miércoles, 14 de diciembre de 2016

Paradoja

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tlf-ha editado(2)Una paradoja en toda regla es esto: encontrarte con un poemario con versos que laten, que están cargados de fuerza y fuego... y que se titula "Hielos". Ya, desde este preciso momento, Adrián nos demuestra que es un ilusionista, un domador de palabras.

A lo largo de la lectura veremos como juega con las letras y éstas lo obedecen fielmente, como si estuviesen esperando que, después de cumplir su función, les llegase al lomo una caricia de recompensa. Por eso creo que este poemario está cargado de hachazos directos al corazón y a la mente, porque está compuesto por poemas breves e intensos, porque utiliza las justas palabras para hablarnos.

Su poesía, según estos ojos, es bastante reivindicativa. En la primera parte, Hielos, nos ofrece la vida a través de personajes mientras la esperanza (quizás aquella paloma que con su vuelo abre el poemario) se va escapando poco a poco de nosotros para dejarnos con un silencio. De golpe se apaga la conversación para que pensemos en todas aquellas cosas que en nuestros ritmos de vida acelerados no nos planteamos, nos invita a despertar, a terminar de romper el cascarón de Calimero. Y abrimos los ojos -debemos hacerlo-, descosemos el cansancio de nuestro vocabulario y vamos al encuentro de nuestro presente, porque nos damos cuenta de que lo que dice Adrián es cierto "...la vida es más corta que la muerte". Quizás los primeros pasos que demos aún tengan un tinte grisáceo, pero poco a poco iremos recuperando la luz, porque eso es lo que pretende: Mira, bucea en el mundo y ponte manos a la obra.

En Noctambulidad las palabras se impregnan de alcohol, con él baña sus cicatrices. Se abre la noche y los sueños no se recogen con los párpados cerrados sino que se vierten en cada copa, en cada paso que da al cuidado de los gatos. Aquí veremos cómo pasea por la agrietada ciudad, como empeña sus recuerdos por la noche y, por la mañana, la almohada se le llena de nubes.

Y por último Anacronía acepta la muerte como un remedio para aprovechar la vida, lo que tenemos ahora, como acepta que el amor no se elige. Habla de recuerdos, pérdidas, anhelo y nos deja cabalgando entre sentimientos. Cierra así. Las palabras han cumplido con su objetivo, quizás se ganen alguna caricia en el lomo mientras Adrián destapa un bolígrafo y comienza a escribir su siguiente aventura, pero entretanto... nos quedaremos disfrutando de esta.


8 de Octubre del 2012.
Prólogo para el poemario "Hielos" de Adrián Pelaez.
Reseña e imagen: Saray Pavón

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