sábado, 31 de octubre de 2020

La forma del mal

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Si no te gusta John Carpenter, no te gusta el cine fantástico. Puede que sea una afirmación simplista, pero la mantengo. El aporte que ha hecho este hombre al género durante los 70, 80 y 90 es de un valor incalculable. Las dieciocho películas (además de cortometrajes y producciones televisivas) que tiene en su haber se mueven entre la acción, el terror, la ciencia ficción, la fantasía y el western, a menudo con ingeniosas combinaciones entre esos géneros.

Llevo tiempo deseando que alguna distribuidora adquiera los derechos, que no deben ser especialmente caros, para editar un pack conmemorativo de todas su filmografía, al igual que en su día se hizo con Stanley Kubrick. Aunque preferiría no tener que esperar hasta su muerte para ello. Recientemente, Divisa ha anunciado que se ha animado a hacer algo parecido, pero contando sólo con cuatro películas. También llevo tiempo, casi dos años, deseando dedicarle un artículo a uno de sus títulos más icónicos: Halloween. Concretamente, desde que fui a ver la que, de momento, es su última entrega. Pero a principios de este fatífico año, mis ganas aumentaron cuando leí a la twittera ~Miriam (@mimidt92) analizar el perfil psicológico de Michael Myers. En una encuesta, la enfermera documentada sobre salud mental preguntaba a sus seguidores qué enfermedad era la que le atribuíamos. Entre las opciones que proponía yo lo tuve claro: psicopatía. Myers es una tabula rasa, no siente absolutamente nada salvo el deseo de matar. Hay quien nace con malformaciones físicas, pero él ha nacido con esa malformación mental. Es un cascarón vacío, sin alma ni nada que pueda definirle como humano. De hecho, aunque todos conozcamos su nombre, en el guión firmado por Carpenter y Debra Hill se referían al ser como the shape, la forma. A diferencia de otros asesinos posteriores, Michael no usa su característica máscara neutra para ocultar su identidad, sino para abstraerse del todo y dejar de mostrar a sus víctimas un rostro de carne y hueso que, sin dudas, no le representa.

Tal vez, por eso me fascina tanto este personaje. Es la encarnación del mal en su estado más puro y simple. Y aunque hoy en día la película original de Carpenter pueda parecernos demasiado básica, lenta y predecible, es una obra fundacional, como también lo fue (y es de igual forma tratada por las nuevas generaciones) el Superman de Richard Donner. Después de Halloween, empezaron a brotar como salidos de esporas asesinos de adolescentes fornicadores. Uno de los primeros fue, por supuesto, Jason Voorhees. Si bien fue su madre la que abrió el macabro negocio familiar en la primera Viernes 13, el heredero acabó convirtiéndose en una suerte de copia de Michael Myers, intentando imitar lo que has leído sobre éste más arriba. Aunque de todo lo que salió a rebufo, me quedo con Scream, un divertidísimo ejercicio de metacine firmado por Wes Craven, y que ya bien entrados los 90 resucitó el género del slasher. Si bien es cierto que le debemos a esta última el hecho de que todo lo estrenado con anterioridad nos resulte predecible, al señalar Randy las tres reglas para sobrevivir en una película de terror, las cuales, por supuesto, se cumplen a rajatabla en Halloween. Pero, aún así, la saga iniciada por Carpenter ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días. Y si te paras a pensarlo, aunque la película no te diga gran cosa, la idea de ir por la calle en plena noche y cruzarte con un tipo con máscara y cuchillo en mano, a pocos metros de distancia, mirándote fijamente sin moverse ni un milímetro, es cuanto menos inquietante.

Por desgracia, en Hollywood tener éxito es sinónimo de que tu trabajo se desvirtúe hasta niveles autoparódicos. Que se lo digan a George Lucas. De entre todas las secuelas que se hicieron, durante mucho tiempo yo me quedé con Halloween II, en la que también estuvo implicado John Carpenter (aunque a regañadientes) en labores de guión, producción y música, y Halloween H20, dirigida por Steve Miner, quien estuvo al cargo de varias entregas de la saga "hermana" Viernes 13, y cuya aportación en la que nos ocupa en este artículo me pareció que tenía cierto grado de buen gusto, aunque con un toque noventero muy post-Scream. De las entregas cuarta, quinta y sexta, así como de la innecesaria Halloween: Resurrección, he preferido prescindir, dados los comentarios que me han llegado sobre ellas. A día de hoy todavía no me he atrevido a acercarme, me bastó con ver el vídeo del canal de YouTube Te Lo Resumo Así Nomás dedicado a la saga. Sí que captó mi interés, en cambio, Halloween III: El Día De La Bruja, un intento de Carpenter por dejar atrás a Michael Myers y que la franquicia se convirtiera en una colección de películas de terror ambientadas en la festividad que le da título, pero que lamentablemente no cuajó. También me pareció bastante digno el remake que hizo Rob Zombie en 2007, dándole un toque más salvaje para adaptarlo a una nueva época, pero también despojando a "la forma" de su misterio, colocando a Michael en el seno de una familia desestructurada y mostrándonos un posible motivo por el que empezó a matar. Fue ahí donde falló esa actualización de la franquicia (ya no digamos su secuela, en la que dieron total libertad creativa al director y que acabó siendo una verdadera fumada), y tal vez por eso me gustó tanto La Noche De Halloween de David Gordon Green.

