viernes, 30 de agosto de 2019

Atrapando los ecos

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Los ecos de mis pasos, I parte  

"Cuando leas estos poemas, escucharás los ecos de cada paso que di, pero no olvides que los poetas tenemos piel de camaleón y nos camuflamos entre todos los temas y los hacemos nuestros. El mimetismo poético es una buena herramienta para versar; también es verdad que en cada verso, en cada poema, vamos dejando pequeños jirones de nuestra piel, que con el pasar del tiempo fuimos dejando en esas tres verdades que la vida tiene. Tu verdad, mi verdad y la verdad, que se esconde en cada uno de nosotros."

Atrapando los ecos de mis recuerdos es el primer poemario en solitario de María del Carmen Pacheco Sánchez. Me gusta la dulzura y realidad que albergan sus poemas, como en Mi cajita de Ibuprofeno, donde compara a su nieta con ese analgésico que hace que sus males desaparezcan; su forma de adentrarse en los "recuerdos perdidos" del Alzheimer, sus versos brotan de forma insumisa como el agua entre sus manos. 

En su cielo no hay un dios justiciero sino constelaciones y, como Mecano, no detiene palomas al vuelo, cada persona es libre para amar más allá de la piel. En este libro hay un recorrido por su vida y lo que le ha rodeado. Nos cuenta que 'Aún de la niñez no había salido / y atan un delantal a mi cintura' y que esa batalla, contra las ataduras, la ganó gracias a su hija. 

Escribe en verso libre, juega con los acrósticos y en 'Los ecos de mi tierra, II parte' recorre Andalucía. Desde las calles a grandes autores, desde la guitarra a platos típicos, va recorriendo ciudades. En 'Cazalla y mis puntos y aparte, III parte' se vuelve a recrear en imágenes costumbristas. De Cazalla se fue ligera de equipaje, con el corazón desgajado y la memoria llena de versos fértiles. 

154 páginas que atrapan los ecos de sus recuerdos y nos cargan de sentimiento. Este libro, publicado por el Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra, no te dejará indiferente. Aquí os dejo dos poemas para que disfrutéis de sus versos.  

Viejo Hierro
En el yunque de la vida 
mi cuerpo se ha moldeado
con golpes y cicatrices
que el tiempo nunca ha borrado.
Hierro fundido es mi sangre
que corriendo por mis venas
fue ganando la partida
entre alegrías y penas. 
Y en la fragua del destino 
se templaron mis mañanas. 
Fui rudo arado en barbechos
y fui rejas de ventanas. 
Fui veleta de una torre, 
candado de melodrama.
Y de ser un gran machete,
soy simple varal de cama.
Mi acero se fue templando
y oxidada en mi fiereza. 
Pero ese hierro mohoso
que corriendo está en mis venas
no habrá fragua que lo funda
para ponerme cadenas. 

La madurez 
Ya ha llegado el otoño a mi vida,
ese otoño que tanto había temido. 
Tan bello y dulce su abrazo ha sido,
que en su estancia me siento complacida.

Ya se fue mi primavera encendida,
llega la plenitud de los sentidos:
cuerpo y alma en un abrazo están unidos
reposando mi dicha bien mullida.

Serpentea por mi pelo ya la nieve,
dejé la polvorienta encrucijada
y vivo intensamente lo más breve.

Ebria de vida, mientras yo sea amada
escucharé el tictac que todo mueve,
que el mañana es mi alhaja más preciada. 



Puedes leer otros poemas suyos que hemos compartido:
La plazuela pág. 129 .






Reseña e imagen de Saray Pavón
Poemas de María del Carmen Pacheco Sánchez

miércoles, 28 de agosto de 2019

Lisbeth Salander

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Desde las portadas de la (ya) sextología Millennium, una mujer nos mira desafiante. Parecen ilustraciones pero son fotografías tratadas por Gino Rubert y, aunque a mi me recuerda a PJ Harvey en el videoclip de Down By the water, se trata de la artista Tamara Villoslada. Ese derroche de expresividad en el rostro y la composición visual le hace justicia a la potencia con la que escribió Stieg Larsson, pero reconozco que en mi cabeza se dibujó otra Lisbeth (parecida a Ciri, de witcher 3). Al lado de este párrafo puedes ver un dibujo rápido de mi idea.

