domingo, 24 de marzo de 2019

El cuerpo deshabitado

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Dándose contra los quicios,
contra los árboles.

La luz no le ve, ni el viento,
ni los cristales.
Ya, ni los cristales.

No conoce las ciudades.
No las recuerda.
Va muerto.
Muerto, de pie, por las calles.

No le preguntéis. ¡Prendedle!
No, dejadle.

Sin ojos, sin voz, sin sombra.
Ya, sin sombra.
Invisible para el mundo,
para nadie.


Poema de Rafael Alberti
Imagen de Pixabay



viernes, 22 de marzo de 2019

El Cazador De Dioses - Capítulo 1: El Hallazgo

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Anteriormente en El Cazador De Dioses...


Una luz roja empezó a parpadear en el radar. El sistema de escaneo automático de la Thaddeus había encontrado algo en las zonas gélidas de la Tierra, y parecía que era aprovechable. De inmediato, la paleontóloga Saima Tyagi informó al capitán Harris, quien se vistió a toda prisa y acudió al laboratorio. Parecía contrariado por la repentina interrupción de lo que fuera que estuviera haciendo en su camarote, pero se le pasó en cuanto descubrió de qué se trataba. Según las lecturas recibidas, un bloque de hielo en una cueva de Alaska albergaba en su interior un ejemplar en buen estado de homo sapiens que databa del pleistoceno. Deslumbrado, el capitán ordenó a la paleontóloga que desenterrara al cavernícola, lo introdujera en una cápsula y lo llevara a bordo de la nave. Le acompañarían Jim Niizaki y el no-humano G-Carl.

El término "no-humano" se usaba para designar a los ciudadanos de la Federación de Planetas que, tal y como sugiere, no formaban parte de nuestra especie. Ese era el caso de G-Carl, descendiente de los gorilas modificados genéticamente que un siglo atrás habían sido usados para trabajar en las minas de Marte (El Planeta de los Simios, como se llegó a conocer popularmente). También se consideraban no-humanos a los androides, y desde luego, la Thaddeus contaba con uno en su tripulación: la mecánica April 9213. Venía de serie con la nave; fue programada expresamente para su mantenimiento y la conocía como si fuera una extensión de sí misma. Podía decirse que lo era.

Por ese motivo, a pesar de la peligrosidad de la misión, Harris prefirió no enviar a la androide. Si moría el hipergorila aún le quedaba otro agente de seguridad, y no sentía ninguna simpatía por Niizaki, el técnico de crio-hibernación. Pero no quería perder a la encargada de supervisar la salud de la nave. Además de ser un valioso activo para la compañía, April tenía otras funciones que el capitán hubiera echado de menos.

Así pues, fueron Tyagi, Niizaki y G-Carl quienes bajaron a la Tierra para recuperar al espécimen. El capitán no dudaba de la profesionalidad de la paleontóloga, y sabía que el gorila ayudaría en todo lo que hiciera falta, pero el técnico de crio-hibernación era impredecible. Aunque se encontraba sobrio, la edad y el alcoholismo lo estaban dejando cada vez más hecho polvo. No obstante, lo necesitaba allí abajo para que programara la cápsula, que también disponía de funciones médicas para asegurar la supervivencia del sujeto conservado, en la que transportarían la preciada carga. Desde el laboratorio, el capitán se sintió aliviado cuando Tyagi le confirmó a través de su comunicador de pulsera que la extracción había sido un éxito, y que no tardaría en recibir en pantalla un diagnóstico preliminar realizado por la máquina de Niizaki. El homínido presentaba signos de asfixia. Había muerto aproximadamente en el año -20.000 tras un derrumbe. Pero el aislamiento y las bajas temperaturas habían mantenido el cuerpo en perfectas condiciones, dada su antigüedad.

