viernes, 26 de febrero de 2021

Cadáver exquisito I

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Cadáver Exquisito es una técnica por medio de la cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito o cadavre exquis en francés. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias" en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración. Cada persona sólo puede ver el final de lo que escribió el jugador anterior. El nombre se deriva de una frase que surgió cuando fue jugado por primera vez en francés: « Le cadavre - exquis - boira - le vin - nouveau » (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo). 


Iniciamos esta técnica el 06-03-08 con este resultado. Vendrán más.

En el vértice del huidizo olvido
se unen la distancia y la nostalgia,
los lugares deshabitados son de fuego
interno, y rondan por nosotros,
como borracho a la taberna,
como la sed al agua.
Ven aquí y toma mi sombra.
verás que eres necesaria,
como la sed al agua.


Poema de Saray Pavón,  Pedro Luis Ibáñez Lérida y Martín Lucía.
Imagen de Pixabay

miércoles, 24 de febrero de 2021

lunes, 22 de febrero de 2021

Los misterios de la creación

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Se ha hablado mucho sobre este libro, darle vida a algo que carece de ella, la crueldad de la raza humana... y a mí lo único que se me ocurre decir, tras leer Frankenstein, es que le entiendo (a la criatura, quiero decir).

El monstruo fue su creador, no él. ¿Para qué lo creó si luego no se iba a hacer cargo? ¿cambiaría el caso? ¿Y si se le hubiera presentado al mundo científico a esta criatura ya en su momento parlante? Saldría otro manuscrito distinto, claro. Pero lo que me refiero es a... empatizar con él. Ponernos en su lugar: nos crean y abandonan, la gente que nos encuentra no nos da una oportunidad por como somos o creen que somos y encima... nuestro creador se niega a hacer otra persona para que no nos consuma la soledad y pretende que nos lo tomemos bien...

Siempre pensé que el monstruo de Frankenstein tenía un corazón noble que se cargaron a base de porrazos. ¿Cuántos despojos de Frankensteins habrá en el mundo?

Hace tiempo di esa opinión tras la lectura de esta obra pero no me adentré en su contexto y sinopsis. Así que allá vamos. Muchos sabréis que este libro surgió en un concurso literario propuesto por Lord Byron a sus amigos. Que Frankenstein o el moderno Prometeo, o simplemente Frankenstein, es una obra literaria de la escritora inglesa Mary Shelley que pertenece al género ciencia ficción. Fue publicado anónimamente el 11 de marzo de 1818 y enmarcado en la tradición de la novela gótica. El texto recoge temas como la moral científica, la creación y destrucción de vida y el atrevimiento de la humanidad en su relación con Dios.

Mary Shelley nació en Londres el 30 de agosto de 1797. Sus padres eran el pensador William Godwin y Mary Wollstonecraft, una feminista pionera que falleció pocos días después del parto. Así que Mary creció en un ambiente culto, pero su padre dejó su educación en manos de su segunda esposa: una mujer conservadora que no compartía las teorías de su marido, por lo que su educación fué similar a la de otras muchachas de su época. 

Se piensa que los experimentos del italiano Luigi Galvani, en 1780, influyeron en la creación del relato. En sus ensayos provocaba convulsiones musculares en ranas muertas mediante descargas eléctricas. Su discípulo y sobrino, Giovanni Aldini, continuó estos experimentos "galvánicos". En 1803, Aldini llegó a Londres y realizó una espectacular demostración sobre el cadáver de un criminal que había sido ejecutado. Ante una nutrida audiencia, Aldini aplicó a distintas partes del cuerpo varillas conectadas a una pila de cinc, provocando fuertes contracciones. Una crónica explicaba que al tocar la cara del muerto "las mandíbulas empezaron a temblar y un ojo se abrió". La pretensión no era resucitar a una persona, pero esa chispa pudo inspirar a Mary Shelley.

Ella afirmó que obtuvo la idea de un sueño. Se encontraba en un momento de bloqueo y era incapaz de tener tejer una historia de fantasmas, hasta que tuvo un sueño. En la introducción a la edición de Frankenstein de 1831 describió la visión de la siguiente manera: “Vi al estudiante pálido de las artes no aceptadas arrodillarse junto a lo que él había reunido. Vi el fantasma espantoso de un hombre estirado, y luego, con el funcionamiento de algún motor poderoso, mostrar signos de vida... Duerme; pero está despierto; abre los ojos; he aquí una cosa horrible que está junto a su cama, abriendo sus cortinas y mirándolo con ojos amarillos, acuosos, pero especulativos". Entonces Mary abrió los ojos y se dio cuenta de que había encontrado su historia. "Lo que me aterrorizó aterrorizará a los demás", pensó. Se puso a escribir sobre ello al día siguiente.

La novela cuenta la historia de un científico suizo, el doctor Victor Frankenstein, que tras asistir a las lecciones de un profesor de la Universidad de Ingolstadt, en Baviera, que expone los últimos avances de la ciencia, decide que él irá todavía más lejos. Abriré un nuevo camino, exploraré poderes desconocidos y desvelaré al mundo los misterios más profundos de la creación. Frankenstein se pone a estudiar febrilmente la anatomía animal y los procesos de generación y corrupción, hasta que un día recibe una iluminación que lo hace descubrir la causa de la generación y la vida y lo convence de que era capaz de infundir vida sobre un cuerpo inanimado.

Durante casi dos años, Frankenstein realiza misteriosos experimentos en una buhardilla que usa como laboratorio. Con distintas partes de cadáveres que recoge en las salas de disección y de animales que encuentra en mataderos forma un cuerpo humano de gran envergadura (2,40 metros de altura). Usando seguramente una pila como la inventada por Alessandro Volta hacia 1800, le aplica impulsos eléctricos para intentar darle vida. Finalmente, una lluviosa noche de noviembre, a la tenue luz de una candela, Frankenstein ve como su monstruo abre un ojo y empieza a respirar. Se marcha horrorizado y cuando vuelve la Criatura –tal es el nombre que da a su creación– ha desaparecido. A partir de aquí se desarrolla una intriga novelesca en la que el nuevo ser experimenta la soledad y la hostilidad de los hombres, mata sin querer a un niño y desafía a su creador.

Podemos encontrar hasta tres ediciones de la obra: la original de 1817, la modificada de 1818 con la ayuda de Percy Shelley, y la reescrita en 1831. La edición original se muestra más descarnada y dura.

El monstruo de Frankenstein ha inspirado más de 90 películas. La primera data del 1910, el productor Thomas Edison rodó un rollo de 15 minutos de Frankenstein, convirtiéndose en una de las primeras películas de terror. El metraje se creía perdido hasta que fue redescubierto en la década de 1950. Se estrenó originalmente el 18 de marzo de 1910. Puedes verla aquí.

La versión cinematográfica de 1931, con Boris Karloff encarnando al personaje, fue la primera que retrató al monstruo con tuercas, puntos de sutura y una cabeza plana. Esta es la figura con la que más personas se sienten familiarizados, pero no es como se describe en el libro. El monstruo original es descrito con "cabello suelto, piel amarilla casi translúcida, ojos brillantes y labios negros". La última, Victor Frankenstein, es del 2015 y está protagonizada por James McAvoy y Daniel Radcliffe.


Camiseta realizada en LaMoska

sábado, 20 de febrero de 2021

Necesito

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¿Necesito acaso un cuerpo
dentro de mi cuerpo?

no digo un pedazo de cuerpo
sino un cuerpo.
solo crecen en mí las plagas
y las lluvias.

jamás un cuerpo.

Tendré que admitir
la renuncia

de aquello que en mí
es un enigma
y no ser nada más
que un cuerpo
desierto y consumido
un cuerpo

que subsiste

en una creencia ficticia
de existir más allá

de su morir
permanente.



Frase de Andrea Aguirre  (Buenos Aires 1980)
Imagen de Pixabay

jueves, 18 de febrero de 2021

El sentir al incompleto

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El sentir al incompleto, de forma superficial, sin apenas rozar con las yemas de los dedos la fina capa que separa la verdad. De que sirve sentir si es a medias tintas, en una vida efímera, fugaz, que nos puede dar años, días o minutos sin que tan siquiera nos percatemos de ello. Perdemos intensidad con prefijos que nos hacen sentir menos aturdidos en la sociedad, con el "yo soy..." añadiendo una etiqueta a todo, por miedo a no ser nada quizás, bueno, a no ser nada de lo conocido, a no encajar, al rechazo. Así, acabamos reprimidos por nuestros miedos, sin haber exprimido cada minuto dando nuesta esencia al mundo. Todo se vuelve egoísta a nuestro alrededor, posiblemente por privarnos a nosotros mismos de lo que necesitamos. Exigimos lo que no damos, y todo se vuelve una espiral en un sueño repetitivo, ansiedades, depresiones, miedo al futuro miedo al que pasará... El humano intenta extingir su propia especie, con un veneno casi imperceptible en el caos, peor que cualquier enfermedad.

 

Texto de Andréa Rodríguez
Imagen de Pixabay

martes, 16 de febrero de 2021

Literatura

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Los pisos praguenses en que vivió Franz Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos. El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín. Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas. La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera. Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche. La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón María del Valle-Inclán y los arrojó por la ventana. La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid. La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire. El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto. La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde. La madre con gota de Flaubert. La autopsia de Larra, su joven cerebelo. La carne de la máscara de Fernando Pessoa. La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin. La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo. Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente. Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito. La mano que aúlla de Pablo Neruda. El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros. El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.


Relato de Manuel Vilas
Imagen de Pixabay