sábado, 4 de abril de 2020

Arquitectura entre los campos

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Traté de recordar
cómo era antes la lluvia,
cuando los besos eran sólo
una punta de humedad entre el tabaco,
cuando los parques eran un esbozo
de arquitectura entre los campos.
Trate de recordar el mundo,
nuestro mundo ajeno
al llanto de las selvas,
al sueño curvado del arco iris,
al lento laberinto de los caracoles,
al gozo de la muerte.

Y tan sólo encontré
esa larga humedad
en el viento y sus moldes
que vaticinan la noche y sus nieblas.


Poema de Montserrat Doucet
Imagen de Pixabay



jueves, 2 de abril de 2020

miércoles, 1 de abril de 2020

lunes, 30 de marzo de 2020

La estafa y el arte (VIII)

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NIVEL SEGUNDO

Salir a pintar por ahí. Esta vez sin nada, sólo las manos en los bolsillos. Entonces el amanuense tiene que buscar, además, un soporte. No vale la fachada de un edificio o el cierre echado de una tienda, porque nos podrían acusar de vandalismo y eso es un rollo. Podría encontrar una gran roca de dominio público en las afueras. De modo que uno regresa al hombre o la mujer de Altamira, quizá al primer homínido que intentó marcar con algo sobre algo. Rascar con otra piedra; dibujar con un tizón de la hoguera apagada del mendigo; untar alquitrán de la carretera recién bacheada. Con las manos callosas de uñas partidas, algo sangrantes. Manos fuertes como dos animales carnívoros que paseo sujetos con las correas de mis brazos.
Claro que todo esto puede que la lluvia lo deshaga, que el sol se lo coma. Quizá quede el rastro de los materiales más duros como el alquitrán. Esto no va a perdurar en el tiempo. La trascendencia requiere investigación.


Texto e ilustración Garven

domingo, 29 de marzo de 2020

La ley de Murphy

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En este libro aparece, a parte de la ley que le da nombre, premisas que giran en torno a ese "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Por ahí he leído que es una forma cómica y mayoritariamente ficticia de explicar los infortunios en todo tipo de ámbitos aunque cuando todas las cosas parecer guiarse bajo esa premisa normalmente no te lo tomas con una sonrisa o si esta sale irá con matiz irónico. Podréis encontrar frases como:

Ley de truman: No discuta nunca con un tonto. Puede que la gente no aprecie la diferencia.

Ley de Patton: Un buen plan es mejor hoy que un plan perfecto para mañana.

Ley de la salchicha: Hay personas a quienes les gustan las salchichas y respetan las leyes y es debido a que no han visto como se elaboran ninguna de las dos cosas.

Principio de Watergate: Siempre que se informa sobre la corrupción del Gobierno, se hace en tiempo pasado.

Ley de Evans: Si consigue mantener la calma cuando todo el mundo pierde la cabeza, entonces es que no se entera del problema.

Fórmula de Glyne del éxito: El secreto del éxito es la sinceridad. En cuanto pueda fingirla, lo habrá conseguido.

Ley de Miles: Su posición depende de donde se siente.

Ley de Lowe: El éxito siempre tiene lugar en privado y el fracaso a la luz pública.

Ley de Hiram: Si se consultan suficientes expertos, se puede confirmar cualquier opinión.

Primera ley de Levy: Ninguna dosis de genio puede vencer la preocupación por el detalle.

Ley de la perversidad de la naturaleza: No se puede determinar a priori en que lado de la tostada hay que poner la mantequilla.

Ley de la gravedad selectiva: Todos los objetos se caen al suelo de tal forma que causen más desperfectos.

Ley de Paul: Es imposible caerse del suelo.

Factor de inutilidad: Ningún experimento es un fracaso absotulo. Siempre puede servir de ejemplo negativo.

Ley de Drazen sobre la restitución: El tiempo necesario para rectificar una situación es inversamente proporcional al tiempo que se tardó en crearla.

Ej. 1: Hace falta más tiempo para pegar un florero que para romperlo.

Ej. 2: Hace falta más tiempo para perder x kilos que para ganarlos.

Ley de Jones sobre la imprenta: Hay errores que pasan desapercibidos hasta que el libro está en la imprenta.

sábado, 28 de marzo de 2020

Reclusión, sí, pero con arte

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Corren tiempos muy locos. Es cierto. Quién no ha dado una carrerita con la bolsa de basura en la mano para sentir que los músculos de las piernas todavía funcionan... Quién no ha obligado a su perrete a recorrer en sprint el último tramo de la calle para sentirse vivo... ¿Nadie? ¡Pues deberíais! Es bastante liberador. Para temas físicos no tenemos ningún remedio y ya hay para ello cientos de páginas y usuarios haciendo de las sentadillas el mantra sanador de esta mala racha. Pero por otro lado, sí que podemos hacer algo por vosotros. A partir de ya y mientras dure esta locura transitoria,
nuestros números 1 y 2 de la i Libro-Revista estarán disponibles TOTALMENTE GRATIS en Issuu. Pincha en las imágenes para ir a los enlaces:


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La Redacción :)

viernes, 27 de marzo de 2020

Ciudad desconsolada

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Amo esta ciudad desconsolada
como un puzle donde no encajan las piezas.
Los árboles, las naranjas agrias,
el centro social ocupado de donde salen ratas.
Adoro este trajín de calles y de barrios
con las ropas tendidas al sol.
Insolente, embustera,
la ciudad laberinto de las multas de tráfico,
los mercados decrépitos.
Me gusta cómo ruge su epicentro
y la periferia de los habitantes
del mundo. Nosotros.
Amo esta ciudad
y quizás sea porque tiene que ver contigo,
con mi reflejo en tus gafas de sol
y con aquella noche en que cargaste conmigo
dejando tirados los zapatos y un tacón roto.
Eres tú lo que resta importancia a los impuestos
aunque te vayas.
aunque emigres a un recóndito país
del área metropolitana,
yo amo esta ciudad
que es nuestra por derecho
y por defecto, claro.

Poesía de Laura Frost
Imagen de Pixabay

miércoles, 25 de marzo de 2020

Día de la ira

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Desnúdame, no tengo ya otra cosa.
El labio casi helado de besar tanta muerte.
Sájame la mirada, deja el ojo sin lágrimas
como una carne mísera, tibia para las moscas.
Sobre tu piedra estoy, no vencido, ligado:
hiere y al turbio caño de la sangre el impuro
animal de vagido caliente perezca,
pues que amó la carne y su comercio
y fue carnal el llanto para él, como un miedo
cobarde de pichones en las manos
y la oración un pétalo manchado entre los dientes.
Raspa, rae de mi lengua su nombre, si aún tienes
en el día del rigor panales de dulzura
y opera con tu largo bisturí de clemencia
el corazón, la entraña que no tuvo cansancio
ni olvido en el sopor del vino y de las noches
y que implacablemente perseguías
por las angostas calles de la antigua tristeza.
Rebana de los dedos su urdimbre de caricias
y deja que mis manos palpen ciegas y ajenas
la larga tela fría del desengaño.
Inerme sobre el mármol escucho el viento tuyo
de las trompas alzadas a la luna postrera,
cuando el ángel apaga la lucerna del tiempo
y remueve las vendas,
el sombrío aposento de las urnas,
el agujero oscuro, el cenotafio...
Porque desnudo estoy ante ti y te temo.



