sábado, 18 de septiembre de 2021

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Quien me trajo al mundo se ha ido hoy del mundo.
Ella, que me llamaba a todas horas, para saber de mí.

Lo mal que la traté y lo mal que nos tratamos,
aun queriéndonos tanto; y lo poco que supiste de mi vida
en los últimos tiempos, ocultándote lo mal que me iba
en mi matrimonio y en todas partes
y tú sabiéndolo, porque, al fin, todo lo sabías,
me veías beber esos licores fuertes,
me veías esa sed tan rara, esa sed tan desconocida para ti,
que tanto te asustaba y tanto temías.

Ya nadie me llamará, tan obsesivamente, para saber
si estoy vivo, y a quién le importará si estoy vivo o muerto;
yo te lo diré: a nadie.

De modo que el gran secreto era éste:
ya estoy completamente desamparado,
arrodillado
para la decapitación,
para el anhelado adiós de este cuerpo,
de esta existencia meramente social y vecinal que lleva mi nombre,
nuestro nombre.

No volveré a ver nunca
tu número de teléfono en la pantalla
de mi teléfono móvil; tú, que te quejabas de que no tenías uno,
de que yo no te regalara uno,
te juro que no hubieras sabido hacerlo funcionar,
lo habrías tirado por la ventana,
como yo haré con el mío esta noche del supremo delirio.

Porque eras un número de teléfono, cincuenta años
en ese número encerrados: nueve siete cuatro, treinta y uno,
cero, cuatro, tres, nueve.
Márcalo ahora,
márcalo si tienes valor y te contestarán
todos los misterios inconmensurables: el tiempo y la nada,
la ira roja
de los peores huracanes celestiales,
la árida y blanca nada convertida
en una mano negra.

Daba igual dónde estuviera: podía estar en América o en Oriente,
tú llamabas, tú llamabas a tu hijo siempre
porque yo era Dios para ti, un Dios fuera de la ley,
poderoso y sagrado, lo único real y suficiente,
siempre tu hijo fuera de todo orden, siempre reinando,
porque todo cuanto yo hacía e hice recibió tu larga aprobación,
cuya moralidad no es de este mundo.

Sabedlo.

Tú, que me amabas hasta la desesperación.
Tú, que derramaste sangre por mí y por mi discutible y oscura vida,
llena de liturgias cuyo sentido tú desconocías,
y hacías bien, pues nada había que conocer, como finalmente
he acabado sabiendo,
igualado en ese conocimiento
al más sabio de los hombres.

Y ahora, otra vez camino del Crematorio,
como ya escribí en un poema con ese título,
en el que hablaba de tu marido, mi padre,
a quien también quemamos,
unos mil grados alcanzan esos hornos.

Mi gran padre, del que tú te enamoraste —vete a saber por qué—
en mil novecientos cincuenta y nueve,
y a quién demonios le importa ya sino a mí,
el que siempre os quiso tanto y os querrá hasta el último minuto del mundo.

Te di un beso en la santa frente helada
un domingo
por la mañana
de un veinticuatro de mayo del año dos mil catorce,
lloviendo,
en una primavera inesperadamente fría,
mientras una máquina sofisticada introducía tu caja barata
—mira que somos pobres— en el fuego final,
al que mi hermano y yo
te condujimos.

Sentí tu frente antigua y acabada en mis labios
antiguos y acabados,
pero aún conscientes los míos;
los tuyos,
venturosamente, no.

Nunca pensé que el sentimiento final fuera este:
la envidia que me diste, la codicia de tu muerte,
codiciando tu muerte,
porque me dejabas aquí,
completamente solo
por primera vez
en nuestra larga historia de amor,
y solo para siempre.

Y recuerdo ahora a todas aquellas mujeres
que querían acostarse conmigo,
hacer el amor conmigo,
y eso acabó siendo mi vida,
cuando yo solo quería
estar contigo para siempre.

Vaya, mamá, no sabía que te quería tanto.
Tú sí que lo sabías, porque siempre lo supiste todo.

Qué bien que todo haya acabado,
en una culpable tarde de primavera
en donde comienza el mundo,
en donde para ti acaba el mundo,
en donde para mí ni acaba ni comienza
sino que persiste involuntariamente.

Qué bien este silencio omnipotente, aquí, en Barbastro,
donde fuimos madre e hijo, por los siglos de los siglos.

Aquí, en Barbastro, en ese sitio tan nuestro,
tan escuetamente nuestro: todo ocurrió aquí, en estas calles.

Todo lo recuerdo, y todo lo recordaré.

Te amo, finalmente.

Como no he amado a nadie: todas fueron tu réplica.

Ah, se me olvidaba: podías haber dejado algo
para pagar tu entierro,
no sabes lo mal que me va y lo pobre que soy,
mira que fuiste manirrota y derrochadora,
y lo que vale
el ataúd más económico,
como dicen ellos, los caballeros dulces de la funeraria.

Mira que fuimos pobres y desgraciados tú y yo,
ma mère, en esta España de grandes hijosdeputa enriquecidos
hasta la abominación.
Y aun así, pobres como ratas tú y yo,
mantuvimos el tipo,
como dos enamorados.

Qué bien. Qué hermoso. Cuánto te quiero
o te quise, ya no sé, y a quién le importa,
desde luego no a la Historia de España,
nuestro país, si es que sabías cómo se llamaba
la solemne nada histórica en que vivimos papá, tú y yo.


Poema de 
Imagen de Pixabay

jueves, 16 de septiembre de 2021

El atardecer de Vincent

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Brillaban sus ojos al resplandor de los recuerdos. Estaba viendo aquel libro y entonces apareció ese cuadro primerizo en el prólogo del que sería un gran pintor. Acarició delicadamente la fotografía como si pudiera atravesar con sus dedos el papel y sumergirse en la atmósfera que insinuaba la obra. Su rostro dibujó una sonrisa profundamente melancólica y cargada de sentimientos. Era como si la tristeza, por un segundo, hubiera aprendido a reír, a esbozar alegría sin serlo. Sólo era una ilusión y él lo sabía. A veces, se acordaba de lo difícil que eran algunas cosas, y entonces parecía escuchar su voz... dicen que la vida es así. Y otras, se dejaba atrapar por don Pedro, y cómo sugería que la vida no era otra cosa sino sueño.

¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Observó el cuadro con detenimiento y su corazón comenzó a latir con una fuerza inusitada. Desboque de sentimientos encontrados en el rincón de la memoria. Pudo sentir que le envolvía aquel atardecer verdoso de tonos pardos y emborronado por las lágrimas de la realidad. El gran Vincent ya demostraba su tremenda facilidad para la pintura, aunque aún no había estallado en su interior el ramillete de pinceladas vivas y chorros de luz que el Impresionismo se encargaría de espolear, para acabar cometiendo con su obra, un toque de originalidad inusitado y único en la Historia del Arte. Había saltado al cuadro y se encontraba en aquella pequeña región de Nuenen que acogiera un tiempo al pintor. Contempló el esquema organizado y trazado de aquella zanja central nevada, que seguía su curso hasta la línea final del prado, otorgando una senda de luz, apenas sugerida, y dividiendo hasta el límite del cielo en dos el paisaje. Árboles y zanja verticalmente y el horizonte como frontera horizontal. La lejanía marcaba el final del día entre tonalidades verdosas, oscuras y terrosas. Sólo una línea de luz marcaba la diferencia de atmósfera de toda la obra. El sol moribundo y sus últimas palpitaciones de color anaranjado. Van Gogh estaba palpando el Impresionismo sin necesidad de acudir a París, pues su genialidad se lo ofrecía en bandeja.

