martes, 14 de mayo de 2019

Camino a casa

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Me he sorprendido hablando solo,
tratando de distinguir lo ficticio de los hechos.
Escuchando quizás, las risas en felices vientos,
con niños y sus tardes, en gloria y melancolía,
simples ondulaciones en la falda de mi madre,
ahora ecos en ese universo de arena,
que poco a poco, lo va borrando el viento.

Me he sorprendido andando, tan solo y resquebrajado
por sobre las mismas orillas, una y otra vez,
recordando tristezas, meditándolas en el camino,
consolándome al andar hablándole a mis penas.
Enterrando mis alegrías. Dejándolas en el olvido.

Me he sorprendido mirando al piso en cada paso que doy,
dentro de ese final que ya no es más mi final.
El hombre: Vano remedo de la desintegración.
Yo: Jamás altivo y siempre consciente,
pensando cautivo: “Lo finito es humillación…”

Me he sorprendido confesando en lucubraciones:
"¡Caprichosa la vida…! ¡Que ingrata la amistad…!
Todo se pierde y todo se va…
Soñando en un campo…
¿Moriré al despertar…?”

Al final, nada queda, salvo tristes vestigios
de lo que alguna vez fui en mi andar.
Al final nada queda, salvo el camino a casa,
que aquella noche, me regalo este pensar.

Texto de Luis Morales
Foto de Patricia Reisman

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