Con sólo pulsar un botón, podían reparar sus células y reanimarlo, pero era algo que el capitán de la Thaddeus prohibió terminantemente, y que, como es obvio, ninguno de los tripulantes tenía la más mínima intención de hacer, mucho menos en mitad del espacio. Eso sí, el cavernícola despertaba una inmensa curiosidad, y todos los que no estuvieron presentes cuando fue sacado del hielo quisieron acercarse a contemplarlo una vez dentro de la nave. Ian Harris fue el primero, quería asegurarse de que el cadáver sería útil para la Nascimbene Corp., lo cual le supondría todo un éxito profesional. Tal vez el ascenso a un puesto mucho más cómodo que el de capitán de aquella chatarra flotante, que pasaba más tiempo en el espacio que en suelo firme, y unos honorarios aún más elevado que los que ya recibía. Aquel pobre diablo salvaje y desaliñado que había muerto en el pasado, representaba el símbolo de su reluciente futuro.

Estaba tan ansioso por contactar con la compañía que ni siquiera recurrió a la técnica de comunicaciones. Volvió a su camarote y desde allí, a puerta cerrada, realizó la videollamada al consejo directivo. Poco después, se pasó por el puente de mando y ordenó a los pilotos que pusieran rumbo al sistema Asgard. Natalie Clark y Scott Lewis fijaron la ruta, configuraron la nave en modo automático y, a pesar de no estar solos, se dedicaron una sonrisa pícara el uno al otro. Sabían lo que aquello significaba: fiesta y revolcón. La Thaddeus tenía algo que celebrar.



Novela por entregas de Román Pinazo 
Ilustraciones de Oscar Silvestre

jueves, 21 de marzo de 2019

El Cazador De Dioses - Prólogo

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Desde el principio de los tiempos hemos contemplado las estrellas con anhelo, deseando alcanzarlas, comprenderlas y conquistarlas. Siempre supimos que ese era nuestro destino. Hasta que un día, así fue.

Tras la terraformación de Marte y el descubrimiento de otros planetas habitables, poco a poco la Tierra quedó abandonada. Aunque de todas formas, la vida allí era cada vez más difícil. Tres siglos de contaminación, radiación y extinciones masivas provocadas por el ser humano habían causado estragos irreparables en la salud del planeta. Cuando quisimos reaccionar, era demasiado tarde.

Pero como suele ocurrir cuando dejamos el nido, nos gusta conservar recuerdos del lugar donde crecimos. Un objeto simbólico, un álbum de fotos o, como era el caso de EarthWorld, un museo viviente.

EarthWorld era un planeta desierto pero habitable del sistema Asgard. Después de instalar una enorme red de vallas magnéticas que dividían su superficie en diecinueve zonas, la compañía Nascimbene Corp. intentó recrear en cada una de ellas los diferentes periodos de la historia natural de la Tierra. Para ello utilizaron el material genético encontrado en diversas exploraciones paleontológicas, realizadas en el antaño conocido como planeta azul. Un colosal parque biológico situado en el mismo sistema de Nuevo Edén, hogar de familias adineradas y aburridas a la caza de nuevas experiencias. Por eso, EarthWorld era un negocio seguro.

La Federación de Planetas autorizaba a la Nascimbene Corp. a clonar cualquier especie animal o vegetal que hubiera existido en la Tierra a lo largo de toda su historia, exceptuando a los homínidos pertenecientes a la cadena evolutiva del homo sapiens. Tampoco estaba permitido, en teoría, clonar humanos actuales. No obstante, existía un vacío legal al respecto. ¿Y si encontraban, no material genético, sino un cadáver conservado en buenas condiciones?

En el año 2178, la ciencia permitía la reparación celular de sujetos fallecidos y su posterior reanimación. En otras palabras: era posible resucitar a los muertos. Sólo era cuestión de tiempo que alguien acabara reanimando al sujeto equivocado.


Nave: Thaddeus

Misión: Búsqueda y recuperación de material genético para ampliar la biodiversidad de EarthWorld.

Destino: Tierra, Sistema Sol

Tripulación: 11 miembros


Nº 1
Nombre: Ian Harris
Rango: 1
Sexo: XY
Edad: 54
Categoría: Humano
Función: Capitán
Comentario personal: Si hay pasta, con eso nos basta.
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Otros datos: Ambicioso en extremo. Problemático.