Poesía de Pablo García Baena
Imagen de Pixabay



lunes, 23 de marzo de 2020

La estafa y el arte (VII)

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NIVEL PRIMERO

Salir a pintar o a dibujar por ahí, sólo con el bloc, sin lápices, pintura ni ningún tipo de material. Sólo la cuadratura del papel bajo el sobaco. Entonces las manos vuelven a su origen primitivo de cangrejos de patas fuertes, uñas como dientes de castor que rascan para sacar blancos. Dedos criminales. El amanuense tiene que buscar el pigmento: despachurrar flores sobre el papel, si es que en esa época del año hay flores; frotar con la verdura de la mala hierba; mojar los dedos en los charquitos de grasa que han dejado algunos coches aparcados; pringar el chocolate de un bollicao sin terminar que un muchacho ha arrojado en la papelera del parque. O enterrar la hoja bajo el légamo de un río o un estanque, unos días en el reino del hongo y el gusano. Desenterrarla después manchada por los azares del inframundo.


Texto e ilustración Garven

sábado, 21 de marzo de 2020

Otoño

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Se conocieron en otoño,                                                                                                   
él era un hombre con muchas aristas, 
afortunadamente,                                                                                                               
ella, una mujer con muchas grietas.


Poema de Laura Frost 
Imagen de Pixabay

jueves, 19 de marzo de 2020

C a l l e j ó n

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-Pat, ¿cómo está su madre? ¿La encontró?
-Estaba en el cementerio, como imaginábamos. Estaba bastante animada, teniendo en cuenta las circunstancias.
-Y.... ¿mentalmente?
-El alzheimer es un callejón sin salida, Wilfrid. Su memoria cada vez va a peor, no hay espezanza de mejora en ese sentido.


Fragmento de "El cura", Thomas M. Dich
Imagen de pixabay retocada



martes, 17 de marzo de 2020

Papá

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Recuerdo con cierta tristeza mi infancia.
Los tres miedos que me atormentaron
hasta que tuve edad de mirar debajo de la cama
y de soportar la cruel realidad de que Papá Noel no existe.

Tuve miedo de esa serie interminable de pijamas grises
que cada noche, siempre a la misma ahora, me arropaban
y me daban un beso de difunto en la frente
para evitar las pesadillas.

Recuerdo un muñeco sin ojos que me vigilaba y seguía
a todas partes mientras mi padre ignoraba mis gritos de auxilio
porque era muy femeninos.

Mi madre se evaporaba cada mañana
como un suspiro en invierno.
Yo me quedaba pensando que de mayor tenía que ser como él,
entonces comenzó el llanto.

Poema de Cristian González
Imagen de @theSollers 



lunes, 16 de marzo de 2020

La estafa y el arte (VI)

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La señora Elena pintaba unos cuadros pequeños y coloridos. Yo había sido su vecino durante mi infancia y pasaba algunos ratos viéndola pintar en la habitación de su casa que ella utilizaba como estudio. Allí descubrí los ruidos de la pintura: el repiqueteo de los tubos de óleo que Elena removía en una cajita de madera; el sonido a palillos chinos de los pinceles dejados en la mesa; el chorrito de aguarrás en un frasco sucio; la frotadura del trapo sobre el lienzo para rectificar una mancha; la rascadura del pincel untando de color. Ni qué decir tiene que también descubrí los olores de la pintura. Elena firmaba sus cuadros como “Elena Brizard” en honor al licor de anís que solía beber.
Pasados los años me dijeron que Elena estaba muy mayor y enferma, postrada en la cama, posiblemente moriría pronto. Así que decidí ir a visitarla. Su hija se alegró de verme y dijo que su madre ya había cenado pero que aún estaba despierta. Por los pasillos colgaban algunos cuadros secos, amarillos y adultos de Elena.
-Madre, mira quién ha venido a verte ¿Le conoces?
La señora Elena entre almohadones, a codazos con la muerte o forcejeando con la vida. Temblona y asténica, arropada hasta la cintura y con una mano nudosa sobre el estómago, con la otra se daba golpecitos en la frente como si llamara, ay, en la puerta del otro lado. Elena me miró con curiosidad parpadeando mucho, su boca sin dientes se desdoblaba como una gamuza y dijo algo:
-Ma...ma...Manolo.
-Sí, el del bombo, no te jode. Pero si es Garven, el hijo de Luis y la Emilita.
La señora Elena hundió la cabeza en el almohadón, quizá para dormir (o morir), convencida de que yo era Manolo.


Texto e ilustración Garven

domingo, 15 de marzo de 2020

Todos los cuerpos no son tu cuerpo

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Todos los cuerpos no son tu cuerpo
aunque sean hermosos
aunque lleven la luz y el mar en su cintura
y en su sexo escondido lleven tantos deseos.
Pero no son tu cuerpo.
Estas tardes sin límite
sin el frescor alado del invierno
pensar tu cuerpo adormece las horas
y acompaña el silencio del tiempo como fiebre.
Los cuerpos incendiados
que llevan tras de sí pendientes tantos ojos
nunca serán
y antes nunca han sido.



Poesía de Mª Cinta Montagut
Imagen de Pixabay


viernes, 13 de marzo de 2020

Magdalena

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Sentada, esperaba. Dejaba caer los minutos por su piel, húmeda de expectación. Rodaba el tiempo en círculos plegados sobre sí mismos. Cíclicos. Periplos esculpidos en la eternidad de un bucle que, efímero para unos, se multiplica para otros. La repetición en serie de una soledad alienada. Aislada. En algún lugar de aquella noche fría, helada como la navaja de la pálida dama de la muerte, sonaba una armónica. Muy lejos. Una armónica… desafiando el silencio. Mientras, ella esperaba. Oscuridad casi absoluta. Ni siquiera la luna se atrevía a sonreírle más allá del velo negro de Nyx, la descendiente del Caos. Bajo el manto de aquella diosa griega, podía ser lo que quisiera. Podía transformarse en el súcubo más atractivo y persuasivo, el mejor corderito con la piel de lobo, la más delicada flor que pudiera tallar la primavera, la brisa fresca que reconforta en un día de verano, el veneno que te trae los sueños más dulces. Nunca había esperado de esa forma. Volvió a asomarse por la ventana y a buscar con la mirada. La armónica había desaparecido. Silencio. El sol yacía muerto al otro lado del mundo, donde ahora mismo corría el tiempo de los despiertos. El tiempo de los vivos.Rosie esperaba. Los minutos acariciaban la ansiedad y se adherían al sudor de su frente, al sudor de su sien. Deseaba con toda su alma verlo aparecer en el horizonte de alquitrán. Adivinar su figura recortada en la lóbrega y sombría farola que se divisaba al final de la calle que, como en “El imperio de las luces de Magritte”, extendía su falda marchita sobre la acera. Ansiaba llenarlo con su mirada, escudriñarlo con sus ojos, interrogarle con cada resquicio de sus pupilas. Chillarle un vistazo. Anhelaba acariciarle con un golpe de vista. Contemplarlo de forma lasciva, lujuriosa y ardiente. Suspiraba por tenerlo frente a ella y ejecutar una visión que despejara toda aquella noche. Toda aquella oscuridad. Ambicionaba la luz. Quería repudiar la penumbra.

Aquel rumor... aquel rumor la tenía aterrorizada. Le taladraba la mente una y otra vez. Persistente. Como el martillo percutor literario de un escritor reiterativo. La anadiplosis de la concatenación epifora. O la daga afilada de un soldado barroco que penetra, deslizándose, a través de las costillas indefensas, encontrando la muerte dormida en su interior. Ataque certero. Sangre coagulada. La mente libera el veneno que intoxica la razón. La nubla. La aclara. Locura imperecedera y permanente. No podía pensar en otra cosa. “Hay alguien en mi mente, pero no soy yo”. Nunca lo había visto tan claro. Tan definido. Tan nítido como entonces. Tan jodidamente transparente como en aquel negro fundido y opaco. Y de pronto aparecieron los dos faros. Su coche se acercaba. A Rosie le dio un vuelco el estómago. No pudo decir lo mismo de su alma, tan ausente como el sol, tan escondida como la cara oculta de la luna. Sintió un hormigueo en sus manos y aquel humo asfixiante dentro de su corazón que no la dejaba respirar. Codiciaba la luz, pero halló las tinieblas.

Salió al jardín en el momento en que el vehículo aparcaba junto a su puerta. Allí estaba su hombre. A la sombra de la oscuridad, parecía que llevaba puesto el traje de chaqueta de la muerte y su figura se confundía con la de un cadáver en el cadalso. Y entonces él la vio. La miró a los ojos y quedó paralizado. Ella le devolvió la mirada, gélida como aquella noche oscura, y supurándole el corazón, levantó la escopeta y le hizo una endoscopia de plomo. Rosie lo tenía todo planeado.

Me lo había contado todo como una autómata. Como un androide que tiene programado un guion previamente escrito, diseñado para actuar según las circunstancias y la situación. Me lo había contado con su mirada gélida, sin ningún atisbo de emoción. Sin ningún sentimiento. Lo más cálido que rezumó de sus labios fue el humo del cigarro que estaba fumando. Tampoco encontré un mínimo ápice de arrepentimiento en su tono, en sus palabras, en su declaración, como si de una rueda de prensa proyectada y dispuesta se tratara. Parecía que ella no había hecho nada, simplemente se encontraba allí, siendo testigo de lo ocurrido. Pensé que, tal vez, fue así. Que en ningún momento sabía lo que estaba haciendo. Que en realidad lo hizo otra mujer. Una del pasado. O de un presente prostituido, que no le pertenecía y de la que no era dueña. Por el contrario, sí supe que, a pesar del tono, de cómo me lo había contado, de la helada declaración que había desparramado por toda la habitación de forma automática y ausente, Rosie lo tenía todo planeado. Precisamente por eso, cuando todo acabo, todo dejó de estar planeado, y el resto se convirtió en una improvisación. ¿O quizás no había ocurrido nada y se lo había inventado?

Minutos antes reverberábamos a chorros de pasión por la habitación. Oleadas cárnicas de un vaivén de espasmos melódicos y rítmicos, se concentraban en el punto exacto en que convergían las líneas erógenas de nuestras vidas. Se habían encontrado nuestros mundos y estallaban en aquella pensión de carretera de mala muerte, pero paraíso mitológico de la Venus más interestelar. Convexo y cóncavo, el destino flexionaba nuestros deseos más ocultos. No había miedo. Ni terror. Solo transacción y contrabando de sexo, altruista, recíproco y retroalimentado. Ni luces de colores, ni psicosis de taxidermista con complejo de Edipo. Minutos antes nos quemábamos con la lava interna de nuestros infiernos en el séptimo cielo. No existía nada más. No había pasado ni futuro, solo presente intenso y placentero. Pero ya no era antes sino luego. Ella se había levantado, aún desnuda y húmeda. Sudando hedonismo. Y quise pensar que también satisfacción. Se había sentado en la silla, encendido un cigarrillo, colgado su mirada en la pared ocre frente a ella y descorrido la celosía invisible e imaginada de un confesionario. Luego vomitó sus pecados como yo las tablas de multiplicar ante la amenaza de perder la merienda. Y la infancia.

Se levantó y buscó su reflejo en el único espejo de la habitación. Yo estaba asediándome a preguntas y sucumbiendo a un mar de angustia. Me sentí incómodo y asfixiado. Inquieto y violento. Miré su espalda, cubierta parcialmente por su pelo rojizo, los hombros casi perfectos y los brazos. No podía verle la cara desde mi posición, pero a pesar del poco tiempo, podía haberla pintado con la precisión de Antonio López y la turbación de Eduardo Naranjo. Yo seguía acostado en la cama. En silencio. Vestido solo con un esmoquin de dudas. Fue en ese momento cuando se volvió, uniendo sus manos y una mirada particular. Con nostalgia. Melancolía. Tal vez, dolor. Ante mis ojos apareció una mujer completamente diferente. Me di cuenta que la estaba mirando por primer vez, que antes lo único que había hecho era perderme entre sus encantos guerreros, como la Red Sonja que sedujo y atrajo al bárbaro creado por Robert Howard. En su mirada seductora y sus labios rojos, dibujados el mismo día que los de Jessica Rabbit. Nada de eso aparecía ante mis ojos ahora. No existía rojo alguno, ni el de su pelo, ni el de sus labios. Ni siquiera el rojo pasión, el rojo de lo prohibido. La advertencia. Todo eran bucles dorados. Dorado. Color miel. No era la misma mujer que había tirado los muros de mi cordura, mostrándose como el paraíso inaccesible a los deseos carnales más profundos. En ese instante de suspensión, prendida en el tiempo como las imágenes congeladas de una fotografía, era más humana que nunca. Como la Magdalena que Donatello hiciera para el Baptisterio de Florencia hacia el 1455.

