sábado, 19 de enero de 2019

Seas quien seas

0


Seas quien seas, estés donde estés, sea cuando sea que estés leyendo esto, o no leyendo esto, estoy casi seguro de que estás librando una pelea. Tal vez sea una pelea contra un mal trabajo, o un jefe cruel, o una empresa que te explota. Tal vez sea una pelea interna, contra una duda paralizante, o un temor que te desgasta o una pena sin fondo. Tal vez pelees contra una enfermedad, o un dolor, o una separación nada amistosa, o algún otro monstruo amorfo que parece decidido a devorarte entero…: la locura, la culpa, una deuda. Tal vez estés peleando por algo, por algo esencial, que no has tenido nunca. Un hogar seguro, un amor verdadero, un trabajo satisfactorio. Tal vez lo hayas tenido y te lo hayan quitado y estés peleando por recuperarlo. Sea cual sea el caso, esta mañana, al poner los pies en el suelo, o en la cubierta de tu barco, o en la tierra de tu campamento, has planificado el día alrededor de esa pelea. Esa pelea te define, te da forma, tal como debe ser y seguirá siéndolo hasta que se declare un vencedor, y entonces empieza la siguiente pelea, y la siguiente, hasta que llegues a la última pelea de tu vida, que perderás, como todos los que has conocido perderán la suya.



Texto: J. R. Moehringer, "El campeón ha vuelto"
Imagen de Pixabay


jueves, 17 de enero de 2019

Satán es un canalla despeinado

0

                                                 Todo el Mal imaginable se hizo dueño del planeta.
                                                 Y el diablo en este asunto no ha tenido nada que ver.
                                                 Ya nos bastamos nosotros.

Existe una dualidad muy interesante en González Lago: ser poeta y profesor canalla. Parece que cuando escribe le resulta imposible desdoblarse.  Y este autor deja muy claro desde el primer poema que sus textos se enmarcan en una filosofía canalla.

El canalla es
políticamente incorrecto,
sordomudo ante medias verdades.
Las medallas relucientes
no se hicieron para ser exhibidas
en el pecho ensombrecido del canalla.

Satán es un canalla irreverente. 


Ahora bien, ¿Qué nos quiere contar este profesor poeta canalla en su nueva obra?

Nos quiere hablar de Satán, un ser libre, un outsider resistente al orden social establecido; un personaje rebelde que no se peina como oposición al capitalismo feroz, a la idiotez generalizada y a la cultura de la imagen como culto.

El sociólogo Manuel Castells dos décadas atrás nos hablaba de los ángeles y demonios del ser humano y de los agujeros negros del capitalismo. González Lago también aborda estas cuestiones del bien y el mal sin hallar respuesta. Lo que sí sabe es que es mejor convivir con la oscuridad y sus diablos antes que negar su existencia.  Y en última instancia Satán no es más que un ser exento de responsabilidad, inocente y con gran capacidad para amar universalmente. Invertir la estrategia de juego del poder le resulta tan difícil que su único recurso es dejarse el cabello despeinado cada mañana para marcar la distancia entre los seres como él y los perversos que sí podrían modificar el rumbo de la historia pero que, en cambio, la prefieren destrozada.

Y todos tenemos,
en algún lugar del mapa que somos,
esa marca del demonio que nos delata,
la prueba del delito
de nuestros coqueteos con el mal.

Confesemos sin torturas.
Nadie está libre de pecado.

Solo nos queda elegir
entre el baño de la bruja
o el calor de la hoguera.

Y como si el arte y el infierno fueran de la mano para hablarnos de la vida, el autor dedica una sección de su libro a tratar el dolor que causa la luz en la pintura de Picasso o a hacernos ver cómo Goya es un artista acorde todavía a nuestra modernidad.   El poeta está realmente preocupado por la ceguera de una gran parte de la población y es por ello que parece interesarse en la mirada que aporta la pintura, el cine o la fotografía como forma de transformación cultural y social.  Porque vivir en un mundo de grises o en el jardín del Edén de El Boso sería lo mismo para este escritor.  No hace falta inventar nada, todo está dicho ya, sólo hace falta recuperar la memoria histórica y la visión del arte transformador para sostener la dura realidad.

