martes, 17 de septiembre de 2019

Tocado por la Musa

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Nunca he atracado un banco empuñando un plátano como si fuera una pistola. No necesariamente tendría que ser una banana grande. Uno pequeño y maduro vendría bien, cuanto menos llamativo mejor. Recién sacado de la nevera, para que cuando se lo pusiera a alguien en la nuca, al sentir el frío pensara que se trata de un arma de hierro. Soy consciente de que, a priori, puede parecer una idea absurda, pero párate a pensarlo por un segundo.

Los bancos de ahora están bien protegidos, casi todos tienen un detector de metales en la puerta. Con un plátano podrías pasar sin hacer saltar la alarma. Luego está, claro, el tema de cómo reaccionaría la gente, tanto clientes como empleados. Una persona con un mínimo de inteligencia se reiría de ti y seguiría a lo suyo cuando la encañonaras con una pieza de fruta, o si te pones muy pesado, te indicaría un orificio muy concreto por donde podrías metértela. Es lo que debería ocurrir en una sociedad que no estuviera idiotizada. Afortunadamente, no es el caso. Habrá algunos que desearán que tengas éxito con tal de que las imágenes captadas por las cámaras de seguridad salgan en las noticias. Colaborarán contigo para que los medios y las redes sociales les suministren en vena sus quince minutos de fama, y luego declararán haberse sentido confusos o bien haber pasado miedo. Otros se asustarán de verdad, pensando que tienes que estar muy loco y, si bien no puedes cumplir tu amenaza de volarle la tapa de los sesos, sí que puedes agredirlos de cualquier otra forma. Yo por si las moscas no me excedería con los métodos de intimidación. Me limitaría a actuar como si el plátano fuera un arma muy potente sin valerme de más elementos. Así, si me cogieran, sólo podrían acusarme de alterar el orden público, y todo quedaría en una pequeña multa.

Sí, amigo. El plátano es el arma del siglo XXI. Tengo que aprovechar ahora que es una novedad para llevar a cabo mi plan. Después, mucha gente empezará a hacer lo mismo y ya no tendrá tanta gracia. Entonces tendré que probar con algo más agresivo: un consolador a pilas.

Texto de Román Pinazo
Imagen de Karoun Chahinian

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