De la misma forma que la obra del genio renacentista, unía sus manos en actitud orante, como pidiendo perdón. Vestida con todos los pecados que había sufrido, creado y gozado a lo largo de su vida. Harapos de una conciencia deshilachada. Cavidades que albergan todos y cada uno de los miedos que ha visto, contemplado, sufrido y transmitido. Opacos. Plegados. Su mirada destilaba cansancio y agotamiento, pero también la melancolía de una vida consumida antes de tiempo. La nostalgia de una niña cercenada, arrojada de la infancia con la misma violencia con la que despertamos de un sueño y retornamos a una pesadilla que se repite. Una pesadilla real. Era una Magdalena diferente. No era la pecadora adúltera, liberada de los demonios por Jesús. No había libertad en ese punto exacto en que los minutos me estaban permitiendo deslizarme entre los pliegues del tiempo y contemplar la verdad. Estaba atrapado. No. No aún no lo estaba. Estaba en el gerundio mismo del verbo: estaba atrapándome. No pertenecía a ningún evangelio, ni siquiera a esa leyenda áurea censurada por la Contrarreforma. Esta deliciosa Magdalena no se arrepentía. Y tampoco era libre. Portaba en todos y cada uno de los entresijos que formaban su descarnada vestimenta la historia de hombres a la deriva que habían naufragado en aquellos labios cortados, agrietados, secos por la penitencia que, al contrario de padecer, había disfrutado y gozado. Jamás sería libre de aquellas ataduras. Estaba condenada por el resto de su existencia a vivir junto a su locura, a su tristeza, a su salvaje cautiverio alienado, a su exilio del mundo racional, a aquella melancolía que se derretía por sus ojos. Sin apenas dientes, engullía a los hombres de la misma forma que se tragaba los designios que la vida le había puesto en su camino. Vivía en el infierno y coleccionaba maldiciones herejes y vidas ajenas. Había saboreado el fuego de la perdición. Había conocido las profundidades más negras de la humanidad. Del ser humano. La visión que tenía ante mis ojos era el fracasado intento por purgar los errores y faltas como una ermitaña indómita, el malogrado y frustrado objetivo de curarse las penas. Se alimentaba de la pasión desbordada. Estaba erosionada y desgastada por las mismas almas que consumía y la unión eterna con el averno. La demencia la hundía al abismo y resurgía portadora de un juicio lunático.

Pero en ese momento, era humana. Más humana que nunca. Vi el miedo en su mirada. Vi que estaba cansada. La vi suplicar en el barranco de sus ojos. Vi el arrepentimiento. Un fugaz, efímero y breve destello que desapareció con la misma rapidez que mi sensatez. Me di cuenta en ese mismo instante. En ese nanosegundo en que las fallas temporales chocan y la realidad deja de ser subjetiva para convertirse en una idea. Para convertirse en una verdad. La absoluta. La que prevalece. La que impone el castigo de la razón. Nunca volvería a verlo tan claro como entonces. Sabía que estaba condenado. Como ella, me inundaría de pecado, me sumergiría hasta el fondo del pozo más negro. El amor como castigo. El amor como sentencia. Había entrado en su interior y ahora no podría salir. Quería beber petróleo y respirar humo. Ya no existía Rosie. Era la galería de las ilusiones. El trampantojo barroco. Había contemplado el horror y me había gustado. Había tocado el retrato de Dorian Grey y me había seducido.

No me arrepiento de haberme dejado llevar por sus encantos. Incluso en este preciso instante en que recojo mis recuerdos, esparcidos por la habitación. No negaré que tuve miedo, pero mayor fue el placer de haber sucumbido a la diosa del tártaro y rezumar entre sus placeres más prohibidos, carnales y espirituales. Incluso ahora, que intento tragarme la sangre, que procuro no ahogarme con la vida, me arrepiento de nada. Incluso podría decir que disfruté cuando sentí cómo sus ojos se llenaban de felicidad al atravesarme el vientre con aquel cuchillo. Pude sentir un gemido de placer. Pude escuchar cómo aquella voz le hablaba desde dentro. Cómo se hacía más pesado aquel trapo harapiento lleno de pecados, almas y remordimiento. Ni siquiera ahora, que no soy, cambiaría ninguna de sus caricias, ninguno de sus besos, ni el luto de su alma por la luz que le faltó a mi juicio. Ya no era Rosie, era aquella penitente sin salvación. Mi Magdalena. Mi veneno. Mi sentencia de muerte. Mi final.


Relato de Ramsés Torres García
Escultura de María Magdalena, Penitente; Donatello









miércoles, 11 de marzo de 2020

Hoy no preciso nada

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Hoy no preciso nada,
ni la pasión que incendia las batallas,
ni el epitafio que rematará mis días,
ni la fuerza depredadora de las fieras,
ni un arroyo de luces
que adornen mis horas bajas,
ni un cementerio para mis enemigos,
ni mil afluentes de rabia,
ni elíseos de ninfas aladas,
tanto te quiero.


Poema de Dicha y resurrección, José Cuadrado Morales
Imagen de Javier Infante


lunes, 9 de marzo de 2020

La estafa y el arte (V)

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ENCARGO

Mi primer cliente quería una metáfora de lilas. Una boda de cretas tras un palacio bonito.
Un cuadro de lejos que abriera bocas
desde el umbral del pasillo.
El cliente quería un sopapo de irrealidad que yo no sabía hacer.


Texto e ilustración Garven

sábado, 7 de marzo de 2020

jueves, 5 de marzo de 2020

P o l i l l a

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Has estado leyendo a Byron. Has marcado los párrafos en los que parece haber cierta aprobación de tu carácter. Veo marcas en todas las frases que parecen revelar una naturaleza sarcástica pero apasionada, un ímpetu parecido al de la polilla que se lanza sin vacilar contra la dureza del vidrio.


Fragmento de Las Olas de Virginia Woolf
Imagen de Pixabay

martes, 3 de marzo de 2020

Stanley William Hayter

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Stanley William Hayter pintor y grabador Británico, que creó el taller “Atelier 17” en 1927 en París donde daba clases de grabado, inventó el proceso de Roll-up que consiste en combinar niveles de profundidad de mordido con entintados a rodillo, variando la viscosidad de la tinta y la dureza de los rodillos. Le da un gran valor al efecto matérico creado por los diversos colores y por los relieves.


Texto de Saray Pavón
Estampas de Stanley William Hayter 

lunes, 2 de marzo de 2020

La estafa y el arte (IV)

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Recuerdo cierto día en la escuela, durante una lección de ciencias la profesora nos dijo que nada salía del globo terráqueo; es decir, que nuestros cuerpos yacentes; nuestros fluidos y secreciones; nuestros huesos hechos polvo por los siglos; nuestras volátiles cenizas, incluso nuestros recuerdos quedarán en la Tierra. Nada desaparece y todo se transforma, pero aquí dentro. De aquí no sale ni dios.
Sentí una honda tristeza y miré al cielo a través de la ventana, con nostalgia de preso condenado a cadena perpetua.


Texto e ilustración Garven

viernes, 28 de febrero de 2020

Julieta XLF

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El arte se encuentra en todo tipo de soportes y estados. Aunque algunos no consideran el arte callejero o graffiti dentro de esa categoría, para nosotros no importa el material usado sino el resultado. 

A veces el papel se queda pequeño y se necesita un lienzo tan grande como la fachada de un edificio. Por el centro de Valencia podéis encontrar algunos murales de Julieta XLF. Incluso confiamos que siga el que realizó en 20011 en la pastelería / cafetería Siete Panes

Bajo ese pseudónimo se encuentra la artista Julia Silla, una valenciana nacida en 1982 que se licenció en Bellas Artes para después especializarse con un Máster en ilustración por la Facultad de San Carlos, Universidad Politécnica de Valencia. Durante sus estudios disfrutó de múltiples becas, como la Promoe en Santiago de Chile o la Erasmus, con la que estudió en la Academia de Bellas Artes de Palermo, en Italia.

