viernes, 14 de mayo de 2021

Barrio

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Gente apilada en los autobuses urbanos, disfrutando de la igualdad, de pie un montón de almas tristes. ¿Por qué no tiene Metro esta ciudad? ¿Dónde está la pasta? Vete a los barrios. Para saber qué es esta ciudad, vete a los barrios: dos macetas sin flores en la galería, el camión de las bombonas de butano, un perro que mea tranquilo en un solar, una papelera verde colgada de una farola también verde, un contenedor amarillo, dos municipales sádicos que multan un R-5 del 73. Para salir del barrio, ya sabes lo que te toca: esperar la llegada de esa bestia roja. Suma todas las horas que has esperado en los últimos años a esa bestia roja y te dará una vida oscura metida en una marquesina. Se la ve llegar a lo lejos, esa bestia roja que te llevará al Centro siempre tarde. Mejor ya no la espero. Mejor renuncio a salir del barrio. Mejor me quedo en el barrio a perpetuidad. No hay nada en los barrios de esta ciudad. Pero la pasta, ¿dónde está? Piensan, si es que piensan, que los que vivimos aquí no necesitamos detalles, no necesitamos un miligramo de belleza. Piensan que somos animales mutantes en establos, que estamos ciegos, que no merecemos la luz del mundo. Nunca nos pondrán papeleras de materiales nobles, baldosas grandes, árboles frondosos, altos, parques con cisnes, barcas con remos, una estatua, un arco, una lápida. Ya te vale con los semáforos y las aceras, chaval. Con un Sabeco y un Telepizza en medio del barrio vas que te matas, chaval. Estoy enamorado de este desierto, chaval. Este desierto me pone a mil, chaval. Este sudor, este pringue de la piel, esta nada húmeda, me ponen cachondo, chaval.


Relato de Manuel Vilas
Imagen de Pixabay

miércoles, 12 de mayo de 2021

Llorar a lágrima viva

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Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros.
Llorar la digestión. Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas, las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!


Poema de Oliverio Girondo
Videopoema de Saray Pavón

martes, 11 de mayo de 2021

Me gustas cuando callas

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Reconozco que no me apasiona la poesía de Pablo Neruda y que el verso mariposa en arrullo me resquebrajaba el ritmo y el latido. Sin embargo fueron tantas las peticiones para que leyese este poema que al final cedí. 

Poema de Pablo Neruda
Texto de entradilla y videopoema deSaray Pavón

domingo, 9 de mayo de 2021

La danza nocturna

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Ahora la luz se detiene.
Y los cuerpos prosiguen su camino
y nuestras manos
la búsqueda de otro costado.

Sólo se puede hacer danza
-dijiste-
en esta región del reposo.

Llueve tan lejos esta noche
que nosotros solo podremos
ocultarnos en la sangre del otro.



Poema de Víctor Ruiz
Imagen de Pixabay 


viernes, 7 de mayo de 2021

Armonio de fuelle y mantra

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Anochece en las estribaciones de la Sierra de Cádiz. Desde una ladera de campiña con vestigios de viejos olivares, escondiéndose entre la calma es difícil evitar la tentación de espiar al sol zambulléndose por el embalse de Bornos. “El pueblo más cercano está a más de una hora andando”, nos han advertido. Da la sensación de que aquí los días son todos parecidos, uniformes, pues no hay ruidos, no hay prisas, no hay gritos y no hay muecas envenenadas. Normal, pues estamos en un lugar apartado y discreto que acoge a gente en busca de meditación, a meditación en busca de gente, donde tiene espacio el Chi, el gong, el Yin, el Yang, el Om, los chacras, Ganesha, en fin, $deity patinando por el horizonte de líneas de Bézier y azul celeste. 

Da la sensación de que aquí los días son todos parecidos, uniformes, pero desde que el sol escapa hasta que vuelve a asomar queda una zona desmilitarizada en la que la serpiente aún no se ha mordido la cola. La noche en el campo, entre hierba, es más noche, es de cielo. De noche los días son diferentes y hoy suena una melodía para festejarlo. Fernando maneja rítmicamente con su mano izquierda el fuelle, sentado en el suelo, encogido y estirado, despatarrado. Al mismo tiempo, con la mano derecha presiona a su antojo las teclas de su armonio. 

