viernes, 4 de diciembre de 2020

Nunca se sabe...

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Aunque las horas parecen todas las mismas, nada queda igual tras el transcurso de estas...

En la memoria quedan esos silencios que nunca fueron sonidos, palabras...  solo recuerdos soñados de aquello que pudo ser y no fue... que en realidad quedó, hermoso y bello en el alma, en el corazón... dejémosla estar.

La noche transcurre entre sonidos y luces que me llevan al alba desde la puesta del sol. Las montañas aún no muestran su capa blanca del comienzo de las lluvias; pero encuentro destellos rojos en el cielo; me avisan de las primeras lluvias del otoño.

Creí que las estrellas vendrían a buscarme esta noche, pero encontré el destello de las sonrisas, de las palabras que me abrazan en un son de sonidos mágicos que hacen que no me mueva esta noche de mi refugio. —Llueve—

Encontré en la memoria palabras llenas de belleza, de ilusiones, de sueños… encontré algo que me atrapó en un lugar indeterminado; de sorpresas ilusorias, maravillosas, proveniente de otras partes del mundo. Ya no sé donde ubicarme, no sé donde asentarme; ya no necesito las mismas cosas de antaño.

Solo busco una silla, una mesa, papel y lápiz. Lo esencial quizás para pasar un invierno más.

Buscaba un lugar para quedarme, pero solo encuentro la duda, la incertidumbre de ésta; el no saberme ya de ningún lugar.

Buscaba compañía y solo encontré más soledad a partir de aquella que me dio la serenidad de saberme. Ahora ya no me sé. Ahora ya no me encuentro en aquella que me hizo feliz. Ahora busco lo esencial para recuperar la soledad que perdí; esa soledad que uno aprende  amar,  desear; donde el soñar y saberse se unen en una sola cosa, ser.

Bajé del coche, entré en un bar de carreteras, me senté en una mesa junto a la cristalera que miraba a la autovía y, comencé a hablarme a mi mismo, bueno, a mi reflejo en la cristalera, mientras las luces de los autos pasaban a toda velocidad, sin ellos saber que un individuo solo, estaba hablándose así mismo en un cristal, —en un bar de carreteras—.

Le pedí al camarero un lápiz, o un boli y, un café, comencé a escribir todo lo que el otro, —el otro yo me decía…—  me escuché durante horas, hasta que el camarero me vino a decir que era hora ya de cerrar, no sé si se percató de mi conversación, pero su mirada estaba algo asustadiza… —no puedo recordar de qué me hablaba—.

Me di cuenta que no toqué el café, qué la libreta que llevaba estaba completamente llena de frases y palabras que no tuve tiempo de analizar hasta pasado un tiempo, después de dormir durante días, en una localidad que no pude ver,  —llegué de noche y marché del mismo modo—, buscándome, o buscando no sé qué… quizás solo descansar;  conducía y conducía, de un bar de carreteras a otro, hasta que no podía más… y, —“no sé como”— encontré, una casa que un buen señor me alquiló por muy poco, —la casa estaba en obras—, en un pueblecito muy pequeño, se componía —“el pueblo”— tan solo de dos calles en medio de una carretera que conducía a ningún lugar, por no tener no tenía más que un bar donde se podía comprar de todo; —y ahí sigo—, con la intención de comenzar algo, o terminar, no sé; —“nunca se sabe…”— quizás es tan solo una parada.

Creí que las estrellas vendrían a buscarme esta noche, pero encontré el destello de las sonrisas, de las palabras que me abrazan en un son de sonidos mágicos que hacen que no me mueva esta noche de mi refugio. —Llueve— Que la memoria siga su curso, y aunque las horas parecen todas las mismas, nada queda igual tras el transcurso de las dudas, de los días, meses, años…

En algún lugar quedamos, dejamos nuestra impronta, pero sé, que el camino continúa, que esta será una parada; que visitaré más bares de carretera, que dormiré en otras camas que no es esta de hoy, que la maleta siempre estará medio hecha. No sé; —“nunca se sabe…”— quizás. Todo sea siempre un recomienzo, un quizás, una búsqueda continua, sombras de uno mismo que se desvanecen en el pasado mientras hacemos el presente.  

En el reflejo que deja la lluvia en el asfalto veo recuerdos, colores de otros tiempos, ni mejores ni peores, tan solo imágenes que me evocan a mí. El paisaje se torna de maravillosos contornos que me llenan de esperanzas, de sensaciones mágicas, que construyen mi presente.

Texto y foto de Juan Manuel Álvarez Romero

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Nuestros amigos

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Todos nuestros amigos
odian a nuestro presidente
pero yo no odio a nuestro presidente:
odio a quienes le votaron.

Todos nuestros amigos
arremeten contra la caja tonta
pero la caja no tiene culpa:
emite lo que piden los tontos.