Nº 2
Nombre: Oli Kruger
Rango: 2
Sexo: Mira la puta foto
Edad: 36
Categoría: Humano
Función: Agente de seguridad
Comentario personal: Obedezco bien las órdenes siempre que no me toquen los cojones.
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Otros datos: Ex-militar. Implantes cibernéticos.


Nº 3
Nombre: G-Carl
Rango: 2
Sexo: Macho
Edad: 27
Categoría: No-humano
Función: Agente de seguridad
Comentario personal: Se me da bien patear culos.
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Otros datos: Hipergorila. Dieta vegana.


Nº 4
Nombre: Natalie Clark
Rango: 3
Sexo: Sólo con mi chico
Edad: 28
Categoría: Humana
Función: Piloto
Comentario personal: Si necesitas una buena piloto, cuenta conmigo. Si buscas algo más, ponte a la cola.
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Otros datos: Primera de su promoción. Dieta vegana.


Nº 5
Nombre: Scott Lewis
Rango: 3
Sexo: Sólo con mi chica
Edad: 26
Categoría: Humano
Función: Co–piloto
Comentario personal: Siempre hay algo en lo que mejorar.
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Otros datos: Involucrado sentimental-mente con Clark.


Nº 6
Nombre: April 9213
Rango: 3
Sexo: El que prefieras
Edad: 5
Categoría: No-humana
Función: Diagnóstico y mantenimiento de la nave
Comentario personal: No me importaría salir de vez en cuando.
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Otros datos: Androide. Función secundaria: MBP.


Nº 7
Nombre: Saima Tyagi
Rango: 4
Sexo: Mujer
Edad: 42
Categoría: Humana
Función: Paleontóloga
Comentario personal: Puede que no sea la mejor, pero sí la que más ama su trabajo.
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Otros datos: Profesional e intuitiva.


Nº 8
Nombre: Jim Niizaki
Rango: 4
Sexo: No desde hace bastante
Edad: 66
Categoría: Humano
Función: Técnico de crio-hibernación
Comentario personal: Como una máquina antigua funciono con combustible, pero funciono bien.
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Otros datos: Problemas con la bebida (sin incidentes graves).


Nº 9
Nombre: Valeria Onatopp
Rango: 4
Sexo: XY
Edad: 21
Categoría: Humana
Función: Técnica de comunicaciones
Comentario personal: (En blanco)
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Otros datos: Sobrina de Ivan Pietrovich.


Nº 10
Nombre: Robert Palmer
Rango: 5
Sexo: XXX
Edad: 45 (+150 años crionizado)
Categoría: Humano
Función: Cocinero
Comentario personal: Ya que no me proporcionan los ingredientes que pido, al menos déjenme cambiar el repertorio musical de la nave.
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Otros datos: Formación obsoleta.


Nº 11
Nombre: Miguel Grijalba
Rango: 5
Sexo: Macho español
Edad: 47
Categoría: Humano
Función: Limpieza y mantenimiento
Comentario personal: Sin pausa pero sin prisa.
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Otros datos: Contactos de interés.


Observaciones: Buen rendimiento hasta la fecha, pero necesario imponer disciplina. Detectadas palabras mal sonantes a la hora de rellenar las autofichas de los empleados. Importante: la casilla de Sexo no es la de Comentario personal.


Novela por entregas de Román Pinazo 
Ilustraciones de Oscar Silvestre


miércoles, 20 de marzo de 2019

Vosotros

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Vosotros. Los que usáis a Marwan, Andrés Suárez y demás cantautores para bajar las bragas... tened el coraje de jugaros la sangre con palabras propias o al menos estad después a la altura con frases ingeniosas que mantengan ese deseo. Dejad de vendernos mentiras, mentiras y más mentiras.

Texto de Saray Pavón
Foto de Dani Alarcón

lunes, 18 de marzo de 2019

Realeza

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“¡Dónde se encuentra mi familia!” entra gritando el rey con locura al castillo. Vengo a reclamar por su presencia, sentencia. Los súbditos no saben si contestarle o escapar y nunca volver al castillo para hundirse con la oscura verdad. Se observaban absortos entre ellos hasta que un valiente da un paso adelante: "mi rey, su familia lo espera como lo ha esperado hace ya veinte años, frente a la ventana de la segunda torre". 

