lunes, 2 de agosto de 2021

No aspires

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No aspires a disfrutar porque tu placer te destruirá. No aspires a enamorarte porque no mereces que nadie se enamore de ti: los que te amarían te amarían por tu apariencia, nunca por lo que eres. No esperes que la vida te dé algo, porque cada año que pase te quitará algo. Ni siquiera aspires a una cosa tan sencilla como alcanzar la tranquilidad, porque no tienes ningún motivo para estar tranquila.

Fragmento de "Estupor y temblores", Amélie Nothomb
Imagen de Nancy Depew


viernes, 30 de julio de 2021

El último

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Con aspecto de náufrago, el General Crawford desbloqueó la compuerta del refugio. Al abrirla, el sol le cegó durante unos instantes. Recuperó la vista y pudo contemplar con sus propios ojos el horror que lo había estado esperando fuera. Ni su imaginación ni ninguna lectura de los ordenadores le habían preparado para ello. Ahora entendía por qué sus compañeros durante aquellos años, el Teniente Donovan y sus técnicos, no habían sido más que cadáveres uniformados. Silenciosos, inertes, vacíos. Como el resto del mundo. El General, en cambio, había estado en shock cuando repartieron las cápsulas de cianuro, y no le habían dejado ninguna para él.

Crawford se apresuró en su expedición al exterior. Tenía que encontrar provisiones, las del refugio estaban a punto de agotarse. Mientras sorteaba escombros y objetos calcinados, le pareció escuchar susurros. Miró hacia abajo y descubrió que entre los obstáculos había restos humanos. Cráneos. Pisó con más cuidado, pero no redujo el ritmo. Quería dejarlos atrás cuanto antes, temeroso de lo que pudieran decirle. En el refugio los muertos no hablaban; él, como máxima autoridad, se lo tenía prohibido. Pero allí en exterior su rango militar no le servía de nada.

Finalmente encontró lo que alguna vez fue una tienda de alimentación. Estaba casi vacía, pero al menos se mantenía en pie, y aún quedaban en su interior algunos productos. Registrando el local encontró un pequeño montón de latas. Se puso a rebuscar entre ellas hasta que se dio cuenta de que ya tenían dueño.
A pocos metros, sentado en el suelo, había un esqueleto femenino, con las cuencas oculares vacías y recubierto de una costra verdosa que hacía las veces de piel. En sus brazos sostenía un esqueletito envuelto en una manta.

        -Mira hijo. Ha venido alguien. Un General, nada menos.
        -¡Callate! - le respondió Crawford a la voz que oía en su cabeza -. No puedes hablar, estás muerta.
        -No estás en posición de darme órdenes. Y los muertos... lo sabemos todo.

Crawford intentó ignorar a aquel cadáver parlante, centrándose en llenar su mochila con latas de comida. Pero el cadáver no se callaba.

        -¿Para qué quieres eso? ¿Todavía te empeñas en sobrevivir? Olvídalo, ya no queda nadie más.
        -¡He dicho que te calles!
        -Llevas demasiado tiempo negándote la verdad, por eso no quieres hablar con nosotros.
        -No eres real.
        -No lo soy, pero lo fui, y tú me mataste. Nos mataste a todos.
        -Fueron los iraníes.
        -Ah, sí, iraníes. Pero, ¿quién hizo lanzar las primeras bombas? ¿Quién se dejó llevar por sus delirios de grandeza, pensando que sería un héroe para el Presidente y para todo el mundo entero?
        -Donovan me dijo que su dispositivo anti-radar haría invisible el ataque. Habla con él.-Ni siquiera esperaste a que lo probaran.
        -No estaba solo.
        -Esos hombres cumplían tus órdenes, y se arrepintieron. Crawford soltó la mochila y respiró hondo. Empezaba a derrumbarse.
        -¿Crees que yo no? Llevo años viviendo con eso. Es lo que querían para mí. Es lo que merezco. Nada de lo que haga va a arreglar las cosas, sólo me queda atormentarme por mis errores.
        -¿Y de qué te ha servido? Como ves, mi hijo necesita un padre. Podrías ser tú, General. ¿Por qué seguir sufriendo? Quédate con nosotros.

Aún sabiendo los peligros de estar expuesto a la radiación, Crawford consideró seriamente la oferta. Aún no estaba preparado para decidir algo así, pero, abrió una lata y se sentó a comer junto a aquella madre y su hijo. Raviolis rellenos de carne, llevaba años sin probarlos. Por primera vez en mucho, esbozó algo parecido a una sonrisa.

