miércoles, 24 de enero de 2018

Un poco de música VII

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Básico – Se refleja el Rock&Roll

Si suenan siempre así en directo quiero mi entrada ya. Este es su primer trabajo en vivo. Un digipack con el CD y DVD de la actuación registrada en la Sala Lemon de Madrid, en enero de 2017. El video, además, contiene unos minutos en los que la banda nos habla brevemente de su historia e impresiones.

Repasan su trayectoria con temas muy accesibles y directos, puro rock. También hay tiempo para un par de versiones cuanto menos curiosas: Cielito Lindo al ritmo de rock&roll y Jalisco, en cuyo estribillo les sale la vena ska. En mitad de este último encajan un pasaje del Johnny B. Goode del desaparecido Chuck Berry.

La formación de Básico:
Arturo: Voz principal
Carlos (Charly): Bajo
Juan: Guitarra
Javi: Guitarra
Josete: Batería
Tito: 2ª Voz.
https://www.facebook.com/BasicoRock/


The Buyakers – El bar de los muertos

Tras admirar el cuidado diseño de cubierta y libreto (currazo de Chema Gallardo) ponemos a dar vueltas el segundo CD de esta banda de Puertollano. Muchas referencias, instrumentos y estilos en torno a un rock ameno y bastante divertido en general. Tiran del swing y de otras músicas de época para ambientar ese Bar de los muertos que imagino repleto de no-vivos canallas que fuman y beben ron bajo una espesa nube de humo. También se ponen algo serios y melancólicos en temas como Para qué canto un blues. Producido por Lichis, quien además pone su voz en Cuatro vientos (corte que abre el disco) y grabado en los estudios Felicidad Producciones.

Los integrantes son:
Sergio González (Suko): Voz, guitarra, Ukelele y Banjo
Victor Mohedano (Vic): Guitarras por doquier, Ukelele
Jonathan Blanco (Johnny): Trompeta y coros
Grego Merchante: Batería
Fernando Ortega: Bajo y coros
Carlos Mazoteras: Laúd, Panderetas y coros
Fernando Fernández: Trombón
Pablo Cobos: Teclados, pianos y coros
https://www.facebook.com/thebuyakers/


Golpe Radikal – Sombras

Segundo larga duración de una joven banda procedente de Pobra do Caramiñal (A Coruña). Combinando dos voces agresivas y abrasivas (una más grave y gutural y otra más aguda) van repartiendo leña a quien se ponga por delante con un metal contundente en la línea de los Koma más serios o Soziedad Alkohólika. Mantienen vivo el estilo con trallazos, como el que abre y da nombre al disco o Nunca rendirse. La morriña en forma de canción nos llega con Cinzas, cantada en galego.
Grabado por Chichi en los Estudios Mafia. El cuidado diseño corre a cargo de Amalia Gorgoso y Breo Alamancos del estudio LIG.

La banda:
Suby: Voz aguda
Ritxi Corsario: Voz grave
Richi Rasta: Bajo
Jorge: Guitarra rítmica
Lemark: Batería
https://www.facebook.com/golperadikalgr/

 
DeFacto – Fugaz

Estamos ante su debut discográfico. Llegan desde Cataluña ofreciendo un rock urbano con algunos destellos de metal aquí y allá. Buenas melodías y letras cotidianas de tintes personales. Los riffs suenan contundentes y el trabajo de las dos guitarras tanto en los momentos cañeros como en los más intimistas es impecable, armonizando y complementándose. Acaban de arrancar como quien dice pero con este trabajo bajo el brazo no es mala forma.
Grabado, editado y masterizado por Txosse Ruiz en Wheel Sound Studio de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). El diseño es obra de José L. Serrano Silva.

