jueves, 1 de febrero de 2018

Given To Fly, de Pearl Jam

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El cielo me miraba desde su infinita belleza y me enviaba mensajes ocultos tras las nubes. Me provocaba. Su celeste inmensidad era casi insultante, pero podía oír su canto de sirenas. Me llamaba. Él sabía que no era mi mejor momento. Aunque también me conocía lo suficiente para saber que, a pesar de estar hundido, siempre miraba hacia arriba y buscaba en su claridad la esperanza que tanto necesitaba. Sentado en la rama de un viejo nogal soñaba con él, con el aire; las olas bajo mis pies, mi propia sombra proyectada sobre la superficie del inmenso océano. Sabía muy bien que sólo soy un ser humano, sabía que sólo unos pocos de mis semejantes serían capaces. Pero me creyó especial. “¿Y si en realidad lo soy?”, pensé mientras sentía que nada había cambiado a mi alrededor. De pronto me incorporé, casi de un salto. Estaba tan decidido que olvidé su benevolencia y le desafié. Sonrió, ignorando mi impertinencia, y lanzó su invitación, golpeándome con una ráfaga de viento. Entonces ocurrió, me elevé ayudado por sus alas invisibles y cabalgué las corrientes, desbocadas al principio. Nadie podía saber cómo me sentía, nadie excepto yo; un privilegiado que surcaba los vientos sin más pretensiones que escapar de todo. Mis pulmones bombeaban amor y libertad. Mis ojos, llenos de lágrimas se colmaban de la belleza que se abría ante mí. Los pájaros, extrañados en un primer momento, me acompañaron hasta que comprendieron que era uno de ellos, y regresaron a sus bandadas. La sensación de no pertenecer a ninguna me invadió durante largo rato mientras continuaba planeando sobre las nubes. Poco después, cuando conseguí controlar mi poder, comencé a pensar en todas las piezas del puzle de mi vida. Descendí hasta atravesar la esponjosa capa blanca que me impedía la visión. Desde mi nueva y exultante posición podía ver el mundo y cuanto contenía. El poder que se me había concedido me confería permiso para todo aquello que imaginase. Podría haber sobrevolado a quienes alguna vez me habían hecho daño, les podría haber devuelto el dolor recibido, o simplemente haberme vanagloriado ante todos ellos por el don que me hacía flotar sólo a mí. Podría haberlos matado de pura envidia. En cambio, preferí disfrutar del momento, de cada sensación, de cada lugar.

Exhausto, regresé junto a quienes me querían.

Nadie lo comprendió, pero continué como si nada hubiera ocurrido, continué siendo el mismo de siempre, rodeado de todo lo que amaba y de la miserable y pútrida materia en descomposición que conforma nuestro género. Pero de vez en cuando, volvía a escapar a las alturas, dichoso de haber compartido mi secreto: el increíble don de volar que todos poseemos, pero en el que sólo unos pocos somos capaces de creer.



Texto de A.Moreno
Imagen de Pixabay
Video Given To Fly, de Pearl Jam


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