Aquello fue un verdadero festín. Cuando terminó se quedó tan a gusto que se tumbó a echarse una siesta. Una larga y reparadora. Se puso todo lo cómodo que pudo en aquel suelo lleno de escombros, cerró los ojos y, al fin, hizo las paces con los muertos. 

Texto de Román Pinazo
Ilustración de Saray Pavón

miércoles, 28 de julio de 2021

Microrreseñas

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Frontera, de Carmen Herrera Castro.
Nuestra querida maestra de la intervención y los poemas visuales se desenvuelve bien en cualquier tablao. En este libro de relatos se mantiene su humor deliciosamente ácido, con toques sarcásticos a veces endulzados para dar respiros al lector. Ideal para leer en esperas, de una sentada o a pequeñas dosis. Las ilustraciones que aparecen son azulejos en VRSA y sabemos que va a mantener ese estilo en otra de sus próximas publicaciones. Sus manos nunca descansan, así que estamos seguros de que pronto tendremos motivos para volver a hablar de ella.

El jardín de los instantes, de Pepi Bobis Reinoso.
Esta musa de carne y hueso es una alma polifacética que nos atrapa en cada latido, en cada verso. Este poemario, editado por Noctiluca y con la ilustración de la portada de Rosacruz Trigo, nos vuelve a dejar la almohada »sembrada para siempre de sueños».

Literatura tridimensional, de José Antonio Gamero Romero.
Este libro pretende aunar los diferentes tipos de arte para ofrecer a sus lectores una aventura envolvente. Nos encontramos ante relatos que funcionan como historias independientes y, a su vez, tienen un hilo que las une. En ellos el detective Rick Bourbon se las tendrá que apañar para resolver casos -y su vida-. Ideal para desconectar de los quehaceres.

 

Texto de Saray Pavón
Imágenes googleadas por Antonio Moreno. Buscadlo a él para represalias 😁

lunes, 26 de julio de 2021

La piedra

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La piedra, plana por un lado y ligeramente abombada por el otro y tres picos que hacían que se acoplara a su mano como un guante. Era perfecta.

Su padre le había explicado la ciencia de aquello dos días atrás cuando habían llegado a la zona del lago donde acamparían por primera vez y él, con ocho años recién cumplidos, lo había pillado a la perfección, pero la piedra nunca era la idónea.

Ahora, por fin, la había encontrado y estaba deseando tirarla…

“Papá” gritó hacia el campamento. “Papá, he encontrado una piedra genial, va a dar por lo menos seis botes antes de hundirse”.

Ya se lo contaría. Apoyó bien los pies, giró el cuerpo y lanzó el brazo hacia adelante. En el momento justo soltó la piedra.

Fue un lanzamiento perfecto.

El primer bote fue a seis metros de él. El segundo…
A su padre le encantaba bucear. 

Texto de Migue Carrión
Imagen de www.pixabay.com

sábado, 24 de julio de 2021

Bajo este Sol que me ofende

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Debajo de un TABÚ hay algún grano adolescente que no se curó bien,
una cicatriz que no se admite por orgullo,
miedo a crecer y dejar atrás un poder que ya no vale
(mi derecho a ser alimentado porque lloro fuerte).

Sosteniendo los TABÚS está
la espalda de callados y calladas,
apaleados por la osadía de no haber cometido crimen ninguno,
pagando justos presentes por pecadores ancestrales,
aguantando el miedo de adquirir ojos de esclavos,
de perros negros limpiacuadras para aquellos que llegaron a la cima
con los tabús como escalera.

Debajo de un TABÚ hayuna víctima que
ya no es víctima sino
otra cosa
que crea víctimas nuevas que
ahora nadie cura.


Texto de Chema Villalba
Ilustración para nada perturbadora de Saray Pavón

jueves, 22 de julio de 2021

Reseña de Libro huérfano

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Carmen Aliaga, según lo han calificado otros autores, nos trae un pequeño diamante: treinta y cuatro poemas sin títulos, identificados por la letra roja de la primera palabra que abre el verso. Desde el mismísimo título, Libro huérfano es una bella metáfora que se despereza, abre los ojos para iniciar su tránsito con un poema que puede servir tanto de prólogo como de epílogo; en él, a ráfagas, nos dice: Salir del sueño / …abandonar / … exponerse abierto… / soñar ya no me pertenece… y lo cierra con contundencia: Los motores registran mi no velocidad. Te introducen en la esencia del poemario: Sueño, Infinitud espiritual, Introspectiva, Acercamiento, Huida y Pérdida buscándose la autora en la ausencia de sí misma, en el no reconocimiento, en la no pertenencia de este mundo cuanto menos feamente ruidoso y la quietud del abandono a la velocidad del tiempo inevitable, como inevitable es el paso del tiempo.

Un libro de una inmensa profundidad. Vértigo se siente en algunos poemas, en otros la huida, el vacío o el escapismo la sitúan más allá de ella misma, en la soledad del desamparo; soledad en la que se percibe una mezcla de rabia y de inconformismo y a la vez aceptación, (permítanme el oxímoron), aderezado con cierta melancolía y claros soplos de nostalgia. Más que existencialismo, casi metafísico dijo el poeta Alonso de Molina, misterioso, doloroso muchas veces en esa permanente lucha o conflicto de lo real con lo fatal, con lo ineludible.

Libro huérfano se divide en tres partes bien hilvanadas: I Gestación, II Alumbramiento y III Orfandad. Arropadas por el poético canto de la autora, por lo trascendente, la evocación de los recuerdos, por una construcción casi idílica de sueños y aspiraciones, por las propias vivencias y la sonoridad que sus huellas van dejando en vida.

Gestación, parece lógico, es la parte más optimista y más amable: inicia el vuelo con una cita de Chantal Millard que dice: Heme aquí creyendo, queriendo creer. Sugiere pues la autora que a ella le gustaría creer en el Mundo en el que vive. Y nos cuenta: “Amo sus esqueletos… / su corazón en carne viva / su sangre fresca […] Esa pequeña vértebra que me une al Mundo”. En otro poema dice: “No existe ningún viaje comparable /La tentación primera / La gran valla publicitaria de la vida". Pura gestación queriendo crecer. Pura rebeldía al no reconocerse ante la hostilidad que nos rodea, al que solo se siente unida por esa pequeña vértebra. Más adelante Carmen nos regala metafóricas imágenes con sabor a aspiraciones sinestésicas y nos dice “Yo ensanché mi caudal / Palpar la consistencia / del aroma que vuela [...] Los soles de su boca / la silvestre frambuesa de la espera”. Con otro brillo la poeta nos eleva con el “prodigioso vuelo del colibrí”.

 

En Alumbramiento, para situarnos en la escena nos dice: “Entonces / todo era miedo / incluso la pureza”. Van apareciendo sobre los raíles por donde transitan sus once poemas, el dolor presente en cada parto, como la permanente confrontación entre realidad y deseo (aprovechando a Cernuda) o la fatalidad de lo inevitable: nacer, crecer, morir; que con ese estilo tan personal que tiene la pluma de la poeta, nos lo expresa de forma mucho más soñadora afirmando: “fruta que se desploma / hueso que vuelve a la tierra [...] prematuras agujas donde enhebran alternos / los invisibles hilos de la luz”. Para ello ha tenido que “Atravesar el aire / y las locomotoras / como un dragón enorme / como en la Historia Interminable”. Y como en un gran impulso poético, nos cuenta de "cabalgar de ríos que se derraman, caóticos caballos, desde casi la muerte, de ruedas de molinos, de estrella que se estrella" y otras figuras poéticas, de intuición bien afinada, desatan nuevamente los vuelos emocionales del lector.

 

Nos zambullimos en Orfandad con estos versos: “Esto no es más que una zona de selva. / Vieja tierra de nadie / donde habitan / caníbales”. Podríamos entender esta orfandad como esa lucha continua que supone el existir. La muerte de los días pasados sin los cuales no serían posibles ni los presente ni los futuros.

Pero afortunadamente, este poemario admite innumerables interpretaciones: un sesudo recuento de la dicha o tragedia de los sucesos cotidianos... La poeta lanza el dardo, acercándonos a ese punto de mira donde las personas no se reconocen en el entorno donde habitan. Carmen saca toda la artillería del ingente poder del verso: A la altura precisa [...] la dinamita estalla”. “Los perros salivan / al oler mi corazón”. “Queda declarado / el estado de sitio”.

Nos derrama la verdad de una forma directa, pero bellamente enrocada en el propio lenguaje para que sea el lector el que deduzca e interprete sus luces y sus sombras al desplegárseles las incansables alas de las emociones; buena poesía por tanto. Libro huérfano se alimenta de imágenes poéticas y es atemporal, universal, concreto, sintético, sorpresivo, insinuante, emocionante, rítmico y cuyo hilo conductor es el viejo, acertado y consabido postulado poético y filosófico del paso del tiempo por la vida.

Año: 2017
Editorial: Olifante Ediciones de Poesía, vol. 75 de Papeles de Trasmoz.
Nº de páginas: 60
PVP: 10€

Texto de Aborojuan
Imagen de la portada cortesía de la editorial