viernes, 6 de diciembre de 2019

Nunca nada

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Ana Vega ha colaborado en revistas y publicaciones nacionales e internacionales, participado en antologías poéticas como La manera de recogerse el pelo coordinada por David González (Editorial Bartleby) u otras publicaciones como Poetas Asturianos para el siglo XXI de Carlos Ardavin (Editorial Trea). Ha publicado El cuaderno griego (Editorial Universos), Realidad paralela (Editorial Groenlandia), Breve testimonio de una mirada (Editorial Amargord), La edad de los lagartos (Editorial Origami), Herrumbre (Editorial Groenlandia), Llanquihue (Editorial Huerga & Fierro), Al xeito del tambor (Ed. Trabe, 2013), Auschwitz 13 (Ed. Amargord, 2013), Cantar en el desierto (Trabe, 2015) y Resiliencia (Trabe, 2015). Accésit del XXVI Premio Nacional Hernán Esquío 2008, premio de la Crítica de las Letras Asturianas 2011. Compagina su actividad literaria con su actividad docente como coordinadora de cursos y talleres de creación y creatividad y su colaboración en diferentes medios de comunicación como periodista, crítica literaria y columnista.

Videopoema de Ana Vega y Mapa Mudo
Foto y biografía de Ana Vega

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Esta eres tú

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Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leido. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú.

Fragmento y fotograma de la película Mi vida sin mi (de Isabel Coixet).

lunes, 2 de diciembre de 2019

Concierto para instrumentos desafinados

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...es un libro de Juan Antonio Vallejo-Nágera que me parece vital. Lo he descubierto de casualidad y me ha enfrascado de principio a fin. La temática es dura: sucesos reales, un poco disfrazados, en manicomios. Habla de muerte, sexualidad, amor, episodios absurdos que viven por gente externa al hospital o gente que se pasea por sus pasillos; dice que "el ejercicio de la Psiquiatría brinda la oportunidad de observar "el Teatro del Mundo" entre bastidores con los actores despojándose del disfraz".


Encontrarás cosas desgarradoras como "Es la historia de un hombre, un mango de paraguas y su entrañable relación. Tienen en común que están rotos y abandonados." ya que Vallejo-Nágera pretende mostrar que el ser humano, aun con la mente deteriorada y en las condiciones más adversas, puede dar lecciones de talento, ingenio, generosidad, sublimación y grandeza...

PD: aquí podéis leer la reseña que hice de otro libro suyo.

sábado, 30 de noviembre de 2019

jueves, 28 de noviembre de 2019

martes, 26 de noviembre de 2019

Prision Blues

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ALL SAINTS’ DAY
PRISON BLUES

Dicen que los viejos rockeros nunca mueren, pero tú, colega, te pasaste de la raya. Abres los ojos despacio, como si despertaras de un sueño muy profundo, y te descubres flotando en medio de la nada. A tu alrededor, cúmulos de nubes blancas, rosadas, algodonosas, iridiscentes, entre las que se filtran los rayos del sol. El espectáculo es más empalagoso que una canción de El mago de Oz –la película, no la banda de folk metal–. Tienes que reconocerlo. Dada la vida que has llevado, esperabas algo, digamos, más caluroso.
Una especie de Papá Noel vestido de romano aparece dando voces a lo lejos.
–¡Vamos, corre! –grita, batiendo compulsivamente unas alitas diminutas, gordo como un abejorro.
Se acerca a ti sin resuello, y sudoroso, sin acabar de recobrar el aliento, te explica que hay una baja de última hora. A Elvis acaban de nombrarlo ángel de la guarda, lo han enviado a Happyland, Oklahoma, vía correo aéreo, y queda una plaza libre en el coro de la banda.
–¿Pero es que no me oyes? –Te coge de la manga–. Al sr. Johnny Cash no le gusta esperar demasiado.
¿Johnny Cash?, ¿has oído bien? Te relames de gusto sólo de pensar en un dueto de guitarras con el hombre de negro, el gran John Ray Cash, el cowboy del country y del rock’n’roll que con esa voz suya, áspera y triste, interpretó algunas de las mejores canciones que has escuchado nunca, canciones amargas como un trago de ginebra, baladas fronterizas sobre la soledad, la redención y el pecado, reales y duras como un puñetazo en la boca del estómago.

I hear the train a comin',
it's rollin' 'round the bend;
and I ain't seen the sunshine
since… I don't know when.

Empiezas a silbar aquella vieja canción que tanto te gustaba, el blues de la prisión de Folsom. Recuerdas la carátula del álbum, gastada de tanto manosearla, y el disco lleno de rayas de ponerlo y quitarlo y volver a ponerlo, hecho polvo por ambas caras. La música de Johnny Cash y el interior de la caravana donde vivías, oscuro y frío como una madriguera y cubierto de polvo, colillas, recibos sin pagar, montones de ropa sucia, la raqueta rota que encontraste en una acequia junto a la fábrica abandonada, y con la que fingías tocar la guitarra; eso y el olor a humedad, a humo de tabaco rancio, son tus recuerdos de cuando eras crío, antes de que le dijeras a tu vieja: «Me abro», al cumplir los trece años.
–Esto, mira… abuelo. No sé si será por estar más tieso que la mojama, por el jet lag o puede que sea por lo de anoche, ¿eh?, ya sabes… El caso es que ando pelín seco. Bueno, seco de la hostia… con perdón. Si tuvieras una birrita por ahí –carraspeando–, a ser posible una birrita fresca… ¡ejm!, o dos.
–¡Ay, hijo! Todos decís lo mismo. Pero es que aquí no se bebe más que agua bendita, y para Navidad y las fiestas de guardar, un dedito de tónica Schweppes.
–¿Agua bendita?, ¿un dedito de tónica… qué? ¡Vamos, tío!, ¿en serio?
Observas el lecho de nubes que se desliza a tus pies a toda prisa, mientras Papá Noel te arrastra en volandas cogido de la oreja; no sabes muy bien hacia dónde, y no tienes cuerpo para preguntárselo. Ya te ves con un jersey rojo de pico y una sonrisa de circunstancias haciéndole los coros a Los Sabandeños. «Desde luego, si esto no es el infierno –te dices, llevándote una mano a la boca, a punto de vomitar–, se le parece un huevo».

Texto de Alberto Martínez
Imagen de pixabay