Fui a verla con reticencias. Para mí, Halloween II y Halloween H20 eran canon, una "trilogía", y esta secuela que de repente borraba todo lo anterior, tanto lo bueno como lo malo, me parecía algo innecesario. Máxime cuando la película tenía el mismo título con el que fue estrenada la original en 1978, y su director era el de Caballeros, Princesas Y Otras Bestias. ¿Qué me estás contando? No tenía buena pinta. Pero... ¿y si las anteriores, aunque parte del canon, simplemente no eran reales? ¿Y si todo había sucedido en la mente de Myers durante su estancia en el psiquiátrico? Ha estado encerrado cuarenta años, en algo habrá tenido que entretenerse. Si lo ves bajo ese prisma, la cosa cambia. De hecho, nada más empezar La Noche De Halloween, el Dr. Sartain habla con sus pacientes sobre los sueños, sobre lo que recordamos y lo que no. Esto, por supuesto, no demuestra que mi teoría sea cierta, pero me da ánimos para seguir considerándola como posible.

¿Y qué nos encontramos en esta nueva entrega/reboot? Entre otras cosas, que regresamos al planteamiento original, a la indescifrable psique de "la forma", sin motivación aparente pero sin ningún tipo de control. A pesar de contar con sesenta y un años, muestra una vitalidad a la hora de matar (con un cuchillo o de cualquier otra forma) que ya la quisiera yo a esa edad. Michael Myers ha vuelto con fuerza, y al parecer, para quedarse al menos durante dos entregas más: Halloween Kills, que aún no hemos podido ver por culpa del coronavirus, y Halloween Ends, donde espero que todo acabe de forma digna. «No puedes matar al hombre del saco» hemos oído alguna que otra vez a lo largo de la saga. Pero, aunque duro de matar y escurridizo, sigue siendo un ser humano, al menos exteriormente. Tal vez acabe muriendo de anciano. Entonces, por fin, descansará. Y también nosotros.

Texto de Román Pinazo
Imagen de Universal Pictures

jueves, 29 de octubre de 2020

Prius

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Hace poco conocí a un hombre que me contó la historia más desastrosa y al mismo tiempo hermosa de la que yo tenga memoria. Él se llama Jacinto, un tipo de unos sesenta y pico de años, con más pelo sobre las orejas y la nuca que en la frente y la coronilla. La vez que lo conocí, estaba afuera de un bar, allá por el rumbo de Tacubaya, yo fui allí porque mis amigos me habían dejado botado y ese día en particular tenía necesidad de beber más. A esa hora, aún estaba cerrado.
-¡Eh!, Jaime. ¿Por qué chingados no has abierto?- pregunté a mi camarada de parrandas, el cantinero.

Me hizo señas para que guardara silencio y me explicó que estaba el dueño allá adentro. Suspiré, me di la vuelta y saqué un cigarrillo. Busqué en mis bolsillos pero no encontré encendedor, y fue ahí cuando vi a Jacinto. El poco pelo que le quedaba ya era más blanco que negro, lo traía descuidado. Una pequeña melena de unos ocho meses sin cortar, y además llevaba barba de semanas. No parecía pordiosero, pero si era un anciano a todas luces alcohólico y dejado. Llevaba zapatos Bostonianos desgastados, con una fisura en los pliegues de ambos, que dejaban ver un sucio calcetín a través de ellas. El pantalón café tenía por lo menos dos semanas de no lavarse, y la camisa otrora caqui, era un lastimoso recuerdo de lo que fue.
Noté que llevaba varios lapiceros en la bolsa de la camisa, y pude clasificarlo como oficinista de gobierno, tenía toda la pinta y sin duda, ya estaba gozando de los beneficios de su jubilación.
-Oye amigo- le dije. -¿Me prestas tu lumbre, por favor?- Le mostré mi cigarrillo sin encender a lo que asintió y me pasó su propio tabaco encendido para prender el mío.

Le agradecí con el cigarro en los labios, y al tiempo que le devolví el suyo, señalé con la cabeza y le dije: -Son ya las once de la mañana, es una chingadera que aún no abran, ¿no crees?.- Busqué situarme en la misma banca que él, dando por hecho que también esperaba que abrieran la cantina. Él estaba sentado en el respaldo de la banca, yo me senté como debe sentarse uno. Así que me miro hacia abajo y dijo, hablando entre dientes y cerrando los ojos:
-Hace ya tiempo que no sé a qué hora abren joven, yo vivo a dos calles de aquí y está banca ha sido mi lugar favorito para sentarme cuando empieza a calentar el sol, desde hace unos veinte años-
Me sentí un poco decepcionado porque mis dotes de analista estaban perdiendo efectividad, pero se disipó mi malestar al ver que Jacinto no me dejaba solo en la conversación. Sonreí y dije -Es extraño, he pasado muchas mañanas aquí y jamás lo había visto.-
Él volvió a entrecerrar los ojos y me dijo, -Aquí no es allá joven- y señaló con la nariz hacia adentro del bar.
Sonreí, y asentí.
Ambos le dimos una calada profunda a los cigarros y guardamos silencio unos segundos. Sin prisa, creo que para ambos era agradable hablar con un extraño.
-¿No te gusta? - Le dije- Entrar al bar...- Y me volteé para no ver mientras respondía.
Escuche que fumó de nuevo y me dijo -Claro que me gusta, pero llevo haciendo esto por años, y hasta hace un par de semanas no me había pasado el querer beber solo en casa- ahora volteé a mirarlo.
-Entiendo, yo hago lo mismo, pero mi casa está lejos y tengo ganas de beber- le contesté viendo al cantinero desaparecer detrás de las ventanas del bar.
-Sí, me ha pasado algunas veces también, pero si quieres invitarme unas cervezas, yo te llevo a mi casa y podemos beber ahí en lo que abren esta cantina- me dijo a la par que se bajaba de la banca y pude notar que era casi tan alto como yo.
Al principio dudé un poco, pero la resaca me estaba matando así que le dije -Está bien, yo compro las cervezas, dices que es a dos calles ¿verdad?- Él asintió y señaló hacia la esquina donde podríamos comprar unas latas de cerveza y supuse que también hacia allá será su casa.