Una lágrima furtiva, desoyendo la fuerza de la razón, descendió rápidamente por su rostro e impactó en el libro quebrándose en mil pedazos. Contempló la lámina que ofrecía el libro detenidamente, una vez más. Vincent Van Gogh – Paisaje al atardecer. Suspiró en un quejido contenido y sus ojos, vidriosos y febriles, dejaron de mirar para ver en su interior. La tira de imágenes aparecía como una proyección de diapositivas ante su mirada velada. Un atardecer con la sombra del gran Vincent bajo su subconsciente y el frescor del final del día acariciando su rostro. Sintió de nuevo las cosquillas en la boca del estómago y aquel momento congelado en un instante del pasado. Los muslos fríos al contacto de la piedra antigua y los detalles de una historia corriendo ante sus ojos como la función de un teatro clásico. Todo desplegado bajo sus pies en el final de un risco. Y al fondo del pasillo de lo ilimitado, un desfile de luces cambiantes y un disco anaranjado que desciende lentamente. Todo es tan bello. Hay tanta belleza alrededor. Y por encima de toda aquella hermosura, estaba ella.

Nada tenía sentido sin ella. La respuesta a todas las preguntas. La dosis necesaria para seguir con vida. La mayor luz de aquel atardecer. Recordaba su perfume. Su olor. El tacto de su piel bajo sus manos. La fuerza con la que sus dedos se entrelazaban en una alianza de amor incondicional. Sonrió mientras una nueva lágrima le besaba el rostro. Recordaba cómo la había abrazado, delicadamente, sintiéndola entre sus brazos. Cómo le había apartado el pelo suavemente para verla mejor. ¡Estaba tan guapa! Recordaba su sonrisa y su mirada... la misma sonrisa que le hacía temblar y esa mirada que lo atrapaba. Algo genial y especial. Y ahora, sólo y en silencio, sentado en su viejo sillón, observaba aquel cuadro en el que atardecía en Nuenen. El sol se ponía sin remedio, como aquella tarde. Como aquel día que jamás quiso se acabase. No podía parar el tiempo, y tampoco pudo ese día. El sol acabó clavándose en las entrañas de la tierra. Lentamente. El ocaso de una bellísima tarde que agonizaba mortecina entre luces malvas y anaranjadas. Con una parsimonia cargada de hermosura y nostalgia en un mismo golpe. El fin del mundo atrapado en el límite de un risco de piedra clásica. La impotencia de saber que se acaba el día y que no puedes hacer nada porque finalmente el astro rey se oculte tras el horizonte. No puedes pararlo. No puedes frenar el curso del tiempo. Su vista se convirtió en un velo húmedo y la garganta se cerró rápidamente con un mordisco letal. Ese atardecer sólo era un recuerdo y ahora ella no estaba junto a él para abrazarla, acariciarla y besarla. Y le faltaba el aire. La echaba tanto de menos... ¿Dónde estás?, se preguntó mientras su alma se escapaba por los resquicios de su corazón.

Las palabras de Van Gogh en una de las cartas a su hermano Theo resonaban en su cabeza una y otra vez, “una de las cosas más bellas ha sido pintar la oscuridad, que es también color”. Sin darse cuenta, había pasado todas las páginas del libro, y ahora sostenía la cubierta. Las páginas habían pasado sin ser leídas. Sin ser vistas. Habían pasado sin sentido, como el tiempo transcurrido desde la última vez que la vio...

Texto de Ramsés Torres
Imagen: Paisaje al anochecer. Vincent Van Gogh, 1885

martes, 14 de septiembre de 2021

Gustito pa tus orejas II

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Cuáles son las claves que nos llevan a decidir qué es lo mejor y lo peor de cada casa. La mayoría de las veces habla la total subjetividad del individuo que cuestiona. Y por más que pretendamos ser objetivos, una parte del fan que llevamos dentro habla sin permiso y magnifica el objeto de estudio. Voy a tratar de exorcizar al adolescente que aún adora el power metal y hablaré como el adulto (viejuno) que soy. Habrá quien, teniendo ya una edad, ponga el grito en el cielo con lo que estoy a punto de decir. Pero lo he estudiado mucho y tengo que sentenciar que Mission Motherland es la mejor canción de Helloween. No estoy diciendo que sea la que más me gusta, aunque esté en el top. Intentaré explicarme remontándome a la chapa ancestral. La banda siempre ha gozado de buena acogida y reputación. Las dos Helloween, porque como en muchos sectores, existe una división de público según las dos eras más marcadas dentro del seno. Sin contar con el resto de cambios de formación hay una clara diferencia entre la etapa Kiske y la era Deris. Hay seguidores que defienden a capa y espada los primeros trabajos porque eran más fieles al power metal que ellos mismos casi inventan y como cantante, por los agudos a los que llegaba el primero, pues es considerado insustituible. No me parece un argumento muy sólido a la hora de calificar la calidad de las composiciones, pero bueno, para gustos, Pantone®. Deris, a cambio de octavas trajo consigo matices e ideas que ya venía cociendo con su anterior agrupación (Pink Cream 69). Introdujo elementos hard rock, una nueva y magnética personalidad al grupo como frontman y, llegado el momento, incluso produjo algún trabajo. Evidentemente no todo es oro en su estancia. Salvo la secuela en forma de tributo-legado a los dos Keeper of the seven keys, desde el Dark Ride (polémico por su oscuridad y por la afinación grave de las guitarras) no publican una gran obra como fue, por ejemplo, el Time of the Oath, donde está incluida la canción de la que hablamos. (De la calidad de la producción podríamos hablar en otra ocasión). Pero sí que influye al resto de sus compañeros y les contagia esa magia que tienen algunos músicos, consiguiendo entre todos facturar, en mi opinión y en la franja mencionada, los mejores álbumes de su trayectoria. Lo que trae consigo otra apreciación personal directamente relacionada con la anterior. Y es que no me extraña que me parezcan los mejores trabajos, porque también considero que es la formación más puntera que han tenido hasta la fecha.

Modo Line Up ON:

Andi Deris: voz

Michael Weikath: guitarra

Roland Grapow: guitarra

Markus Grosskopf: bajo

Uli Kusch: batería

Y explico esto porque los créditos de la canción pertenecen a Michael Weikath pero en los arreglos participan todos.

Entrando ya en materia y, hablando de la letra, el maestro Weiki no sólo apaña una historia maravillosa y con mensaje, sino que además la encuadra de forma magistral en uno de los géneros de los que más se nutre el power: la ciencia-ficción. Para poneros en situación haré un breve resumen. Cuenta como una inteligencia alienígena que viene de muy lejos con intenciones poco pacíficas se topa con La Tierra. La idea principal: colonizar el planeta tras acabar con sus habitantes. Sin embargo al monitorizar a los humanos y comprobar que no proponen respuesta armada deciden quedarse y colaborar con el fin de crear un futuro mejor para ambas razas. El problema viene cuando tras un tiempo como equipo, los visitantes empiezan a caer como moscas por culpa del calentamiento global y los letales rayos solares que se cuelan por el agujero de la capa de ozono. No les queda más remedio que congelarse y esperar dejando grabado este demoledor mensaje: “Decidnos cuántos de nosotros han muerto bajo las oleadas de luz. Cuerpos sin rostro, macabros gritos... nuestra colonia condenada. Despertadnos cuando hayáis sanado el mundo. S.O.S”.

Lo que pudo ser una colaboración pacífica, cosa que poco se ve en las invasiones extraterrestres, acaba como el rosario de la aurora por nuestra culpa, como siempre, porque somos una desgracia y convertimos en compost todo lo que tocamos. Pero ese es otro tema. El que nos atañe, el musical, comienza con unos sonidos bucólicos de pajaritos acompañados de efectos y el siempre infravalorado bajo de Markus (de los mejores en la escena con su instrumento) que recuerdan a un aterrizaje. Se cuela una melodía alegre y casi robótica, para dar paso a los primeros acordes con distorsión y al poderío de Andi coreando vocales sobre una especie de jam de todos. Entra un riff megathrasher a modo de introducción del que compone la estrofa, el más elaborado de la carrera de los alemanes seguido del puente y el estribillo (que no se quedan cortos en cuanto a creatividad) y vuelta al ultra-palm-muteado metalero de la muerte con un par de power chords de guinda. Y qué estribillo… Algo tan sencillo y a la vez tan necesario como son los coros (del propio Andi) lo redondean hasta darle un acabado pulido y brillante. Esta estructura, ya clásica del power, se vuelve a repetir con otra estrofa/puente/estribillo en la que ya nuestros visitantes de otro mundo están asentados y confían en nuestra capacidad colaborativa para crear un próspero futuro. En otros temas del estilo como por ejemplo Land of the free de sus compatriotas Gamma Ray, tras un par de estas combinaciones entra el solo y un breve interludio, para volver al esquema anterior una última vez. Pero aquí, al terminar el segundo estribillo, el riff introductorio da paso a una serie de entreactos en los que cambian el tempo y los ritmos; se vuelve oscuro y progresivo después; entra el solo, inquietante; le sigue una breve parte medio jazzera en la que las dos guitarras armonizan un par de compases sobre la línea slapeada del amigo Markus en comunión con el excelso Uli Kusch (enorme en toda la canción) y, de pronto, se instala un riff casi doom que va ralentizándose hasta que llega la calma. Emerge casi celestial, la voz de Deris. Se pone en la piel de los supervivientes que nos dejan el mensaje con una bella melodía por encima de samples y efectos en plan: somos tecnoaliens pero tenemos nuestro corazoncito. Va subiendo octavas hasta que pide socorro y vuelve a irrumpir el thrash. Enlaza directamente con un breve puente con letra de esperanza distinta a los anteriores  y ¡al estribillo final!

Se acabó. Como se puede ver es una estructura poco habitual en el estilo. Nueve minutos de orfebrería metalera alemana que hacen de este tema una joya única. Un portento de imaginación y creatividad que además, a pesar de los cambios de ritmo, los interludios y los sonidos futuristas, hace que muevas la cabeza como si no hubiera un mañana. Por si todo esto no fuera del todo suficiente, tanto los arreglos como los efectos y la propia música consiguen que te metas en la historia, dando a cada parte el dramatismo, la tensión o la sensación de esperanza que necesitan.

¿Que tienen otros temas geniales y que quizá les definan más como banda genuina del power metal alemán? Evidentemente, y del mismo disco incluso. Kings will be kings, Steel Tormentor. O sus clásicos de la primera era Eagle fly free o Future world. También sus bombazos hard rockeros auspiciados por el actual frontman como Mr. Ego o Perfect gentleman y otros oscuros y profundos como Mirror mirror o Scalation 666. Todos grandes, sin duda. Pero esta pieza es irrepetible, por todos los detalles que he resaltado, porque tiene una estructura auténtica y sus riffs son una verdadera locura y un derroche de técnica. Absolutamente recomendable oirlo para leer este arrebato de pasión noventera. No sé si las mismas veces que lo oí yo para escribirlo, pero al menos las suficientes para saborearlo. Después de todo este rollo no puedo evitar pensar que me he dejado llevar. Puede que esté equivocado, aunque al menos lo he intentado, ¿no?

Texto e imagen (Illustrator) de Antonio Moreno

domingo, 12 de septiembre de 2021

Cómo destruir ángeles

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Lo acostumbrado:
El taxi que se detiene, nosotros que nos subimos a tu casa:
Ahora la velada, los cigarrillos, el vino caro.
Amparados por el estímulo y la complicidad
tejemos verdades a medias
ponemos en juego confesiones astutamente mesuradas
y rellenamos con palabrería los espacios
a la espera del momento propicio para meter la garra.

Si quieres que te diga la verdad hago lo que puedo
pero nada me parece ya ni medio normal.
A fuerza de pensar perdí el criterio para vivir
y aunque la sofisticación enmascare a la biología
su antifaz es más que transparente:
El ego es omnipresente omnisciente y omnívoro
y es el plan primigenio de otro
quien te quiere gimiendo contra las sabanas
para obligarte a alumbrar a otro monstruo.
Cuando cumplo
gozo y me horrorizo a un tiempo
sintiéndome dios creyéndome libre
sabiéndome siervo de la cadena
burócrata y funcionario del ADN



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

viernes, 10 de septiembre de 2021

Entrevista a Rodrigo Vaz Cano (La Red Van)

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En esta ocasión Nacho Delgado nos pone sobre ruedas entrevistando a Rodrigo Vaz Cano, que forma parte del proyecto de La Red Van. Tras pasar por nuestro Asaltrón* de corrección Saray Pavón, esto es lo que os ha dejado de una nueva forma de entender la música.

ND: Con 4 años tus padres te regalaron tu primera máquina de escribir tengo entendido…

Rodri: Mis padres vieron lo pesado que era porque teníamos una máquina de escribir antigua en casa y me pasaba el día tecleando porque me encantaba el ruido que hacía (porque se parecía a una ametralladora y parecía como que estaba jugando con la máquina de escribir) (Risas). Cuando tuve un poquito más de uso de razón ya empezaba a escribir frases con sentido: entonces me regalaron una máquina. Era de verdad… pero de niños pequeños (todavía está guardada en el altillo) y me pasaba las horas muertas escribiendo frases, lo que me pasaba durante el día…

ND: Ha llovido un montón… Ahora te dedicas a pasear músicos en una furgoneta mientras tocan canciones. ¿Qué has estado haciendo… desde esa máquina de escribir de juguete?

Rodri: (Risas) Pues eso, junto a que la rana Gustavo con gabardina era mi personaje favorito de Barrio Sésamo, hicieron un poco que yo me metiera en el mundo del periodismo. Vine a Sevilla hará 12 años, para estudiar periodismo, acabé la carrera notando que eso al final no me había gustado, como casi toda la gente de mi año. No era la carrera, sino el panorama desolador que veíamos delante (el mismo que ve el que estudia una carrera hoy en día). A partir de ese momento me dediqué a grabar, que era otra de mis pasiones (mi tío también vio que era muy pesado con las cámaras de fotos (risas) y me regaló una por mi comunión y no hacía más que fotos y fotos), el mundo audiovisual siempre ha estado presente en mi vida. En mi residencia de estudiantes grababa algunos videos chorras (era el típico que siempre salía con la cámara de fiesta) y dije ‘¿Qué puedo hacer ahora?’ No me voy a poner a estudiar Derecho (Risas) así que terminé en un grado superior de Realización. En él conocí a una cuantas personas, uno de ellos tenía un amigo con un sueño: utilizar su caravana Volkswagen en un formato de video en el que un/unos grupo/s se suban y, mientras vamos por Sevilla con la furgoneta, les grabamos. Nos sumamos a la iniciativa aunque actualmente, por desgracia, como no tenemos los apoyos necesarios económicos (la furgoneta está malita de momento), estamos en stand by. Queremos volver pero… mientras tanto, hemos fundado nuestra propia productora con la que seguir grabando y ganar dinero, para volver a arreglar la furgoneta y retomar nuestra pasión: subir a músicos a la furgoneta.

ND: Bueno, la Red Van, para alguien que no os conoce de nada, hemos dicho que cogéis a gente, los montáis a una furgoneta y los ponéis a tocar…

Rodri: Sí, pero bajo su consentimiento (Risas) que con esa forma de decirlo lo mismo la gente se asusta (Risas). Al comienzo nosotros intentábamos contactar con músicos para crear una especie de caché. Ahora, gracias a Dios, son ellos los que nos buscan a nosotros. Es un formato distinto, es un espacio en el que no se suele tocar mucho… pero hemos querido coger una furgoneta porque es el sitio en el que, a la hora de hacer tours, las bandas siempre van en las típicas caravanas y había temas que se componían en las furgonetas y nos pareció como… bonito el volver a los orígenes. Es una especie de reto para él y para nosotros (grabar en movimiento tampoco es que sea fácil…). Al principio era un acústico, pero ya hemos llegado hasta el punto de subir electrónica, amplificadores… Invitaría a la gente a que se metiera en www.laredvan.com o en nuestro canal de YouTube, que es una experiencia guay.

ND: Canijo sin fronteras, Muchachito, All B, Círculo Vicioso, Electro Billy… ¿A cuántas bandas habéis llevado ya en la furgoneta?

Rodri: Uff… Esa es la pregunta de pillar, ¿no? (Risas). Ahora mismo no se decirte un número exacto pero creo que hemos superado el centenar, porque… han sido tres temporadas más el Monkey week, que hicimos como actividad paralela, en el Puerto de Santa María también hicimos unos cuantos bolos… Creo que podemos llegar a la centena, pero tampoco me pillaría mucho los dedos.

ND: ¿Seguís algún criterio a la hora de seleccionar a las bandas que montáis? 

Rodri: Sobre todo que les gustara el rollo. No queríamos que nadie se subiera por compromiso. Buscábamos bandas emergentes, para darles voz y un apoyo audiovisual. Muchos, para tocar en un local, necesitan un video y quisimos hacer eso. A medida que ha pasado el tiempo y contactaban ellos con nosotros, sí buscábamos cierta variedad. No sólo subir cantautores o raperos… sino tener una pequeña muestra de todo lo que es el aspecto musical... Obviamente, cuanta más locura, mejor y, cuanto más riesgo… -Riesgo no físico (Risas)- de actuación, más nos motiva y nos tira para adelante.

ND: Los videos que publicáis, ¿tienen algún tipo de edición o van a pelo?

Rodri: Otra de las normas básica de la red van es que los videos se suben in situ. Tienen edición, obviamente, porque vamos a tres cámaras (una go Pro y dos cámaras frontales) y el sonido también se graba en la propia furgoneta, pero no metemos insertos de otra parte. Lo que se grabe, se grabó. Por eso es también un reto para nosotros, porque todo tiene que valer. Solemos grabar dos y nos solemos quedar con la primera porque es la más fresca.

ND: ¿Habéis tenido patrocinadores?

Rodri: Esa es nuestra espinita clavada. En el propio FCAT estuvimos hablando con una reportera de RTVE  y la chica nos dijo ‘Pero esto lo habéis vendido ya, ¿no?’ y nosotros: ‘es que nadie ha mostrado interés’… Hemos tenido intenciones pero actualmente marcas que se dediquen a la música la mayoría son alcohólicas, asociar alcoholismo con furgonetas… (Risas) es un combo bastante complicado. Nos encantaría que jager (que está en sintonía con muchas bandas y tiene su propio escenario en el Monkey Week) contara con nosotros o Heineken que lleva también bandas y demás… Hemos intentado algunos pero no han salido. 

ND: Pregunta comprometida, ¿habéis tenido algún problema con tráfico por el uso de los cinturones de seguridad y los músicos?

Rodri: (Risas) Muchachito sale en uno de los video poniéndose dos cinturones, dos. Nosotros, por norma general, siempre advertimos del hecho en plan: ‘Ahí tenéis los cinturones, si os los queréis poner, os los podéis poner’. Es verdad que a lo mejor un músico o cantante, a la hora de cantar, si le oprimes lo que es el diafragma con el cinturón no puede tampoco cantar… En muchos videos no se nota el cinturón porque nosotros también tenemos un departamento de arte (Risas) que se encarga de ese tipo de cosas. En la mayoría llevan cinturón aunque no se nota. En los que no hay cinturón, sabemos que está mal y que no es correcto. Nosotros tampoco circulamos a más de 20 km/h y vamos con todo el cuidado del mundo por donde podemos… es un tema peliagudo.  En uno de los videos de Muchachito sale diciendo ‘Hay que ponerse el cinturón chavales’.

ND: Habéis salido en unos cuantos medios de comunicación: La región, Historias de Luz, la revista Wego, el ukelele, colaborado en el Monkey Week... ¿cómo notáis esta repercusión?

Rodri: Historias de Luz fue el primer medio que quiso hacer eco de esto y nos vino de perlas porque muchos diarios y publicaciones movieron la nota de prensa (incluso Europa Press). Nos supone un plus siempre. En otros sitios no nos ha gustado como nos han tratado como es el caso de Canal Sur, por ejemplo. Tuvimos nuestros más y menos con el uso del material que se grabó y no acabamos muy contentos. De hecho, en un artículo de El Mundo se nos nombra sin nombrarnos, es decir, se hace alusión a nuestro proyecto pero no se nos nombra y se nos echa mucha mierda encima junto a muchos músicos que tocan… Los medios más independientes, más outsiders siempre nos han tratado genialtratando la iniciativa como algo muy bueno, dándonos su apoyo. También lo que nos ha dado alas es la repercusión de los músicos con el paso del tiempo, la gente al conocerlos se ha metido en YouTube y sale nuestro video… Como kanka, Musgö que llegó a la final de Got Talent y también notamos mucho la subida con Muchachito (fue como un favor hacia nosotros y hacia los otros artistas que se habían subido antes porque aprovecharon ese flujo de visitas).

ND: Has colaborado con el Festival de Cine Africano de Tarifa FCAT. ¿Cómo sale esta oportunidad y qué otros campos tocáis?

Rodri: Cuando la red van paró su actividad como proyecto, seguimos como La Red Van Producciones y quisimos abrirnos al mercado audiovisual y se fijaron en nosotros el Monkey Week o el FCAT, vieron nuestro estilo y nos llamaron para hacer la cobertura audiovisual. Echamos allí una semana magnífica porque además, es un festival… que aquello es como un campamento. Diez días viviendo en Tarifa con todo el mundo, paseando por las calles, grabando cine, ¿sabes? Es como unas vacaciones pero trabajando. Y genial, este año han vuelto a contar con nosotros y otra vez ha sido un placer enorme. También repetimos en Mairena del Alcor a grabar el Festival Emergente de Teatro y esperamos repetir con el Monkey si Dios quiere. 

ND: ¿Qué esperáis traer para una cuarta temporada de la red van?

Rodri: Si volvemos con una cuarta temporada, que lo queremos y deseamos con toda nuestra alma, vamos a ir a muerte. Intentar subir lo que nosotros queremos… a Ara Malikian (es una espinita que tenemos ahí que siempre que viene). Pero no sé ahora mismo, el panorama es tan diverso en Sevilla que puedes elegir la banda que quieras que seguro que aciertas. Eso es algo que la gente no se da cuenta, siempre miramos fuera, pero aquí hay bandas muy muy buenas.

Esperamos tener de vuelta pronto a la furgoneta y que no os falten estos proyectos que tanto os hacen disfrutar. Mucha suerte y mientras tanto os seguimos por www.laredvan.com, el canal de YouTube y Facebook


*Asaltrón: Modelo robótico de combate -con cuerpo femenino- que aparece en Fallout 4

 

Entrevista de Nacho delgado
Foto de  Juncal Roig

miércoles, 8 de septiembre de 2021

lunes, 6 de septiembre de 2021

sábado, 4 de septiembre de 2021

¿Para qué sirve la vida?

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Si 1 Seat Ibiza sale de la ciudad de Cáceres
a una velocidad media de 120 Km./h
con 2 enamorados que tienen cada uno 150 sueños
y 50 minutos después colisiona
con un tren mercancías procedente de Madrid
que avanza a 100 Km./h de media:
¿Cuántos amores y cuántos sueños nos quedan?

Solución: 1 mercancías más 1 gran amor más 300 sueños
es igual a 1 un funeral y 2 cadáveres.
Razonamiento: Sólo el tren mercancías y la colisión contabilizan.
El amor y los sueños vienen para despistar.
Si al padre de la chavala le da por liquidar al maquinista
me llevo 1.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

jueves, 2 de septiembre de 2021

lunes, 30 de agosto de 2021

Canciones Bastardas IV

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Con la Iglesia hemos topado! Con la gran institución arcana y sagrada de los grandes dinosaurios del rock, quiero decir. Y esto puede acabar en un amargo escenario en el que me vea refugiado en un molino y asediado por unos fans calvos y entrados en años sujetando antorchas y horquillos. En este número me lanzo al abismo y coloco la polémica sobre Deep Purple. Sí. ¿Qué pasa? ¿Son intocables? Pues casi.

Mi admiración por ellos va más allá del disfrute personal de sus composiciones. Son, junto a otras bandas de la época, nada más y nada menos que los constructores de un movimiento que vendría después como una apisonadora a finales de los 70 y que adoro con pasión. Ellos son, por derecho propio y por prescripción de la prensa, una de las aristas de la piedra angular del germen del Heavy Metal. Y por eso yo me siento agradecido y en deuda con ellos para toda la eternidad. Pero todo el mundo es susceptible de pasar por esta sección. Y puede que ni ellos mismos, como en la mayoría de Canciones Bastardas, sean los culpables. Nos volvemos cómodos, las orejas se dejan, como cuando te echas pareja, engordan y se vuelven conformistas y viejas. Esto me ha salido muy hip-hop… Bueno, quiero decir que descuidamos la salud de nuestros oídos y no los obligamos a practicar ejercicios de mantenimiento como es debido.

Y, claro, luego pasa lo que pasa. Consideras que Smoke on the water es el temazo definitivo y lo mejor que los británicos pudieron componer jamás. Pues no me queda otro remedio que discrepar. Es una canción simpática, que cuenta además una anécdota curiosa. Puede que la anécdota en sí sea mejor que la canción. Pero a lo que iba, es un tema correcto, nada complejo, con el que muchos hemos aprendido lo que son los acordes de cuarta y que para quedar bien con los colegas, pues guay. Algún día crearé una sección que hable sobre las covers que superan al tema original. Voy a adelantarme y propongo la demoledora versión que hacen los alemanes Metalium en su disco de debut Millennium Metal (Massacre Records, 1999). Visto así parece que odie esta tonada, pero no.  Simplemente, lo de siempre: las hay mejores.


Y me voy a quedar con la formación que concurre en el aclamado Made in Japan y no voy a salir de dicho álbum. Hay joyas en ese artefacto ancestral que son magia pura. Child in time, que es un escalofrío hecho canción. Y bueno, una de mis preferidas, Strange Kind of Woman, con esa batalla entre Blackmore y Gillan alcanzando notas imposibles que me vuelve loco. Pero para no liarme mucho, me voy a quedar con esa vuelta de tuerca que ellos mismos le dan en directo a su propio Lazy. Estoy convencido de que esa canción provoca cambios bioquímicos en nuestro organismo, espasmos incontrolables y otros síntomas de estar ante la verdadera esencia de una banda para la posteridad.

 

Texto y bizarrada visual (técnica mixta) de A. Moreno


sábado, 28 de agosto de 2021

La versatilidad de sus cuerdas

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Si buscas José Marín en Google, Wikipedia nos lleva a un compositor y cantante español del Barroco (año 1618), sin embargo, aunque calcen mismo nombre e inquietud por el mundo musical… del José que vamos a hablar es el que nos ha regalado momentos impresionantes en el Ciclo de La Mirada de Hoy (en el cierre de temporada se marcó, junto con Carlos Castro -al saxo-, una improvisación basándose en una de sus canciones). Espero que al tiempo pongan la desambiguación en la web, mientras tanto nosotros ya empezamos a hacer sonar su nombre.

Los escenarios no le dan miedo y se entrega, ya sea con micrófono o a viva voz. Ha lanzado su primer EP Siete canciones menores y otras tantas creciditas que cuenta con cinco pistas en las que se demuestra la versatilidad de sus cuerdas de guitarra y vocales, pero sabemos que su estudio nunca descansa y que tiene sentimiento para llenarnos las estanterías con sus CD’s.

Su destreza le ha llevado a arriesgarse musicando el poema Una mujer de Carmen Aliaga, del que ha salido victorioso (y he de reconocer que se encuentra entre mis favoritos): no sólo se mete la piel de los versos sino que capta el ritmo de Libro Huérfano.

Y mientras esperamos su siguiente entrega, podemos encontrarle en Facebook y cautivando en el plató.

 

 Texto de Saray Pavón

Fotos de Álex Ruiz

jueves, 26 de agosto de 2021

Derrotado

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Cansado.