El rey queriendo no entender se abre paso entre los plebeyos, que le libran el camino hasta las escaleras. El aire se enrarece mientras el monarca sube escalón por escalón. De pronto su mente se envuelve en sus grandes batallas, en cómo arrasó con cientos de pueblos, las súplicas que no dejó salir de la boca de sus enemigos y como se volvió el ser más poderoso de esas tierras. Los escalones siguen apareciendo y el aire se enrarecía todavía más. El rey siente un peso que le corta el aire. Se deshace de su pesada armadura. Las luces se distancian más y una puerta enorme emerge ante su mirada.

Se detiene, golpea fuertemente buscando contestación y solo se le devuelve silencio. Ya molesto por no entender qué sucede empuja la puerta y en los bordes de esta se deja entrever un poco de luz. Solo la puerta y su respiración llenan la sala de sonido. El rey siente que lo tocan en la espalda. Un clérigo en quien no había reparado, ansioso por ver a los suyos lo estuvo acompañando todo el tiempo. Este le habla: "oh, gran señor ¿de verdad queréis entrar ahí?". "Sí, padre, busco a mi familia: a mi esposa reina de todo lo que observamos y a mi príncipe"

El clérigo suelta el hombro del rey y da un escalón abajo. El rey, sin entender que sucede, entra en la habitación...


Relato de Chango Bastardo
Imagen de Pixabay



sábado, 16 de marzo de 2019

jueves, 14 de marzo de 2019

Tunning personal

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Vicenta Marquínez Martínez decidió abrirse un perfil nuevo en la red social. Había llegado a la conclusión de que usando su nombre y fotos reales no conseguiría hacerse amigos nuevos e interesantes, de estos que cuelgan frases lapidarias capaces de resumir la evolución del pensamiento humano en pocas palabras.

Ella subía a la red fotos del día a día, en la parada del autobús, metiendo la compra del super en el coche, tomando un café a media mañana...lo que hacemos todos en fin. Pero claro, con su nombre y sus fotos, de dudoso glamour el resultado en likes era pésimo.

Entró en la app, eliminó su perfil, y clickó "crear nuevo perfil".

Lo primero fue elegir su nuevo nombre: Vicky Marck. Tenía gancho y desprendía un halo misterioso extranjero fantástico. Además, sería Eslovaca y carnívora, pensó,sintiéndose de repente invadida por una excitación sexual increíble. 

En creencias se definió como budista no practicante, aconfesional y albina. Sus ojos brillaban de emoción y cada vez se gustaba más a sí misma.

Para la foto usó un dibujo de Mary Shelley tuneado. Era el centenario de Frankenstein y esto dotaría su perfil, sin duda, de un factor cultureta ciertamente irresistible. Se le pasó por la cabeza hacerse con uno de Edgar Allan Poe, pero este transmitía un mal rollo que poco iba con sus intenciones virtuales.

En intereses se declaró cooperadora de una ONG defensora de familias ictiófagas de invertebrados habitantes del Pacífico.

Cuando terminó de rellenar todos los campos del formulario salió a dar una vuelta y así darle tiempo al algoritmo social de la app para que le sugiriese nuevos contactos basados en el cruzamiento de datos con otros perfiles vegetarianos defensores de la alimentación basada en la quinoa.

Cuando paró en el paso de cebra frente a su portal ya se sentía nueva y plenamente identificada con su recién creada personalidad virtual. Decidió que guardaría todos sus libros en el cuarto de contadores del bloque. Total, nadie leía ya nada y ella no quería tener nada que ver con su aburrida vida anterior.

Renovaría su armario con ropa blanca vaporosa y quizás se tiñese el pelo de algún color de moda en Korea de sur. Últimamente los grupos pop de aquella parte del mundo lo estaban petando.

Al despertar al día siguiente sufrió una recaída en su triste personalidad anterior. Fue a misa de 12 y se presignó las veces que manda el catecismo.

Recuperó los libros del cuarto de contadores y los puso a la venta en wallapop. Total, nadie leía ya nada. También se convenció de que su color de pelo no estaba tan mal, de todas formas había olvidado la clave de acceso a la app.

Cosas de jueves.



Microrrelato de A. Ramírez
Imagen de pixabay

martes, 12 de marzo de 2019

El mejor amigo...

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...del oso. Es una novela de Arto Paasilinna que trajo Lucía Vargas y me dió mucha curiosidad la sipnosis que nos hizo: Pastor en proceso de divorciarse al que le regalan un oso que adopta como mascota. Además el plus de estar desarollada la historia en Finlandia... pero bueno, al grano: he disfrutado sumergiéndome entre las páginas aunque reconozco que no entra dentro de mi top-books.

La trama viene a enredarse y deshojarse en: Unos osos juegan despreocupadamente y descubren manjares alimenticios junto a su madre pero algo cambiará drásticamente la historia del libro. El pastor, déspota y férrico, cumple cincuenta años y le regalan un oso (así logran colocarlo y no se gastan ni un duro) al que le cae el nombre de Lucifer por la expresión que suelta la mujer del pastor al verlo. Este danzará de un sitio a otro: ocupará el hueco de un difunto marido, porque el pastor acuerda con la desgraciada que lo cuide con el fin de aliviar su soledad, una madriguera artificial donde...

domingo, 10 de marzo de 2019

Elegí la vida

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No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.


Poema de Rudyard Kipling
Imagen de Pixabay

viernes, 8 de marzo de 2019

Choose Life

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No era una transgresión
eso de amarse,
pero aceptamos su dogma
para no sucumbir a nuestros miedos.

No era una transgresión
sentirse libre,
aún así, recibimos los golpes
y escondimos la canción en los barrotes.

No era una transgresión
continuar vivos,
pero preferimos el violín
al tormento continuo de la rabia.

Poema de Diego Solís
Imagen de Pixabay



miércoles, 6 de marzo de 2019

Agridulce desorden

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La insensatez se apodera de mis sueños, hasta ahora llenos de coherencia y premoniciones rutinarias, hasta ahora imbuidos en un tono ceremonial de alineamiento y eficiente disciplina. Donde hubo armonía gris y oscuro orden, ahora solo hay caos y locura que estallan como un vistoso estampado, un vórtice de discordancias perpetuas, un remolino de inseguridades; como el resultado de sumergir en lejía una camiseta de colores vivos, retorcida estratégicamente. En mi mente ya no hay espacio para las ideas estructuradas y llenas de juicio. Se acabaron la concentración y la responsabilidad simbolizadas con interminables estanterías que albergaban los volúmenes de la corrección, el compromiso y otras muchas virtudes. Esos huecos se van completando con la improvisación y la sorpresa, con pequeños trozos de sutil indiferencia, con revoltosos jirones de curiosidad. La seriedad y la preocupación dan paso a la risa y al esparcimiento. El semblante sombrío que siempre emergía en primerísimo plano en mis sueños, se torna un plano abierto donde confluyen cientos de desconocidos que ríen, disertan y pasean cruzándose los unos con los otros. Y los envidio, dentro de mi propio delirio nocturno, y comienzo a dejar de temer al desorden, aunque aún me aterre descubrir nuevos colores, nuevas técnicas para convertir prendas aburridas en todo un canto a la libertad. Voy descartando progresivamente ese ambiente de inconsciente opresión, ese agobiante y pesado techo descendiente que, al igual que las paredes, me condenaba al hastío en una habitación menguante y obsesiva. Ahora correteo sin sentido alguno de un lado a otro por un enorme prado de  floridas posibilidades y he desechado completamente lo establecido, no sin cierto esfuerzo y nostalgia hacia aquel anterior estado de ilusoria autocomplacencia.  Y me temo que esa nostalgia jamás desaparecerá, por mucho que la excitante colección de posibles vivencias que me rodea eclipse, con su color, el grisáceo tapiz en el que retocé, tiempo atrás. Pero ya no hay remedio, o no quiero ponerlo; todos los libros que conformaban mi vida están esparcidos por el suelo, pues fui yo mismo quien provocó el terremoto que hizo tambalear las estanterías. El temor a las réplicas me impide poner orden de nuevo, por eso salgo a campo abierto. Por eso, aun a riesgo de no encontrarme con otro ser humano en kilómetros, me lanzo a las enormes llanuras de la incertidumbre y el desasosiego. Y deseo, envuelto en el manto reversible de la esperanza y lo desconocido, volver a soñar, pero esta vez despierto, con esos espacios abiertos donde todos ríen, disertan y pasean, esperando que el resorte que retiene mi arrojo se rompa de una vez por todas y me impulse hacia dulces y turbulentas espirales de color y locura.

