viernes, 17 de marzo de 2023

martes, 14 de marzo de 2023

Y beberme los vientos, de Fátima Fernández Baena

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Llevábamos bastante tiempo sin publicar en papel. Asuntos personales, una pandemia, más asuntos personales. Una serie de catastróficas desdichas, como diría aquel. Y, de pronto, nos llega este regalo. Una periodista, una mujer poderosa, aunque tímida y recelosa de su propia obra, que no se atrevía a enseñarle al mundo lo que llevaba dentro. Pero, por suerte, dio el paso y mostró su alma para nosotros, convirtiéndose en el cuarto título de La i Poética.

Fátima Fernández Baena ya es poeta, por si hasta ahora no se había atrevido a decirlo en voz alta. Y es muchas más cosas. Como uno de los pilares de La giganta digital, un proyecto periodístico feminista (con miras a la aventura editorial) en el que impera la honestidad y la verdad por encima de todo. No contenta con esto, es una de las artífices de la Feria del libro feminista de Sevilla, que ya va por su segunda edición y no tiene pinta de pisar el freno. 

Pero ahora, además, recalcamos, ya es poeta.

Lo pone de manifiesto en su primer poemario Y beberme los vientos. Es un libro menudo pero rebosante de espíritu. No en el sentido religioso, no me malinterpretéis. Espíritu aventurero, rebelde, libre. Unas letras directas y potentes, sin versos de más. que van desvistiéndose en capas, como los pétalos de una flor silvestre y hermosa, frágil y que, a la vez, puede contener espinas. Pinchan, duelen, pero no son venenosas. Son más una advertencia. Son la declaración de un alma humana, que puede sangrar, pero a la que no te será tan fácil abrir o reabrir heridas. Estos poemas vienen acompañados por los coloridos retales de la mente de Saray Pavón, nuestra jefa y una gran ilustradora que potencia aun más, si cabe, el texto sugerente y provocador de Fátima. Estoy seguro de que en ellos encontraréis los rincones ocultos (sólo los que quiera enseñar) de su ser. 

Si quieres mirar en su interior, hazte con un ejemplar y navega hacia el sur. Déjate llevar por el aullido de esta loba urbana pero atada a la naturaleza y fiel a sus raices.

Editorial: La i Crítica
Precio: 12€
Puntos de venta: En las presentaciones que notificaremos próximamente y en nuestra tienda online (físico y pdf)

 Texto de Antonio Moreno
Ilustraciones de Saray Pavón



lunes, 13 de marzo de 2023

No hay palabras

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Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo.



Poema de Juan Luis Panero
Imagen de Pixabay

jueves, 9 de marzo de 2023

Pavane pour une infante défunt

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A mi tía Margot

Se diría que está aún en la balaustra del balcón
mirando a nadie, llorando,
Se diría que eres aún visto como siempre
que eres aún en la tierra un niño difunto.
Se diría, se arriesga
el poema por alguien
como un disparo de pistola,
en la noche, en la noche sembrada
de ojos desiertos, los ojos solos
de monstruos. Todos nosotros somos
niños muertos, clavados en la balaustra como por encanto,
como sólo saben esperar los muertos.
Se diría que has muerto y eres alguien por fin,
un retrato en la pared de los muertos,
un retrato de cumpleaños con velas para los muertos.
Pero a nadie le importan los niños, los muertos,
a nadie los niños que viajan solos por el país de los muertos,
y para qué, te dices, abrir los ojos al país de los ciegos, abrir los ojos hoy,
mañana, para siempre. Era mejor Oeste, tierras vírgenes, héroes en los ojos
de un cine desesperado, y los dioses que matan a los hombres feroces,
los dioses más feroces que los hombres
los dioses crueles de la infancia, los dioses
de la inocente crueldad, pensabas que se alimentan de ciegos
y de quienes mendigan su ser en una picaresca sórdida,
si hombres hay, homicida. Pero aventura no hay, lo sabes,
más que por alguien, para alguien, como un poema,
como el riesgo de un vuelo en el aire sin tránsito. Y es por ello
por lo que no hay infancia en el país desierto. Por ello también
por lo que nadie podría jamás sospechar que conservas esa
belleza demente de la infancia, ese furor contra lo útil de tu cuerpo,
y esa mudez en los ojos, esa belleza
sólo vendible al cielo del suicidio, sólo a esos ojos: esa existencia.
Pero la vida sigue como el puente de Eliot,
como un puente de muertos o un flujo
de sombras que se cogen
de la mano ciega en el lodo para saber que están muertos y viven.
Esa vida de la que hablan
en el infierno, entre sí los muertos, los alucinados, los absurdos,
los orgullosos sonámbulos disputando con sangre
una certeza alucinante; es un fuerte dios pardo.
Una basta tragedia que hacen
por navidades, los viejecitos, los difuntos,
con personas de olvido, con máscaras y ritos de otros tiempos,
rótulos de neón y fuegos fatuos: así obra desde entonces,
desde entonces, esa raza
misteriosa que pasa a tu lado sin mirarte o mirarse,
desde entonces, desde el día primero
en que te asomaste con pánico a su delirio. Desde que viven, quizá,
desde que no hay tiempo sino destino y trazo
de vida invulnerable a la decisión de una mirada fuerte.
Quien es visto o quien cae en ese río sordo
es lo mismo, es un muerto
que se levanta día tras día para
mendigar la mirada.
Porque todos llevamos dentro un niño muerto, llorando,
que espera también esta mañana, esta tarde como siempre
festejar con los Otros, los invisibles, los lejanos
algún día por fin su cumpleaños.

Poema de Leopoldo María Panero
Imagen de Pixabay



viernes, 3 de marzo de 2023

Sin receta

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Estaban aquellas pastillas para el párkinson
llamadas Artane
que combinadas con alcohol
producían alucinaciones
con una particular fijación por los enanos de colores.

Estaba aquel espray contra dolores musculares
cuyo nombre no sabría deletrear
retirado poco después de su lanzamiento
que inhalado provocaba una sacudida salvaje
en todo el sistema nervioso
seguida de un agradable estupor, indiferencia, otredad.

Catovit ingerido a puñados como estimulante
y otras píldoras de las más diversas formas y colores
completaban el elenco de antídotos
contra una vida
que nos fue también entregada
sin diagnostico
sin receta
y atiborrada de contraindicaciones.



Poema de Sergi Puertas
Imagen de Pixabay

miércoles, 1 de marzo de 2023

Palacio de los Guzmanes

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24/11/2020

Qué sería del palacio sin sus jardines, sin los árboles que le dan una forma peculiar desde donde se divise. Forman parte de su identidad, pero el palacio seguiría siendo palacio aunque se secaran o los cortaran. De hecho, algunos de esos árboles han roto la estructura que le dio Forestier a los jardines al diseñarlos. A las personas nos pasa igual, seguimos siendo las mismas aunque cambiemos nuestra apariencia, nuestro estatus social o cualquier otra circunstancia con las que construyamos nuestra identidad. Sólo tenemos que mirar hacia dentro para encontrar lo que somos realmente y eso es mejor que cualquier identidad que podamos construirnos

Texto e imagen de Maite Márquez Martín