Era una unidad habitacional de interés social, de los años sesenta deduje por la arquitectura, en esos tiempos los departamentos eran más grandes que los de ahora y estaban mucho mejor diseñados. 
Jacinto vivía al fondo de una hilera de cuatro edificios de ocho departamentos cada uno, el suyo estaba en la planta baja, justo al final del predio.
Frente al departamento había un jardín, lleno de maleza seca, algunas latas de cerveza vacías, y dentro de lo que era el garaje, estaba un Chevy nova setenta y cinco, las molduras impecables, aunque oxidadas. La pintura era un desastre, se veía brotar herrumbre por el toldo, el cofre y la cajuela. Las llantas estaban completamente desinfladas y cuarteadas.
Era una lástima ver un auto de esos en esas condiciones, y para ser honesto, me recordaba mucho a su dueño. La desconfianza que había sentido al principio se desvaneció en cuanto cerré la puerta de malla que protegía el garaje, no tenía candado pero el pasador rechinaba bastante como para que alguien entrara sin hacer que se notase.
Dentro del departamento el olor a suciedad era asfixiante, basura rancia, ropa sucia, tabaco viejo, el característico olor a pies sudados, y baño sucio. Húmedo y bastante oscuro Gracias a unas cortinas que se veían de la misma edad del Chevy y que al parecer tenían lo mismo de no abrirse.
Jacinto me pidió las cervezas y dejo dos en la mesa de centro, se llevo las demás hacia la cocina. Escuche como se abría y se cerraba la puerta del refrigerador y un segundo después me llegó el olor a cebolla cortada.
Espere cortésmente a que abriera su cerveza para abrir la mía, pero ya estaba bastante sediento como para esperar un minuto más, el entendiendo mi actitud, me dijo -Adelante, con confianza, estoy buscando a mi gato- y siguió caminando hacia el final del pasillo, le hice caso y abrí mi lata, bebí casi la mitad de un trago y eructé levemente, mientras sacaba otro cigarro de mi chaqueta. Afortunadamente había comprado una caja de cerillos con las cervezas así que no tuve que perseguir a mi nuevo amigo para molestarlo con el fuego.
Me recargué y jalé un cenicero que me quedaba a la altura de la cara, aspiré el humo y sentí ese leve bajón de presión que te da cuando fumas de repente. 
Miré detenidamente lo que había a mi alrededor y vi que todo el lugar estaba lleno de libros, no había televisión, pero si un equipo de sonido viejo, un estéreo Phillips con tornamesa y reproductor de cintas.
Era una belleza pero era algo que ya era viejo cuando yo era niño, vi que había un disco adentro y sin dudarlo metí la mano para poner la palanca y darle play, a esta hora, ya me interesaba bastante que es lo que Jacinto escuchaba.
En unos segundos escuché el barrido de la aguja por el vinyl y de inmediato sentí los movimientos del bajo en una estupenda obra de jazz, a los diez segundos la escobilla rascaba los platos de la batería y yo estaba en trance.
Un maullido me saco de mis fantasías.
Un enorme gato negro se metió por la ventana y aterrizó en mis piernas ronroneando y apretándose contra mi vientre, lo acaricié con la misma mano que usaba para fumar, pero a él no pareció importarle mucho.
Entonces quise llamar a Jacinto, adivine que este era su gato.



Jacinto llegó a los pocos segundos después que su gato, sonrió y me dijo que era raro que “el negro” se acercara alguien con tanta confianza. Yo terminé la primera cerveza y en el Phillips, Benny Carter ya me llevaba al paroxismo. La voz gastada y aguardientosa de jacinto me empezó a contar su historia, fumaba con sus dedos gordos y ásperos, fumaba hasta el filtro, como debe fumarse un cigarrillo, como fuman los hombres.
Me contó que estuvo casado hace mucho tiempo, que se enamoro de una chica de la universidad y se casó con ella.
Pero su afición por el trabajo, las chicas y el alcohol hicieron que fuera un pésimo marido, sin embargo, jamás dejo de amar a esa esposa.
Me contó que tuvieron tres hijos, el menor, vivía a hora con su novio en algún lugar de Inglaterra, se habían dejado de hablar desde que el muchacho se declaró homosexual. El segundo vivía con la madre en Boston, y por supuesto tampoco le escribía o llamaba. Me explicaba que este hijo es al que menos quería ver, es un paria, inútil y flojo niño rico, que tiene más de cuarenta años. El nuevo esposo de su exmujer era un hombre de negocios y había sabido darles una excelente vida, cosa que dejaba tranquilo a jacinto, tranquilo y escondido en su apartamento mugroso.
Sin embargo, y aquí suspiro, y fue por otro par de cervezas al refri. El primogénito, el hijo mas amado, había salido de este mismo departamento hacia ya dos décadas, se fue porque no soportó ver que su mamá se acostaba con un hombre que no era su padre, y porque su padre jamás notó que estaba siendo engañado. El sentido de lealtad hacia ambos padres hizo que tomara la salomónica decisión de salir y no ver las consecuencias del conflicto.
No supieron nada mas de él, pero jacinto siempre conservó la esperanza de volverlo a ver.
Y me dijo, -a ver muchacho, ¿quieres conocer la historia?
-Por supuesto- contesté
Entonces, es hora de abrir una botella. Se levantó sonriendo y fue hacia una de las puertas junto al baño, supongo que era una recamara, o una recamara usada como estudio.
-Estas botellas las he guardado para una ocasión especial, sin embargo, no creo que se presente mejor oportunidad, además, lloverá- dijo mientras miraba por un espacio entre as cortinas hacia el cielo de las dos de la tarde que efectivamente ya estaba nublado.
No puse objeción, entre las cervezas y el jazz, estaba por completo seducido por la personalidad de mi nuevo mejor amigo. Regresó del cuarto/estudio con dos botellas de Mcallan 12, y dos vasos de veladoras limpios.
Me sorprendí agradablemente cuando el sirvió y me dio un vaso a exactamente tres cuartos de lleno.
Pues bien, paso hace un par de años, por ahí de julio, ya ves como se ponen las tormentas en julio.



“Esa noche estaba en el bar del español, me gusta ese bar porque siempre hay chicas amables, te dejan ver sus muslos y el comienzo de sus senos, sonríen y te acarician la cabeza cuando pasan junto a tí, yo siempre he tenido cierta debilidad cuando alguien me acaricia la cabeza, no se porque, estoy seguro que mi madre lo habrá hecho alguna vez, pero no lo recuerdo de cierto.
Estaba bebiendo mezcal con cerveza, mucha cerveza, mucho mezcal. Eran ya las once de la noche así que pedí la cuenta, por esos años el Chevy aun funcionaba como caballo viejo.
Pero siempre fue imparable.
Miré por la ventana y la lluvia me dio un poco de fiaca, pero ya era hora de retirarse, dentro de poco el lugar se llenaría de chicos hermosos y escandalosos que pretenderán a las chicas del bar, y ellas pretenderán ser conquistadas y se irán con ellos. Hay ciertas cosas que un hombre de mi edad, prefiere no ver, así que pedí la cuenta y pague en efectivo. Deje la propina para la chica del vestido verde y le guiñe un ojo cuando me fui, ella estaba en la mesa de unos jóvenes de traje que bebían champaña, champaña en este bar, pensé. Ella sonrió y me envió un beso, uno de los chicos vio el gesto y gritó, ¡eh abuelo ¡no vaya a darte un infarto si te llevas a esta chica ¿eh? ¡tiene la vagina más poderosa de todo el barrio! lo ignoré y salí bajo los goterones de lluvia hacia mi Chevrolet, al llegar, las llaves resbalaron de mi mano cayendo un poco abajo del auto, así que tuve que ponerme de rodillas para sacarlas, estaban enlodadas. Abrí la palma de la mano y dejé que la lluvia la enjuagara. Ya estaba empapado, y estaba muy ebrio. Dudé en aparcar el auto y regresar en taxi, pero justo cayó un relámpago y me refugié dentro del auto.
Conduje estupendamente hasta dos calles de aquí, es decir, a dos calles de la casa, un imbécil en un auto de marica, porque solo un marica podría conducir un Prius en esta ciudad, se atravesó y casi le pego, gire rápidamente y el auto subió por la acera unos dos o tres metros bajándose casi de inmediato. El marica, detuvo su auto y me gritaba insultos en inglés. Entonces tal vez no era marica, solo Americano, que es lo mismo. Bajé del auto, y arroje medio cigarrillo al americano, este se quemó un poco el cuello y gritoneo furioso. -Hey amigo, si haz sido tu él imbécil que salió de la calle sin mirar, ¿por qué me jodes?- el tipo también bajó del auto y se acercó rápidamente a mí, cuando estuvo al alcance y sin mediar palabra lo abofeteé, su mirada de incredulidad debió ser grabada el alguna película de lo hermosa que fue. Todo su traje, bastante fino por cierto se estaba mojando al igual que yo.
De la nada, me golpeo en el estómago, caí como costal, la cerveza y el mezcal no ayudaban en mi oficio de boxeador. En el piso, me pateó otra vez en el estómago, y luego giré para protegerme y me pateó las costillas, quedé boca a bajo y me volvió a patear, esta vez en el centro del culo. Hay cosas que no puedes tocar de un hombre, el culo, por ejemplo. Doble las rodillas y trate de levantarme, pero vomite. Todo el mezcal y la cerveza que había pagado hace poco a la chica del vestido verde estaban saliendo de mi boca, desperdiciados, y yo solo podía pensar en los billetes que me costo todo ese alcohol, y en la chica del vestido verde con la vagina más poderosa del barrio, y también pensé en mi culo recién pateado.
Cuando me levantaba, el americano pensó que yo estaba vencido porque se acerco demasiado y su cara era ahora de asustado, aproveche y le arroje un puño de tierra y lodo a la cara, le atine en los ojos, y fue mi oportunidad. El hombre era un poco mas alto que yo, pero pesaba unos veinte kilos menos, tenia figura atlética, pero no era hostil para nada, no para este barrio, no para este viejo. Se frotaba los ojos llenos de vomito y lodo cuando le enterré la rodilla en los testículos, ya hablamos que hay dos cosas que no tocas de un hombre, el me pateo el culo, yo le pateé las bolas.
Estaba hincado retorciéndose de dolor, cuando lo agarré del cuello y comencé a apretar, y a apretar, de pronto sentí como algo o alguien me jalaba hacia atrás y me tomaba del cuello mientras  me torcía el  brazo izquierdo hacia los riñones.
Había llegado la policía.
Nos llevaron presos a ambos, y pasamos la noche en prisión.
No tuve problemas en hacer amistades, del americano no supe porque lo apartaron en otra celda. Esa noche la pasamos contando chistes entre todos los vagos que estaban ahí, de hecho, encontré a algunos amigos de la secundaria y no la pase nada mal, hasta eso de las cinco de la mañana que el frío comenzó a calarme como demonio, y mi ropa seguía aun mojada.
Al amanecer, vinieron por mi.
El oficial me sacó y dijo que no había mas cargos, y que me largara.
Pagué la multa por el arrastre del auto al corral de la policía y salí con rumbo a mi departamento a eso de las ocho de la mañana.
El auto no podría andar mas, tendría que mandar a reparar el golpe a la banqueta de la noche anterior.
Cuando llegué, mi vecino, el anciano que vive arriba de nosotros, bajo de inmediato y me toco a la puerta.
No tenía ánimos de escuchar quejas o contar chismes. Pero este vecino tenia la amabilidad de alimentar a mi gato, y era un a cosa que ni siquiera hacia yo todos los días, el si, y por eso abrí la puerta para escuchar lo que tenía que decir.
-¡Jacinto ayer te vinieron a buscar!- quién carajos podría buscarme, pensé en algunas opciones que deseché de inmediato. -¿Pues como quién?- Abrí la boca para ya echarlo de mi puerta cuando dijo
-¡Tu hijo, el mayor! Te dejó algo de dinero, una carta, y una foto mira!-
Tomé el paquete que me daba, y comencé a abrirlo, sentí mucha emoción y me temblaban las manos, era eso o la resaca.
-Estuvo esperándote hasta eso de las once de la noche pero tenÍa que volver a su hotel, su esposa lo estaba buscando cuando se tuvo que marchar- Yo abrí el sobre y vi unos billetes de cien dólares, después una carta, y la foto de un hombre joven y bien vestido, abrazando a un hermosa rubia, tenían ambos una bebe entre los brazos.
-Oye jacinto, ¿menudo auto ha comprado tu hijo eh? ¿A que no adivinas que coche es?- Miré detrás de la familia en la foto y vi el auto blanco, reluciente, y solo dije:
-Un Prius-
-Carajo, ¿Cómo adivinaste?-"