Ha ganado múltiples premios de arte como el Premio Bancaja de Pintura, Escultura y Arte Digital en 2008 o el premio adquisición de obra XXI Bienal de Pintura Vila de Paterna en Valencia en el 2006. Además ha participado en certámenes, exhibiciones y múltiples convocatorias de arte urbano y graffiti entre las que destacan Sagra della Street Art, M.I.A.U. Fanzara, Latidoamericano, Mislatas Representan, Safe Street Art Festival o Intracity.

Os dejamos con algunas de sus obras:

Texto de Saray Pavón
Imágenes de Julieta XLF

miércoles, 26 de febrero de 2020

Ausencia de fe

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Ana Vega ha colaborado en revistas y publicaciones nacionales e internacionales, participado en antologías poéticas como La manera de recogerse el pelo coordinada por David González (Editorial Bartleby) u otras publicaciones como Poetas Asturianos para el siglo XXI de Carlos Ardavin (Editorial Trea). Ha publicado El cuaderno griego (Editorial Universos), Realidad paralela (Editorial Groenlandia), Breve testimonio de una mirada (Editorial Amargord), La edad de los lagartos (Editorial Origami), Herrumbre (Editorial Groenlandia), Llanquihue (Editorial Huerga & Fierro), Al xeito del tambor (Ed. Trabe, 2013), Auschwitz 13 (Ed. Amargord, 2013), Cantar en el desierto (Trabe, 2015) y Resiliencia (Trabe, 2015). Accésit del XXVI Premio Nacional Hernán Esquío 2008, premio de la Crítica de las Letras Asturianas 2011. Compagina su actividad literaria con su actividad docente como coordinadora de cursos y talleres de creación y creatividad y su colaboración en diferentes medios de comunicación como periodista, crítica literaria y columnista.


Vídeo Lola López-cózar
Poema y voz ana vega

lunes, 24 de febrero de 2020

La estafa y el arte (III)

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Dibujar algo en una hoja de cuartilla y ya no dibujar nada nunca. Doblar el dibujo y meterlo en el bolsillo del pantalón. Convertido en un artista itinerante, porque uno va ahora por las calles, los bares y las salas de espera anunciando su dibujo a viva voz; dejar bien claro que no hubo otros dibujos antes ni los habrá después, sólo aquel día, aquel rato de trazos inspirados. Levantarlo por encima de la cabeza, mostrarlo erguido, girando la hoja. Viajar incluso a otros países; artista y expositor itinerante; llevarlo encima siempre, arropado en el vaquero. Al principio nadie mira, nadie escucha; pero puede que la foto de un móvil provoque un viral en los wasap o una reseña en los telediarios.
Quizá después de morir el viejo loco, incinerado ya el artista de peculiar andadura y única obra, quede el dibujo plegado y sobado entre las manos enguantadas y británicas de los operarios de subastas Christie's.
-Two hundred thousand. Three hundred. Three hundred and fifty. Five hundred thousand.

Texto e ilustración Garven

sábado, 22 de febrero de 2020

Pero dime ven

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Si tu me dices ven lo dejo todo, pero dime ven es un libro de Albert Espinosa en el que dice, a través de su personaje Dani, que toda pareja tiene su código de discutir, hacer el amor, de perdonarse y hasta de reprochar: pero hay días en los que el código se rompe. Antes de ir al "momento actual" hace un flashback donde había dos silencios diferentes con dos tonalidades bien distintas. Aunque en ambos había cosas en común... mucho gris y mucho dolor. Cuando el presente está cargado de dolor huyes al pasado o futuro en busca de un yo que conserva la sonrisa y lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso.

Afirma que
demostrar emociones que no sientes es algo muy rentable en este mundo y que cada persona lleva siempre consigo algo que le define o le hace sentir mejor, como aquel hombre (George) que transportaba un saco de boxeo porque acepta como nadie los golpes. Cualquier gancho que le propines provocado por la rabia, por problemas o cualquier cosa horrible que te haya pasado, él lo absorberá; que es difícil hacer un ranking de lecciones de vida... a los trece lo digieres de una manera y a los cuarenta de otra totalmente diferente.

Es cierto que hay personas que te alimentan solo con verlas. No necesitas más... Te dan energía, que es tan difícil comprender las lágrimas ajenas si no tienes todos los datos y que a mi me cuesta creer en finales felices: tal vez por eso mis historias encierren mucha salsa agridulce; pero lo que también es innegable es que Albert me tiene estimulada con sus libros, que disfruto con ellos pese a que tengan ese deje romanticón de cuentos de hadas porque encierran mucha verdad.

jueves, 20 de febrero de 2020

Y de propina el olvido

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Buscaba un cielo abierto donde volar,
tú me prestabas tu viento.
Mi voz se arrugaba en las olas del mar,
tú la pecera, yo dentro.
Y mis ventanas abren para soplar
todos mis miedos.
Perderse en el aire de tu camisa
y entre tus dientes mi aliento.
Dejé de preguntar por ti.
Me olvidé de todos los poemas.
Medí las distancias hasta la luna y salté.
Dejé las dudas, las vendí a buen precio.
Y de propina el olvido.
Finjo no verte en los espejos conmigo y respiro.
Desmenuzo los estribillos a gritos
y me perdono los acentos.
Guardo las manchas de las copas de vino en la mesa
por si vienes y las llenas.
Y estiro la cama por si te encuentro en alguna arruga.
Pero ya no, y ojalá nunca más.


Texto: María Jesús Valderas (@Porsillueve)
Fotografía: Mayte Nékez

lunes, 17 de febrero de 2020

La estafa y el arte (II)

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CARTA A MIS HIJAS

Queridas hijas,

El plan es el siguiente: Cuando yo muera, decid por ahí que mi última voluntad fue “que se quemara toda mi obra” y que obviamente, no habéis tenido valor de hacerlo.
Estaría muy bien que después de vender esta trola, organizarais una exposición póstuma con estos dibujos “que nuestro padre quiso arrojar a la hoguera”.


Texto e ilustración Garven

domingo, 16 de febrero de 2020

Carta del suicida

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Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
porque ella sale y entra como una bala loca,
y abre mis parietales, y nunca cicatriza,
así sople el verano o el invierno,
así viva feliz sentado sobre el triunfo
y el estómago lleno, como un cóndor saciado,
así padezca el látigo del hambre, así me acueste
o me levante, y me hunda de cabeza en el día
como una piedra bajo la corriente cambiante,
así toque mi citara para engañarme, así
se abra una puerta y entren diez mujeres desnudas,
marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
unas sobre otras hasta consumirse,
juro que ella perdura porque ella sale y entra
como una bala loca,
me sigue a donde voy y me sirve de hada,
me besa con lujuria
tratando de escaparse de la muerte,
y, cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna
vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
empollado en la muerte.