Agotado.

La vida había podido con él.

Había firmado el armisticio.

Ya no peleaba más. Había perdido.

Irremediablemente.

Totalmente.

Definitivamente.

Hizo un último viaje, solo, acompañado únicamente por sus recuerdos de años mejores, de una vida anterior a esta que le había derrotado.

No lo pensó mucho. Entró en el mar como el que entra en la paz largamente buscada. Apenas sintió el frío en su desnuda piel.

Apenas sintió nervios.

Apenas sintió nada.

Así de hundido estaba.

Perdió el pie y se dejó llevar por las olas. Su cuerpo se hundió lentamente, mecido por el lento vaivén de la marea.

Cerró los ojos y se dejó morir.

Casi se arrepintió cuando sintió la sal del agua entrando en sus pulmones. Pero la vida le había arrebatado las ganas de pelear. Así, sintió como la vida abandonaba su cuerpo en forma de burbujas de oxígeno que huían hacia la superficie.

Sintió la paz.

Sintió la ausencia de dolor.

Sintió la frescura de su final.

Pero...

Sintió un roce en los labios.

Creyó que estaba muerto y los peces estaban alimentándose de él. Y no le importó. Pero el roce se convirtió en caricia, y la caricia en beso.

Unos labios se pegaron a los suyos, ahora lo sentía con total claridad. El beso era dulce en un ambiente salado, cálido en un lugar frío, tierno en un entorno inmisericorde.

Sintió luz.

Sintió alegría.

Sintió calor.

Sintió vida.

Abrió los ojos y una larga melena rubia se le pegaba a la cara, meciéndose con las corrientes marinas.

No llegó a asustarse.

Apartó a la chica que le besaba con un suave empujón. La agarró por los hombros. Quiso gritarle, ordenarle que le dejara morir en paz. Que su vida hace tiempo que estaba gastada.

No pudo.

Frente a él tenía la cara más bonita que había visto en su vida. Los ojos más puros que jamás le habían mirado. Supo que no podría decirle nada que no fuera "te amo".

Cayó en la cuenta de que no estaba muerto.

Cayó en la cuenta de que estaba respirando.

Cayó en la cuenta de que seguía en el fondo del mar.

Cayó en la cuenta de que su recién encontrado amor era una criatura majestuosa, maravillosa y perteneciente a las leyendas más épicas.

Cayó en la cuenta de que le resultaba familiar. Que la había visto en sueños durante toda la vida.

Cayó en la cuenta de que estaba donde debía estar, aunque no sabía cómo había terminado allí.

Al fin, ella le habló, y no le sorprendió entenderla a pesar de estar en aquel lugar antes inhóspito.

—¿Por qué has tardado tanto?— Dijo la sirena mirándolo con ojos alegres.

Se encogió de hombros.

Luego quiso decir algo, creyó que debía dar una explicación.

Pero Ella le beso sin dejarle hablar. En realidad, le daba igual. Al fin estaba allí.

Eso era lo que de verdad importaba.

Él sintió que estaba en casa.

Sintió que una pieza suelta, la que nunca encajaba en su sitio a largo de la vida, encajó.

Y lo comprendió todo.

Y sonrió.

Y fue feliz, por primera vez en lustros.

Y se dejó llevar.

Y Ella le guió entre besos.

 

 
Texto de Sergio Salvador Campos
Imagen de www.pixabay.com retocada por A. Moreno

 

martes, 24 de agosto de 2021

Serie b (hard to be soft, tough to be tender)

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Con las uñas rotas busco bajo la ropa la piel que se presenta tersa y a la defensiva, pero caliente. Me gusta arañarla y llenarme de tus escamas, me gusta impregnar de tu sangre mis dedos, observar tu sonrisa estúpida, como si pudieras darme lo que necesito, pero ni siquiera lo que quiero me lo sabes dar.

Desato con cuidado el nudo de tu ombligo y me adentro con mis manos en la humedad de tu vientre. El olor tibio me transporta a la infancia, casi al segundo previo a mi nacimiento, y cierro los ojos en un gesto que oscila entre la melancolía y el placer. Acerco mi rostro a tu abdomen, y olisqueo como una perra hambrienta, antes de introducir mi lengua en tu interior y relamer mis dedos con una sensualidad tan perturbadora como ardiente.

Aparto con suma ternura los intestinos, introduzco más aún el brazo y a su paso toco el hígado suavemente hasta llegar a la vesícula biliar. Y, mirándote a los ojos, aprieto y me deleito con el sonido de sus piedras. Como una niña sonrío y tú sufres, pero no dices nada, aunque puedo ver en cada lágrima el dolor que derraman, que sientes, que surca tu estúpido rostro, que alimenta mi ego y me calma, que grita desde tus entrañas...


Texto Adriana Bañares Camacho
Imagen de pixabay



domingo, 22 de agosto de 2021

Peter Pan y el secreto del polvo de hadas

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Nota de la autora: el siguiente artículo puede dañar la sensibilidad de aquellas personas que se
consideren fans acérrimas de la figura de Peter Pan, ya que se muestra una versión desvirtuada, y en algún caso denigrante, de nuestro compañero del País de Nunca Jamás, así como del resto de personajes, aunque siempre tratada desde la propia opinión y, sobre todo, desde el respeto y el humor. Cabe añadir que yo misma he sido (y soy) fiel defensora de “El Complejo de Peter Pan”, por lo que en ningún momento albergo ninguna pretensión de crear una visión negativa de este “eterno niño”.

¡ATENCIÓN SPOILER! Quién sabe, lo mismo hay quien no ha leído la obra o visto la famosa película de Disney… yo aviso, por si.
Puedo decir que durante una etapa de mi niñez la historia de Peter Pan era de mis favoritas, ya que además me movía (y todavía me muevo a veces) en esa filosofía de no querer ser mayor, envejecer y todo lo malo que conlleva ser una persona adulta. Pero, no sé cómo pasó, de pronto, mi mente juvenil le dio una vuelta de tuerca a la historia y leyó entre las líneas del cuento un significado completamente diferente del que hasta entonces le había dado y empecé a tejer una oscura explicación de lo que consideraba mi versión connotativa de las aventuras de este personaje tan peculiar.

Mi perversa imaginación empezó a atar cabos hasta convertir un inocente cuento infantil en toda una
trama oculta sobre los narcóticos, su uso y sus consecuencias, así como todo lo que rodea el mundo de la drogadicción (aquí el lector o la lectora empieza a pensar si no soy yo la que consume estupefacientes – puedo prometer que no, todo en mi cerebro es química natural).
A ver, he aquí mi interpretación: tenemos una familia londinense compuesta por padre, madre, la hija mayor y dos niños más pequeños. El matrimonio sale a cenar y deja a sus tres descendientes, menores de edad, a cargo de Nana, la niñera-perra… SÍ, es una perra, tipo San Bernardo, que les sirve el jarabe y les recoge la habitación, todo muy normal…ya. Puede que a finales del XIX eso fuera lo habitual, incluso a final de los años 50 del XX (lo de irse de casa y dejar a las criaturas allí solas; lo de la perra no es lógico en ninguna época), pero eso hoy día es abandono infantil.

No sabemos que lleva el jarabe que la perra les suministra a Wendy y a sus hermanos, pero de pronto entra en escena la sombra de Peter Pan: LA SOMBRA… porque está separada de su dueño, que por cierto llega a buscarla de inmediato acompañado por un hada. Persigue a la sombra por toda la habitación, desordenándola como buen amigo y, finalmente, cuando la atrapa (es una sombra tangible), la buena de Wendy se la cose al zapato. Ni las historias de gente que tomaba setas alucinógenas, daban para tanto. 
 
Peter Pan, entonces, les come la oreja para que se vayan con él al País de Nunca Jamás, que suena muy tentador, maravilloso, un paraíso de ocio desenfrenado que está la segunda estrella a la derecha. Venga en serio, parece el típico amigo mala influencia que te dice: vente a la macro fiesta de este fin de semana, que yo invito… va a ser como tocar el cielo… deja el cuarto este destrozado y escápate de casa por la ventana, aprovechando que papá y mamá os han dejado aquí con la mascota como vigilante… Eso a ciertas edades y en ciertas personalidades: no hay Pepito Grillo que lo evite.

Y aquí llega el elemento estrella, el que me abrió los ojos: El polvo de hada. Peter Pan pretende que Wendy, Jack y Michael se vayan con él volando por el espacio exterior y, para eso, que mejor que pensar en algo encantador, un pensamiento feliz y una canción pegadiza que te dice: “Volarás, volarás”. Pero NO. No vale, para volar de verdad no basta con pensar en cosas felices, hay que usar polvo de hada…y entonces “volarás, volarás”. ¿Soy la única que ve clara la relación con la cocaína? Encima dejan a la perra-niñera flotando en el aire y se van con toda su tranquilidad. ¿Quién en su sano juicio sería capaz de hacerle eso a su perra? Estar bajo los efectos de la cocaína puede ser una buena explicación.


La cosa continúa con la relación de “los niños perdidos” y Wendy, a la que Peter ya advirtió que sería su madre, que les leería cuentos y les cuidaría. Eso me hace vincular inmediatamente a estos personajes con drogadictos, enganchados al polvo de hada que viven en su mundo de fantasía donde no tienen que tener las responsabilidades de las personas adultas y viven felices brincando por las praderas, pero que en su fuero interno lo que sienten es una profunda necesidad de afecto maternal, cuya carencia sea el motivo mismo que les ha llevado a la adición a las drogas. Están perdidos… enganchados…
Enganchados por culpa de Campanilla. Que no os engañe su tamaño y su presencia tan graciosa, ese tintineo y esa supuesta fragilidad. Campanilla es el auténtico “camello” que suministra la farlopa. Ella es la interesada en mantener a los niños perdidos en el País de Nunca Jamás;  que también el nombrecito… claro, una vez que entras en la droga ya… es difícil salir. De hecho, monumental cabreo que pilla el hada de nuestra historia cuando Wendy se convierte en alguien importante para Peter y encima pretende meter en vereda a los niños perdidos hablándoles de lo que es tener una madre de verdad. Parece que ve peligrar el negocio y se encarga de intentar eliminar a la voz de la conciencia que supone Wendy, no vaya a ser que consiga desintoxicar a los chavales y ya no tenga clientes.

Por el camino nos vamos encontrando con: la comunidad india, que no son más que porretas que
están todo el día fumando “la pipa de la paz” y que mientras no les metan en problemas están ahí a lo suyo; las sirenas, que… no sé, son como unas “chonis marroneras” que no dejan que nadie se acerque a su Peter Pan, el cual, por cierto, es un auténtico Latin Lover; y por último: LOS PIRATAS.
Estos se merecen párrafo aparte, porque, si Campanilla es la que suministra la droga, Peter Pan la mala influencia que va haciendo que la gente caiga en ella y los niños perdidos el resto de enganchandillos… ¿Quiénes pueden ser los piratas? Creo que después de todo el follón que he montado, no puede haber otra respuesta más que ¡La POLICÍA! Pensadlo un poco, siempre a la caza y captura del líder de la banda, para lo cual usan las artimañas que creen convenientes con la intención de atraerlo hasta su área de acción. Son los malos de la película y no parecen tener interés por el polvo de hada para sí mismos (SPOILER OTRA VEZ: teoría que se me desmonta con las aventuras de Campanilla en las que Garfio quiere el polvo de hada para su beneficio - ¿poli corrupto?). Redondea este peculiar cuadro el simpático personaje del cocodrilo, que acosa a Garfio queriéndole alcanzar  al ritmo del tic tac del reloj que hay en su interior, como símbolo del tiempo que se va escapando y que hace más lejana la recuperación de los niños perdidos.


Y como remate final, no solo Wendy y sus hermanos dicen NO a la droga queriendo volver a casa con su padre y con su madre (en plan: la fiesta ha estado bien, pero este no es mi rollo) sino que al llegar a casa en el barco volador, el Sr. Darling se asoma por la ventana y dice, rememorando tiempos mejores, aquello de que recordaba a ver visto ese mismo barco cuando era joven... ¡Ajá! O sea que también tuvo su coqueteo con sustancias psicotrópicas ¿no? Y lo que es peor: como venían de fiesta, a saber lo que se habían tomado para ser capaz de ver el barco.
Hasta aquí mi narcótica versión de Peter Pan y El País de Nunca Jamás y mi teoría del mensaje subliminal. Para algunos y algunas todo esto seguramente sea una parida monumental a la que le encontraréis lagunas por todas partes, pero bueno, cada persona interpreta las cosas como quiere ¿no? 

 
Texto de Mayte Nékez
Imágenes de Google tuneadas por A. Moreno

viernes, 20 de agosto de 2021

miércoles, 18 de agosto de 2021

Sueño a veces

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Hay días en que la pereza puede con uno; se le hace tarde para la cena y no hay ganas de hacerla o no hay nada preparado del día anterior. Entonces pesca uno algo del frigo e improvisa un engrudo difícil: quesitos, algunas monedas de chorizo, berberechos, pan duro, una lata de cerveza y después, arrebujado en el sofá, me voy terminando un yogur. El caldero del estómago hierve al arrullo de la tele y me puede el conjuro del sueño. Voy a acostarme pesaroso y algo envenenado, creo que debí cenar una cosa frugal como dicen los cardiólogos pero el bolo que escogí ya ha generado un sueño intranquilo.