Relato de Mario Treviño
Imagen de Pixabay

martes, 27 de octubre de 2020

Lluvia, vapor y velocidad

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Ilustraciones de Ángeles Fernández.

Cae en tus manos el nuevo poemario de Lola Crespo y te cose los párpados a sus hojas. Lo engulles de una sentada aunque está hecho para disfrutarlo a gajos o releerlo para poder degustar todo su jugo. La muerte sobre un caballo pálido te sobrecoge. Naufragas y, si sobrevives, sales más fuerte de la experiencia, con la cabeza alta y el corazón lleno de nubes y plumas.

Este libro parece haber sido escrito tras la tormenta pero con el nudo aún en la garganta. Sus cuestiones han pasado alguna vez por tu caja torácica y también te encierran y obsesionan. Sus vaivenes, miedos, deseos... han tenido tu nombre y han latido en tus manos -porque todos guardamos algún momento roto-. Y aunque te deslices por carreteras secundarias y el triunfo tarde en llegar... ella sabe que tras la tempestad: tocar la orilla y respirar son sinónimos de victoria. ¿Lo sabes tú?


Reseña de Saray Pavón

domingo, 25 de octubre de 2020

Entonces el beso conocía el norte y el sur

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Entonces el beso conocía el norte y el sur,
el este y el oeste de toda cartografía
como si antes de labio en medio de la lluvia
hubiera sido rosa de los vientos
o brújula del corsario de los siete mares.
Nada estaba preparado
-dormían las leyendas su sueño abisal-
y sin embargo no cabía margen alguno de error:
cada noche atracaba en su alborada,
cada zozobra en su bahía,
cada deseo en su rompeolas.
Así era el amor,
volver a casa
con la red llena de certidumbres
nunca un naufragio en alta muerte
silenciosa
como ahora.



Poema de Almudena Guzmán
Imagen de Pixabay



viernes, 23 de octubre de 2020

miércoles, 21 de octubre de 2020

Chupa Chups

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En 1950, en Villamayor (Asturias), Enric Bernat se desligó del trabajo que ejercía de pastelero para fundar su propia empresa Productos Bernat. Tras dar con la idea de añadirle un palo a un caramelo convencional, evitando así los dedos pegajosos, inventó los caramelos Gol que pasaron a llamarse Chups y, en 1961, Chupa Chups. Actualmente la compañía pertenece al grupo italiano Perfetti Van Melle desde 2006.

Cuando invirtió en este proyecto adquirió todas las patentes similares, asegurándose un triunfo exento de competencias. Él mismo diseñó un logotipo pero cuando su creación empezó a triunfar decidió contratar a un artista de categoría: Salvador Dalí.
En 1968 Enric se trasladó a Figueras, lugar de residencia del artista surrealista, para encargar el diseño. Salvador Dalí igualó el color de la tipografía y la rodeó por una forma similar a la de una margarita, creando así el logotipo que conocemos actualmente. Además de esto pidió que su logotipo se situara en la parte superior del Chupa Chups para que se viera al completo. Con el tiempo este detalle se convertiría en un elemento característico.



Texto de Saray Pavón 
Imagen de Pixabay y logotipos años 70 y años 80

lunes, 19 de octubre de 2020

Millennium (2)

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En el Los hombres que no amaban a las mujeres quedan pocos cabos sueltos. Se zanjan investigaciones y enigmas para recolocar la vida de cada personaje principal. Pero hay asuntos agazapados, esperando su momento. Y muchos de ellos resurgen en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.  

Larsson sabía dar la información con cuentagotas, mantenerte en vilo y magnetizarte. Cuando creemos que comenzamos a ver más que la punta del iceberg nos enreda, desvía nuestra atención pero no nos resta entusiasmo. Es una pena que la publicación de sus libros fuese póstuma aunque creo que es una de las causas de que se posicionase en el número uno de ventas en poco tiempo. ¿Morbo? Supongo que sí. Aunque me entristezca perder a un autor que me ha cautivado no niego que siento curiosidad por la continuación que le ha dado David Lagercrantz, pero todo se andará. 

La segunda entrega se inicia de manera perturbadora. El prólogo narra la vivencia de una niña capturada por un hombre no identificado. Dentro de la habitación oscura, para lidiar con su situación, se repite mentalmente un episodio pasado cuando arrojó un gasolina a un hombre dentro de un automóvil y le arrojó una cerilla encendida.