Poema de Gonzalo Rojas
Imagen de Pixabay



viernes, 14 de febrero de 2020

Entrevista con el vampiro

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Entrevista con el vampiro, de Anne Rice, te hace presencia y te atrapa. Quieres leer, tienes que hacerlo. Es una necesidad. Engancha desde la primera página hasta la última, podría decir que es redonda en todas sus partes (y no hablo de las secuelas, conocidas colectivamente como Crónicas Vampíricas). 

Cada devorador de esta novela tomará simpatía por algún personaje en concreto (en mi caso Louis) y según avance, los giros de la trama pueden hacer que cambies de opinión. Con perturbadora sensualidad nos encontramos ante palabras que caminan por las tumbas, que absorben sangre y bombean una historia hilada por la pasión. La exquisitez de las tramas que se entremezclan, los personajes tan bien definidos que parecen ser corpóreos y no tinta vertida en un papel, cada sentimiento y sensación que se agolpan en tu pecho mientras lees... Todo eso y más la convierten en una gran novela que se centra en la inmortalidad, la pérdida, la sexualidad y el poder. Se convirtió rápidamente en un éxito de culto y tuvo gran influencia en la subcultura gótica. 

En 1994 se realizó la versión fílmica con el mismo título. Dirigida por Neil Jordan y con guión de la misma Anne Rice. Sus protagonistas están encarnados por grandes actores: Lestat de Lioncourt (Tom Cruise), Louis de Pointe du Lac (Brad Pitt), Daniel Malloy (Christian Slater), Claudia (Kirsten Dunst) y  Armand, (Antonio Banderas). 

La novela se inicia en San Francisco, Estados Unidos, en donde un vampiro llamado Louis cuenta la historia de 200 años de vida a un tembloroso y joven entrevistador. El vampiro es un ser ultra perceptivo; tiende a calmar a su interlocutor, intenta hacerlo sentir en confianza y promete no dañarlo. Comienza así su narración.

Una lectura recomendable al 100%. 


Reseña de Saray Pavón
Imagen de Pixabay

miércoles, 12 de febrero de 2020

Cómo Ser Un Superhéroe (en 6 pasos nada sencillos)

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1. MOTIVACIÓN

Igual que con todo, el principal requisito para hacer algo es querer hacerlo. Pero no te engañes, el proceso es largo y duro, y ciertamente, ni aún siguiendo al pie de la letra los consejos que leerás a continuación hay garantías de que vayas a conseguirlo. Por ello, tu motivación debe ser algo con un mínimo de trascendencia. Si no es así, tarde o temprano acabarás abandonando, prueba inequívoca de que la noble tarea de proteger a los inocentes no estaba hecha para ti, ni tú para ella.

Tal vez un suceso traumático en tu infancia sea un buen detonante. Por ejemplo que tu tío, quien te crió junto con tu madre y que suplió la figura paterna que nunca tuviste, fuera un policía honrado e incorruptible que muriera en acto de servicio el día de tu décimo cumpleaños. En cualquier caso, sea por seguir sus pasos (intentando esquivar la muerte en la medida de lo posible) o por cualquier otra circunstancia, ser agente de la ley es fundamental para desempeñar la labor de superhéroe. Durante tu formación recibirás entrenamiento, conocerás el código penal de tu país y empezarás a familiarizarte con los innumerables peligros que te esperan en las calles.

No sólo vale con ser calificado como apto. Intenta hacerlo todo lo mejor posible. Proponte detener a todos y cada uno de los criminales de tu ciudad, y frústrate por no ser capaz de conseguirlo. Esa obsesión te irá consumiendo por dentro, y sólo entonces serás capaz de hacer algo de provecho cuando llegues al siguiente paso.


2. DINERO

Como dijimos anteriormente, el primer requisito es la voluntad, pero no hay garantías. Por desgracia, a falta de un poder sobrehumano, hay otro que necesitarás, y conseguirlo no está del todo en tus manos: el adquisitivo.

Dada la evidente dificultad de hacerse millonario como policía honrado, y que sería una enorme incoherencia por tu parte recurrir a métodos ilícitos y negocios turbios para amasar la fortuna que requiere lo que te propones, dejaremos este asunto en manos del azar. Juega a la lotería, a quinielas y a todo lo que sea legal y consista en invertir una cantidad ínfima de dinero a cambio de la posibilidad de ganar millones. Con cuidado, eso sí, de no caer en la ludopatía (aléjate de las casas de apuestas, a la larga siempre acaban desplumándote). De esta forma, será el destino quien decida si ejercerás o no de superhéroe.


3. PREPARACIÓN

Durante tu espera para que se cumpla el anterior paso, que seguramente será larga, lee sobre ingeniería y sobre cualquier cosa que pueda ayudarte a diseñar un traje práctico y funcional (un consejo: evita las capas), así como los accesorios y armas no letales que usarías en tu lucha contra el crimen. No obstante, no desarrolles nada todavía o sentirás la tentación de usarlo. Investiga también sobre cómo podrías hackear, pinchar o interceptar las comunicaciones de la Policía para estar al corriente de las emergencias que se den en tu ciudad (lo hace la prensa, aunque con fines menos honestos que el tuyo). Desde tu posición como agente es muy fácil, tan sólo tendrías que traspapelar un viejo aparato de radio. Pero, al igual que con el traje, quédate en la teoría. No lo lleves a la práctica, aún no es el momento.

Mantente en forma. Esto no sólo será aconsejable en tu posible labor como héroe enmascarado, sino también en la vida mundana y real que llevas como agente de policía. Es muy importante que no te cases, tengas hijos ni hagas nada que pueda consumir esa hipotética fortuna que recibirás algún día. Ya te lo dije, ser superhéroe implica sacrificios. Consuélate sabiendo que, si después de años jugando a la lotería con tu número de placa te has hecho demasiado viejo, al menos podrás vender tus diseños a alguna editorial de cómics, e incluso escribir historias sobre lo que podría haber sido y no fue. Si, por el contrario, la fortuna te sonríe y te haces millonario de la noche a la mañana, mantén la calma y continúa leyendo este tutorial.


4. GUARIDA

Contrata a un arquitecto para que diseñe un edificio de viviendas, con un ático amplio y seguro que tenga puertas blindadas y cristales a prueba de balas. Por supuesto, no podrás decirle que pretendes que dicho ático sea tu base de operaciones, sólo que, al haber sido policía, eres consciente de la cantidad de robos que se dan en la ciudad, y ahora que tienes tanto dinero estás un poco paranoico. Encárgale también que el lugar esté completamente insonorizado, con el pretexto de poder celebrar allí las fiestas que quieras sin molestar a nadie y dormir la resaca sin que te molesten a ti, aunque en realidad el objetivo es que los demás residentes nunca sepan si estás o no en casa. El edificio también deberá disponer de dos garajes subterráneos: uno amplio para los inquilinos, y otro pequeño para ti. Que este último esté comunicado con tu ático por un hueco vertical y una barra de hierro por la que deslizarte. Dile que eres fan de Los Cazafantasmas o algo por el estilo.