De Facto son:
Isra: Voz
Javi: Bajo
Carlos: Guitarra y coros
Dani: Guitarra
Anwar: Batería y coros
https://www.facebook.com/losdefacto/
Foto y texto de A. Moreno



lunes, 22 de enero de 2018

Los colmillos del jefe

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Todo el mundo organizado en guerrilla
contra algún villano a la medida,
y dentro de cada guerrilla los perros se muerden los flancos
por lograr ponerse a la cabeza del trineo,
y son recolocados en su sitio con un castigo en la frente
o directamente expulsados al vacío,
hasta que fundan una nueva secta a la medida
contra el grupo que no les permitió ascender.
Ascienden más rápido, en cambio, los perros sin colmillos
que no suponen amenaza para el jefe,
los que usan como suyos los colmillos de su jefe,
los que insultan con insultos inventados por su jefe,
los que dicen sí a todo lo que el jefe encarna y
dicen no a todo
lo que al jefe
le amenaza.
Esos suben,
como espuma,
y reciben regalitos mimbre
y celofán de navidad en pleno agosto,
y hasta diplomas que confirman
su Humanidad ya incuestionable.
Esos soldados,
reconcentrados en notar dónde conviene cobijarse,
son el futuro de la especie.
Son paradigma de la especie.
No son ni hormigas. Son más pequeños que termitas. Pero saludan
a quien hay que saludar,
y mandan fotos a quienes tienen que mandar,
y son atroces cuando parten
a quien toca destrozar.

No les envidio.
Es que les odio.

Ellos sí tienen
privilegio para ser
y revolcarse en el jardín de las delicias,
mientras que la verdad y la coherencia se mueren de asco
rebuscando en papeleras.
Mi ego les odia.
Mi narcisismo de defensa, de samurai sin dueño ni más musa
que un dibujo de Dulcinea con líneas rotas de salirme al colorear.
Mi ego les odia,

pero este llanto no es por mí.

Esto es
por el derecho a pensar por uno mismo,
a cuestionar la autoridad,
a ponerse vulnerable,
al abrazo del conflicto que hace más fuerte, al sí a la vida,
al sí a recordar que hay mucho más que un puto estátus,
que un puto marcador de la Eurocopa.



Poema de Chema Villalba
Imagen de Pixabay


sábado, 20 de enero de 2018

Hecatombe presenta: Wasteland

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Imagina que en lugar de pisar uvas te da por dejar que el trigo fermente hasta que tu cerveza tenga un 10% de alcohol. Pues eso mismo fue lo que la modesta compañía cervecera Hecatombre Brewing Co. presentó anoche en La Jerónima. El local con el lema "Books and beers" acogió la puesta de largo de la última creación de estos locos barones de la birra: la Wasteland, una wheat wine (variante de las barley wine inglesas) con muchos matices y perfecta para esta época de frío. Como viene siendo habitual, pudimos comprobar de primera mano (o sentidos) el cariño y la pasión por lo que hacen.

La cerveza, de un ambar oscuro muy atractivo y una espuma persistente, tiene notas olfativas de frutos secos; en boca, fruta madura y caramelo. Los diez grados se notan, pero de una forma cálida y agradable con un final amargo de lúpulo. Para ramatar, vuelven a deleitarnos (también) la vista con una espectacular etiqueta.
Los responsables dieron una breve pero intensa prueba de sus conocimientos en la materia y explicaron todo esto y mucho más con humor, algo de lo que van sobrados. El resultado, a pesar de la gradación, llenazo absoluto y esperamos que barril seco.

Un placer volver a pasar un rato con estos maestros cerveceros que van con la humildad y el buen rollo por bandera. Estaremos atentos a sus próximos movimientos porque por ahora, ninguna de sus creaciones ha decepcionado.

De alguna de estas cosas y otras muchas más pudimos charlar con ellos en esta entrevista que le hicimos el pasado mes de octubre. ¡DENTRO VÍDEO!


 Texto de A. Moreno
Fotos de Saray Pavón

jueves, 18 de enero de 2018

Espadas en el Viento

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    Johnny mantiene fija la mirada en el suelo del camión, esquivando las de sus compañeros. No quiere que noten lo nervioso que está. Le avergonzaría. Sabe que algunos de ellos le envidian por haber sido el alumno predilecto del Sargento Farrell, y lo usarían para poner en duda su valía como jefe de escuadrón.

