILER*. Cuando elijas empezar la partida te hará dos preguntas que, al menos a nosotros, nos ha dejado perplejos y con sonrisa de idiota: «¿Jugaste a la primera temporada de Life is Strange?» y «¿Decidiste sacrificar Arcadia Bay?» Elegimos la decisión que tomamos aquella primera partida en la que pusimos en una balanza a nuestra amiga y un pueblo entero y nos importó un pimiento nuestra amiga. *FIN ALERTA SPOILER*.
Como siempre, curioseamos opciones, extras y demás elementos del menú. Lo más disfrutable para nosotros: volumen de la música y efectos por debajo de las voces originales. Subtítulos en español.  Ahora sí, comenzamos.

Episodio 1
Tras la pantalla de carga, esta vez con un monopatín en la esquina inferior derecha, la acción se inicia en el interior de un coche patrulla. Está produciéndose un altercado y el agente Matthews sale del vehículo para atender lo que sea que esté ocurriendo cuando un algo, una ráfaga de viento, un qué sé yo lo lanza por los aires y vuelca el carro. ¡BUM! 
Buen comienzo. Ahora música ochentera pero actual, la moda retro, el autobús escolar y dos compis, tú (Sean) y tu amiga Lyla hablando de lo fracasado que eres. Un paseo hasta tu casa, charlando sobre fiestas, chicas y metomentodos, un saludo a tu querido vecino y llegáis al porche. Parece que se acerca Halloween. Primer dilema, ¿un cigarrito? Después tu colegui te hará una lista de las cosas que deberás llevar a la fiesta llenándote de tinta la palma de la mano, con dibujito incluido. Definitivamente es un pene. O yo lo veo así. Filosofaréis un rato sobre cosas que los chicos de esa edad no suelen, pero eh, esto es América, el mejor país del mundo. Despedíos y entra en casa. Se celebrará un juicio por ver a quién le pertenece el último Choc-o-Crisp, ¿a tu hermano o a tu padre? Pa mí. Si le haces la pelota a tu padre se lo dará igualmente al enano coñón.

Al fin tienes el control. Mira en tu mochila, tendrás que prepararla para la fiesta. Nos encontramos con la primera novedad de la franquicia: tenemos un inventario más allá de notitas y fotos pegadas en un diario. Mientras buscas lo necesario podrás conocer poco a poco a los personajes. Vuelve a la cocina y verás un bote con dinero “para drogas”. Tu padre es un chistoso. Podrás pasar de él, robar 10$ o incluso añadirlos. En la alacena hay galletas y patatas fritas. Hazlo bien, pilla las papas. En esas te llega un mensaje de Lyla. Qué presión aún es de día. ¿Quién va a una fiesta a plena luz? Bueno, qué se puede esperar de los americanos, que quedan a las 5 de la tarde para cenar. Mira la nevera. ¿Refrescos o cerveza? Es una pregunta retórica. En el baño podrás hacer un Taxi Driver del ligoteo.
Vamos al sótano, a por mantas. Hay un mural que tu padre te pidió hacer pero que también permitió ser mancillado por tu hermanito. Una bici de mujer que deberías haber vendido hace tiempo y unas cajas con nombre femenino. Yo no sé nada, teoriza tú. Mantas. En la parte alta de una de esas estanterías industriales. Tu padre está currando bajo el coche y te pide que le pases no sé qué cacharro que debería estar en el primer cajón del armario de herramientas. Eso te pasa por fisgonear. ¿Será eso que hay en la mesa? Nop. ¿Esa otra que está colgada en el panel? No das ni una. Tiene que tener la punta negra y una cabeza flexible, como la niña de El Exorcista. No tienes ni idea. Al final estaba más cerca de lo que pensábamos, sobre la aleta delantera derecha del coche. Todo este rollo al final es para darte una pequeña charla que te ayude a encauzar tu vida. Necesitarás pasta para esta noche, ¿no? Es para comprar priva o hierba, ¿eh? Miéntele o dile la verdad. Con los padres, la experiencia nos dice que lo mejor es decir siempre la verdad. Así que toma, ¡40 pavos! Pero pórtate bien y no mueras. Si le cuentas el rollo de Halloween solo te dará 20, por listo. Haz lo que debas, yo solo digo que el dinero no da la felicidad, pero te puede venir bien más adelante para SPOILER. Dale un abrazo o hazte el mayor, pero nunca se sabe, puede que te arrepientas más de las cosas que no haces que de las que haces.
Ve a ver a tu hermano, Daniel. Está currando en su disfraz de Halloween pero aún sigue cabreado por comerte el último chocochungui o por dársela a tu padre. Si es así no te dejará entrar ni saber qué se trae entre manos. Si has curioseado el móvil lo suficiente verás que Daniel se puso a hablar con Lyla (Check this out) usurpando tus apps. Ahora podrás burrearle diciéndole o bien que le está poniendo los cuernos o que va a casarse él. Cosas de hermanos.
Ve a tu leonera… un momento ¿está ordenada? ¿Dieciséis años? No lo compro. Recuerdos, cosas guays, musiquita. Un detalle muy guapo es que te pones a cantar lo que suena mientras paseas por la habitación. Tus dibujos. Parece que sí tienes un objetivo en la vida. Sigue con las pesquisas. En la mesilla hay un cajón, un cajón mágico, ese que todos hemos tenido que representa nuestro paso de la niñez a esa etapa en la que crees que sabes lo que haces llamada adolescencia. Hay un muñeco, una novela fantástica y unos condones. Yo pillaría uno. En tu escritorio hay una alacena. Dentro, una pipa de maría. La lista está completa. Pero no te vayas aún. Siéntate en el puff. Fíjate en tu entorno y comienza a dibujar. Podrías mejorarlo. Dale otra visual a la habitación. Eso está mejor. Sal de ahí. A ver, ¿qué falta? Nada, eres el mejor preparando avituallamiento festivo. ¡Fiesta! Ve a la mochila y guarda todo. Eso no es una mochila, es el bolsillo de Doraemon. Vuelve a tu habitación y videollama a Lyla. Todo está listo para la fiesta, menos tu autoestima. Daniel entra como un tanque para enseñarte su sangre falsa. Échalo. Durante la videoconversación puedes recolocar las palabras esas sobre la mesa, encender la lámpara de lava, dibujar a tu amiga y enseñárselo o no. De pronto oyes que algo ocurre fuera. 

Tu vecino el Capitán América está “teniendo una charla” con Daniel. El niño le ha manchado la camiseta con la sangre falsa, pero tampoco es para ponerse así. Llega un momento en el que tienes que decidir entre dudar de tu propio hermano o encararte con el Capi. Si decides no achantarte  y presentar batalla se liará una buena. Varios puñetazos e insultos racistas después (recuerda que tu familia viene de México) aparece la poli mientras le das el último empujón a tu oponente, que cae sobre una piedra y se hace pupa. Si haces de hermano mayor responsable y buen vecino tendrás que esperar hasta que el Capi haga un comentario feo sobre tu madre. Te girarás y le arrearás un buen piño, por guay, y seguirá pasando lo mismo: caída, piedra, pupa, poli. Todo es muy confuso, un chico rubio en el suelo manchado de sangre bastante creíble (puto niño, ¿por qué haces tan buenos FX?) dos niños mexicanos de pie, el padre de estos que llega en plan “¿qué cojones…?”. ¿Qué crees que ocurrirá? Pues la realidad, disparar primero, preguntar al forense. El señor Díaz recibe un disparo, los hermanos se asustan y el pequeño… ¿Recordáis la secuencia inicial? El pequeño Daniel es el sucesor de Akira. Y la ha liado muy parda. Sangre y destrucción everywhere. Trata de despertar a Daniel de su inconsciencia y salid cagando lechugas de ahí. 
La escena se traslada a una carretera que atraviesa un bosque. Han pasado dos días y habéis dormido al raso. Camináis hacia un destino incierto, lejos de la tragedia que habéis desatado. Daniel no recuerda mucho de lo ocurrido. Ey, un coche. Gracias a Dios. Viene muy bien para el problema de caminar: tiene una chocolatina dentro. Y no una cualquiera, la que fue objeto de un juicio casero. Elige si quieres que tu conciencia se llene de azúcares y grasas insaturadas. Por el camino veréis un mapache que no ha tenido mucha suerte. También un tablón con un buzón de sugerencias. Puedes abrirlo si quieres, con esa roca que hay cerca. Llegáis a un enorme cartel de información. El mapa os indica un río cercano y también la presencia de osos. Un camino se abre hacia vuestro objetivo. No olvides obligar a tu hermano a hacer pis en un aseo, puede que su orín sea ácido y destruya el bosque. Es broma, no sé nada sobre el pis infantil de futuros X-Men. Encontáis una bifurcación. Zona de picnic o la vía. Vamos por la zona de recreo. Inspecciona esos merenderos. ¡Oh, vaya, bayas! Confirma si son comestibles, no querrás cargar con otro cadáver. Hazlo siempre, hay más arbustos como este. Otro cartel. Todo lo divertido está prohibido. Hazle saber la clase de cuento de hadas que es ese bosque o revélale lo duro que es, donde en lugar de ardillas y pajaritos hay osos, cerberos, xenomorfos y puede que unicornios psicópatas hasta arriba de cristal. Siéntate en ese banco y reflexiona un poco. Ahí está el río. Y ahora algo muy sensato: poneos a jugar al escondite. Bueno, sigamos tratando de averiguar dónde diablos estamos. Desde el banco, ve hacia la izquierda, hay un camino. A los pocos pasos verás un mapache, esta vez vivo. Muéstraselo a Daniel. Sería una mascota genial, si pudierais vivir con las tripas fuera. Continuáis bajando por el sendero hasta que os topáis con que está cortado por unos troncos. Hay que volver. Al subir descubrirás otro pequeño camino a la derecha. Saltad el tronco. Ayuda al niño, yo a esa edad lo habría saltado sin poner las manos. Si no lo haces se hará un poco de pupa y se acordará de tu familia, que es la suya, así que se insultará a sí mismo en su cabeza. Pero no dice tal cosa. Seguís bajando. Ya se oye el murmullo del río, camináis por una de sus márgenes. Whoa! Esa roca con forma de pérgola es perfecta para acampar.

Dile al hobbit que construya un fuerte mientras tú adecentas la base. Si haceis un concurso de recoger madera seca no habrá fuerte. Mira en tu mochila y castígate mirando ese recorte de periódico que habla de vosotros. Por suerte también llevabas una manta… y cervezas. Sal a recoger combustible, unos cuantos leños servirán. Vuelve a la base. Ahora ya puedes encender el fuego. Pero antes, echa un ojo por ahí. No le digas que has visto un tronco anti estrés para osos. El niño se pone a molestar peces, es su forma de pescar. Acércate y siéntate en la roca para dibujarlo en sus quehaceres campestres. Cerca de la orilla hay un canto rodado con el que podrás ejercer de hermano mayor. No, no queremos que le arrojes piedras a tu hermano, queremos que le enseñes a hacer la ranita. Podrás encontrar otras cosas curiosas, pistas de anteriores campistas. Ahora sí, es el momento de quemar combustible, pero antes sube con tu hermano y disfruta de las vistas. Buscad formas en las nubes. Vuelta a la hoguera. A comer. A la hora del postre, el caso de la chocolatina sigue abierto. Chequea tu móvil. No hay cobertura pero podrás ver los mensajes de la gente preocupándose por vosotros. También uno de la poli, pidiéndote que declares. Charla con Daniel sobre lo ocurrido días atrás. Hora de dormir, chicos. 

Terrores nocturnos en mitad de la noche. Daniel anda un poco confuso. 

Carretera otra vez. Puedes tratar de ser mejor hermano mayor mientras camináis. Llegáis a una gasolinera. Justo en ese momento te llega un mensaje, de Lyla, pero la batería no aguanta más. Comprueba tu cartera. Los fondos escasean. Investiga el coche aparcado. Tiene matrícula de California, podría serte útil. Fisgonea un poco la parte trasera del edificio. Aparta esa caja que parece tener visa. Hay un pájaro atrapado. Libéralo y agarra la pluma que deja atrás en su huída hacia la libertad. Te llevarás una insignia por tu buena obra. 

Si quieres sentirte como un miembro respetable de la sociedad, id al baño y lavaos esos caretos mugrosos. Aprovecha para rellenar la botella. Sal del baño y echa un vistazo a la familia que está en el merendero. Puedes mandar a Daniel a mendigar. Nos pareció mezquino en un principio así que tratamos de entablar una conversación. Según cómo le entréis, serán más o menos amables, sobre todo la niña y el padre: no hace falta una prueba de paternidad para asegurar que tienen la misma mala follá. La madre se muestra comprensiva y amigable. Bueno, al menos hay una papelera justo ahí detrás, a ver qué se puede sacar. Pero no ahora, con ese público tan exigente. La otra opción: mendicidad… Como decía Riesgo Voudreaux en Blanco Humano: ”es duro extender la mano”. Te llevas un paquete de fritos o similar, de esos que traen más aire que snacks. Al badulaque. ¡Mira cuántas cosas que no puedes comprar! Trata de sacarle algún premio a la máquina que nunca da premios. Tras varios intentos, si no desesperas, habrá una bola morada a la derecha que pillarás seguro. Cerca de la puerta hay un parche con el que podrás personalizar tu mochila. Pasa por los estantes y comprueba con dolor el precio de la globalización. Mira el tipo con el portátil. Está escribiendo no sé qué cosa sobre gente desnuda. Pero al final resulta que es un tipo majete. Ve al mostrador, te darán un llavero y un mapa por la cara. Mira la foto tras la caja registradora, la tendera te cuenta un rollo sobre su marido. Paga lo que sea que hayas comprado después de que te haya sometido al tercer grado. Vuelve a aquel merendero, ahora es todo tuyo. No olvides el postre de la papelera. Ahora podréis papear y estudiar el mapa. Una vez localizáis vuestra posición aparece un tipo que debe saber sobre vosotros. La cosa se pone más tensa que el labio superior de Aznar. Puedes hacer tres cosas. Si usas la diplomacia o huyes solo tú te llevarás el mal trago y Daniel escapará. 

Despiertas en la casa de Hank Stamper. El maldito recista te ha atado a una tubería. Tras darte una patada y comentar lo seguro que está de una versión de los hechos que no ha presenciado se va por fin y podrás hacer algo. Trata de romper la brida. Imposible. La puerta del almacén está cerrada. El ordenador podría arrojar algo de luz, trata de alcanzar la silla. No, no eres Mr. Fantástico. Ese tubo de cartón quizá sirva. Tíralo. El efecto dominó hará que se encienda la pantalla, lo que te dará más luz para apartar ese horrible póster. Puedes darle un golpe de karate a la estantería. Pero solo servirá para saber el nombre de la infeliz que se casó con el bastardo Hank. Eh es Daniel, está tras el respiradero. Qué tío, es una especie de Newt pero sin aliens. Pídele que abra la puerta de la trastienda. No puede. ¡Que rompa la rejilla! Tampoco. Pero si puede encender el letrero luminoso con el que podrás ver las llaves colgando junto a la puerta y que el tubo al que estás atado llega hasta esa pared. Tira el poster si no lo hiciste antes y podrás moverte un poco más. Pídele una herramienta a tu hermano. No sé de dónde la saca pero te consigue un formón. Con él podrás romper las dichosas abrazaderas que sujetan el tubo a la pared. Así podrás deslizarte hasta las llaves tras apartar el sofá. Tíralas y dáselas a Daniel a través de la rejilla. Entra, te corta las ataduras. Ocurren cosas inexplicables. Al abrir la puerta te encuentras con una escena dantesca en la que todo está patas arriba y Daniel ahí de pie. La ha liado otra vez. Ahora podrás ser un buen chico y salir de ahí o qué demonios, robar el equipo de acampada que tan bien os vendría. Ahora sí, larguémonos. El votante de Trump te agarra de la pierna. Podrás soltarte y huir o seguir en la línea de “ya estoy harto de hacer siempre el tonto y ser bueno” y patear al redneck y ponerlo en su sitio.
En vuestra huída os topáis con un coche habitado. Es el escritor nudista. Os saca de allí derrapando. Le cuentas la película, cosa que no le sorprende mucho. Por ahora estáis a salvo, solo que hay un cuarto pasajero. El cachorro que regalaban en la tienda, bueno, ahora es tuyo y lo puedes llamar como quieras: Mushroom o Seta en inglés.

Continuais hablando. El tipo podría estar cómodamente sin hacer nada, su familia tiene pasta. Pero prefiere esa vida errante. Puedes decirle 3 COSAS. Suponemos que se siente solo por esas carreteras. Es su vida y le mola.
 
Seguís devorando kilómetros. Aparece un rótulo en pantalla. Costa de Oregón. Una bahía. Se ve un faro a lo lejos. ¿Perdona? 

Estáis en un apartadero contemplando lo que creo que es Arcadia Bay. Depende de tu decisión en el primer y maravilloso Life is strange verás la mohína ciudad tan llena de vida como siempre o hecha una escombrera. Brody  te comenta que si quieres hablar de lo que ocurrió en Seattle.
        —Fue la poli. El tipo disparó a mi papa delante de mis narices.
        —Fue mi culpa. 

El escritor es un buen escuchador, pero también es buen terapeuta y consigue calmarte. 

        —¿Deberíamos volver, seguir adelante? En México no sabemos si tenemos familia y buscar a nuestra madre, no parece una opción. Al parecer ya no forma parte de nuestras vidas. Pero ¿qué se puede hacer si no? Habrá que ir a Puerto Lobos, México. Allí se crió papá. 

Os llevará a un motel para que tengáis un poco de intimidad. Tú ahí sentado, en la playa, Daniel y Seta jugando. Los miras y reflexionas sobre cómo vas a contarle la verdad. Vamos a tirarle un palo a la alimaña peluda. Te lo lleva de vuelta y trae consigo un recuerdo: un colgante con un diente de tiburón. Sale Brody y confirma que tenéis una habitación en la primera planta. Os regala una pedazo de mochila y se despide de vosotros. Comprueba el inventario y verás una carta suya dándoos ánimos. También os ha dejado unos dólares.
Sube a la habitación. Luchad por la mejor cama a Pierda, papel, tijera. Investiga la estancia. En el armario hay otro recuerdo. No olvides que puedes personalizar la mochila con todos esos objetos que te vas encontrando a lo largo del viaje. Sal al balcón y aclara tus ideas. Vuelve adentro y siéntate en el sillón. A dibujar. Ve junto a Daniel. En la mesilla hay una muñeca que por lo visto “pidió prestada” a Brody. Robar está mal, chaval. Puedes sentarte a ver la tele con él. Pero no dejes de pedirle por favor que se lave, por Dios. Llena la bañera y haz un poco de burbujas. Aprovecha para mirar el móvil. Se viene una decisión de las gordas. Llamar o no a Lyla. Está muy preocupada por ti pero no puede hacer nada más. Tu palabra contra la de un departamento de policía al que le falta un agente no vale una mierda. Despídete y lanza al móvil a tomar viento. Y ahora otro momento delicado. Tienes que contarle a Daniel LA COSA. Pero antes un refresquito. ¡Daniel! ¿Qué le pasa? Vas corriendo a la habitación y aquello parece el baile de graduación de Carrie. Ha visto en la tele que vuestro padre ha muerto. Trata de calmarlo. Sí, le has mentido, pero joder, con lo que lleváis en la cartera no tenéis para pagar al servicio de limpieza. El crío te exige que no le vuelvas a mentir nevermore. Yo que tú se lo prometería. Pronto todo se acaba. Carrie vuelve a casa y se encara con su madre. Abrazaos, fundido en negro.

Es hora de continuar el viaje. Toca autocar y afrontar la realidad, madurar. 

Nuestras estadísticas:
Te quedaste con el Choc-O-Krisp
Le has dicho la verdad al papa
Has abrazado a tu pá
No has sisado del bote
Te has encarado con el Capitán América
Esa chocolatina que no era tuya, pues lo fue
No has mendigado comida
Nadie tuvo que cortarte una mano, no robaste nada de la gasolinera
Le diste lo suyo a Hank y te llevaste el kit de acampada
Llamaste a tu celestina
No hagas promesas que no puedes cumplir, aunque en el juego sí lo has hecho
Tu hermano ahora es un superviviente y sabe usar los senderos
Daniel se ha puesto la camisa que da pena después de caerse
Daniel construyó un fuerte: es el alfa, tío
No te retó con la leña
No aprendió a hacer la ranita
No se enfadó contigo
No sé cómo, pero pasó una buena noche
No tuvo que mendigar
No hicisteis la maniobra de distracción con Doris
Vas a matar a tu hermano pequeño de hambre, no comió lo suficiente
No superasteis la máquina infernal de los muñequitos Power Bear
Daniel pilló prestado algo de Brody

Tras las estadísticas, un breve pero jugoso “En el próximo episodio…”

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Otras guías: 

Al teclado A. Moreno
Al dualshock Saray Pavón