Mientras se diseña y se construye el edificio, donde volará la mayor parte de tu fortuna, aprovecha el tiempo formándote en todas las artes marciales que puedas. Por muchos juguetitos que lleves encima, la lucha cuerpo a cuerpo será tu arma más poderosa. Deberás también tomar clases de meditación. Ejercita tu capacidad de reaccionar sin pensar. Una vez esté listo el edificio, dispondrás de un lugar tranquilo para ello. El resto de viviendas alquílalas a un precio razonable, así te asegurarás de tener siempre inquilinos que paguen puntualmente. Serán tu principal sustento una vez empiece a escasear el dinero.


5. TRAJE

Ahora que tienes una guarida y una fuente de ingresos vitalicia por si algún villano adicto a los esteroides te parte la espalda dejándote paralítico, que es lo más probable, es el momento de elaborar el traje que has estado diseñando mientras esperabas que te tocara la lotería.

Por supuesto, necesitarás ayuda con este paso. Antes de nada, cómprate un coche caro y llamativo. Después, contrata a alguien que tenga maña en la mecánica y también en las artes textiles. Pero no se lo dejes a todo a él o ella, tú también tendrás que dar el callo para asegurarte de que no hay errores y agilizar el trabajo. Hay dos eventos anuales en los que puedes escudarte para necesitar algo tan elaborado: Carnaval y Halloween. Dile que quieres ser el rey de alguna estúpida fiesta de disfraces. Deja que te hable de cualquier gilipollez que no te interesa, como que se va a poner en la cabeza uno de esos implantes que han sacado para poder conectarse a las redes sociales sin tener que sacar el móvil del bolsillo. La confianza con esta persona será fundamental para después tener la ocasión de contarle que te han robado el coche con el disfraz en el maletero. De esta forma, cuando vea en las noticias a un tipo vestido con el traje que ayudó a crear, pensará que es cualquier otro menos tú. No te encariñes demasiado con el Ferrari rojo en el que estabas pensando, deberás dejar que te lo roben de verdad para hacer verosímil esa historia. Si necesitas un vehículo para vigilar las calles, es mejor una moto. Esa sí que tendrás que tunearla tú mismo, sin ayuda de nadie.


6. ÉXITO

Supongamos que ya lo tienes todo. Dinero, tiempo, entrenamiento, traje, juguetitos, vehículo, coartada... Sí. Ahora es cuando la cosa se pone emocionante.

Como todo en la vida, la primera vez será la más intensa. Aprovecha la intimidad de tu ático insonorizado para meditar. Mentalízate y controla tus nervios. Enfúndate el traje. Si lo necesitas, ponte algo de música que te motive mientras lo haces. Lo más adecuado sería algún tema épico de Danny Elfman o Hans Zimmer, pero si te resulta más efectivo Don't Stop Me Now de Queen, nadie te lo va a reprochar.

Cuando sea la hora en que la mayor parte de la gente de bien está recogida en sus casas, sal al exterior. Puede que descubras que algo no va bien; que parece haberse desatado algún tipo de caos mientras estabas encerrado en tu ático insonorizado escuchando glam rock a todo volumen. Si es así, no te alarmes. Será la ocasión perfecta para demostrar lo que vales sin que nadie se ría de tu aspecto.

Consulta las comunicaciones de la Policía. Si no sacas nada en claro, investiga un poco y descubre por ti mismo qué coño ha pasado. Recorre en tu moto las solitarias calles de tu ciudad hasta que des con alguien que te lo pueda explicar. Si te cruzas con extraños sujetos que parece estar drogados y te atacan, defiéndete, pero no los mates si no es necesario, sólo déjalos inmovilizados (es decir inconscientes). Échales un vistazo, descubre que tienen algo que les brilla detrás de la oreja derecha.

Opta por la discreción para averiguar si hay más gente así, y qué es lo que le hacen a los que no están tan preparados como tú para defenderse. Protege a los inocentes. Alguno de ellos, después de asumir que un tío disfrazado le acaba de salvar, te dirá que la gente que se comporta de forma rara lleva uno de esos puñeteros implantes ofrecidos por una empresa de telefonía móvil.

Investiga las tiendas de esa compañía, descubre que todas sin excepción han sido saqueadas. Ve a la sede central de tu ciudad para pararle los pies a la empresa, descubrirás que allí están todos tan asustados como las personas a las que has rescatado, y que no tienen nada que ver con lo que está pasando. Habla con la informática que parezca menos bloqueada por el pánico, que te diga lo que sabe. Alguien externo ha hackeado su sistema y puede controlar a las personas con implantes, obligándolas a secuestras a todo aquel que se encuentren y que no lleve uno.

Ante esa situación, vuelve a la calle y déjate atrapar por los hackeados. Tranquilo, estás preparado para soportarlo, y además es la mejor forma de descubrir qué están haciendo con la gente. Te meterán en una furgoneta y te llevarán a lo que desde fuera parece una fábrica abandonada. Una vez en el edificio, haz todo lo que esté en tu mano para no convertirte en una víctima más. Si allí tienen cautiva a gente normal, libéralos. Además de ser una acción loable y heroica, generará distracciones.

Husmea por allí, descubre que el pirata informático responsable de aquello lo ha estado planificando todo desde hace tiempo, y que incluso tiene su propia y precaria clínica de implantes robados, la cual usa para aumentar su número de esclavos con cada persona que secuestra. En cuanto te detecte, el tipo enviará a sus siervos para que acaben contigo, y es posible que tengas que matar a alguno que otro, pero evítalo en la medida de lo posible. Es imprescindible que encuentres su sala de control. Cuando lo hagas y por fin des con él, oblígale a que lo desactive todo, valiéndote de cualquier método para conseguir su colaboración; incluso la tortura. Si tienes conflictos morales ante esto, recuerda que ya no eres un agente de policía, eres algo más, y que están en juego miles de vidas inocentes.

Cuando las personas con implantes hayan recuperado el control de sí mismas y todo vuelva a la normalidad, no te excedas y deja al pirata informático en manos de la justicia. Por muy corrompido que esté el sistema y por muy reventado que lo hayas dejado intentando que colabore, ningún juez con dos dedos de frente lo dejará en libertad.

Tras recuperarse parcialmente de sus heridas, el hacker se pudrirá en la cárcel mientras oye hablar de ti y de cómo has salvado la ciudad de sus garras. El odio lo devorará por dentro, generando en él una enfermiza obsesión por fugarse y buscar venganza. Será entonces cuando habrás conseguido la última de las cosas que necesitabas para ser un verdadero superhéroe: un archienemigo.





Imagen de Polydor Records (George Michael en Freeek!)
Texto de Román Pinazo

lunes, 10 de febrero de 2020

La estafa y el arte (I)

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Apenas un escueto cartel en la puerta «Exposición». Dentro del local colgaban algunas pinturas que me gustaron. Había un tipo elegante que fumaba en un rincón como un actor del tabaco; le pregunté que si él pintó esos cuadros y, entre la humarada, contestó que no.
-No.
Entonces pregunté que quién los había pintado y dijo que nadie.
-Nadie.