En los cuatro capítulos siguientes nos encontramos con cambios. Distanciamiento, viajes, interés por materias como las matemáticas y dos ajustes corporales. Lisbeth Salander tiene 26 años. El teorema de Fermat es su nuevo asombro mientras está enfrascada en otro asunto a resolver. El abogado que lleva su caso, Bjurman, vuelve a acaparar atención moviendo los hilos del historial de Salander y tramando una venganza cuando esta regrese a Estocolmo. Reaparece su anterior gestor, Palmgren, aún recuperándose de la apoplejía sufrida y la relación con Mikael Blomkvist es como una lata de conservas, olvidada en la alacena, de la que tirar en caso de agotar otras existencias. Sabemos que la palabra emergencia para ella no es empleada a la ligera. Mientras otros se llevan las manos a la cabeza por nimiedades ella hace malabarismos con asuntos peliagudos. 

Ahora Mikael Blomkvist, que goza de cierto prestigio profesional, trabaja mano a mano junto al freelance Dag Svensson en un libro sobre el tráfico y prostitución de mujeres procedentes del este, en Suecia. El punto de partida e inspiración de Dag es la tesis acerca de tráfico sexual de su pareja, Mia Bergman, que es estudiante de doctorado, criminóloga y experta en estudios de género. Ambos obras son una bomba de relojería. 

El ritmo frenético empieza cuando Svensson, su pareja y el administrador Nils Bjurman aparecen asesinados y todas las pistas apuntan a que la autora de los tres crímenes es Lisbeth Salander. Se abrirán varias investigaciones: la policial, una de la empresa Milton Security liderada por Dragan Armanskij y la tercera de Kalle Blomkvist. Obstinadamente decidirá investigar los crímenes por su cuenta para demostrar la inocencia de su amiga. Esas indagaciones rescatarán nombres y nuevos personajes que aporten luz u oscuridad a la novela. Como Peter Teleborian, que es una autoridad médica respetada en el ámbito internacional y se le considera un destacado experto en enfermedades psíquicas.

¿Estás deseando seguir con la historia? Adéntrate en La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Imagen principal: portada del libro
Reseña e ilustración de Saray Pavón

sábado, 17 de octubre de 2020

jueves, 15 de octubre de 2020

Christoph Niemann

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Desde que estoy de postoperatorio he devorado algunos libros, visto películas, series y también algunos documentales / especiales de arte. Como la aplicación de Netflix recomienda material relacionado al que has visualizado me topé con Abstract, el arte del diseño. El primer episodio trata sobre la ilustración Christoph Niemann.

Para quien no lo conozca: es ilustrador, diseñador gráfico y autor de libros infantiles. Desde julio de 2008, ha estado escribiendo e ilustrando el blog de The New York Times, Abstract City, que pasó a llamarse Abstract Sunday en 2011, cuando del blog pasaron al formato de revista. 
A sus 48 años es uno de los ilustradores más famosos de la actualidad. Además de la revista que he mencionado antes trabaja para medios como The New Yorker, National Geographic y WIRED; y para marcas como Google, Hermès y la Deutsche Oper Berlin. Desde 1999 es miembro de la Alliance Graphique Internationale, que reúne a los diseñadores más influyentes del mundo y es responsable de organizar anualmente el AGI open, que este año, por primera vez en la historia, eligió como sede a la Ciudad de México.  
Creció en Alemania entre las ilustraciones de Tomi Ungerer y los cómics de Asterix & Obelix. Fue fan de Maurice Sendak, a quien le hizo un video homenaje y lector ferviente de la revista MAD durante muchos años. Mientras estudiaba descubrió la obra de Saul Steinberg, David Hockney y Arthur Dove y desde entonces su espectro de referencias no ha parado de expandirse. Su campo de inspiración incluye fotografía, video y escritura.
Lo mejor de su obra es que representa conceptos de una forma muy esencial y directa, siempre con un toque irónico, y su mensaje inmediato es capaz de llegar a todo el mundo. Materializa su destreza cada vez que convierte en arte cualquier objeto extraído de lo cotidiano. Afirma que es importante entrenar la mirada a jugar con las perspectivas y a estilizar las formas.

Define el concepto de inspiración como la capacidad de mantener la mente abierta y flexible. Por lo que es fundamental reservarse un tiempo solo para experimentar, sin fechas de entrega ni exigencias por parte de clientes; de esta forma se ejercita y mantiene la creatividad.
Además es una forma de enfrentarse a la “paradoja del genio” que todo creativo con éxito padece: el temor a haber agotado la inspiración y las ideas. Para ello tiene un local y un horario, porque igual que puedes ser tu propio impulso también puedes quemar tu propio bote salvavidas. Pero como dice Niemann, explicar el mundo en pocas líneas sobre papel es una emoción que bien se acerca a la felicidad. Así que todo el esfuerzo vale la pena.




En facebook podéis curiosear más obras suyas ;)


Texto de Saray Pavón
Imágenes de Christoph Niemann

martes, 13 de octubre de 2020

Isabel Martín Salinas

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Descubrí a Isabel Martín Salinas en un evento cultural en Sevilla. Con su guitarra pelá (sin arreglos) y a viva voz, nos embriagaba con su versatilidad y pasión. Más tarde me enteré de que, además de cantautora, es dramaturga, directora de escena y actriz, ensayista, poeta y, cuando el tiempo le deja un hueco, desata su imaginación en dibujos.

Su producción poética se vierte en sus textos teatrales, antologías y sus canciones (musicalizadas y cantadas por ella). Recorriendo diferentes escenarios nos regala algunos cortes de su primer disco Para siempre conmigo (2015), que puede encontrar en Amazon, Spotify, i tunes...

