sábado, 24 de agosto de 2019

El señor de las moscas

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Digamos que es como tomar el café perfecto. La temperatura es la idónea, el sabor te embriaga y su color seduce tu iris: así es este libro. Atrapa desde la primera página. Va desgranando la historia dando la información precisa para que imagines pero sin adelantar elementos: ya descubrirás por qué suceden los acontecimientos.

Lo visual predomina: una vez dentro de la escena percibes al 100% el lugar y los personajes por su escritura envolvente. Se desarolla con una maestría tanto en la parte narrativa (con vivencias sobrecogedoras) como en los diálogos que te hará disfrutar de cada página haciendo que 250 pasen volando y sepa a poco. Libros así... se pueden contar con los dedos de la mano así que atesóralo en tu estantería (se me ocurre incluir en esta categoría Asfixia, Los hilos del aire, Metafísica de los tubos, Galveston, True Detective, Los asesinatos de Manhattan, La conjura de los necios, Señora de rojo sobre fondo gris, El árbol de la ciencia, Millenium 3 (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire*), Ensayo sobre la ceguera, Frankenstein).

La trama/sinopsis:
la estructura gira en torno a una treintena de muchachos solos en una isla desierta y representa una ilustración de las tesis que sitúan la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre. Cuando los controles se relajan aflora la naturaleza de cada uno.
*El asterisco indica que no me convenció totalmente.

jueves, 22 de agosto de 2019

martes, 20 de agosto de 2019

Píldoras de Papel

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Llorar a lágrima viva con el primer poema de Píldoras de Papel y seguir bebiendo de este necesario libro, tan directo y brutal como Ana Patricia Moya.

Palabras de acero afilado, gritos amarrados en las cuerdas vocales que, por fin, se desatan, la verdad con mayúsculas. Cuando sientes que toda tu vida se ha volcado y nada está en su sitio, tras el pataleo, con las córneas ya secas tienes muchas opciones: los hay que se quedan varados en la soledad de su cuarto, otros reconstruyen su cordura con cápsulas-poemas.
 
La escritura es un lugar de encuentro para sus sentimientos. Aquí: fragilidad y fuerza se toman de la mano para saltar al vacío del papel, para entintar nuestras venas. Cada Ana tiene su propia voz en la poesía: ingenuidad, ira, irreversibilidad, indignación, indiferencia, etc.

No tienes dónde agarrarte, sonámbula paseas por la primera parte. La cruz dorada / brilla en el suelo mientras en el cerebro explotan mil ideas. 1999 es una fecha señalada donde la felicidad viene en dosis pequeñas. Seguimos paseando por ciudad angustia hasta que nos encontramos con Peter Pan y sus fantasmas (segundo asalto). Es este tramo, como dice Graciela Baquero, "el más infantil de los recuerdos / es un adulto". El vacío se apodera de nuestro pecho y los cuentos que nos vendieron sólo sirven para acumular polvo en la estantería. Así llegamos a eso extraño que llaman amor (tercera celda). Ahí se agrupan las decepciones, los ex's y sus baladas de mentiras. Love is Hell. Por eso mi corazón es tundra (cuarta planta). Detrás de las costillas la decadencia avanza: esta vida es para los deshonestos. Y más [post] traumas Disney (quinta soga), donde la inocencia, ya descuartizada y frágil, se asfixia en cuestiones sin resolver. Su piel se aprieta contra los huesos cansada de ser el juguete (erótico). Sólo nos queda escribir, / aferrarnos a las palabras.

Las píldoras de papel son el sexto sentido, cicatrices que duelen cuando el tiempo cambia, patadas de realidad. Pero el tiempo sigue corriendo. Aún hay puntos suspensivos, más vivencias-poemas que están al llegar y nosotros estaremos aquí, deseando acoger en nuestras manos su próxima publicación: porque Ana apretó el gatillo y nos dió de lleno.

Estoy agradecida de que este libro haya caído en mis manos: por el contenido y por la acertada idea que tuvo Ana de compartirse con el mundo.

domingo, 18 de agosto de 2019

Dios me debe un dólar

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Dios me debe un dólar:
He hecho el payaso
y a los payasos se les paga.

Dios me debe un dólar.

No leí la letra chica.
Nadie mencionó que intervinieran mujeres sin alma.
Percibí pronto que se trataba de un asunto turbio.
Me liaron, eso es todo.

Dios me debe un dólar.

El guión se amañó sobre la marcha.
Los actores lloran y beben bourbon sentados en un rincón.
Un fracaso de taquilla: un solo espectador que ríe desde su butaca.
Fuimos estafados: Le puede pasar a cualquiera

Dios me debe un dólar.

Hice, hicimos, lo que de nosotros se esperaba.
Fue cómico y triste. Fue vergonzoso también.
La organización responde con vaguedades y evasivas.
El espectador se partió el pecho pero a mí no me hace gracia.

Dios me debe un dólar.

¿Tan difícil es de entender?
No quiero el cielo:
Quiero mi dinero.


Poema de Sergi PuertasTira mis sueños a la calle y la lluvia los hará crecer, Ed. Crecida, 2000
Imagen de Pixabay 

viernes, 16 de agosto de 2019

La plazuela

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Palpita tu gran corazón de asfalto,
bordeando tus puertas y ventanas.
Brotando en ti la vida en las mañanas
con gran tropel de pasos al asalto.

Reluces con el sol en lo más alto, 
tu rústica belleza nos desgranas.
Eres acera vagabunda urbana,
que huyes de tristezas y sobresaltos.

Deambula la luna en sus desvelos
por tus calles de piedra, cal y tejas
y consigues coronarte en sus vuelos,

con la forja barroca de las rejas.
Y con sombras de negros terciopelos,
vestirá por las noches tus callejas.



Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay

miércoles, 14 de agosto de 2019

El sendero de las palabras

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Cuántas veces yo he cogido
el sendero de las palabras,
solo para acercarme a ti.
En cada letra de tu nombre
busqué mis raíces y mi infancia,
que fueron los atajos en mis versos.
Sin rumbo deambulé por tus calles,
escuchando ecos adormecidos
de cerrojos tras las puertas,
con susurros y voces familiares
de mañanas recién hechas.
Vocales hechas árboles,
consonantes que son riveras,
gramática libre, sin etiquetas.
La voz del jilguero en el viento
sin tiempo, sin espacios. 
Cazalla, tu nombre se cruza 
y se diluye entre mis letras
como niebla matutina.
Los verbos se funden
entre metáforas imperfectas
por altozanos encalados
ceñidos a empinadas cuestas. 
El acróstico con tu nombre
voy buscando entre las letras.

Caminé por tus noches de verano
Asomándome a tus rincones,
Zaguanes perdidos en la penumbra
Acariciados por mil abanicos.
La cálida cadencia de tus acentos,
Las viejas y chirriantes mecedoras.
Acechan en la noche mis recuerdos.

Y seguiré caminando 
por el sendero de las letras...
Tatuaré tu nombre en el aire
para impregnar el aire con tu esencia.



Poema de María del Carmen Pacheco Sánchez
Imagen de Pixabay