lunes, 27 de enero de 2020

Fallo concurso: Lo que te salga IV

0

Y llegó el momento de anunciar, con lagrimillas en los ojos, nuestro primer fallo desierto. Sabemos que este año, debido a los miles de conflictos que hemos tenido tras las puertas críticas, no hemos podido moverlo en recitales y más allá de las redes sociales y tampoco por allí hemos podido dar mucha guerra. No desesperamos porque tendremos en breve una nueva edición ;)

Un abrazo a todos y gracias a los pocos que habéis mandado vuestro granito de arena a esta plataforma cultural.
Volveremos con el quinto concurso "Lo que te salga" que se nos han ocurrido nuevas cosillas... después del verano. ¡Apuntadlo en la agenda!

P.D. Os recordamos que el número 6 de La i Libro-Revista saldrá a la luz en abril de este 2020

La Redacción

Arthur Dove

0

Arthur Dove (2 de agosto de 1880 - 23 de noviembre de 1946) fue un artista estadounidense, de los primeros pintores abstractos de América. Usó una amplia gama de medios de expresión en sus trabajos, a veces en combinaciones poco convencionales. Realizó una serie de obras experimentales con la técnica del collage en los años veinte. A su vez examinó técnicas de creación de pinturas, combinando pigmentos con mezclas con petróleo o creando un temple de emulsión a la cera.​ Culminó un gran número de collages y ensamblajes, porque eran más baratos que la pintura y también por falta de espacio en el lugar de trabajo.


Texto de Saray Pavón
Estampas de Arthur Dove

domingo, 26 de enero de 2020

Time Symmetry+Hard Recover+La Cadena Psych. 25/01/20 en la Sala Even

0

Llegó el 25 de enero. Lo prometido es deuda. Esta vez no ha ocurrido ninguna catástrofe ni enfermedad. Ni siquiera los últimos coletazos de una gripe que se me está antojando eterna me ha impedido disfrutar de la bendita música en directo. Estaba dispuesto a ir solo, fíjate las ganas que les tenía a estos monstruos de los madriles. Pero conseguí convencer a mis dos acompañantes, que llevaban puesto el pijama mental desde que se levantaron esa mañana.

Una vez convencidos y preparados, salimos tarde. La noche prometía echarnos un cable con la tregua que la lluvia nos concedía. Pero hubo otros factores que afectaron a la afluencia de público a la Sala Even. No soy quién para juzgar las decisiones de los demás, pero yo estoy convencido de que estaba en el concierto correcto. En fin, llegamos tarde, efectivamente. Una pena aparecer por allí cuando ya estaban terminando los sevillanos La cadena Psych. Lo poco que escuché me gustó y sonó bastante bien. Aunque sintiéndolo mucho, no sabría decir con qué tema se estaban despidiendo. Ya les estoy siguiendo la pista por Deezer y espero verlos pronto en vivo.


Después llegó el turno de Hard Recover, también locales. Nos ofrecieron un repertorio de versiones de lo más variado. Aunque el sonido, en ocasiones, no acompañó, se desenvolvieron bastante bien en aventuras tan arriesgadas como Electric eye de Judas Priest, You could be mine de Guns n’ Roses, Heaven and hell de la etapa Dio de Black Sabbath o la imposible a nivel vocal Burn de la etapa Coverdale/Hughes de Deep Purple. Tocaron otros palos más hardrockeros clásicos como el Fool for your loving de Whitesnake (Coverdale de nuevo, si es que es para quererlo) y otros más borricos como el Seek and destroy de Metallica. En definitiva, nos hicieron pasar un buen rato y supieron calentar el ambiente (escaso pero entregado) para lo que se venía encima.


