
Antes de comenzar, un apunte: Venom es mi villano/anti-héroe favorito de Marvel y no creo que a estas alturas nadie vaya a hacer algo decente con él, así que mis expectativas estaban ya bastante soterradas. Pues bien, decidí ir al cine, un miércoles, para que el dolor fuera menos profundo regresando con algo más de calderilla en la cartera. En realidad, era una buena excusa para ver a los amigos y echar unas risas (más allá de la peli). Desde Londres tenía a un colega pendiente de mi opinión en cuanto la viese, por aquello de que compartimos bastantes gustos y tendemos a analizar todas las cosas. El mensaje de WhatsApp no se hizo esperar tras la escena postcréditos; tenía cronometrada mi salida de la sala. Mi respuesta a la impaciente pregunta "¿Veredicto de la peli?" en un principio fue corta y clara. "Bicho: sí. Todo lo demás: <<icono del monóculo>>". Y más o menos ese podría ser el resumen de la reseña, o incluso la reseña tal cual. Pero no voy a dejarlo así de soso. Le decía, continúo, que la ceja levantada simple no me daba esa "superioridad intelectual del que no ha ido a ver una peli de jajases y cataplufs". Esto ya es adelantar un poco lo que extraje del largometraje. Porque lo que prometieron fue un filme de terror, para mayores de 18, oscuro y siniestro. Eso sí, sin araña blanca en el pecho y sin ningún rastro del arácnido más famoso de Queens.
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Intenté con todas mis fuerzas sacarme los cómics y la serie animada de la cabeza y centrarme en el producto como película, como obra de ficción contada en un sistema audiovisual. Aun así, mi primer acceso de ira versó en torno a la desvinculación de
Spider-Man, porque, a ver, la razón de existir de
Venom, no del simbionte, es el trepamuros, no hay otra. Porque no existe
Batman sin la muerte de sus padres, o
Spawn sin un pacto entre un
Al Simmons ya muerto y
Malebolgia. Es decir: no existe un
Venom sin un
Eddie Brock con sed de venganza hacia
Peter Parker. A lo que él me respondió que tampoco le importaba mucho que se marcasen esa elipse con
Peter, porque le preocupaban más otras deficiencias. Como por ejemplo, que hubiese millones de ellos (simbiontes) y que tuviesen un líder, un tal
Riot. Eso suscitó en mí un regreso a uno de los recurrentes “más de lo mismo” del resto de adaptaciones. Porque lo que suelen hacer es pillar de aquí y allá para, supongo, satisfacer a ambas facciones: los que controlan algo del tema y aquellos cuyo conocimiento proviene del universo cinematográfico. En esta peli hay un par de casos al menos de esto que os digo. Uno es precisamente
Riot. ¿Existe? Sí. Pero ni es un líder de nada ni es más fuerte que
el protagonista. Es simplemente un guardaespaldas de
LIFE que lucha, para vuestra sorpresa (o no) contra
Anti-Venom (un
Eddie Brock con capacidades similares a
Venom pero ajenas al simbionte, es una larga historia). El otro caso es el uso de una portada mítica (
Venom. Carnage Unleashed Part III) para colgarse la medallita con un plano épico, pero ni son los personajes que deberían ni en el contexto que se requiere. Esto es algo a lo que nos tienen acostumbrados así que tampoco es que me importase demasiado, ya me resigno. Mis principales preocupaciones eran la calificación por edades, edulcorante destructor de nuestra era, y la ausencia de
Spidey. Entonces le dije: "Bueno, venga, hagamos un esfuerzo. Quitemos a Parker/Spidey de la ecuación. Aún así queda una peli llena de clichés mojoneros, algunos efectos que demuestran que se lo han gastado todo en el bicho (que es brutal en todas sus fases), y lo peor de todo, paradójicamente: el bicho. Me lo pones como un puto E.T. que está descubriendo el mundo, casi entrañable, coleguita, en plan: oh no, Venom, no te vayas, ¿y esas barbacoas que nos prometimos?". Perdón por mi lenguaje, es un extracto íntegro de la conversación. Este podría ser el resumen versión extendida de la reseña.
Habría que añadir que el peregrino guión hace un flaco favor a Tom Hardy, que está genial en los momentos serios, pero da grima realmente en los cómicos. Porque ese es el verdadero problema, el tratamiento que se le ha dado al tono. Una cosa es que te inventes la trama mezclando realidades con pajas mentales salidas de la manga, que ya no nos sorprende, y otra es que se desvirtúe al personaje. Que sí, que hacemos que el simbionte entre en contacto con Brock así, a lo loco, por un retruécano de guión con un personaje random que interactúa dos secuencias antes, ok, no importa. Pero no me hagas un Eddie Brock chistoso y dicharachero y al que no le importa nada de lo que le ocurre más allá de soltar un par de veces "¿pero qué me está pasando?". No despojes al prota de su creencias religiosas ni de sus reflexiones profundas y oscuras. No me hagas un Venom sacado de A propósito de Henry, no le des empatía con los humanos buenos: no quiere ser colega de nadie, el único objetivo del bicho es sobrevivir, es un parásito, nada más. No conviertas a los simbiontes en una especie de Pinky y Cerebro ultra hormonados con planes de conquistar el mundo. No digas que tienen unas capacidades y unas afinidades muy volátiles con los humanos y luego se va pasando de unos a otros como un porro (con secuencia lamentable incluida que no voy a destripar). En definitiva: no agujerees más un guión lleno de agujeros. No intentes hacer un Deadpool 2.1 con un personaje oscuro y despiadado a nuestros ojos.
Así que, como balance final, aun con la certeza de que no iba a ser fiel ni por asomo a los cómics, esperaba una peli digna, entretenida (aunque lo es a ratos), seria y comprometida con, al menos, el protagonista. Pero lo que me encontré fue una suerte de chistes malos, unos personajes a medio hacer, unos secundarios de pena y un atisbo de secuela que, me temo, va a seguir engordando el destrozo que le han hecho a mi querido cabroncete del espacio exterior.
Texto de A. Moreno
Fuente de la imagen de cabecera: https://www.deviantart.com/misterfear