Colaboró como guionista en el Magazine A pleno sur, de Canal Sur Radio (1989-1993), fue finalista del Premio Andalucía de la crítica 2012 (modalidad de Teatro) y, desde entonces, ha desarrollado una intensa actividad teatral.

Sus publicaciones:
-El pozo. La noche de Diógenes. ¡Menos cuento! Teatro. IEA (2007).
-Collar de cerezas. Teatro. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, (2007).
-Mujeres para mujeres. Teatro. Varias autoras. Instituto Andaluz de la Mujer-Jirones de azul (2009).
-El hoyo 18. Un soplo de viento. Teatro. Consejería de Cultura (2011).
-Dime que me quieres. Varios autores. Narrativa. Ayuntamiento de Málaga (2009).
-Hispania, Hispania. Segundas partes. Verano del membrillo. Instituto de Estudios Almerienses (2012).
-A ráfagas tu nombre. Poemario. Ediciones Torremozas (2014).
-Disco E.P Para siempre conmigo. Mundo Sinfónico y Somar Music (2015).
-El Maestro, para ópera. Editorial Libros de Umsaloua (2017).
 
Puedes seguirle la pista en su blog.


Reseña de Saray Pavón
Foto y dibujos de Isabel Martín Salinas, composición de A.Moreno y Saray Pavón


domingo, 11 de octubre de 2020

Seré curioso sr. Ministro, de qué se ríe

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En una exacta foto del diario,
señor ministro del imposible,
vi -en pleno gozo y en plena euforia
y en plena risa- su rostro simple.
Seré curioso, señor ministro,
de qué se ríe, de qué se ríe.

De su ventana se ve la playa
pero se ignoran los cantegriles, (*)
tienen sus hijos ojos de mando
pero otros tienen mirada triste.
Aquí en la calle suceden cosas
que ni siquiera pueden decirse;
los estudiantes y los obreros
ponen los puntos sobre las íes.
Por eso digo, señor ministro,
de qué se ríe, de qué se ríe.

Usté conoce, mejor que nadie,
la ley amarga de estos países.
Ustedes duros con nuestra gente,
por qué con otros son tan serviles.
Cómo traicionan el patrimonio
mientras el gringo nos cobra el triple.
Cómo traicionan usté y los otros
los adulones y los seniles.
Por eso digo, señor ministro,
de qué se ríe, de qué se ríe.

Aquí en la calle sus guardias matan
y los que mueren son gente humilde,
y los que quedan llorando rabia
seguro piensan en el desquite.
Allá en la celda sus hombres hacen
sufrir al hombre y eso no sirve.
Después de todo, usté es el palo
mayor de un barco que se va a pique.
Seré curioso, señor ministro,
de qué se ríe, de qué se ríe.




Poema de Mario Benedetti
Imagen de Pixabay


viernes, 9 de octubre de 2020

Musa

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Mi mano aferrada a la suya,
¿Dónde? No siento sino calor...
gélido el ambiente que murmulla...
un etéreo rayo de imaginación lacera mis sentidos...
es su nombre sin nombre alguno
vahído momentáneo que me perturba...
profano la comisura de sus labios...
hieráticos, pétreos...
A mí lado, tras despertar,
rodeado de sudor y vagidos
el frío mármol esculpido
con rostro de mujer.

Poema de Eugenio Barragán
Imagen de Pixabay

miércoles, 7 de octubre de 2020

Entrevista a Le’CLÉ

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Entre ensayo y ensayo conseguimos encontrar un hueco para hablar con Laura, integrante del grupo Le’CLÉ que está, a base de trabajo, dándose a conocer poco a poco en el panorama nacional.


Antes que nada felicitarte a nivel personal y a nivel de conjunto por ese segundo puesto en el concurso de Movistar.

Nacho Delgado: Cualquiera que te conozca, sabe que vives y disfrutas la música como la que más, incluso tienes dos o tres proyectos en paralelo, pero, ¿cuándo empezó tu pasión por la música?
Laura: Bueno, la verdad es que todo empezó desde pequeñita, como se suele decir. Me inventaba canciones mientras hacía cosas como bañarme o jugar. Pero, en realidad, fue a los 14 años cuando tuve mi primer grupo. Se llamaba Stardust y cantábamos versiones de pop-rock de muchos años antes de que yo naciera.

ND: Háblanos un poco más de ese primer proyecto, ¿cómo acabó y qué aprendiste de él? ¿Está siendo dificil entrar en ese mundo?
L: Stardust acabó porque después de 2 años ya quisimos dar por terminada nuestra aventura y empezar a hacer cosas nuevas. Aprendí muchísimo con ellos, de hecho el mayor era el batería, que tenía 42 años por aquel entonces. No aprendí mucho de teoría musical, la cual nunca he estudiado, pero digamos que aprendí a trabajar en grupo y a tener mucha paciencia.

ND: ¿Cómo conociste o en qué orden a los compañeros de Le’CLÉ?
L: A Carlos y a Elia los conocí en 2013, en un concurso sevillano de cantantes al que me presenté, Operación Talento, era la segunda edición. Elia también entró en el concurso, y a Carlos lo conocimos en uno de los conciertos, no recuerdo si la semifinal o la final, ya que él era de la primera edición y había venido a ver los conciertos de la segunda. Desde que nos conocimos conectamos inmediatamente. Los tres frikis de hacer armonías y jugar con las voces, era cuestión de tiempo que nos pusiésemos de acuerdo y montásemos algo juntos.

ND: El grupo tiene poco tiempo de vida pero su trayectoria es bastante impresionante. ¿Cuántas actuaciones habéis tenido en TV o en festivales?
L: Pues, desde que nos formamos al finales del 2015, hemos tenido el placer de aparecer en varios programas de TV. En Canal Sur hemos aparecido alguna vez, también en Tele5 en el programa Got Talent España. Nuestra última aparición ha sido en el programa nacional AcapelA, en su segunda edición, que se emitía en el canal #0 de Movistar+, llegando a ser finalistas del concurso.

ND: ¿Teneis algún disco a la venta o tenéis pensado sacarlo pronto?
L: Todavía no tenemos fecha de lanzamiento, pero podemos decir que estamos preparando nuestro primer trabajo discográfico en el que incluimos las versiones que tenemos en nuestro canal de YouTube, esperamos lanzarlo antes de que acabe el año.

ND: La mismísima Anastacia os escribió admirada y os invitó a conocerla en su última gira por España. ¿Cómo fué la experiencia?
L: Como bien dices, compartió nuestra versión a capella de una de sus canciones más famosas y nos invitó a uno de sus conciertos cuando su gira pasaba por España. No nos lo pensamos y fuimos al que daba en Valencia, ya que teníamos allí un amigo que podía alojarnos en su casa. Pasamos con ella los 10 o 15 minutos antes de que saliera al escenario y tuvimos el placer de agradecerle en persona que valorase de esa manera nuestro trabajo. Disfrutamos muchísimo con ella, es encantadora, divertida y muy cercana; y no dudó en darnos un abrazo en cuanto nos conoció. Nos dijo que le había emocionado nuestra forma de versionar su canción, que no se imaginaba que pudiese hacerse de manera tan diferente a la original, y siguiésemos confiando en nuestra forma de hacer música y llegaríamos lejos. Nunca olvidaremos ese encuentro con ella y desde aquí le deseamos lo mejor en su carrera.

ND: ¿Han contactado con vosotros más artistas?
L: Artistas nacionales de la talla de David Bisbal o Pablo López han compartido nuestro trabajo y lo han valorado con mucho cariño. A nosotros este reconocimiento nos da un chute de energía para seguir trabajando y apostando por nuestro proyecto. Agradecemos muchísimos que artistas tan importantes tengan en cuenta nuestro esfuerzo.

ND: ¿Cuáles son vuestros próximos proyectos o actuaciones como grupo?
L: Ahora mismo estamos muy centrados en nuestro primer trabajo discográfico, grabaciones y ensayos a todas horas. Además los días 8 y 9 de Septiembre estaremos en el Festival A Capella de Zaragoza.

ND: Y para acabar. Aquellos que quieran saber quienes sois. ¿Dónde podemos ver vuestras actuaciones y conoceros un poquito más?
L: Podéis buscarnos en todas las redes sociales con el mismo nombre: @lecle360. Todas las semanas subimos vídeos nuevos tanto a Facebook como a Instagram y YouTube, además de informar de nuestros próximos conciertos y apariciones en medios.

ND: Muchas gracias, y mucha suerte

lunes, 5 de octubre de 2020

No

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No hay niños, ni novias, ni madres
ni terrazas, ni amaneceres, ni sol,
sólo gente que se arrastra por las aceras. Y cosas.
La gente, conforme se arrastra, sueña las cosas
haciéndolas como terrazas, como amaneceres, como sol.
La gente, conforme se arrastra, se sueña
como niño, como novia, como madre.
Mas no existe tal cosa:
No hay niños, ni novias, ni madres
ni terrazas, ni amaneceres, ni sol.
Sólo gente que se arrastra. Y cosas.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

sábado, 3 de octubre de 2020

Ayer vendrá

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La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.


Poesía de Luis Rosales
Imagen de Pixabay



jueves, 1 de octubre de 2020

El tamaño de un párpado

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Digamos que estamos en una habitación con mesas. Encima de las mesas hay vasos fríos. Las conversaciones circulan alrededor de gente sentadas en sillas. La música, que nadie escucha, refleja en las paredes, se diluye, queda ausente. También podemos encontrar espejos, cuadros, vidrios…se ve la calle desde adentro como si fuera feliz ahí afuera, y en un instante en el que nadie presta atención, ocurre, alguien cierra los ojos.

Es conocido que aún con los ojos cerrados, en ocasiones, las imágenes siguen vivas en la cara interna del párpado. La persona que los ha cerrado se llama…bueno, no es determinante para esta historia, diremos que es una mujer, de cabello moreno, ojos negros. Dentro de su pecho la sístole anima a la diástole en su arrastre rutinario, aunque ésta última le recuerda que todavía está triste, distante. La sangre está caliente porque sus nervios están calientes. Está triste, lo hemos dicho, y ella lo sabe, si bien todo final trae consigo un principio nuevo.

En otro punto de la habitación dos ojos se han quedado fijos en un mismo eje. En este fragmento de tiempo congelado sus ojos se han quedado muy abiertos. Se han quedado a punto de expresar energía pura, explosión, euforia. Él es curioso, se fija en los detalles de ella. Sólo los curiosos regalan tiempo, se aventuran en descubrir, destapar las pequeñas diferencias. En la búsqueda de esos detalles una sinapsis se ha quedado a media distancia de su siguiente neurona. El cerebro, en su afán de construir cadenas de impulsos, llegará a una idea: ir a la costa, ver el mar.

En la habitación sigue habiendo un número plural de personas; en un extremo hay una mujer al lado de una ventana, y en el opuesto, un hombre cerca de una puerta que se abre pero también se cierra. Luego, otro instante, ya es común, nadie vuelve a prestar atención. Un niño balbucea, descubre su voz firme con su primera palabra. Aparentemente todo es igual. Aparentemente no ha ocurrido nada. Los vasos permanecen fríos, la música que existe pero nadie escucha continúa reflejando en las paredes; espejos, cuadros, vidrios; el mundo suma otro instante, y ahora los ojos de la mujer de cabello moreno y ojos negros están abiertos. Sus pestañas se movieron hacia arriba.


Texto de Jairo Gavidia
Ilustración de Saray Pavón