¡Hora de Time Symmetry!  Son pocos los que me hacen mantener una sonrisilla de idiota durante todo el concierto más allá de mis héroes de toda la vida cuando he tenido la suerte de disfrutarlos en concierto. Pues esta gente lo ha conseguido. Si el último disco, Ghosts, que reconozco que es lo único que he escuchado hasta ahora de ellos, suena como un cañón, en vivo es diez cañones por banda. Puro rock/metal progresivo, muy técnico pero sin caer en la autocomplacencia de las millones de notas por segundo ni las florituras innecesarias que no aportan nada a la canción. Dave Rubio y Jorge Velasco a las guitarras y coros, Carlos Hernández al bajo y teclas y Ando Martínez a la batería, son grandes músicos y están compenetrados a niveles de los grandes nombres del género. Y enfrente de todo ese ritmazo, técnica y melodía tienen a Elena Aznar, una fuerza desatada de la naturaleza. Qué poderío de garganta, chiquilla, qué pasión.


Y para rematar, los coros (lo de Dave Rubio va más allá, que en Better Days casi se canta media canción) son calidad suprema, como los turrones. Salieron a darlo todo y, salvo un par de apagones extraños, sonaron de escándalo. Tenemos grandes bandas como esta que habría que cuidar más, que siempre estamos con los mismos mantras. No voy a nombrar a nadie que compartía fecha en Sevilla. Si nos sacan de los cuatro grandes nombres nacionales nos perdemos en la gran oferta internacional, que está muy bien, pero si investigamos encontraremos joyas como la que nos ocupa. De esto puede tener gran culpa la agencia Lady Stone, cuyo roster nos ha permitido conocer grandes bandas. Odio escuchar la expresión rancia "son muy buenos, para ser españoles"; para mí lo correcto sería "qué suerte que haya bandas así en nuestro país". Ojalá tengan pronto el reconocimiento que merecen, que no llevan tocando dos días precisamente. Volviendo al concierto, se cascaron casi todo el último trabajo. Gracias a la buena gente de Sevilla Metal, a los que he copiado vilmente el setlist, la descarga de temazos fue:

Winding road
Fireworks (pedazo de estribillo, madre mía)
The circle
Reboot system now
Square hammer (cover de Ghost)
La intensa balada Entropy
Better days
Blue lights 
The game





En resumen, una gran noche de buena música. Poco público, sí, pero estoy convencido de que habrían tocado con la misma entrega (todos, las tres bandas, seguro) para 4 que para 400. Además de la satisfacción por disfrutar de una de las cosas que más me llenan en la vida, la bendita música en vivo, está el mérito personal de sacar del sofá y la mantita a dos almas cándidas que, por supuesto, agradecieron después el empujoncito para salir de la rutina y las comeduras de coco.

Texto de A. Moreno
Fotos de Saray Pavón sin el pijama mental

sábado, 25 de enero de 2020

El hijo del Halley

0

Maripaz tenía un tono optimista en el móvil para las llamadas entrantes.  Mientras se le enfriaba el café hablando por teléfono me dio por mirar en el mío algo por internet. Y apareció, no sé cómo, lo del Halley; el cometa Halley: Hielos volátiles, agua, dióxido de carbono, amoníaco y polvo; se acerca por temporadas desde el medievo “Isti mirant stella”, luego 1910, 1986 y hay una previsión para el próximo 2061. Como Maripaz colgó, no miré más, hablamos algo y pagamos luego. Pero yo iba con el cometa en el bolsillo para verlo despacio en casa. El Halley de mil novecientos ochenta y seis.

Cuando el Halley de milnovecientosochentaiseis yo tenía quince años y lo veíamos desde el Miradero, que era donde mejor se veía «los científicos dicen… los científicos creen… si desviara la órbita… hay un protocolo en caso de que… agua, dióxido, amoníaco y polvo» Con el Halley tuve conciencia de que el cielo no era un decorado con luces programadas y que a lo mejor era verdad eso del espacio. El Halley se veía muy pequeño y tranquilo, luciente de noche y blanco tiza por la mañana; tirado por ahí arriba nadie diría que llevaba la velocidad que decían. La cola como un ciprés albino y tumbado; como un dardo de plumas del primer Lucifer hacia la diana solar. El Halley me trajo a Juampablo segundo te quiere todo el mundo, discos de vinilo, libros de biblioteca y a Rafaela Carrá; también cómics de Manara, jeringas con sangre, mayras, chichos y las primeras mamachichos. Yo no había tenido novia en la vida y ahora la tenía; el pequeño Halley me rondaba por la bragueta y reflectaba su luz en mis gafas de lejos. Para ver a la novia yo tenía que subir por el Miradero, pasar entre el arco caliente de la cola del Halley, cogernos de la mano y darnos un beso largo copiado de las películas escondidos bajo el sobaco mudéjar de alguna iglesia. Decíamos que ese cometa tenía que ser macho, a lo mejor era hembra, para mí que era maricón; marica con pluma «Es una ocasión única para ver al cometa cuyo último avistamiento data de 1910… Si se le ocurre al Halley… hay un protocolo en caso de que… agua, dióxido, amoníaco y polvo».

El Halley como una niña vestidita de comunión arrojada a la hoguera; un apóstol con la melena al viento sobre una moto astral; una zurraspa blanca en las bragas azules de mamá Tierra; la leche pajera y púber vertida en los lavabos. Hielos volátiles. El Halley tenía loco al científico, todo el día con el ojo pegado al telescopio para ver lo que había bajo la falda del cometa. El Halley a lo mejor quería frenar pero no había manera, siempre la ruta elíptica de su scalextric. El caso es que parecía parado en el cielo, detenido en el andén del mundo. El autobús del Halley dejaba turistas que no compraban nada. Es un cometa contradictorio (amoníaco y polvo, hielos volátiles) que me traía revistas porno, la OTAN, suspensos en matemáticas, la Olivetti y algún Marlboro. El Halley se llevó a mi novia «Te quiero pero como amigo» ella se fue a horcajadas sobre la gran cola peluda y aventada del cometa; corrían por el limbo sin nubes. El Halley era mi novia vestida de blanco que ascendió a los cielos. Nos trajo a Sabrina como una nueva madre redentora mucho antes que María; cuando José Luis Laguía era el rey de la montaña «Si su órbita cambiara… sería un acercamiento excesivo, si la órbita cruzara con…» Pero no se salía nunca del rail rojo y elíptico dibujado por el astrónomo. A pesar de lo lejos el cometa atufaba a gas butano, a frío de la calle y a vino de cartón. Y si te acercabas un poco más, en una hora sin nadie en el Miradero, oías al Halley cantando copla y la risa orgiástica de mi exnovia.

Echando cuentas me sale que para el dos mil sesenta y uno, para la próxima parada del Halley, yo tendría noventa años, figúrate. Pienso que llegará con mi exnovia adolescente y montaraz subida encima, preñada de mí (quiero decir que el bebé que espera soy yo; no que yo la hubiera preñado. El padre, mi padre sería el Halley) y mamá daría a luz en el Miradero amamantándome unos días hasta que se fueran volando otra vez. Así ochenta veces.


Texto e imagen de Garven

jueves, 23 de enero de 2020

Blessé

0


Ana Vega ha colaborado en revistas y publicaciones nacionales e internacionales, participado en antologías poéticas como La manera de recogerse el pelo coordinada por David González (Editorial Bartleby) u otras publicaciones como Poetas Asturianos para el siglo XXI de Carlos Ardavin (Editorial Trea). Ha publicado El cuaderno griego (Editorial Universos), Realidad paralela (Editorial Groenlandia), Breve testimonio de una mirada (Editorial Amargord), La edad de los lagartos (Editorial Origami), Herrumbre (Editorial Groenlandia), Llanquihue (Editorial Huerga & Fierro), Al xeito del tambor (Ed. Trabe, 2013), Auschwitz 13 (Ed. Amargord, 2013), Cantar en el desierto (Trabe, 2015) y Resiliencia (Trabe, 2015). Accésit del XXVI Premio Nacional Hernán Esquío 2008, premio de la Crítica de las Letras Asturianas 2011. Compagina su actividad literaria con su actividad docente como coordinadora de cursos y talleres de creación y creatividad y su colaboración en diferentes medios de comunicación como periodista, crítica literaria y columnista.


Poema de Ana Vega
Vídeo de Alvarez Cabrero

martes, 21 de enero de 2020