    Para evadirse piensa en Amy, en lo mucho que la echa de menos. Sólo quiere volver a casa con ella, intacto y completo, y criar juntos al hijo que pronto tendrán. Si vuelve mutilado, enfermo o desfigurado, si se convirtiera en una carga para ella, no sería capaz de soportarlo. Es mejor no volver.

La Asgard que recorría Thrud no era más que un cascarón vacío. No quedaba casi ninguno de los habitantes de sus palacios. Se estaban extinguiendo. Los hombres habían dejado de creer en ellos en beneficio del Dios de los hebreos, al que ahora también estaban abandonando. Sólo unos pocos, los más importantes, se mantenían a salvo del olvido gracias al arte y a la ficción. Uno de ellos era Thor, el padre de Thrud. Había perdido a todas sus compañeras y hermanas, pero de él era imposible librarse. Y le gustara o no, tenía que verle.


    Una repentina explosión hace que el vehículo se detenga. Johnny coge su fusil y pone en práctica su entrenamiento. Una de sus cualidades que el Sargento Farrell más valoraba era su capacidad de concentración; ahora es el momento de demostrar a sus compañeros que el instructor no se equivocaba con él.

    Conforme todos van bajando del camión, empiezan a disparar. El enemigo está muy cerca. Johnny no se deja atemorizar. Ya no. Centra sus cinco sentidos en sobrevivir y en salvar a tantos compañeros como pueda.


Thrud llegó a Bilskirnir, el palacio de su querido y odiado padre. Poco a poco, el lugar se estaba resquebrajando. Pero allí seguía él, sentado en su trono, melancólico. Ella se acercó y le saludó con una reverencia.

- Puedo imaginar por qué has venido - dijo Thor -. Sólo acudes a mí cuando crees haber encontrando de entre los humanos a alguno que merezca la pena.


- Tú me enseñaste lo importante que es contar con tu consentimiento.


- ¿Aún me reprochas lo de Alvíss? No iba a consentir que mi hija se casara con un vulgar enano. Además, la culpa fue tan suya como mía. Deberías darme las gracias, al menos de esa forma tienes una estatua para recordarle. Si no, habría desaparecido hace tiempo por culpa de esos humanos a los que tienes en tal alta estima.


- Hay uno - replicó Thrud -. Al menos queda un guerrero valiente y honorable.



    Tras darse cuenta de que ha disparado la última bala de su último cargador, Johnny se prohíbe a sí mismo darse por vencido y coloca la bayoneta en el cañón de su fusil. Permanece oculto, esperando la ocasión de atacar.

    Mira a su alrededor. Ve que varios de sus compañeros hacen lo mismo. Uno de ellos le mira y asiente. Estamos contigo, Bonham. Vencer o morir. Y así es. Deben seguir luchando con fiereza hasta que lleguen los refuerzos. No tienen alternativa.


- ¡Ya no queda honor entre los hombres! - respondió Thor - ¿Qué fue de la gloria en el combate? ¿De las espadas en el viento? Lo único que hacen ya es aniquilarse a sí mismos usando fuego, hambre y enfermedades. ¿Y dices que has encontrado honor en un escenario semejante?

- Soy una valquiria, no puedes pedirme que deje de buscar. Y sí, he encontrado a alguien que merece estar en Valhalla. Tal vez recibiendo en su palacio a un nuevo valiente, Odín perdure algún tiempo más.


Las osadas palabras de su hija enfurecieron a Thor, pero pronto se apaciguó al caer de nuevo en la melancolía.


- Está demasiado débil - lloró el dios del trueno -. Ya no es ni la sombra de la sombra de lo que era. Te ruego que no juegues tan a la ligera con la esperanza.


    El fuego se detiene. Los enemigos creen que han vencido. Empiezan a avanzar hacia Johnny y sus hombres, los cuales permanecen agazapados, esperando a tenerlos cerca para atacarlos con sus bayonetas. Cuando llega el momento, Johnny es el primero en salir de su escondite. Consigue apuñalar a dos de ellos, pero un tercero le dispara de frente con un lanzagranadas, provocándole un dolor más allá de lo comprensible. La oscuridad envuelve a Johnny. Todo se acaba. Sólo lamenta no poder conocer a su hijo.


 
Thrud y Thor contemplaron la batalla. El dios del trueno tuvo que reconocer que aquel guerrero había caído como un valiente de antaño, y autorizó a su hija a bajar a Midgard para recoger su alma. Así lo hizo ella, deseando ofrecer su consuelo a Johnny y llevarlo ante su abuelo, como solía hacer cuando los Æsir eran fuertes y poderosos.

Pero la ilusión de Thrud se desvaneció ante un panorama tan decepcionante como horrible.



    Johnny ya no siente nada. Su sistema nervioso está muerto, pero no el resto de su cuerpo. No es más que una maraña de tubos y cables. Le mantienen conectado a una máquina que le obliga a seguir con vida para que sus seres queridos prologuen su sufrimiento, albergando la esperanza de que algún día vuelva a ser el que era. Un día que nunca llegará. Y mientras tanto, su alma permanece prisionera.


Thrud se compadeció de Johnny. Desde lo más profundo podía oír sus desgarradoras súplicas. Dejadme descansar, por favor. Dejadme descansar. Pero ella no podía intervenir en Midgard, sólo observar.

Encontró en el lugar un símbolo que reconocía y que, con el tiempo, había llegado a temer: la cruz cristiana. Una cruz del color de la sangre, sobre un fondo blanco.


Apenada, Thrud regresó a Asgard con su padre, sin saber cómo explicarle lo que había ocurrido. Para su sorpresa, él no le reprochó nada. Sabía que cuando Odín desapareciera, los demás también lo harían. A pesar de las falsas esperanzas que le había traído su hija, lo único que deseaba era poder pasar en paz con ella el poco tiempo que les quedaba.



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Román Pinazo lleva escribiendo relatos cortos desde 2001 y novelas desde 2013. Suele centrarse en el género fantástico, ya que le supone una forma de evasión para el mundo real, que considera gris y aburrido. Hasta ahora ha publicado tres obras: La Otra Vida de Motherfuckerbaby, una historia de humor, fantasía y viajes en el tiempo, Crónicas de Villesainte, a medio camino entre la espada y brujería y la novela negra, y la delirante El Baile de los Sátiros, que muestra a Sevilla bajo el terror de los zombis en plena Feria de Abril. Además coordina la antología literaria Codex Alimentarius, donde cada escritor puede expandir el universo narrativo en el que se desarrolla aportando entre uno y tres relatos cortos.


Texto de Román Pinazo
Imagen de "La Valkiria", de Emile-Antoine Bayard



martes, 16 de enero de 2018

Libros abandonados Vs. adoptados

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Abandonado: Son muchos más los libros que no he entendido y los que no entendería que los que he abandonado. También yo fallé y fallo con El señor de los anillos (y con Harry Potter). Rayuela fue un penar, aunque disfruté con los personajes y los experimentos no tuve ni la mínima intención de leerlo saltando. Tras la invasión del pijama de franjas azules y blancas, desde el día en que lo terminé lo abandonaría. En general, los libros gordos y densos me dan demasiado respeto como para atreverme a intentar adoptarlos y los cómics de superhéroes no me enganchan.

Adoptado: El árbol rojo, de Shaun Tan. Una joyita cuyas páginas no se pasan, se incorporan. Me gusta pensar en el libro, en el momento en que apareció, en el pez que lo acompañaba y en lo frondoso que puede ser un árbol rojo. En la estantería que no abandonaría, estaría acompañado por libros como Calles de arena, El Quijote y Cien años de soledad, para que apoyados no se caiga ninguno. Dentro de cinco minutos vendrá a mi mente alguno más e intentará empujarlos. No, ya están empezando a empujar. ¡A ver! ¡Orden! ¡De uno en uno!

Texto de Mario Tornillo

domingo, 14 de enero de 2018