Texto de A. Moreno
Imagen de Pixabay

lunes, 4 de marzo de 2019

El dolor

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El dolor no humaniza, no ennoblece,
no nos hace mejores ni nos salva,
nada lo justifica ni lo anula.
El dolor no perdona ni inmuniza,
no fortalece o dulcifica el alma,
no crea nada y nada lo destruye.
El dolor siempre existe y siempre vuelve,
ninguno de sus actos es el último
y todos pueden ser definitivos.
El dolor más horrible siempre puede
ser más intenso aún y ser eterno.
Siempre va acompañado por el miedo
y los dos se alimentan uno a otro. 




Poema de Amalia Bautista
Imagen de Pixabay


sábado, 2 de marzo de 2019

Mi delito

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Estaba sentado en el banco de madera de una estación de tren. Conocía todos los rincones. Todos los días me paseaba un largo rato antes de dirigirme a mi trabajo.
Los sintecho, mendigos del sueño de la noche, se apelotonaban en un rincón de la estación. Un predicador dictaba sus proclamas desde un pequeño púlpito.
Eran las ocho de la mañana de un día cualquiera, cualquier día era bueno para morir. Los trenes se sucedían como pequeñas balsas trasladando a sus ocupantes a las pequeñas islas de la gran ciudad.
Todas las mañanas, mis ojos contemplaban la misma escena. Tapé mi cara con la palma de mis manos para aislarme del bullicio y decidí que después de tanto tiempo esperando fielmente, el día, por fin, había llegado.
Caminé sobre el andén, titubeando. Bajé hasta la vía por una escalerilla y tumbé mi cuerpo sobre el raíl. Deseaba tener constancia de que moría contemplando mi propia muerte. Desde mi posición divisé como se acercaba un convoy y por los altavoces se repetía: «El próximo tren no parará en esta estación».
        —¡Bien! —exclamé—. No parará. Todo pasaría rápido, sin que pudiera volverme atrás. “No parará”, me repetía.
El corazón se aceleraba por momentos, mis brazos temblaban. Un sudor frío pegó la ropa a mi piel. Supe que no había forma de huir.
El predicador se dirigía a los mendigos, me citaba como ejemplo de fariseo, y que todos y cada uno de los allí presentes debían seguir sus consejos para no acabar como yo.
No presté demasiada atención a la perorata. Sólo pensaba en mi final y acomodé mi cuerpo a la vía. Los mendigos se dedicaban a quitarme los zapatos, pero no me importaba, en unos segundos, no me servirían de nada.
El tren se acercaba a toda velocidad. Por mis ojos brillantes se sucedían imágenes de mi vida. De repente, me desplacé a un lado. No sé por qué extraño motivo, quizás hoy no quería morir.
El predicador me miró con una expresión quebradiza, como si pidiera perdón por los pecados que no había cometido, pero finalmente abroncó mi decisión con gritos roncos. Si hubiera permanecido en la vía y mi alma se hubiera liberado de mi cuerpo, habría conseguido más seguidores. Los mendigos me chillaban: «¡cobarde!» y el eco martilleaba mi cabeza.
Y salí de la estación, descalzo, pensando en mi delito de cobardía.
Quizás regrese mañana o la semana que viene. Suplicaré al predicador para que me clave con afiladas escarpias a la madera de los raíles. No creo que se niegue, podrá clamar a la concurrencia de que soy un nuevo Mesías. Servirá para mis intereses de cobarde.

Texto de Eugenio Barragán
Imagen de Pixabay