Os voy a hablar primero de ella, que fue la fuente de enganche que hizo que me bebiese los libros. Haré otras reseñas desmenuzando cada libro [Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, La reina en el palacio de las corrientes de aire, lo que no te mata te hace más fuerte, El hombre que perseguía su sombra y La chica que vivió dos veces (estas tres últimas son de David Lagercrantz y no están basadas en ninguno de los borradores inconclusos de Larsson)].

No me llaman la atención los "Bestsellers" porque no suelo ir en la línea de lo que le gusta a la mayoría, sin embargo hay excepciones. Me lo recomendó mi madre así que decidí darle una oportunidad a esta saga (confío bastante en su criterio literario) y me cautivó el personaje de Lisbeth Salander. Totalmente atípica, pragmática, directa y seguiría con la lista de elogios a su personalidad. Puede que haya quien lo ha leído, o esté en ello, y no entienda mi aprecio... pero esto es como la música: nos gusta lo que nos hace vibrar, lo que es más afín a nosotros (y ya quisiera yo ser una hacker pero no van por ahí mis tiros).

Fui pasando páginas veloz: quería saber más de ella,  ir más allá de su estética gótica, piercings y tatuajes. Entender ese aura misteriosa que la envolvía, su madurez precoz (en el primer libro tiene 24 años) y paro de decir cosas porque de nuevo me emociono. Resumiendo: es adictiva (y toda adicción tiene sus claros y sombras). -Es difícil describirla sin entrar en la trama y no quiero hacer ningún spoiler, me muerdo la lengua hasta las maxireseñas-.

Así que no te dejes intimidar por ver sus anchos lomos, cuando se vaya acercando a las últimas páginas de cada libro: no querrás que se terminen. Pero que esto no te detenga tampoco: puedes extraerles mejor su jugo en una segunda toma (y saciar así un poco las ganas con las que te quedaste de más).

Sobre las películas... no puedo decir que estén mal narradas o que no respeten la historia.... (y aquí viene el pero) aunque las actrices que han seleccionado (Noomi Rapace en la versión sueca y Rooney Mara en el remake estadounidense) no encajan en el personaje. Si has devorado el libro notarás que le faltan muchas detalles que componen a Lisbeth (ser distante con la gente no es sinónimo de poner cara de ir a dar un puñetazo en todas las secuencias, etc.). Y no es el único desajuste de personalidades pero esta entrada es sólo para Lisbeth Salander.

Sé que la relectura será un tiempo de disfrute y estoy deseando descubrir cómo la ha continuado David.

Reseña y dibujo Saray Pavón

lunes, 26 de agosto de 2019

sábado, 24 de agosto de 2019

El señor de las moscas

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Digamos que es como tomar el café perfecto. La temperatura es la idónea, el sabor te embriaga y su color seduce tu iris: así es este libro. Atrapa desde la primera página. Va desgranando la historia dando la información precisa para que imagines pero sin adelantar elementos: ya descubrirás por qué suceden los acontecimientos.

Lo visual predomina: una vez dentro de la escena percibes al 100% el lugar y los personajes por su escritura envolvente. Se desarolla con una maestría tanto en la parte narrativa (con vivencias sobrecogedoras) como en los diálogos que te hará disfrutar de cada página haciendo que 250 pasen volando y sepa a poco. Libros así... se pueden contar con los dedos de la mano así que atesóralo en tu estantería (se me ocurre incluir en esta categoría Asfixia, Los hilos del aire, Metafísica de los tubos, Galveston, True Detective, Los asesinatos de Manhattan, La conjura de los necios, Señora de rojo sobre fondo gris, El árbol de la ciencia, Millenium 3 (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire*), Ensayo sobre la ceguera, Frankenstein).

La trama/sinopsis:
la estructura gira en torno a una treintena de muchachos solos en una isla desierta y representa una ilustración de las tesis que sitúan la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre. Cuando los controles se relajan aflora la naturaleza de cada uno.
*El asterisco indica que no me convenció totalmente.

jueves, 22 de agosto de 2019

martes, 20 de agosto de 2019

Píldoras de Papel

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Llorar a lágrima viva con el primer poema de Píldoras de Papel y seguir bebiendo de este necesario libro, tan directo y brutal como Ana Patricia Moya.

Palabras de acero afilado, gritos amarrados en las cuerdas vocales que, por fin, se desatan, la verdad con mayúsculas. Cuando sientes que toda tu vida se ha volcado y nada está en su sitio, tras el pataleo, con las córneas ya secas tienes muchas opciones: los hay que se quedan varados en la soledad de su cuarto, otros reconstruyen su cordura con cápsulas-poemas.
 