No. Yo no odio a nuestro presidente
ni odio a la caja tonta.
Odio a nuestros amigos.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

lunes, 30 de noviembre de 2020

Égoga boba

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Por la mañana el barrio parece estar bien hecho.
Hay destellos brillantes que impulsan la esperanza,
el género en la puerta, una hogaza ecuménica
y un tendero que fía hasta el día veintinueve.
El sol, con su guadaña
va rajando la niebla del domingo,
la soledad del viejo
y los abuelos peinan a sus nietos
con una raya al lado
y rezan a la puerta del colegio
su credo, que es pagano y lleno de ternura.
Los carteros conocen tu vida y tu milagro
y hasta se ponen fúnebres si llegan cartas negras.
Hay hombres que pasean a sus chuchos
y conocen los cauces de la sangre
con sus mil afluentes.
El tipo que ha cruzado con la reina Heroína
tres veces ultramar
hoy confía en el verbo,
ama las bibliotecas,
espera con fervor la luz que rompe el caos
del apagón eléctrico.
En el banco agonizan los dragones sin colas.
Aquí se nutren huevos, los bulbos, las semillas.
Hay mujeres que tajan el manglar del futuro
como sotas de bastos,
amazonas obreras, circes que multiplican cero por infinito.
Y aunque todo se tuerza dentro de pocas horas
y prenda la tragedia de la mesa-camilla
hoy canto en esta égloga que el mundo está bien hecho
y enderezo las sílabas del ritmo endecasílabo.



Frase de Rocío Hernández Triano
Imagen de Pixabay

domingo, 29 de noviembre de 2020

Stand by no sólo es una canción de Extremoduro

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Hemos retrasado demasiado este momento, lo sé. El p**o virus ha conseguido que nuestro número 6 salga menos que El Cachorro (la gente de Sevilla lo entenderá). Y es una pena, porque le pusimos cantidades industriales de ilusión en un momento en el que no sobraba para nadie, en pleno confinamiento. ¡Y además con 40 páginas extra! 
 
¿Valentía o temeridad? 
 
Me inclino más por lo segundo. 
 
El caso es que decidimos, inducidos por ese sobrante de stock y las nuevas medidas de sanidad (que hay que cumplir sí o sí), poner en pausa nuestra revista en papel hasta que podamos volver a vernos en los bares. Esto no quiere decir que vayamos a dejar de aceptar vuestros manuscritos: si queréis publicar con nosotros, estas son nuestras bases
 
No sabemos cuándo habrá un número 7, aunque esté casi maquetado. Pero si no podemos realizar eventos como antes ni ver de forma tan asidua a la gente que nos sigue no tiene sentido parir un nuevo número físico si no va a ver la luz del sol ni a vosotros, criticoides. La web vive, la lucha sigue. Y las redes sociales no van a parar. Seguidnos, apoyadnos y volveremos con más fuerza e ideas nuevas para cuando toda esta pesadilla acabe. 
 
Firmado con dolor y cariño a partes iguales: A. Moreno
Selfie mañanero e idiota del mismo que os habla

sábado, 28 de noviembre de 2020

Piedrahita

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"Dios hizo el mundo en siete días... y se nota" es un pequeño gran libro de Luis Piedrahita (de formato pequeño y gran contenido). Aquí vas a encontrar humor puro, duro y de todos los colores. Cosas que son tan obvias que por eso mismo no se te han ocurrido pero al leerlas piensas "tiene sentido", otras más rebuscadas pero bien hiladas y mis favoritas: las ideas cruzadas que empiezan, por ejemplo, en un congelador, pasan por un vaso y terminan en un iceberg donde se choca el Titanic. Reflexiones que te harán pasar un buen rato o maldecir el sistema que nos organiza cuando leemos cosas como lo que dice en la contra portada (que es súper potente por otro lado); para que os hagáis una idea comparto el segundo fragmento: Los zapatos y los pies dicen mucho de la economía y la salud moral de este planeta. En este mundo sólo hay dos tipos de países: aquellos en los que hay más pues que zapatos y aquellos en los que hay más zapatos que pies.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Guárdamelo

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Guárdame el dolor
bajo enero.
Guárdamelo
hoy que quiero ser presente y no herida.
Apacíguame el ego
que quiero amarme en libertad,
que quiero amarme sin redundancias.
Guárdamelo tú,
que siempre fuiste la mano izquierda, la rabia en las ojeras,
la cerradura del búnker,
la mirilla en el tanque.
Tú, que amándome a secas, leíste todas mis cartas,
las que no son para ti,
las que no eran para nadie.
Guárdamelo una vez más,
hoy, que el dolor es compartido,
que siento tu abandono por fin como propio, que tengo pulso para escribirte
y no me siento tuya.
Hoy,
que me dedico la culpa
de no quererte siempre
pongo mi nombre como destinataria y remitente.
Voy a dedicarme todo lo que te mereces.


Frase de Alejandra Torrero
Imagen de Pixabay