domingo, 29 de abril de 2018

Higiene del asesino

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Este título me inspiraba maneras de eliminar las evidencias de que has cometido un crimen o cosas así, sin embargo trata de un anciano, Prétextat Tach, al que sólo le quedan dos meses de vida. Al ser premio Nobel de Literatura y pese a estar en plena guerra del Golfo periodistas de todo el mundo tienen interés en entrevistarle (tal vez porque es menos arriesgado que cubrir el otro tipo de noticia). Tach, con su arrogante lengua viperina, tratará de destrozar a los pocos oponentes que conseguirán citarse con él, del mismo modo ellos intentarán dar con la clave de su odio hacia el género humano.

Con esta obra, Amélie Nothomb, se da a conocer. Nos muestra su estilo ácido, su humor y algunas de sus obsesiones: la escritura, la relación con el público y/o entrevistas, el pavor a que sus costillas queden cubiertas por una gran capa de grasa, etc. Quizás me hayan gustado más otras novelas suyas: Metafísica de los tubos, Viaje de invierno, Diario de Golondrina, Una forma de vida y Ácido sulfúrico; pero pienso que fue un buen comienzo.

sábado, 28 de abril de 2018

Nightfall in Middle-Earth

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El tiempo vuela. Es algo que asusta, la verdad. Pero al menos sé que, en mi vida, he tropezado (y espero seguir haciéndolo) con ciertos regalos de los dioses que han hecho que el raudo devenir de las horas, hasta el momento, haya merecido la pena.

Aun recuerdo el primerísimo disco que compré y del que, hasta hace poco, conservaba el ticket. Fue en el mítico y desaparecido Sevilla Rock: Tokyo Tales, Blind Guardian. Siempre pensé que la mejor forma de conocer una banda es escuchando sus grabaciones en vivo. Aunque confieso que el álbum que nos ocupa acarició mis orejones de forma fraudulenta hasta que pude ahorrar lo suficiente. Y el tiempo sigue marcando tictacs. Pero estas melodías no se detienen ni lo harán jamás, ni en mi cabeza, ni en ninguno de mis reproductores (mi intención es conseguirlo también en vinilo).

Nightfall in Middle-Earth es mucho más que un simple disco. No solo es, en mi opinión, su mejor trabajo, es la declaración de amor de una banda (y una generación, se podría decir) a la inconmensurable obra de Tolkien. No era la primera vez que se acercaban a las novelas del escritor sudafricano. Ya había referencias de ese mundo fantástico en canciones como The Bard´s song (In the forest/The hobbit), la instrumental Gandalf's Rebirth, Majesty o (por supuesto) Lord of The Rings. En 1998 dieron un paso más allá y confeccionaron un album conceptual en torno a la obra más ambiciosa y desgraciadamente inacabada del tito John Ronald: El Silmarillion. A lo largo de un total de 22 pistas (entre canciones, interludios y narraciones) nos llevan de la mano a través del mundo que el mismísimo Señor Oscuro Morgoth está a punto de (intentar) destruir. Por primera vez en su carrera musical se embarcan en una obra de esta magnitud y sobre todo de esta calidad compositiva. Hasta este lanzamiento no habían abordado sus temas con tanto esmero y de forma tan cercana al progresivo. Los anteriores trabajos, sobre todo los primeros, se basaban en un metal frenético, cercano a sus (y mis) adorados Testament. Luego fueron limando la ejecución e incluyendo más elementos acústicos y medievales así como estructuras mucho más elaboradas, algo que se puede percibir en su máximo esplendor en Imaginations from the other side. En esta evolución sónica, el principal artífice es el bueno de Thomas (Thomen the Omen) Stauch y su progresión hacia la excelencia con las baquetas. En Nightfall in Middle-Earth, así, sin anestesia, graba una de las mejores sesiones de batería de los noventa. Solo hay que poner a todo trapo The Curse of Fëanor para saber de lo que hablo. Podría escuchar este disco eliminando el resto de instrumentos y me seguiría poniendo los pelos de punta. Eso unido a las inspiradas composiciones y algunas de las letras más brillantes en la trayectoria de la banda hacen de esta su obra maestra.