¿Un armonio? Su música evoca al acordeón, pariente cercano, con el que comparte mecanismo de fuelle y teclado. “Justo hoy lo he desmontado entero y he aprendido mucho. Es un mecanismo sencillo pero también muy delicado”, comenta el músico, que conoció el instrumento hace pocos meses y quedó prendado. El fuelle bombea el aire, mientras que unas lengüetas de metal generan un agradable sonido, inesperado de lo que en apariencia es un raído cajoncillo de madera, un caprichoso pianito, un acordeón indolente y sedentario.

Es de noche, las velas iluminan el rincón de la azotea y cuantos escuchan sonríen y tararean. Sentado en el suelo, en ejercicio de contorsionismo, Fernando suelta el fuelle para llevarse a la boca un mirlitón y agita el pie para hacer sonar una suerte de cascabeles construidos por él mismo. La atmósfera está lista: el armonio crea el hechizo y con un ukelele se hacen compañía. Hoy, junto a Kate, echan una cana al aire versionando Home, home is wherever I’m with you. “Lo que tiene más miga es el tipo de música al que da pie, como los chanting mantras. En mi opinión es lo más evidente. Permite hacer colaborar a la gente en el canto y que no sea unidireccional, como estamos acostumbrados, del músico al espectador. Son eventos cargados de energía compartida, más participativos”.

La música no termina en las canciones, mejores y peores, servidas como productos industriales envasados. Estamos acostumbrados a estribillos pegadizos, subidas, bajadas, giros, estímulos, mucha información y sonidos comprimidos en 3 o 4 minutos. “Es como si pasara un tren por una estación sin hacer parada. Se va y te quedas igual, incluso un poco desubicado”. Hay otras meriendas además del bollycao. Música es también una nana, una melodía silbada, una sinfonía y seguramente el trino de un pájaro. El armonio reivindica un estilo divergente al habitual. Fernando se sienta, encoge la pierna derecha, estira la izquierda, comienza a darle fuelle al fuelle con la mano izquierda, los dedos de la derecha buscan las teclas blancas, las negras, las blancas, las negras. Empieza a sonar: lento, repetitivo (¿por qué este adjetivo se ha empapado de connotaciones negativas?), sencillo, profundo, espiritual, progresivo, quizás natural. Los asistentes se van uniendo tímidamente en su canto. “Te embauca sin apenas darte cuenta. Es algo más humano, que dura incluso después del final del mantra”. A pesar de la postura, de verlo despatarrado, siéntate bien es siéntete bien.

Aún resuenan los acordes del instrumento. El uróboros los ha escuchado y hoy va más despacio.


Texto y fotografía de Mario Tornillo


 

miércoles, 5 de mayo de 2021

lunes, 3 de mayo de 2021

Pasillos apagados

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Si te decides, ven,
me dices siempre.
Pero yo me quedo aquí,
sin hacer nada.

Envejezco entre espejos y lecturas
fingiendo que es temprano
para abrir.
Ham ampliado las voces su presencia.
El fragor me enloquece.
No llaméis.
Aún tengo apagados los pasillos,
corridas las cortinas.

Si te decides, ven,
siempre me dices.
Pero yo aquí me quedo,
y nada hago.




Poemas de Ana María Castillo Moreno
Imagen de pixabay

sábado, 1 de mayo de 2021

Infierno

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El infierno resultó ser un lugar húmedo.
El propio Satanás, encorvado, ayudaba a achicar.
Sumergido hasta las rodillas, manejaba frenéticamente un cubo
los pantalones remangados, un trapo anudado a la cabeza.
El sudor le corría sienes abajo.
«Los orines de Dios», me dijo, y repitió:
«Los orines de Dios, hijo mío»

Sacudió la cabeza
a la vez que me tendía un cubo.
Estupefacto lo tomé entre mis manos
mientras me preguntaba qué
clase de eternidad me aguardaba.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay