miércoles, 5 de diciembre de 2018

No todas son brujas

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Baja de tu nube de tormenta y acaba conmigo, fulmíname, tritura mis huesos y añádelos a los sapos y los murciélagos de tu fantasmagórica poción. Hazme tuyo, aunque simplemente sea como ingrediente en un burbujeante caldero negro. Después de todo, no será tan duro nadar entre la mandrágora y el ojo de lagarto, sobre el fuego abrasador de leña incandescente. Baja de tu nube, lánzame un rayo mortal y sabré que me recuerdas. Al menos podré comprobar tu poder.

¿Acaso no soy un buen componente para la brujería?

Si he de morir que sea pegado al gran garrote de madera que usas para remover la sopa letal con la que subyugas a los hombres.

Soy siervo de tu pelo negro, soy un adepto de la magia que desprende tu simple cadencia al caminar; déjame participar, déjame por un momento desangrar algún roedor o tal vez machacar esencias en un cuenco. Permíteme probar la belladona que emana de tu boca lasciva; mutila sin piedad a todas las alimañas que cuelgan del techo de tu cueva y admíteme como espectador privilegiado. Sácame los ojos tras el espectáculo de tu desnudez y engáñame para que los pruebe sazonados con cualquiera de tus especias, usaré el tridente del mismo Belcebú para tal festín. Enciérrame en la jaula colgante y mantenme vivo a base de hierbas alucinógenas; revienta mi cordura y espera a que mi pelo sea cano y mi piel decrépita para liberarme y morir viéndote joven por última vez.

Inclúyeme en tu colección de cabezas, y evita que me pudra, para poder reírte en mi cara cuando quieras; usa mi hueca calavera como cenicero de tus extraños vicios, bebe sangre en su interior, invoca a los demonios para que vengan a por mi torturado espíritu, haz conmigo lo que quieras… pero cógeme el teléfono, por favor… bruja.


Texto de A. Moreno
Imagen: Aquelarre de Goya 

lunes, 3 de diciembre de 2018

El espejo

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Victoria Urquiza (1987) nació en Catamarca, pero reside en Mendoza, Argentina. Profesora en Lengua y Literatura, se desempeña actualmente como docente de la Facultad de Filosofía y Letras. Ha publicado en algunas revistas digitales y en la antología Write like a girl, del colectivo homónimo del cual forma parte.


El espejo
Nací para ser espejo.
En mí encuentran eco
los sabores del tiempo.
Tengo las manos vacías
y el orgullo redondo.
En mi superficie plana
fotografío el lento hueco
de un día detrás del otro,
el movimiento de la soga
que me mantiene unido
a la existencia.
No hay sonido que me atraviese,
rebota el aliento y la mano
no llega nunca a rozarme.
A veces,
durante la soledad de la noche,
condenado a ser oscuridad
espero el golpe que me destroce.



Texto de Victoria Urquiza
Imagen de Pixabay


sábado, 1 de diciembre de 2018

Canciones Bastardas II

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Ah, los noventa. Llamadme nostálgico pero sigo anclado a sus maneras. Cuando los ochenta agonizaban (por suerte) ya venía empujando una nueva ola de cambios. Innovación, actitud, profundidad. El grunge, Living Colour, Corrosion of Conformity… pero sobre todo el grunge, que arrasó con casi toda forma de vida musical, al menos durante la primera mitad de la década. Patrocinado por éste, el buen rollo (forzado) de la década anterior fue sustituido por una caída a los infiernos, un encuentro para nada fortuito con los demonios internos. Algo que así, en frío, puede resultar descorazonador. Sin embargo, pese a la oscuridad, siempre se vislumbraba un rayo de esperanza. Incluso con Alice in Chains, que con cada canción nos invitaban a esa azotea sin barandillas con una caída de diez pisos. Todo esto que estoy vomitando no es más que el fruto de mi indignación por tener que hablar de una canción bastarda en una de mis décadas favoritas de la música.

La banda que nos ocupa reinó mientras estuvo viva y, sobre todo, su cabeza pensante, el malogrado y taciturno Kurt Cobain, sufrió en sus carnes enjutas el mismo principio del que se nutren las Canciones Bastardas: la fama.  Ese ente sin forma le atormentó hasta el día de su misteriosa muerte. Y si la teoría más afinada es la del suicidio, estoy seguro de que gran parte se debió al hecho de que su canción bandera fuera de las que, aun siendo buenas, no llegan al nivel que les caracteriza.