Entonces a veces sueño que mi amigo viene a casa con un cocodrilo en brazos. Ni reconozco que esa sea mi casa, ni reconozco a mi amigo, pero en el vórtice del sueño doy por hecho que sí lo son. Él camina con dificultad por el peso y las dimensiones del animal, resopla y suda por el esfuerzo; la cola del cocodrilo arrastra por el pasillo haciendo un ruido áspero de fricción. Es grande y le asoma la cabeza por encima de la de mi amigo, tiene la piel y las escamas resecas y nudosas como la corteza de un árbol, de un color mate y ceniza, se diría que ha estado fuera del agua mucho tiempo, huele fuerte a pescado y cieno «Tío, abre la puerta, mira qué te traigo» y se pone a reír a carcajadas. El animal pretendía torpemente librarse de los brazos de mi amigo con unos movimientos mansos; me causa una gran impresión los colmillos que le sobresalen de la boca cerrada, romos y astillados. En general el cocodrilo tenía un aspecto mudo y triste, muermo, drogado, moribundo y prehistórico. Así que abro la puerta que da a un estanque que está en el patio de luces. Es un estanque con dimensiones de piscina olímpica. Rodea el agua un pretil de ladrillo adornado con macetas de colores. El agua contenida, donde mi amigo se dispone a arrojar al cocodrilo, está verde, espesa y algo putrefacta con numerosas algas que alcanzan la superficie. El cocodrilo cae como un gran saco de piedras y provoca una estampida que levanta en ondas verdes el agua del estanque. El reptil se espabila bajo ese agua fangosa, bucea con sigilo y velocidad, se ve su silueta subacuática, negra, de monstruo jurásico. Mi amigo se ha sentado en el borde del pretil y le cuelgan los pies hacia el interior del estanque, ríe y lo señala «mira, tío, qué regalito, será para nosotros como un hermano». El agua ha dado al cocodrilo un vigor imperial, una fuerza asiria y una agilidad guerrera, diría que ha triplicado su tamaño y ahora es un gran saurio o un dragón, hace cabriolas y en una de esas volteretas abre la bocaza; se le arremolina el agua en esa boca abierta y dentada, remolino como un maelstrom. Cuando me giro para hablar con mi amigo, éste está ataviado con un albornoz encima del pretil, se lo quita, queda en bañador y salta al agua. La figura negra del cocodrilo bucea hacia él, presiento que quiere cazarle, comérsele, es una trágica premonición que he contenido desde que apareció con ese animal en casa ¿de dónde coño lo habrá sacado? El monstruo ha mordido al aire y mi amigo consigue zafarse y salir trepando por el pretil, chorrea agua y tiene algunas algas pegadas en los hombros; ahogo un grito de espanto, los dos huimos hacia la puerta abierta de acceso a la cocina para salir de casa. Veo de soslayo que el saurio nos persigue con una carrera reptante; es enorme, tripón, bíblico, cojonudo. Su cabeza se atasca en la puerta, se oyen ruidos de cascotes y muebles derribados, rotos, cacharrería. Escaleras abajo logramos salir de casa. Volamos por el barrio, doblamos varias esquinas, corremos por el hospital, por el ahorramás, por el eurodroguer, por la iglesia y los salones parroquiales, entre los andenes de la estación de autobuses, por el campo de fútbol de arena. Una anciana ha caído a causa de nuestro descuido en la carrera; una madre gira rápido el carrito de su bebé para esquivar nuestro arrollamiento, luego nos grita enfadada. No alcanzo a mi amigo, cada vez más lejano, más delante, le pierdo en la distancia, no me espera. No puedo más y paro sofocado, tosiendo, sudando a chorros. Y veo por encima de los bloques lejanos del barrio que asoma la figura kilométrica del cocodrilo, ahora bípedo como un Gozilla, gigante, cíclope, Leviatán alienígena y Neptuno; mordiendo tejados y ferralla. Suena la policía, los bomberos y el ejército que con helicópteros acuden como avispas al monstruo, al nuevo King Kong arcosaurio. Me ha jodido la casa; mi amigo, Babilonia, las mil y una noches; ¿De dónde lo ha sacado? ¿A qué coño me lo trae?

«Será para nosotros como un hermano, tío»

 Texto de Garven
Imagen de www.pixabay.com

lunes, 16 de agosto de 2021

Gorocica 1937

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No eres tú, afortunadamente, quien en mayo de 1937
entró en el caserío de Gorocica
antes de que el sol acabara de desarmar la niebla y halló
desordenada su casa natal.
Él no sabía si iba a encontrar algún familiar, parecía
que no había nadie dentro,
ni siquiera el perro le salió al encuentro con su
habitual alegre bienvenida.
La basura abandonada por los milicianos en el soportal,
las puertas abiertas de par en par,
la banqueta de la cocina rota, la ceniza desperdigada.

Entró en la cuadra,
y vió que no había ningún animal. En la penumbra,
sintió un ruido y disparó
hacia arriba. Se abrieron tres orificios en el techo de
madera y de uno de ellos
empezó a manar sangre, un chorro fino que le caía
sobre el hombro como un hilo rojo,
tibio, silencioso, sin que él supiera de qué
o de quién
era aquella
sangre.


Poema de Joseba Sarrionandia. ¿La poesía ha muerto? 
Imagen de Pixabay

sábado, 14 de agosto de 2021

Poemas de Ana Patricia Moya

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VACÍO

“Has perdido mucho peso”.

Es cierto.

También he perdido
la ilusión por muchas cosas.

Por suerte, nada de esto
se percibe a simple vista.
 
 
ANIMALES LASTIMADOS

            No se puede confiar
en aquellos que fingen interés
arrimando sus hocicos con saliva
que es puro veneno

            por eso, prefiero infectar mis heridas
lamiéndolas en soledad

            que yo sea la única causante
            de mi dolor.

Texto de Ana Patricia Moya

 

jueves, 12 de agosto de 2021

martes, 10 de agosto de 2021

The song of hope, de Nuvolution

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De nuevo, nos llega esta interesantísima banda con otro single bajo el brazo. Parece que le han cogido el gustillo a eso de lanzar canciones (temazos) poco a poco en lugar del disco completo. Yo también creo que es una muy buena forma de crear expectación sobre la obra completa. Y es que, si el larga duración va en su totalidad en la línea de lo que ya llevamos escuchado, se va aconvertir automáticamente en un must have de manual. En esta ocasión nos traen una nueva forma de ver la esperanza, solo que más calmado y no tan fiestero como el anterior adelanto Rising up (aquí la humilde reseñita que le dedicamos). Lo acompaña un video lyric muy bonito y currado (obra de Murciano Total) que me recuerda a un teatro de sombras que, conforme avanza la canción y se va añadiendo chicha instrumental, va ganando también en color y detalles. Una preciosidad. 

En cuanto a la canción en sí, grabada también durante el maldito confinamiento*, tenemos una fórmula que ya nos es familiar proviniendo de estos chicos: una base rítimica que te hace mover los pies y la cabeza de forma atomática, con mucho de rock suave y algo de funk, a la que se le van sumando arreglos y estilos (no puede faltar el toque folk 💗) y sobre los que una sugerente voz nos va contando por qué la vida merece la pena. El tramo final es un subidón instrumental acompañado por la explosión ya total de color.

Escuchad música, no odiéis, cambiemos el vino por la sangre.

Aquí el video:

 

Aquí el espotifai: 🎵

Nuvolution son:

Violin: Belén Zanetti
Flauta: Fátima Jiménez
Guitarras: Nacho Casatejada
Bajo: Guillermo Soloaga
Batería y Percusión: Guillermo Manzanares
Piano y Teclados: Txema Cabria
Voz y Coros: Txema Cabria

*Fue un asco, sí, pero también nos ha dado alegrías como esta y muchas otras obras. El arte ha sufrido mucho durante esta crisis, pero no ha bajado los brazos en ningún momento.


Texto de A. Moreno
Imagen (portada del single) de David Clode