La escritura es un lugar de encuentro para sus sentimientos. Aquí: fragilidad y fuerza se toman de la mano para saltar al vacío del papel, para entintar nuestras venas. Cada Ana tiene su propia voz en la poesía: ingenuidad, ira, irreversibilidad, indignación, indiferencia, etc.

No tienes dónde agarrarte, sonámbula paseas por la primera parte. La cruz dorada / brilla en el suelo mientras en el cerebro explotan mil ideas. 1999 es una fecha señalada donde la felicidad viene en dosis pequeñas. Seguimos paseando por ciudad angustia hasta que nos encontramos con Peter Pan y sus fantasmas (segundo asalto). Es este tramo, como dice Graciela Baquero, "el más infantil de los recuerdos / es un adulto". El vacío se apodera de nuestro pecho y los cuentos que nos vendieron sólo sirven para acumular polvo en la estantería. Así llegamos a eso extraño que llaman amor (tercera celda). Ahí se agrupan las decepciones, los ex's y sus baladas de mentiras. Love is Hell. Por eso mi corazón es tundra (cuarta planta). Detrás de las costillas la decadencia avanza: esta vida es para los deshonestos. Y más [post] traumas Disney (quinta soga), donde la inocencia, ya descuartizada y frágil, se asfixia en cuestiones sin resolver. Su piel se aprieta contra los huesos cansada de ser el juguete (erótico). Sólo nos queda escribir, / aferrarnos a las palabras.

Las píldoras de papel son el sexto sentido, cicatrices que duelen cuando el tiempo cambia, patadas de realidad. Pero el tiempo sigue corriendo. Aún hay puntos suspensivos, más vivencias-poemas que están al llegar y nosotros estaremos aquí, deseando acoger en nuestras manos su próxima publicación: porque Ana apretó el gatillo y nos dió de lleno.

Estoy agradecida de que este libro haya caído en mis manos: por el contenido y por la acertada idea que tuvo Ana de compartirse con el mundo.

domingo, 18 de agosto de 2019

Dios me debe un dólar

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Dios me debe un dólar:
He hecho el payaso
y a los payasos se les paga.

Dios me debe un dólar.

No leí la letra chica.
Nadie mencionó que intervinieran mujeres sin alma.
Percibí pronto que se trataba de un asunto turbio.
Me liaron, eso es todo.

Dios me debe un dólar.

El guión se amañó sobre la marcha.
Los actores lloran y beben bourbon sentados en un rincón.
Un fracaso de taquilla: un solo espectador que ríe desde su butaca.
Fuimos estafados: Le puede pasar a cualquiera

Dios me debe un dólar.

Hice, hicimos, lo que de nosotros se esperaba.
Fue cómico y triste. Fue vergonzoso también.
La organización responde con vaguedades y evasivas.
El espectador se partió el pecho pero a mí no me hace gracia.

Dios me debe un dólar.

¿Tan difícil es de entender?
No quiero el cielo:
Quiero mi dinero.


Poema de Sergi PuertasTira mis sueños a la calle y la lluvia los hará crecer, Ed. Crecida, 2000
Imagen de Pixabay 

viernes, 16 de agosto de 2019

La plazuela

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Palpita tu gran corazón de asfalto,
bordeando tus puertas y ventanas.
Brotando en ti la vida en las mañanas
con gran tropel de pasos al asalto.

Reluces con el sol en lo más alto, 
tu rústica belleza nos desgranas.
Eres acera vagabunda urbana,
que huyes de tristezas y sobresaltos.

Deambula la luna en sus desvelos
por tus calles de piedra, cal y tejas
y consigues coronarte en sus vuelos,

con la forja barroca de las rejas.
Y con sombras de negros terciopelos,
vestirá por las noches tus callejas.



Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay

miércoles, 14 de agosto de 2019

El sendero de las palabras

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Cuántas veces yo he cogido
el sendero de las palabras,
solo para acercarme a ti.
En cada letra de tu nombre
busqué mis raíces y mi infancia,
que fueron los atajos en mis versos.
Sin rumbo deambulé por tus calles,
escuchando ecos adormecidos
de cerrojos tras las puertas,
con susurros y voces familiares
de mañanas recién hechas.
Vocales hechas árboles,
consonantes que son riveras,
gramática libre, sin etiquetas.
La voz del jilguero en el viento
sin tiempo, sin espacios. 
Cazalla, tu nombre se cruza 
y se diluye entre mis letras
como niebla matutina.
Los verbos se funden
entre metáforas imperfectas
por altozanos encalados
ceñidos a empinadas cuestas. 
El acróstico con tu nombre
voy buscando entre las letras.