Texto e ilustración Garven

sábado, 8 de febrero de 2020

jueves, 6 de febrero de 2020

martes, 4 de febrero de 2020

Cuídate

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Tu cuerpo no te pertenece
le pertenece a la naturaleza que
como mago oriental que engendra golems
te ha dado prestados ciertos elementos
los ha dispuesto en cierta manera
les ha infundido la chispa de vida
que está en todas las cosas
y los ha puesto a andar
ofreciéndote un tiempo maravilloso de existencia
y unas manos, y un cerebro, y un corazón,
y nervios, y hormonas, e intestinos
y amaneceres, y atardeceres.

Tu cuerpo no te pertenece
cuando tú fallezcas
los elementos que temporalmente te componen
volverán a formar parte de esa sopa de elementos
de ese círculo infinito al que llamamos vida.

Cuida tu cuerpo, respétalo
extrayendo la belleza de dentro hacia afuera
como las raíces extraen nutrientes y minerales del interior de la oscura tierra
a la luz del nuevo día.
Cuídalo porque no te pertenece
es un préstamo, un regalo, quizás el mayor de los regalos,
y cuidando este cuerpo,
cuidándote a ti mism@
estarás sanando una parte de la Naturaleza
porque sí,
aunque a veces te cueste sentirlo
somos Naturaleza
y no una parte de ella
sino Naturaleza.


Poema de Aarón Blanco
Imagen de La i Crítica



domingo, 2 de febrero de 2020

Mecanismo de defensa

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Ana Patricia Moya (Córdoba, 1982). Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba (España). Ha trabajado como arqueóloga, documentalista, bibliotecaria, correctora ortotipográfica, diseñadora gráfica, etc. Directora del proyecto Editorial Groenlandia. Ha publicado recientemente Píldoras de papel (edición española, Huerga & Fierro Editores, 2016; edición chilena, Cinosargo Editorial, en prensa). Sus poemas y relatos han aparecido en distintas publicaciones, digitales e impresas, de Europa e Hispanoamérica. Aparece en distintas antologías literarias (“Nocturnos: antología de poetas y sus noches”, Editorial Origami, 2010; “Poetrastros: por favor, tratad con cariño”, LVR Ediciones, 2011, “Heterogéneos: poemario colectivo”, Editorial Escalera, 2011; “La vida por delante: antología de jóvenes poetas andaluces”, Ediciones En Huida, 2012; “En legítima defensa: poetas en tiempos de crisis”, Editorial Bartebly, 2014; “Generación 2001: 26 poetas españolas (sin peaje)”, La Manzana Poética, 2014; “Koiné: antología poética española de autores emergentes”, 2014; “Veinte con veinte: diálogos con poetas españolas actuales”, Huerga & Fierro Editorial, 2016, etc). Ha obtenido algunas menciones por sus textos (accésit del III Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba, 2008; finalista del I Premio Andrés Salom, categoría poesía, 2011; finalista del I Certamen de poesía y microrrelato Dínamo Literaria, 2015; segundo premio (ex aequo) de poesía del II Certamen “Por amor al arte” de Revista Litteratura, 2015; finalista del III premio Francisco Gijón de microrrelatos de historia, 2015; finalista del premio Internacional de Poesía ELLAS, 2016; finalista del MálagaCrea, modalidad poesía, 2016; finalista del VII Concurso de Microrrelatos Canyada D´Art, 2016; etc). Ha sido traducida parcialmente a seis idiomas.


Mecanismo de defensa (Inédito)
Esta manía de dormitar en el sillón

distanciada de la cama de los amantes
-no me puedo permitir ahora ni una pensión-

con la espalda doblada
desertando de todas las dudas que me invaden
-¿estamos condenados a desolar pechos,
a ser icebergs?-

este hábito de no contagiarme de cariño
que se adhiere en las pieles solitarias

este temor a que me arranquen en afecto

el que no se merece nadie.



Síntomas

Levantarse temprano,
tomarse una taza de leche templada,

pensar en comerte el mundo
a fieros bocados,

hasta que el temor entumece tu cuerpo
que acaba refugiándose en el colchón,

no hacer nada

¿para qué?

A veces, los obstáculos son reales

y es imposible derribarlos
por mucho que perseveres.





Texto de Ana Patricia Moya
Imagen de Pixabay



viernes, 31 de enero de 2020

Escorpiones

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Se nos podría comparar a dos escorpiones atrapados en una misma botella, capaces de matarse el uno al otro, pero siempre con riesgo de perder la propia vida.


 Texto de J. Robert Oppenheimer
Director científico del Proyecto Manhattan, responsable del desarrollo de la bomba atómica. 
Imágenes de Pixabay
Fotomontaje de Saray Pavón

miércoles, 29 de enero de 2020

El cosquilleo

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Yo siempre había odiado las moscas; el cosquilleo que hacen al posarse sobre la frente o la calva -transcurridos los años da lo mismo-; el ruido como de pequeños aviones que hacen al zumbar por las orejas. Pero lo verdaderamente horrible es cómo se posan en nuestros ojos abiertos que ya no podemos cerrar, cómo se meten en el hueco de nuestras narices, cómo entran en grupo en nuestra boca abierta que quisiéramos mantener cerrada, sobre todo cuando hemos quedado tendidos cara al sol, con un rifle bajo el hombro, pues no tuvimos tiempo de usarlo. 


Fragmento de José María Méndez
Imagen de JL G en Pixabay

lunes, 27 de enero de 2020

Fallo concurso: Lo que te salga IV

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Y llegó el momento de anunciar, con lagrimillas en los ojos, nuestro primer fallo desierto. Sabemos que este año, debido a los miles de conflictos que hemos tenido tras las puertas críticas, no hemos podido moverlo en recitales y más allá de las redes sociales y tampoco por allí hemos podido dar mucha guerra. No desesperamos porque tendremos en breve una nueva edición ;)

Un abrazo a todos y gracias a los pocos que habéis mandado vuestro granito de arena a esta plataforma cultural.
Volveremos con el quinto concurso "Lo que te salga" que se nos han ocurrido nuevas cosillas... después del verano. ¡Apuntadlo en la agenda!

P.D. Os recordamos que el número 6 de La i Libro-Revista saldrá a la luz en abril de este 2020

La Redacción

Arthur Dove

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Arthur Dove (2 de agosto de 1880 - 23 de noviembre de 1946) fue un artista estadounidense, de los primeros pintores abstractos de América. Usó una amplia gama de medios de expresión en sus trabajos, a veces en combinaciones poco convencionales. Realizó una serie de obras experimentales con la técnica del collage en los años veinte. A su vez examinó técnicas de creación de pinturas, combinando pigmentos con mezclas con petróleo o creando un temple de emulsión a la cera.​ Culminó un gran número de collages y ensamblajes, porque eran más baratos que la pintura y también por falta de espacio en el lugar de trabajo.


Texto de Saray Pavón
Estampas de Arthur Dove