lunes, 18 de marzo de 2019

Realeza

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“¡Dónde se encuentra mi familia!” entra gritando el rey con locura al castillo. Vengo a reclamar por su presencia, sentencia. Los súbditos no saben si contestarle o escapar y nunca volver al castillo para hundirse con la oscura verdad. Se observaban absortos entre ellos hasta que un valiente da un paso adelante: "mi rey, su familia lo espera como lo ha esperado hace ya veinte años, frente a la ventana de la segunda torre". 

El rey queriendo no entender se abre paso entre los plebeyos, que le libran el camino hasta las escaleras. El aire se enrarece mientras el monarca sube escalón por escalón. De pronto su mente se envuelve en sus grandes batallas, en cómo arrasó con cientos de pueblos, las súplicas que no dejó salir de la boca de sus enemigos y como se volvió el ser más poderoso de esas tierras. Los escalones siguen apareciendo y el aire se enrarecía todavía más. El rey siente un peso que le corta el aire. Se deshace de su pesada armadura. Las luces se distancian más y una puerta enorme emerge ante su mirada.

Se detiene, golpea fuertemente buscando contestación y solo se le devuelve silencio. Ya molesto por no entender qué sucede empuja la puerta y en los bordes de esta se deja entrever un poco de luz. Solo la puerta y su respiración llenan la sala de sonido. El rey siente que lo tocan en la espalda. Un clérigo en quien no había reparado, ansioso por ver a los suyos lo estuvo acompañando todo el tiempo. Este le habla: "oh, gran señor ¿de verdad queréis entrar ahí?". "Sí, padre, busco a mi familia: a mi esposa reina de todo lo que observamos y a mi príncipe"

El clérigo suelta el hombro del rey y da un escalón abajo. El rey, sin entender que sucede, entra en la habitación...


Relato de Chango Bastardo
Imagen de Pixabay



sábado, 16 de marzo de 2019

jueves, 14 de marzo de 2019

Tunning personal

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Vicenta Marquínez Martínez decidió abrirse un perfil nuevo en la red social. Había llegado a la conclusión de que usando su nombre y fotos reales no conseguiría hacerse amigos nuevos e interesantes, de estos que cuelgan frases lapidarias capaces de resumir la evolución del pensamiento humano en pocas palabras.

Ella subía a la red fotos del día a día, en la parada del autobús, metiendo la compra del super en el coche, tomando un café a media mañana...lo que hacemos todos en fin. Pero claro, con su nombre y sus fotos, de dudoso glamour el resultado en likes era pésimo.

Entró en la app, eliminó su perfil, y clickó "crear nuevo perfil".

Lo primero fue elegir su nuevo nombre: Vicky Marck. Tenía gancho y desprendía un halo misterioso extranjero fantástico. Además, sería Eslovaca y carnívora, pensó,sintiéndose de repente invadida por una excitación sexual increíble. 

En creencias se definió como budista no practicante, aconfesional y albina. Sus ojos brillaban de emoción y cada vez se gustaba más a sí misma.

Para la foto usó un dibujo de Mary Shelley tuneado. Era el centenario de Frankenstein y esto dotaría su perfil, sin duda, de un factor cultureta ciertamente irresistible. Se le pasó por la cabeza hacerse con uno de Edgar Allan Poe, pero este transmitía un mal rollo que poco iba con sus intenciones virtuales.

En intereses se declaró cooperadora de una ONG defensora de familias ictiófagas de invertebrados habitantes del Pacífico.

Cuando terminó de rellenar todos los campos del formulario salió a dar una vuelta y así darle tiempo al algoritmo social de la app para que le sugiriese nuevos contactos basados en el cruzamiento de datos con otros perfiles vegetarianos defensores de la alimentación basada en la quinoa.

Cuando paró en el paso de cebra frente a su portal ya se sentía nueva y plenamente identificada con su recién creada personalidad virtual. Decidió que guardaría todos sus libros en el cuarto de contadores del bloque. Total, nadie leía ya nada y ella no quería tener nada que ver con su aburrida vida anterior.

Renovaría su armario con ropa blanca vaporosa y quizás se tiñese el pelo de algún color de moda en Korea de sur. Últimamente los grupos pop de aquella parte del mundo lo estaban petando.

Al despertar al día siguiente sufrió una recaída en su triste personalidad anterior. Fue a misa de 12 y se presignó las veces que manda el catecismo.

Recuperó los libros del cuarto de contadores y los puso a la venta en wallapop. Total, nadie leía ya nada. También se convenció de que su color de pelo no estaba tan mal, de todas formas había olvidado la clave de acceso a la app.

Cosas de jueves.



Microrrelato de A. Ramírez
Imagen de pixabay

martes, 12 de marzo de 2019

El mejor amigo...

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...del oso. Es una novela de Arto Paasilinna que trajo Lucía Vargas y me dió mucha curiosidad la sipnosis que nos hizo: Pastor en proceso de divorciarse al que le regalan un oso que adopta como mascota. Además el plus de estar desarollada la historia en Finlandia... pero bueno, al grano: he disfrutado sumergiéndome entre las páginas aunque reconozco que no entra dentro de mi top-books.

La trama viene a enredarse y deshojarse en: Unos osos juegan despreocupadamente y descubren manjares alimenticios junto a su madre pero algo cambiará drásticamente la historia del libro. El pastor, déspota y férrico, cumple cincuenta años y le regalan un oso (así logran colocarlo y no se gastan ni un duro) al que le cae el nombre de Lucifer por la expresión que suelta la mujer del pastor al verlo. Este danzará de un sitio a otro: ocupará el hueco de un difunto marido, porque el pastor acuerda con la desgraciada que lo cuide con el fin de aliviar su soledad, una madriguera artificial donde...

domingo, 10 de marzo de 2019

Elegí la vida

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No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.


Poema de Rudyard Kipling
Imagen de Pixabay

viernes, 8 de marzo de 2019

Choose Life

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No era una transgresión
eso de amarse,
pero aceptamos su dogma
para no sucumbir a nuestros miedos.

No era una transgresión
sentirse libre,
aún así, recibimos los golpes
y escondimos la canción en los barrotes.

No era una transgresión
continuar vivos,
pero preferimos el violín
al tormento continuo de la rabia.

Poema de Diego Solís
Imagen de Pixabay