miércoles, 22 de agosto de 2018

Verano pasado por agua

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Katya Vázquez Schröder (Córdoba, Argentina, 1997) actualmente estudia Español: Lengua y Literatura en la Universidad de La Laguna de Tenerife. Finalizó cursos de música, dramaturgia y narración oral que le llevaron a formar parte de la Agrupación de Teatro de Filología de la ULL. Ha colaborado en blogs como Mujeres Reseñando y en la revista del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. También ha participado en diversos recitales poéticos dentro del grupo Fusión Poética Volcanes Interconexos

Además es otra de las grandes autoras que aparece en la Antología LiberoAmericana (que aún podéis pre-comprar) y nos regala, además de su sonrisa, un Verano pasado por agua.

En los días de lluvia proliferan 
los paraguas en los basureros 
como un mal antídoto.
Uno es verde, el otro es negro
Y justo cae una gota en el centro de mi té rojo,
un té que se enfría con las últimas fotografías de la tarde.
Los ruidos se apagan
y el tranvía pasa con un susurro,
con un roce de telaraña sobre la piel.
Un terrón de sal que cae justo 
con el peso de un ancla en los subsuelos de la taza.
Mis pies tienen barro 
y mis manos no tienen paraguas.
La ciudad no tiene sus sonidos.
¿Qué nos queda?
Si cuando nos busca la vida 
también tiramos junto al paraguas las decisiones
y nos quedamos allí,
parados frente al cielo ya mojado
y el asfalto por garantizar.
Si cuando nos venimos a buscar
ya hemos dejado las piernas, las manos y la ciudad
junto al paraguas.



Entradilla de Saray Pavón
Bio, poema y foto de Katya Vázquez

lunes, 20 de agosto de 2018

Minientrevista a Ana Patricia Moya

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De un tiempo a esta parte su nombre y Nick (Periquilla de los Palotes), han aparecido por La i Libro-revista y en nuestra web, porque ella es un ser interesante. Promotora, gestora cultural y un sinfín de etiquetas que no muestran más que la punta del iceberg de lo que es Ana. Gracias a su ritmo sin freno: en mi cabeza su imagen siempre lleva un café en la mano. Y con su habitual disposición, se ha dejado hacer este pequeño interrogatorio que inicio con sus trabajos más recientes. 

Saray Pavón: ¿Cómo conociste Liberoamérica
Ana Patricia Moya: Hace un año me invitó Darío Zalgade a formar parte de la plataforma. Acepté encantada: tenía en mente varios proyectos y pensé que sería el espacio ideal para compartirlos, entre ellos, Que la vida iba en serio y El sótano del ornitorrinco. Están centradas en poesía española contemporánea; en la primera sección, preparo una selección de poemas de autores que, mediante convocatoria, se animan a colaborar; y en el caso de la segunda, hago entrevistas breves a poetas que considero interesantes para los lectores. 

SP: Actualmente, eres una de las editoras (y poetas) de la antología Liberoamericana -versión española- ¿Ha sido complicada la selección de autoras? 
APM: La selección ha sido compleja, sí, había un gran número de poetas deseando aparecer en las páginas de este libro. Pero el resultado ha merecido la pena: más de cien autoras para la edición española (la anterior, editada en Argentina y Uruguay contaba con menos) y con poemas traducidos a idiomas del ámbito nacional (gallego, vasco y catalán). Al igual que mis compañeras, estamos muy ilusionadas, quién sabe si esta es la oportunidad que estábamos esperando para crear algo sólido. 

SP: ¿La revista Groenlandia fue el paso previo o seguirá activa? 
APM: Es un proyecto aparte, no está vinculado, si bien existen similitudes entre ambos proyectos. Lo tengo parado por falta de tiempo, de dinero y salud. Estoy más centrada en buscar trabajo y en estudiar (estoy terminando un máster y me encuentro bastante agobiada, pero bueno, otro título más para adornar el currículum). Espero poder retomar la cuestión editorial, tengo una interesante nómina de autores que quiero mostrar y tengo preparada una sorpresa, pero no puedo revelar nada, no vaya ser que a última hora todo se tuerza (es una constante en mi vida, Murphy es mi amante). Todo a su debido tiempo.

En las páginas en las que colaboro actualmente y de manera mensual (en Liberoamérica, en Odisea Cultural) me dan una serie de facilidades: de ahí a que no me cueste, por ejemplo, programar una entrada, seleccionar textos y fotografías, etc. Soy un poquito controladora (mejor dicho, tiquismiquis) y me gusta estar pendiente de los procesos, en todos los sentidos, y por eso agradezco tanta libertad a la hora de trabajar con estas publicaciones. Groenlandia absorbe mucho: la que se encarga de maquetar, corregir, diseñar y demás tareas soy yo (a excepciones: alguna que otra vez han venido a mi rescate profesionales). Insisto: ahora tengo que preocuparme más por mí. Aparte de lectora compulsiva, también soy autora, quiero escribir y publicar, como todos. 

SP: ¿Qué es lo que más te gusta de nadar a contracorriente? 
APM: De joven, era más punki, me lo cuestionaba todo y mis rabietas de rebelde eran muy frecuentes; ahora me encuentro en una situación de tranquilidad que, por un lado, agradezco después de unos años agitados para mi salud física y mental, pero por otro, me aterra, me aterra porque no sé si esto será un estado permanente o vendrán otros tiempos más convulsos que me pillarán desprevenida y no sabré cómo reaccionar. Procuro mantener mis principios, hasta cierto punto. He desarrollado una paciencia a prueba de balas. La edad, supongo. Creo que la precariedad te convierte en una resiliente. Ves todo lo que te rodea desde otras perspectivas. Te ayuda a nadar en todas las aguas, estén calmadas o turbias. Es evidente que he madurado hasta el punto de que, si no estoy preparada, no me arrojo al agua. No es que me agrade ir a la contra: es que no hay otra manera de ser yo misma. Es una cuestión de identidad. 

SP: ¿Cuántas horas le robas al sueño? 
APM: No sé si será por el calor infernal de esta ciudad, pero ahora me encanta dormir como las marmotas. Es cierto que soy más nocturna que diurna, y de noche estoy haciendo mil cosas, cosas del insomnio, y porque de día, la temperatura insoportable me anula totalmente, y me deja sin fuerzas. Deseo el invierno perpetuo, en serio. Creo que falta mucho para el periodo de glaciación del planeta, ¿no? 

SP: Si tuvieses que quedarte con uno de tus poemas ¿Cuál sería y por qué? 
APM: Siempre será el último poema que escriba mi preferido, con el que me quedaría… hasta que brote otro mejor, y cambiaré de opinión. Soy una descastada, lo sé. 

SP: ¿Cuántas alegrías te han traído tus Píldoras de papel? 
APM: Bastantes. Es como añadir en tu currículum literario que has publicado en una buena editorial, y por eso, eres digna de respeto, y te consideran para otras posibilidades (lo cual es algo muy positivo, el trabajo siempre es esencial). Es lamentable que la opinión de la supuesta élite (y los puristas) cambie en el mismo momento en el que publicas un libro porque la autoedición, a pesar de sus ventajas, está muy mal vista. Píldoras de papel habla de una Ana del pasado, escrito, curiosamente, desde una Ana ya recuperada de una enfermedad, que hizo un esfuerzo tremendo en recuperar según qué recuerdos y momentos (la medicación fuerte anula mucho la actividad cerebral: aún tengo borrones mentales). Comprendo que las obras tengan que reposar, pero cuando tienes la sensación de que las has revisado las suficientes veces mientras el tiempo transcurre, te percatas de que, si has evolucionado, esos poemas se están quedando obsoletos, no hablan de tu presente. Me he prometido a mí misma no esperar tanto para publicar, y si es en editoriales independientes, mejor. Los medios no son el problema. No me da miedo autoeditar tampoco. Y me gustaría que un libro más actual hable de la Ana de ahora, y que me diera más alegrías. Y el libro que viene, por ejemplo, tiene ya casi cuatro años, y aunque las cosas han mejorado ligeramente… 

SP: ¿Qué proyectos futuros nos puedes desvelar? ¿Algún poemario en solitario entre las manos?  
APM: Este año espero sacar La casa rota, en la Editorial Versátiles (la mayor parte de los poemas que integran este libro han sido finalistas en multitud de certámenes). Y ya estoy terminando otro, pero no puedo comentar mucho más porque, ya sabéis, lo presento a concursos, a ver si suena la flauta y me llevo un dinero, pero he decidido que, si no hay suerte, lo publico el año que viene. Tengo un libro de relatos (una compilación de textos que he ido escribiendo durante muchos años) que ya estoy moviendo y aparte, estoy matizando el siguiente, que si tengo muy claro de qué irá: sobre el oficio de escribir (hasta tengo título). Estoy intentando lidiar con dos novelas y ya tengo ideas para escribir guiones. Poco a poco. Lo importante es mi salud y encontrar algo que me ayude a mantenerme. Y por supuesto, tengo que seguir leyendo y escribiendo mucho. No me puedo permitir sacar cualquier cosa. Le tengo demasiado respeto a la literatura. Reconozco que me avergüenzo de según qué obras del pasado, pero son una realidad que dejan constancia de lo que fui, y eso no se puede cambiar. Quiero quedarme con la sensación de que, si edito algo, que tenga valor, aunque soy bastante insegura en según qué casos… 

SP: Pues muchísimas gracias por tu cercanía y seguir enredándote con nosotros. 
APM: Las gracias a vosotros. Nos vemos pronto por Sevilla. (Anécdota: odio el café, soy más de purito, Pepsi Max y pañuelo en la cabeza)

SP: Cierto, por fin nos vamos a conocer presentando la Antología de LiberoAmérica ¡Qué ganas! Y bueno, cerramos con Destornillador, uno de sus poemas recientes:


Las persianas son viejas

cada dos por tres estropeadas
cada dos por tres mi padre arreglándolas

hay una belleza terrible en esos momentos
con aquel hombre y su caja de herramientas

otra metáfora de estos días grises

la hija rota
y él haciéndose cargo
de los destrozos.


Texto, entrevista y dibujo rápido de Saray Pavón
Poema y respuestas de Ana Patricia Moya

sábado, 18 de agosto de 2018

Y aunque...

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Seguimos con autoras que aparecen en la Antología LiberoAmericana y con otro tremendo poema (me abruma la calidad de mis compañeras y estoy agradecida por formar parte de este proyecto). Esta vez recorremos los versos de Alicia Louzao (Ferrol, 1987). Os contamos de ella que es doctora y licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Filología Inglesa. Estudió el Máster de Formación literaria y colabora en revistas literarias como OcultaLit, Drugstore, Le miau noir, Culturamas, La soga, Quimera y Liberoamérica. Compagina escribir con el dibujo y sus "fadas de cidade".

Y aunque seas tú, no vuelvas:
Esta noche, mientras pedías una lata de cerveza
o bajabas la cremallera de otra falda
o quizás, alimentabas peces pálidos
dentro de una piscina de madera

–no sé, ideas
de nieve–

por aquí has estado. Y seguramente
–y hablo con certeza–
no hayas sentido una mano sobre la espalda,
unas uñas apretadas y un susurro de leche
tras la sinfonía de una calle
que se desgañitaba entre los trozos de invierno.

No, pero no eras tú.

No eras el mismo.

El boceto de un cuerpo extraño,
de una estatura igualitaria
y unos ojos incrustados en el medio de las sábanas…
no. No eras tú.

Aunque lo fueras, me interesa poco
el ADN de tus piernas, la enfermedad de tu hermana,
el tipo de rizo de tu cabello
o la cantidad de plumas que brotan entre tu mano izquierda
y derecha.

No eras tú y, aunque lo fueras,
me duerme el sueño de tenerte al lado
de tus talentos ocultos, de tu clase de ropa,
tu cazadora de 1967 y tu nariz de trapo o los lunares
que tus padres te regalaron. Uno dos tres…

No eras tú, sino un espacio creado
por el movimiento de mis párpados y el golpe de una ventana,
la calidez de los brazos de un sofá
y mis piernas compenetradas con sal de mesa.
Una brisa absurda de abrigo tieso
y el despertar de un cuervo:

eso, la risa de la bruja del hambre
y el estómago lleno de aire nocturno.

No eras tú. Y aunque lo fueras,
mantente dentro de tus propias piedras,
de tu burbuja de playas y ojos saltones,
de esa familia que te da las buenas noches y un beso
y no te preocupes.

No vuelvas.

Sigue bajando esa cremallera,
rompiendo platos, manchándote las botas
en el parque donde se pierden
todos los niños, esperando crecer
bajo el único pecho de la luna.

Y no, no vuelvas.


PD: Aún podéis pre-comprar la antología LiberoAmericana

Entradilla de Saray Pavón
Bio, poema y foto de Alicia Louzao

jueves, 16 de agosto de 2018

Cuando todo cae

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Hace poco os hablábamos de la antología Liberoamericana que recoge a más de 100 poetas, de distintas partes del globo terráqueo. Nuestra intención es ir compartiéndolas -poco a poco- para que dejen de ser una lista de nombres y os adentréis en sus latidos. 

Comenzamos con Sol Iametti, de Buenos Aires, que se vierte sobre el papel con un estilo ágil y contundente. Os dejamos con uno de sus poemas y os recordamos que aún estáis a tiempo de adquirir vuestro ejemplar. 


Cuando todo cae
y aflige
entonces
leer un poema de Audre Lorde
y estudiar el movimiento.

Quedar tendida en la música blanca
de la resiliencia.

Eso es lo que promete hoy:
pendular
sobre la boca de la belleza
perdurar
sobre el anhelo de una voz
que irrumpa en el castillo de la bestia
y rompa el silencio.

Todas en mí dirán:
cristales, cristales, cristales.

Cuando todo cae
y persiste
pienso:
la hiedra de la poesía
es un hecho extraordinario
de este mundo.

Escribir cuando se corta la luz,
escribir con los ojos vendados
y aun así dilucidar los estímulos lumínicos,
la voz de la luciérnaga.

Aun así rozar el agua de la memoria
y con los mismos dedos
de los que nace el placer
llenar el fondo de corales.

Tocar, oler, morder
el silencio
pero no contarlo todo.
Y con los ojos llenos de lágrimas,
con los ojos al nivel del aire susurrando,
dejar
ese aroma a herida
apenas ansioso
apagarse.

Cambiar aquella lengua letal
por la lengua del ámbar.

Cuando todo cae
y hiere:
limpiar las algas.
Pasar
mañanas merodeando la palabra,
manteniendo intacta la melodía mansa
de la nieve cuando cae.

Leer un poema
y quizás,
entonces,
fundar mi primera ciudad,
quizás
reinventar mi nombre.


Entradilla de Saray Pavón
Foto y poesía de Sol Iametti
Blog: www.todasmispalabras.com
Instagram: @todasmispalabras

martes, 14 de agosto de 2018

Carta a HG Wells II

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Querido H.G Wells:

Hace tiempo que no le escribo. No por falta de ganas y sí por carecer de algún rato libre en el que sentarme frente a un papel. Aquí nadie tiene tiempo de nada. Y casi nadie usa ya papel.

¡Qué complicado enviar cartas a momentos pretéritos! Hay toda clase de moderneces que nos rodean en este futuro extravagante y rápido, y qué difícil es enviar un texto a otra línea temporal. Con lo fácil que usted demostró todo lo relacionado con la cuarta dimensión en 1895. ¡Qué tiempos!

En mi última carta le hablaba de mi experiencia post mortem y, créame Sr Wells, sigue siendo agradable flotar desnudo entre ancianos de todas las edades imaginables. Por otra parte he de decirle que la gente aquí sigue sin leer, que ya no se envían cartas y casi no se habla con nadie. Todo es a través de servicios de mensajería instantánea y cuesta realmente entablar una conversación mirando al interlocutor a los ojos. Y cuando se tiene la suerte de captar la atención de alguien un momento, éste desvía la mirada a su dispositivo electrónico e inteligente, con lo que el diálogo se hace casi imposible.

A veces me encuentro con familiares, amigos y conocidos en este ir y venir de almas en pena. ¡Ay, con lo que se llora en los entierros, y lo feliz que todo el mundo parece aquí! Que después sea real o no esa felicidad es otra cosa. Parecer real, desde luego lo parece Sr Wells. Todos son sonrisas y posturas. Los hay que no paran de escucharse a sí mismos y hacen verdaderos esfuerzos porque los demás les escuchemos una y otra vez decir y hacer lo mismo. Recuerdo aquel pasaje de un cuento que decía que mediocre no es quien no sabe escribir, pintar, componer o cantar, sino quien compone, pinta, escribe o canta y es incapaz de ocultarlo, obligando a los demás a contemplar su obra.

Todos parecen buscar la perfección que acaba siendo un simple acto masturbatorio, pues dura poco, se olvida pronto, y es poco valorada por los demás Sr Wells. Se anda por aquí de meta en meta y el resultado es un estado de frustración casi permanente como la pobre pescadilla del dicho popular. ¡Y a ver quién es capaz de cortar el nudo gordiano sin contemplaciones!

Me despido Sr Wells.

Espero que estas líneas escritas desde sea dónde sea que me encuentro le lleguen donde quiera que esté usted.

¡Vivan los viajes temporales!


Microrrelato de A. Ramírez
Ilustración de Saray Pavón

domingo, 12 de agosto de 2018

El miedo de escribir

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Escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares.


Poesía Olvido García Valdés
Imagen de Pixabay