Es cierto que, a veces, sus temas me parecen repetitivos y les sobra más de un estribillo, pero Smell like teen spirit está muy lejos de ser lo más representativo del combo de Aberdeen.
Puede haber decenas de canciones mejores y que definen mejor su intrincada idiosincrasia. No sé, así a bote pronto me surgen All Apollogies, Lithium, In Bloom, Heart-Shaped Box, Pennyroyal tea, Dumb o School, aunque también sean víctimas del mismo verdugo. Sinceramente, es complicado encontrar un tema de esta banda que no sea mundialmente famoso. Así que me voy a referir directamente a la calidad y me quedo con Drain you (que no se repite tanto), a título personal. Disfruten.



viernes, 30 de noviembre de 2018

Tu mirada

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En el fulgor de tu mirada
se halla la ilusión presente,
tu figura que en blanco humo
se levanta, cual esfinge egipcia,
devota de ser adorada,
deseosa del beso de amor,
apasionada de mi figura
que te ilumine en deseos.

La ternura invade tu espacio,
arrulla el cuerpo siempre longevo
hasta provocar ese soñar despierto.
¿Por qué no dura este dulce momento?
¿Por qué los rescoldos de la hoguera
son cenizas si antes fueron fuertes troncos?
Tu mirada todo lo abarca,
aunque sus respuestas no sean certeras.

¡Cubre tu desnuda piel a mi lasciva mirada!
Las formas de tu cuerpo
me hablan de tu belleza,
que desprendes en rayos de ternura.
En las mañanas mi despertar
muere con tu ausencia infinita,
en las noches mi sueño
llega abrazando tu ser pleno.

Es tu mirada, pues, mi vida,
mi rumbo, ayer perdido.
Es tu mirada mi faro en la noche,
mi compañera en el día,
el éxtasis de saberla cercana,
mi tormento cuando me falta.
Es mi compañera, tú lo eres,
desde el equilibrio de la pasarela.



Poema de Luis de Diego Águila
Imagen de Pixabay

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Radiohead

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No sé si os pasa igual pero en mi caso muchísimos de los momentos más significativos de mi vida: van de la mano de alguna melodía. Los grupos, las canciones,... nos marcan; son capaces de transmitirnos calma, movimiento, ira, amor, deseo, etc. Y en esto se pone a la cabeza: Radiohead.

Sus videoclips causan impacto, sus temas están llenos de matices y cambios. Por ejemplo la canción "Paranoid Android" (del disco OK Computer) empieza con fuerza, efectos y guitarras que luchan por salir de los cascos -o la habitación- y, de repente, gira todo y nos mecen para luego volver a elevarnos. Aunque la que más me atrapa, por la letra en especial, es Street Spirit.

Con cada single nos hacían la boca agua, cada disco (1993: Pablo Honey, 1995: The Bends, 1997: OK Computer, 2000: Kid A, 2001: Amnesiac, 2003: Hail to the Thief, 2007: In Rainbows, 2011: The King of Limbs y 2016: A moon shaped pool) es una obra maestra y en los conciertos nos entregan todo. Se han puesto el listón alto y han conseguido llegar hasta el pedestal musical sin complicaciones porque a lo largo de su trayectoria han sabido compaginar su esencia con la palabra evolución. Por eso mismo temblamos ante un nuevo disco para, posteriormente, asentir con la sonrisa en los labios. Los que seguimos a este grupo confiamos en que siga siendo así... a ver cómo se porta el siguiente.

Me gustaría que, tras leer esta reseña-reflexión, respondiéseis estas preguntas: ¿Cuáles son vuestros grupos/cantantes de cabecera? ¿Creéis que la música que escuchamos nos define?

PD: Esto lo escribí cuando el último disco era el de 2016, tendré que hacer otra reseña incluyendo...

Texto y dibujo cabecera: Saray Pavón
Logo y vídeo: Radiohead

lunes, 26 de noviembre de 2018

Background Sound

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Dos enamorados esnifan teorías
electromagnéticas
y vinilos de James Brown.

Se comen los ojos,
como dos fanáticos de Kubrick 
cocinando las pupilas de Buñuel.

Fabrican bombas con átomos
de viejos rockeros
y las esparcen por la luna.

Un viejo rockero toca
en una cagada de antro
el primer single de su último disco:
En la luna no se escucha una mierda.

Quema todos sus discos en Roswell,
Nuevo México.

Una fan se quita el sujetador.
En la órbita de sus pezones
el viejo rockero esnifa nuevos mundos
(dulces universos paralelos)

Vomita: Los poetas beat
fueron los primeros en pisar la luna.
Aullido, de Ginsberg, dice ella.
La bahía de San Francisco, dice él.


Poema de IJ Hernández, de Me preguntaron por drogas y hablé del amor
Imagen del libro Aullido, de Ginsberg.