Kiarostami nos enseñó
-    a través de los olivos –
que Occidente se mueve
demasiado deprisa,
a un ritmo frenético
y endiabladamente feroz.

La vida continua sin él
y hará lo mismo sin nosotros.

No hay que correr tanto.

Cuando el poder carcome como forma de dominación, la poesía surge para intentar combatir las injusticias. A González Lago le duele mucho la supremacía del Mal en sus diversas formas que ejerce contra los más frágiles: víctimas de violencia machista, los niños tragados por el mar, los muertos en las guerras o los olvidados en las cunetas. Y por ello el autor también grita rechazando el futuro de la educación que se encarga de programar individuos sin escrúpulos y descerebrados que banalizan el Mal y sirven para aumentar los intereses de un grupo de opulentos.

Ejercer el mal a sabiendas es pernicioso.
Permitir que se ejerza,
con complicidad y alevosía,
con una venda de inmundicia en los ojos
o con la cara mirando hacia otra parte,
es incluso más ruin.
Es insalubre y repugna.

Cuidémonos de la excesiva normalidad.
Ninguna calma dura eternamente.

González Lago desnuda su voz al final del poemario.  Sus poemas se vuelven cercanos y muy personales. Sus versos canallas permutan y muestran el secreto de su pensamiento de manera más íntima. Y es ahí donde se desahoga completamente y permite que aparezca su  yo más verdadero y auténtico.
Mezclando poemas más largos con otros más breves el poemario se divide en seis partes, todas ellas con una intencionalidad muy clara en sus versos: el poeta quiere que seamos grandes consumidores de cultura para poder ser libres después. Sólo así podremos transformar nuestra mirada repleta de luz para combatir los efectos devastadores del poder y del Mal.

Quiero escapar de esta clara penumbra.

Satán es un canalla despeinado
David González Lago
Editorial: Canalla
Madrid, 2017.

Reseña de Beatriz Pérez Sánchez
Imagen portada de Satán es un canalla despeinado

martes, 15 de enero de 2019

El último aullido

0

Todos danzamos esperando
consagrar nuestros sueños.

La danza es etérea y volátil
porque hay un tronco truncado
que se niega a caer.

Todos buscan una causa,
una solución, un tecnicismo...

Nos toca desvanecer.

No hay campaña que avale ninguna lucha,
ni luz que amortigüe lo oscuro.

La prosperidad se esconde
bajo el entusiasmo endeble
de fino hilos.

Todos celebramos la pérdida,
dibujándonos eternos
sobre el último aullido.


Poema de Francisco Escudero
Imagen de Pixabay

domingo, 13 de enero de 2019

Sin nombre, sin número

0

Eres la sombra de una palabra, que se desliza entre los párrafos que nunca escribí.

Eres la idea que jamás tuve y que solo existe en mi imaginación.

Eres la oscuridad del pensamiento en contacto con la irrealidad. El producto de un sueño lúcido que no puedo recordar. La carta del tarot sin número. El murmullo que no puedo escuchar desde la profundidad del silencio. Los ladrillos de un muro invisible. La cadencia del tiempo que no existe.
Eres la sombra de una idea oscura.

Debería cerrar los párpados. Encender la luz para asegurarme de tu inexistencia, pero también desaparecería con el fugaz resplandor.


Texto de Eugenio Barragán Fuentes
Imagen de Pixabay 

viernes, 11 de enero de 2019

miércoles, 9 de enero de 2019

El día que dejé de quererte

4

El día que dejé de quererte era sábado, o quizás lunes, o miércoles...

El día que dejé de quererte empezó mi guerra contra ti y empecé a ignorar tus llamadas de atención y tus mensajes . Ya no me gustaba como eras y te obligué a cambiar sin que tuvieras elección.  No me gustaba tu pelo y te lo teñí de otro color... y destruí tus rizos.

El día que dejé de quererte aborrecí tus piernas por no ser lo suficientemente largas, ni tu cintura lo suficientemente estrecha, ni tu cara lo suficientemente bella. Y escondí la deformidad de tus uñas mordidas para que nadie las viera y jamás jamás te dejé recogerte el pelo, por mucho calor que hiciera, porque no me gustaban tus orejas.

El día que dejé de quererte quise arrancarte lo que creí que te sobraba y al no poder hacerlo te escondí bajo las ropas anchas.

Y quise romperte la nariz para que fuera más pequeña.

El día que dejé de quererte dejé que tu estómago rugiera hasta que se cerrara y ahogué mis dedos en tu garganta hasta que vomitaste el alma dejándote solo la culpabilidad.

El día que dejé de quererte te hice correr, correr hasta que te temblaran las piernas; te llevé al extremo del esfuerzo en busca de tu perfección y nunca nunca era suficiente.


El día que dejé de quererte te emborraché y te contaminé con el humo de mil cigarrillos, destruyéndote poco a poco.

El día que dejé de quererte creí que fue mi decisión. Pero quizás fue el rechazo de aquellos que solo veían tus defectos.

El día que dejé de quererte olvidé que tú me llevabas por la vida, que eras quien hacía posible mi sonrisa y me empujaba a bailar desatada horas y horas. Que eras quien me hacía sentir el tacto de la arena en mis pies y me embriagaba con los olores del mundo. Que no había besos ni abrazos interminables sin ti, ni el disfrute de los kilómetros acumulados en el contador del coche. Olvidé que eras el recipiente de todo mi ser... que sin ti no existo... lo olvidé tanto que dejé de quererte, no sé si era jueves, martes o viernes... sólo sé que llegó el domingo y me odié; me odié porque había dejado de quererte.


Texto e imagen de Mayte Nékez

lunes, 7 de enero de 2019

La incidencia negativa de las redes sociales

0

Muchas veces hemos escuchado de nuestros amigos del facebook, dejo el facebook por una temporada. Y es que está demostrado que coexistimos con una red de redes muy tóxica. Podemos decir que internet se traduce como la tela de araña, que atrapa y de la que no podemos escapar, concluimos que es sumamente adictivo -y lo sabemos- y difícil controlar.

No es completamente perverso, pues nos ayuda en conseguir contactos y estar al tanto de tus amigos. Pero los chat acaban siendo todos una eterna fuente de conflictos, los post y sus comentarios están ideados para generarlos. Muy poca gente sabe que existe la ingeniería psicosocial y que ésta es desconocida al público, y en las que deben estar las mayores eminencias trabajando para el poder en la sombra. Pues sí, son éstos señores los que diseñan las redes para manipularnos e influenciarnos, para conocernos más que nosotros mismos, conocer nuestras necesidades, y la prueba es que el sistema nos espía. Habían dos amigos hablando de hacer un viaje a Japón y a las horas siguientes, vieron en facebook un anuncio para conseguir vuelos baratos a Japón. ¿Casualidad? 

Evidentemente NO. No somos tontos, aunque se lo crean muchos políticos.

Vivimos en una sociedad encaminada al sufrimiento. Intenta buscar en Google resultado para palabras malas y triplican al de las buenas. Los me gustas, los me encanta, los me entristece de facebok, solo buscan nuestras reacciones y crear un modelo que nos hace actuar como autómatas.

Los emoticonos seria otro ejemplo. Risas sin expresar nuestra cara. En internet todo se ha hecho artificial, todo es una gran mentira con perfiles falsos, duplicados, bulos, falsas citas, noticias manipuladas para deformar la realidad. En fin...

Los últimos cambios de la política de gestión en los recursos del facebook, han bajado sus acciones. No somos tontos, repito. El facebook y sus ingenieros de manipulación social solo persiguen dejar en la sociedad una profunda herida, buscando el conflicto, la crueldad de tener amigos que en verdad le importas una mierda. El sistema lo han programado para aislarnos de la sociedad, para hacer una sociedad inmadura, egoísta y cruel. Solo buscan el atontamiento con post repetidos, para que no pensemos. Buscan jugar con nuestras motivaciones, restringirnos de los like, alejarnos en definitiva de la realidad. Quieren que tengamos menos like. Esas son las consecuencias de las redes sociales, nuestro abuso del ego, el reflejo de la maldad de estas entidades, que solo operan en secreto y en nuestra contra, con el complot de los organismos de inteligencia y el estado, que mira hacia otro lado ante el abuso y la pérdida de intimidad en las redes sociales y su gran vacío legal.



Opinión de Lenna Guzmán
Imagen de Pixabay

sábado, 5 de enero de 2019

Represión de Sara Trasto a la necia artistocracia

1

Artistócratas como tú
escuchan a Mendelssohn en los días de lluvia
se inventan una tristeza que haga juego con su sofá
emulan la languidez del más cretino de sus gatos persas.

En su exquisita requetemiseria
artistócratas como tú leen el Libro del desasosiego
lamentan la dicha inalterable de sus días
la moldura acartonada del ocio que los domeña.

Hacen fuerza para llorar, quieren llorar como sea
piensan en una cáscara de plátano abandonada en la acera
derraman el licor de sus bombones, se arrancan un padrastro,
dan de cuerpo, se desgarran, trascienden la materia
y finalmente lloriquean.

En estados carenciales parece que vociferan
"¡Ay balsamito de Fierabrás, asísteme!"
aquijotados de ramplonería estérica.

Artistócratas como tú se envasan
al vacío
¡qué caramba!
dan al asco la mejor consistencia.

No cambies, por favor, fútil engendro:
contra ti vale la pena calar las bayonetas.


Poema de Tina Suárez Rojas
Imagen de pixabay



jueves, 3 de enero de 2019

Estupor y temblores

0

Hay algo en la escritura de Amélie Nothomb que me engancha en límites insospechados. Ya podría estar describiendo los ingredientes de una hamburguesa o el proceso de conseguir ese plato perfecto que me lo leería hasta el final. Una parte de mi, con las historias que no me apasionan del todo, se cansa y ladea la cabeza como si ya tuviese suficiente de esa novela; sin embargo la otra parte es más poderosa y me obliga a continuar susurrándome "quieres saber más", "adéntrate por los entresijos, lee entre líneas, saborea".

Y eso hago. Agacho la cabeza y sigo leyendo Estupor y temblores. Me sumerjo en la jerarquía de una empresa. Comprendo a la protagonista y, a su vez, me gustaría poder decirle que hay que aprender a morderse la lengua. Me entusiasmo con ella y también comparto su hastío. 

En esta obra hace guiños constantes a Metafísica de los tubos. Y en los últimos capítulos me viene una reflexión que hice en Dile Emma (Cap. 9: El minimalismo es verde) pero que eliminé en la versión definitiva. Sus idas de historia me evocan las mías para intentar rellenar 100 páginas por imposición (que luego se redujeron a 63 con ilustraciones). Hay subidas y bajadas de tensión (como comentaba al principio) pero tras cerrar la contraportada en mi mente se dibuja un "merece la pena".


Reseña e imagen de Saray Pavón.



martes, 1 de enero de 2019

La marea

0


Días señalados. No dejo de oír esas palabras en todo momento. No nací precisamente para estar rodeado de aquellos que atienden a dichas señales. Este mundo está lleno, irremediablemente, de pobladores ingratos de conductas despreciables e ideas caducas. Y en esos días, la concentración de éstos es mayor, pues aunque también aumente el número de los que merecen la pena, en su afán por ser mejores personas, fracasan. ¿Qué por qué? Es la típica pregunta que no suele provenir de los labios de quienes saturan la disolución. Pero por suerte o por desgracia, la conocí, y ahora salgo en su busca incluso a través de la marea de obstáculos vivos que ondea sobre las calles en los días señalados.

Texto e imagen de A. Moreno