Lo de Harvey Wenstein no es más que la punta de un iceberg de mierda
gigantesco. Y no me refiero solo al ámbito artístico de Hollywood, en el
que el productor no es ni mucho menos el único ni será por desgracia el
último. Ni siquiera hablo del entorno artístico en general. Eso es un
pico más de los muchos que coronan la enorme montaña de basura sumergida
que es la sociedad, adornada por las nieves de la deficiente condición
humana y esos gérmenes tóxicos que son el dominio machuno. La orogénesis
somos nosotros, quienes de alguna manera u otra la alimentamos de
porquería. En particular, el género masculino, que cuando calla,
protege, ríe, comparte, tolera o favorece cualquier conducta que humille
de alguna forma, por insignificante que nos parezca, la dignidad de una
mujer está aportando su tonelada de putrefacción.
Y ahí precisamente
está la raiz del problema, el caldo de cultivo, la sopa ancestral. Que
se suavicen, se normalicen esas conductas. Que nos parezca lo normal que
un tipo al que llaman periodista le pregunte a una actriz (pero
evidentemente no a un actor) por su ropa interior o cómo es capaz de
compaginar su trabajo con su vida familiar. Desafortunadamente también
es una práctica común entre las profesionales del cuarto poder. Aunque
sin duda beben de la misma fuente: la hegemonía del sapiens de pelo en
pecho. No seré yo quien las juzgue, bastante tienen con aportar tamaña
podredumbre a sus semejantes, pero un poco de amor propio no les vendría
mal. Los mismos pasos atrás (y metros de más a la cota) los
protagonizan aquellos (y sobre todo aquellas) que critican a modelos y
actrices que se han sumado a las denuncias hacia el depredador citado al
principio del texto (y a otros en otros momentos), tachandolas de
oportunistas. En lugar de pensar "es que hace falta mucho valor para
declarar que te han hecho o propuesto según qué cosas y, claro ahora se
han visto fuertes" sus mentes retorcidas esputan odio y se desvían del
objetivo. Son estos detalles, que a primera vista a muchos se les
antojan nimios e inofensivos, los que arraigan de forma más persistente.
El resto, ese crescendo de barbaridades intolerables (no es que lo
anterior no lo sea) sí parece que produce más rechazo y repulsión, oh,
albricias. No obstante todavía se oyen voces rancias y mohosas de un
peligro incalculable del tipo "es que claro, con esa ropa va provocando"
o "mira que salir sola a esas horas" o el terrorífico "dices que no
pero quieres decir sí".
Si todos, y digo todxs denunciásemos,
enfrentásemos, delatásemos, rechazásemos este tipo de roca sedimentaria
la montaña pasaría a colina y en un futuro a llanura de mierda, porque
hay otras cuestiones que me temo no podremos evitar. Es mucho más fácil
sortear la inmundicia libre de cadenas entre humanos que solo nos
diferenciamos por las putas hormonas y un cromosoma de mierda.
Texto de A. Moreno
Imágenes de Pixabay