Es increíble que después de dos décadas no decaiga mi emoción cada vez que suena. Y realmente no es necesario haber leído El Silmarillion o a Tolkien en general para disfrutarlo. Aunque evidentemente gana mucho más si conoces las historias que se cuentan. No me voy a meter en análisis tema a tema, hay miles pululando por la red, ni siquiera voy a mencionar la espectacular portada de Andreas Marschall, habitual en sus cubiertas. Lo que sí diré es que transmite tanto en cada corte que merecería que La Tierra Media existiese de verdad para que fueran sus habitantes quienes juzgasen. La única pega que pondría (sí, hasta para esto tengo un pero) es el sonido de las guitarras. No es el primer gran clásico que me encuentro con este problema. No tanto con la solista, pero sí con las rítmicas, parece que el ingeniero de sonido olvidó donde estaba la palanca de los agudos y se quedó dormido sobre la de los graves. Y es una verdadera pena, porque si hubiesen sonado tan crujientes como en su anterior entrega (Imaginations from the other side), por ejemplo, estaríamos hablando del disco perfecto. Pero fue lo que fue y es lo que es; está en su tiempo y en su lugar. No soy muy amigo de remasterizaciones o regrabaciones así que me quedo con el original aun con esa tara en el sonido. Siento que me quedo corto con estas palabras, así que mejor lo celebro de la mejor forma: poniéndolo de principio a fin y a un volumen que asustaría a la mismísima Ungoliant.

¡Por otros 20 años de anochecer épico!


Texto de A. Moreno

Imagen propiedad de Andreas Marschall, en la que se refleja uno de los momentos clave de la obra póstuma de nuestro querido Tolkien.  Luthien distrae a un embobado y lujurioso Morgoth (y secuaces) para que Beren pueda arrebatarle uno de los silmarils engarzados en la corona. Hasta los señores oscuros tienen sus momentos de debilidad. 

jueves, 26 de abril de 2018

Noctambully

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Hace tiempo me enseñaron a relajar el cuerpo. Primero era por zonas, poco a poco, hasta que todos los músculos estaban relajados y el sueño se apoderaba de mí. Con el tiempo aprendí a hacerlo de una sola vez, desconectar el cuerpo y quedar dormido en muy pocos minutos.

Últimamente me ha venido ocurriendo lo contrario, que en medio de la noche mi cuerpo se conecta con la misma facilidad con que lo desconecto. Con ello salgo del sueño y no puedo volver a él durante media hora, una hora, a veces más. No sé por qué ocurre. Lo achaqué al exceso de café, aunque nunca me había afectado con anterioridad. Dejé de tomar café pasadas las tres de la tarde salvo días puntuales. El enigmático despertar desapareció...

Me acabo de despertar. Dos horas de sueño. No recuerdo qué, sólo sé que ha sido un buen sueño. De repente mis ojos se abren de par en par, noto mi cuerpo reactivarse, ganar temperatura, aumentar mi ritmo cardiaco.
        –No, hombre, que quiero seguir durmiendo.
        –Calla.
        –Pero hay que dormir que quiero madru...
        –¡QUE TE CALLES!
Un bully, un niñato como se decía antes de que se popularizace el nuevo término, se ha apoderado de mi vigilia. Hago lo que me decían de niño, ignorarle. Él, dueño de mi cuerpo y de mi mente se pone a hacer planes para el día siguiente.
        –Podría quedar bien. De ahí sale un texto y un audio... ¡no, mejor un vídeo! Abro el OBS y preparo una escena nueva. Primero la webcam, en una esquina y con poca luz, como si fuese de noche. Lo haría sin peinarme para enfatizar esa sensación y con tono de voz medio-bajo. A la derecha el texto, verde sobre negro con el JDarkRoom, que hay que sacarle partido de vez en cuando. Y en el hueco que quede bajo la webcam... el título, en vertical y con alguna tipografía llamativa. Y se llamará... ¡NOCTAMBULLY!

Mientras Noctambully está a lo suyo, creando en un ordenador imaginario, yo me pongo a intentar volver a desconectar el cuerpo, a tratar de forzar el sueño.
        –¡JA, que te lo has créido! Ahora soy yo el que manda –dice mientras levanta mi rodilla derecha. Mi pierna queda flexionada, un permanente punto de tensión. Acto seguido me mete en un sueño.

Estoy en un sofá, tumbado de lado. Sobre una pequeña mesa tengo un portátil y busco un par de escenas en concreto de una serie, sin mucha suerte. Miro mi pierna derecha. En algunos puntos se amorata. Al tocar lo amoratado sale un líquido blanco, ¿pus?, seguido de sangre. Hay un rollo de papel cerca. Limpio la sangre pero salen más zonas amoratadas, más líquido blanco, más sangre. Finalmente cesan las hemorragias. La pierna está intacta, no he sentido dolor alguno, pero el rollo de papel casi está agotado y parte de la sangre ha manchado el sofa y los cojines. Fermoso panorama.

Me despierto. En mi cabeza suena "Let me hear you scream" de Ozzy Osbourne. Me mete en otro sueño, muy breve, sin imágenes. Madison Sterling, aspirante a cantante, escribe una carta a sus familiares prometiendo suicidarse y luego mudarse a un lujoso piso en Madison Avenue, New York. Sólo cumple lo primero.

Vuelvo a despertar. Ozzy sigue gritando dentro de mi cabeza. Le doy una patada a la manta quedando destapado.
        –Vaya, parece que he recuperado el control, o al menos parte de él.
Caigo en la cuenta de que la pierna flexionada y la del sangriento sueño son la misma. Pienso qué hacer, si levantarme y tomar un poco de agua serviría de algo. No lo hago. En su lugar me quedo pensando nuevamente en de qué lado está mi subsconciente. Lo tenía por aliado, pero me acaba de hacer pasar un muy mal rato. ¿Por qué no podía ofrecerme un sueño como el de la noche anterior? Uno profundo... y porno. Muy profundo y muy porno.
En mi cabeza Ozzy termina su canción. En su lugar empieza a sonar "Serenity" de Charon. Del Noctambully no sé nada más, ya no parece estar aquí. No me importa. Un sueño agradable me está llamando. No le hago esperar.


Audiovisual, texto e imagen de Álex Ruiz

martes, 24 de abril de 2018

“Nikuro, La guerrera de los sueños”, de Simonloko

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El dibujante sevillano Simonloko presenta este fin de semana el que será su primer cómic publicado y que recoge las aventuras de Nikuro, una chica pelirrosa que viaja por los sueños para solucionar las pesadillas de sus amigos y amigas.  La guerrera tiene como compañero a Pomelo, un Pomerania que añade la parte adorable a la trama.

El personaje, que fue ideado por José Ryoga y Simonloko, ha sido trasladado al cómic por éste último de una manera muy peculiar, ya que ha apostado por recuperar el estilo de libro “elige tu propia aventura” que se hizo popular en los años 80-90, de manera que el lector o la lectora elige el camino que va a seguir Nikuro en cada página, convirtiéndose así en protagonista de la historia. Este estilo conocido en algunos libros literarios es, sin embargo, poco frecuente en el mundo del cómic, por lo que es otro de los atractivos que hacen de Nikuro, La guerrera de los sueños, un ejemplar a tener en cuenta.


Recuerda mucho su lectura a los videojuegos de aventura gráfica, donde la elección del camino erróneo o correcto, nos llevará a tener que buscar nuevas alternativas o a encontrar el buen final.

El lugar elegido para que su ópera prima vea la luz ha sido Sevillaficción, el salón del cine, las series y el cómic, que se celebrará los próximos 28 y 29 de abril en el Casino de la Exposición de Sevilla y tendrá un precio de lanzamiento de tan solo 5 euros por tomo.

Divertido e ingenioso, el cómic de Nikuro, La guerrera de los sueños será sin duda el punto de partida de la carrera artística de Simonloko, el cual ha demostrado con esta obra que está preparado para ocupar su lugar en las estanterías de todas las librerías.


Texto y Fotografía: Mayte Nékez
Dibujo: Simonloko

sábado, 21 de abril de 2018

La tumba

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-¿Te gustaría visitar la tumba de papá? - su hijo, el sacerdote, le preguntó.
-¿Tu padre o el mío? - Se rió de su propia ignorancia.
Movió la cabeza y bajó los ojos sin ofrecer menor atisbo de sonrisa.
-El mío.
-Claro, ¿Por qué no? ¿Está lejos? Quiero decir, ¿podemos ir caminando? Preferiría caminar.


Fragmento de "El cura", Thomas M. Dich
Imagen de pixabay retocada


jueves, 19 de abril de 2018

introspección #cuentosultravioletas

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En un intento de introspección me he dado la vuelta a mí mismo como a un calcetín. 

De hecho la intención del viaje introspectivo surgió esta misma mañana al ponerme un calcetín del revés, en concreto el izquierdo. Casi no se notaba, pero he decidido darle la vuelta al “invertido” por aquello de empezar el día haciendo las cosas bien, y me he dicho a mi mismo: -¡Qué elemento cotidiano tan simple es el calcetín! 

Podrías darle la vuelta sin que nadie, incluso él mismo, se diese cuenta. Y con esta ilusión de ser tan simple como mi calcetín del martes, he decidido darme la vuelta para comprobar si puedo asomarme a mis suburbios.

Ahí está lo peor de uno: los deseos inconfesables y las miserias. Apartas una víscera, y justo de ahí, de donde nunca imaginaste, salen alimañas disparadas extendiéndose por uno mismo en forma de una mala hostia que no sabía que acumulaba en mi interior. 

En el kilómetro 1 de mi viaje introspectivo he comprobado, fascinado, que soy incompresible por ambos lados de mí mismo.

Después de esta mirada a mi interior he vuelto a fijarme en el calcetín como símbolo de la simpleza y la complejidad de este universo infinito en el que vivimos. A veces parece un gigantesco calcetín que está de nuestro lado, y otras...bueno, otras está del otro lado y las costuras producen un roce que acaba arañándonos (incluso hay quien colecciona las heridas), y que depende del estado de ánimo en que nos encontremos en la transición del ahora al siguiente instante del día.




Texto de A. Ramírez
Imagen de Pixabay