domingo, 21 de julio de 2019

Has entrado en mis ciudades arrasadas

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Has entrado en mis ciudades arrasadas
tanteando los objetos con tu hábil mansedumbre
y me miras como quien grita que viene en legión a hacerse himno
a romper mi fuselaje
a temblar con sus dedos la pureza que me queda.

Como si pudieras volverme cierta
me besas rompes las alambradas quemas la cáscara vacía
y hay algo de lumbre en tu mirada algo de bestia delicada con vocación de jungla.

Y te digo sí porque cercas el origen de las sombras y me haces agua y no desierto
porque en tu cuerpo la música es hondura
grieta entre la sal
y dices que vienes a hermanarte en mi fervor como un latido
y lo dices sin terror ni trayectoria
sin cemento ni herrumbre ni egoísmo
ni grandeza inventada ni fractura.

Pulsas mi cuerpo en su oscura transparencia
mi cuerpo sin fuego sublevado ni hueco que me nombra
y ahora limpios los establos por fin soy luz desde la luz
cadáver sin urgencia.

Tú me haces hallazgo.

Tú me haces claridad ardiendo el pulso ciego de las cosas.



Poesía de Bárbara Butragueño
Imagen de Pixabay


miércoles, 17 de julio de 2019

lunes, 15 de julio de 2019

Como en la vida

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Como en la vida:

Todo puede suceder
en un poema:

lo cotidiano, sí,
pero también lo deslumbrante,
e incluso
ambas cosas
a la vez

–como en este, ahora
que empiezas a desnudarte...





 
Ingénuo:

Creí que, como el mar
una noche de verano, tu sonrisa
me invitaba a sumergirme
(únicamente
a mí)
en tus aguas
profundas.

Pero salió la luna
y vi la playa llena
de exhaustos nadadores.


Poema de Karmelo C. Iribarren
Imagen de Pixabay

sábado, 13 de julio de 2019

Hijos de nadie

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Déjame pensar por un instante
que eres tú quien ve por mis pupilas...
Me desgasto, te desgastas
en el fulgor del choque con el mundo.
Deja de pensar por un instante,
toca aquí -mi pecho dolorido-,
cáete lentamente por la tumba
donde los vivos duermen cada noche.
¿Ves acaso aquella luna o es la luna
el espacio que nos queda?
No contestes, solo camina,
escucha atrás el maullido de los gatos,
agarra con tus manos el asfalto,
déjame ver que estás conmigo en la derrota.



Poema de Diego Solís
Imagen de Pixabay



jueves, 11 de julio de 2019

El triángulo que a mí me pone a funcionar

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Me alegro, me alegro mucho cuando alguien se arriesga. No me refiero a que me haga feliz el hipotético hecho de que un tipo se meta en la jaula de un oso pardo en celo disfrazado de osa MILF. No. Me refiero al riesgo en el mundo del arte y la cultura. En este caso es un director de cine quien lo ha hecho, y no es la primera vez. En su manera de entender el cine, Luc Besson es excéntrico, extraño y original, pero por encima de todo hace lo que le da la gana. Y los riesgos que ha corrido, a veces se han convertido en verdaderas joyas del celuloide. Con Léon: El profesional, por ejemplo, se arriesgó confiándole un enorme porcentaje del peso del filme a una jovencísima y emergente (y desconocida y adorable y asombrosa y terriblemente adulta para su edad y precisa y casi perfecta) Natalie Portman. Con El quinto elemento se expuso al peligro ofreciéndonos ese sórdido futuro electro-ciber-barroco alrededor del cual se desarrolla una extraña trama a contrarreloj de antiguos seres divinos y alienígenas traficantes de armas. Claro que respaldado por la triada Willis-Jovovich-Oldman, lanzarse a la piscina es mucho menos traumático. Si además se añade una buena historia y una dirección innovadora y atractiva, el resultado es cine para la posteridad.

Recientemente ha saltado sin paracaídas mostrando al público uno de sus últimos trabajo: Lucy. Sin destripar ningún dato de la trama, se podría decir que la historia y la estética se nutren de varios títulos míticos que más de uno reconocerá en cuanto presencie algunas escenas. Sin embargo, al final no se parece a nada en su forma de contarla. A mi modo de ver, el filme se divide en tres películas diferentes, irremediablemente relacionadas entre sí, pero muy diferenciadas y marcadas por separado. Por un lado está la ciencia pura y dura, representada por Morgan Freeman y su eterna elegancia en pantalla; incluso interpretando a un científico, que ya sabemos que no tienen estilista. Besson le sigue por varios simposios y conferencias en los que va desgranando los resultados de su extensa investigación sobre la capacidad cerebral en forma de teorías no demasiado descabelladas. Él es el pragmatismo, el dato, el artículo de la revista de divulgación.

Por otro lado, la otrora musa de Woody Allen, la protagonista, Scarlett Johansson, enarbolando la bandera de la ficción más fantasiosa, la que te hace pensar en que lo que están viendo tus ojos es del todo increíble. Y no quiero decir increíble como sinónimo de asombroso, quiero decir que no te lo crees. Mientras, en paralelo y de forma gradual, el bueno de Morgan te va dando las pistas necesarias para que cambies el prisma con el que presencias semejantes derroches de poderío. A su vez, entre despliegues cada vez más creíbles del poder del cerebro, Lucy (el nombre de la primera hembra de homínido) encarna la parte humana, la vulnerable a pesar de todo, la del conejillo de indias que es plenamente consciente de lo que está viviendo, de que su capacidad la hace conocedora del frágil papel que jugamos como individuo dentro del inconmensurable engranaje de la existencia y los sentimientos encontrados que eso le genera. (Prestad atención a la escena en la que llama a su madre).

Y por último, la tercera punta del tridente en el que he convertido esta pieza de entretenimiento sesudo y metafísico en formato blockbuster: los malos, liderados por el siempre correcto Min-sik Choi. Y la persecución de éstos por parte de los buenos, claro. Así nos entendemos todos, además son términos tan antiguos como eficaces a la hora de describir cualquier película de acción. La acción… Ese género que sin el apoyo de una buena historia siempre se me queda corto; la trama de mafiosos despiadados que convierten cualquier situación en una ensalada de plomo. La sección primitiva del largometraje, los simios bien vestidos capaces de apretar un gatillo y hacerse tatuajes. Los dueños de la calle. Primates.

En un punto de la cinta, las tres líneas convergen en un estallido y es cuando comienza el verdadero espectáculo para los sentidos y el auténtico reto para la sesera. Llegado el momento del clímax catártico de la protagonista, una sucesión de bellas imágenes nos transporta a través del tiempo (desde la mítica y en este caso simbólica Times Square) hasta que éste deja de tener sentido y asistimos a una de las metáforas más hermosas que he visto sobre el origen del universo.

Entretanto, la trama de buenos y malos va dando bandazos de un lado a otro alrededor del núcleo del desenlace de la historia, mientras la ciencia, resignada, se queda mirando como la naturaleza vuelve a superarle.

Habrá quien piense que sólo es una película de acción con súper heroína incluida y que el responsable de tamaña locura se ha debido volver loco o haber fumado mucha hierba para perpetrar esto. Pero un servidor piensa que tiene muchas lecturas y todas ellas interesantes y desde muchos puntos de vista. Tanto del lado científico (e incluso divulgativo) como del metafísico o el filosófico, se le puede sacar bastante jugo.

Si te parece que es creíble o, al menos, no te importa que un vampiro diurno que brilla al sol y que solo aparece por el instituto en días nublados nunca se haya planteado asistir a clases nocturnas, y sin embargo te parece irrisorio que una chica desarrolle al máximo su capacidad cerebral y sea capaz de controlar la gravedad, por ejemplo, esta peli no es para ti.


Filmografías:





Texto y fotomontaje de A. Moreno
Imágenes extraídas de Pixabay y este sitio
 

martes, 9 de julio de 2019

Vivencias

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Llegas al punto en el que, desde el cuarto de baño, le pides a tu novio que te traiga un salvaslip. Ya, la confianza, os hace reíros de las ventosidades o usar la ropa interior del otro, cuando os ducháis en su casa y no llevais muda limpia. Habéis recorrido tantos kilómetros juntos que la carretera sabe cuando os agarráis la mano en la palanca de cambios o que la derrota tuerce los cuerpos y los acerca a la ventanilla. También sabe del acelerar de las discusiones. Sin embargo esa suma que se une a conversaciones y más vueltas de reloj: a veces no son suficientes.

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Audio, texto e imagen: Saray Pavón