miércoles, 12 de agosto de 2020

Miguel Delibes

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En esta entrada hago breve reseñas de obras de Miguel Delibes que han pasado por mis manos, son apuntes que esbozan las temáticas sin desvelar los desenlaces. Las unifico aquí porque no me han apasionado como en su día lo hizo "Señora de rojo sobre fondo gris", han quedado en un pasarratos sin más.



La mortaja: Podemos imaginar qué va a pasar y la historia se va construyendo nítidamente en tu cabeza pero no importa que la trama sea previsible sino el cómo está escrito. Delibes tiene un don y consigue engancharte aunque no haya mucho movimiento en la trama. Es un cuento breve donde ­la naturaleza, la muerte, la infancia y el prójimo­ se conjugan de manera obsesiva.

Las ratas: La denuncia social siempre vigente. Un niño (llamado Nini) de once años vive con su padre en una cueva apartada del pueblo y se alimentan de ratas. El Nini parece poseer conocimientos por ciencia infusa y todos acuden a él con dudas sobre la cosecha, animales, etc. Como apoyo emocional sólo tiene a su perra. Los problemas empiezan porque el alcalde quiere acabar con las cuevas y un hombre joven de un pueblo cercano empieza a cazar ratas por diversión en el mismo territorio así que las presas comienzan a escasear.

Madera de héroe: Siempre su acertada mano esboza una forma para transmitir y zarandear tu cerebro, aquí no iba a ser menos. Este libro no es una novela sobre la Guerra Civil, sino la crónica de unos personajes que se ven envueltos en ella "cuando se arma la gorda".

Los santos inocentes:
Es de esos libros que me alegré de no haber comprado yo sino que mi madre lo tuviese en la estantería porque en esta ocasión no me ha enganchado nada el modo narrativo (algunas frases sueltas) pese a que la temática tiene potencia: Una familia de campesinos formada por un matrimonio y sus cuatro hijos
que vive en una humilde casa al servicio de los señores del cortijo, trabajando, obedeciendo y soportando humillaciones sin queja alguna. Constituye una denuncia moral contra el latifundio, la injusticia social que provoca y las consecuencias que tiene sobre la vida de los individuos, la jerarquización brutal de la sociedad que provoca la deshumanización de los menos favorecidos.

lunes, 10 de agosto de 2020

Haciendo tiempo

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Entre suizos, cafés y pastas
vuelve a huir mi mirada, atada al tiempo del reloj.
El humo del cigarrillo juega entre aromas
y la ceniza inunda mi ropa.
El rito del café corre presuroso
entre camareros de uniforme blanco con botones.
Robo tiempo, traicionando a mi horario
y mancho otra vez la servilleta de papel.
El reloj simétricamente traza las catorce horas
y me señala acusador...
La pluma se abre paso entre los escombros
de la colilla que apago.
Ahora, me tocará a mí
abrirme paso entre la gente,
que no sé si también llegará tarde,
intentando no perder la servilleta y la pluma.

Poema de Eugenio Barragán
Imagen Miradas ar-dientes que invitan morderte de Zenset

sábado, 8 de agosto de 2020

Muerte está confusa

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Muerte, confusa.
El que viene a llevarse
huele a Hugo Boss.
El que debe vivir
apesta a pis.
Muerte no entiende.
Los que tendría que llevarse: disfrazados de vida.
Camuflaje comprado.
Inversión en mentira. De cientos de años.
Muerte, confusa.
Obsesionados por quedarse: polvo de tumba.
Dispuestos a irse: los que más falta harían.
Muerte no puede confiar en su nariz.
Ha de parar,

Y empezar

A pensar.


Poema de Chema Villalba
Creación en Illustrator de A. Moreno


jueves, 6 de agosto de 2020

Cena

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Y fui a cenar a casa de mis
padres como les prometí
y hacía, bueno, como un mes
que no los veía
pero llegué muy muy tarde.

y ellos ya habían cenado
pero no hubo malas caras pese al
retraso

y lo que quedaba de cena estaba
frío
pero me lo comí
y estaba bueno.

Y me encontraba yo
de un humor
extraño aquella noche
y el ambiente durante la cena fue
como tenso enrarecido
yo ahí cenando solo
mientras los dos miraban
en silencio casi todo el tiempo
aunque
como digo no
hubo malas caras
sólo como una ausencia de vida
y el aire muy quieto.

Y cuando acabe de cenar
era muy muy tarde
y no había ya transporte público
así que me llevaron a casa en
su coche
y mi padre se sentó al volante
y yo me senté junto a él
detrás nuestro se sentó mi madre.

Y puse la radio
a ver qué había
y la canción era muy muy triste
y mi padre conducía en silencio
y mi madre guardaba silencio atrás
y yo miraba por la ventanilla
o miraba a mis padres
tan viejos
y la ciudad tan apagada
los tres en silencio
en el coche fletado a través
de la ciudad
callada callada callada
podrida
muerta.

Y
bueno
hice algo que
hacía tal vez más de diez años que
no hacía:
Lloré
pero lo hice en silencio
y me froté los ojos como si se me hubiera
metido algo
y estaba muy muy oscuro
así que nadie noto nada.



El mundo me pareció entonces
un lugar muy muy triste
donde la gente conduce desamparada
coches viejos
por ciudades vacías oscuras muertas
sin hablarse
sin esperanza

sólo dos faros
y una guitarra lánguida
y el vacío delante
y el abismo detrás
y la nada alrededor.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

martes, 4 de agosto de 2020

domingo, 2 de agosto de 2020

Versículo del Génesis

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Por las ventanas, por los ojos 
de cerraduras y raíces, 
por orificios y rendijas 
y por debajo de las puertas, 
entra la noche. 

Entra la noche como un trueno 
por las rompientes de la vida, 
recorre salas de hospitales, 
habitaciones de prostíbulos, 
templos, alcobas, celdas, chozos, 
y en los rincones de la boca 
entra también la noche. 

Entra la noche como un bulto 
de mar vacío y de caverna, 
se va esparciendo por los bordes 
del alcohol y del insomnio, 
lame las manos del enfermo 
y el corazón de los cautivos, 
y en la blancura de las páginas 
entra también la noche. 

Entra la noche como un vértigo 
por la ciudad desprevenida, 
rasga las sábanas más tristes, 
repta detrás de los cobardes, 
ciega la cal y los cuchillos 
y en el fragor de las palabras 
entra también la noche. 

Entra la noche como un grito 
entre el silencio de los muros, 
propaga espantos y vigilias, 
late en lo hondo de las piedras, 
abre sus últimos boquetes 
entre los cuerpos que se aman, 
y en el papel emborronado 
entra también la noche.



Poema de José M. Caballero Bonald
Imagen de Pixabay