Caminé por tus noches de verano
Asomándome a tus rincones,
Zaguanes perdidos en la penumbra
Acariciados por mil abanicos.
La cálida cadencia de tus acentos,
Las viejas y chirriantes mecedoras.
Acechan en la noche mis recuerdos.

Y seguiré caminando 
por el sendero de las letras...
Tatuaré tu nombre en el aire
para impregnar el aire con tu esencia.



Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay

lunes, 12 de agosto de 2019

Impresión

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Cerró los ojos para retener esa imagen 
como se cierra el cofrecito en el que se guarda el tesoro más importante.
Y con la voluntad de conservar hasta el más mínimo detalle
 ya no volvió a abrirlos más. Como si hubiese tirado al mar la llave.
¿Acaso merecía la pena emborronar aquel instante 
con las trampas y mentiras de ese martes?


Texto de Antonio Ramírez
Imagen de Pixabay

sábado, 10 de agosto de 2019

Sembradores de poesías

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Como la azada en el surco,
es el alma del poeta. 
Golpe tras golpe en la tierra
va clavando su piqueta.
Y allí deja su semilla
escondida entre las letras.
Cada surco es un poema,
cada libro una cosecha. 
Sembradores de poemas
por tertulias y tabernas.
Sus sueños son desgranados
alrededor de una mesa.
Los que les quieran oír
que perdone las torpezas. 
Que sembradas con azadas
golpe a golpe y franqueza.
Fue sembrando poesía
sin esperar recompensas.
Porque las cosas del alma
son el fruto de sus letras. 




Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay

jueves, 8 de agosto de 2019

Resbala el asfalto

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Cuesta abajo resbala el asfalto
junto al bordillo
despacio y denso
unos tacones arropados de gabardina
muerden        arrítmicos
los adoquines
pasa un taxi y estalla el charco
calando de angustia
la médula de tu tristeza
mientras gotas caen
desde puntas del paraguas



Poema de "Ningún mapa es seguro", Eva Gallud
Imagen de Pixabay


martes, 6 de agosto de 2019

Recuerdos perdidos (Alzheimer)

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En sus mentes se desgranan
los recuerdos...
En sus labios, los elocuentes
silencios... se estremecen.
Impacientes, las sílabas de un nombre
quieren salir de sus bocas.
Pero... solo el olvido yace en sus almas.
Unos pocos destellos de un mundo perdido
juguetean en sus sonrisas.
Recuerdos que quedan agazapados
en sus memorias, acechando palabras
que ya no salen...
Son los mismos ojos, las mismas sonrisas,
pero entre unos y otros, faltan mil recuerdos,
que apenas evocados se hacen invisibles.
Abandonados a la más triste oscuridad,
se olvidan, que... Ni siquiera ya recuerdan.



Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay

domingo, 4 de agosto de 2019

El silencio se rompe

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El silencio se rompe
[y nada dices]
Y tus labios tiemblan
[porque no hay nada que decir]
Y las sombras juegan bajo la luz mortecina,
se mueven deprisa, vuelven,
se encrespan en los desconchados de las paredes.
[No sé quién dijo: habría que cambiar las bombillas]
El silencio sigue roto por el eco de los suspiros.
¿O es el eco de las sombras?
Y ocurrió, ¿por qué sí? No lo sé.
[A quién le importa]
Y acaba el día, y las paredes se estrechan,
Y sólo deseo mover el cuerpo en el vacío,
y buscar tu sombra hueca de mí.


Poema de Eugenio Barragán Fuentes
Imagen de Pexels en Pixabay

viernes, 2 de agosto de 2019

jueves, 1 de agosto de 2019

A Miguel Hernández

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A golpes de azada en versos
las libertades germinan
entre sus surcos profundos,
yuntas de amor y de vida.
La voz del pueblo y del campo,
jornalero de las letras.
Huerta de nanas y cebollas
con lágrimas de poeta
y pisadas de amargura
sobre la tierra reseca.
Con hoz de fulgentes filos
de amor de muerte y de vida
se fue buscando el camino
sus tres abiertas heridas.
Y guadañas asesinas
con la tinta del terror
entre rejas opresoras
dictan sus cartas de amor.

Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay