martes, 22 de diciembre de 2020

Encontrarse

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Encontrarse en el extrarradio del afecto,
condensar toda una vida en dos minutos,
abrazar lo que el cuerpo esconde,
silenciar los gestos profundos, melancólicos,
allí donde residen los malditos.
Atravesar desiertos de sal y regresar sedientos.
En la calle la tibieza de la noche cae;
se escucha el lenguaje de los perros,
ruge el azahar incipiente de la vida,
está floreciendo el tiempo,
se van ahogando las dudas entre besos,
la luz inunda el túnel hasta el centro de la tierra.
Nos contraemos.
Nos expandimos.
Ángeles que corretean con las hadas,
se acerca la muerte
para empezar de nuevo
y nos va la vida en ello, así... tan dulcemente.

Poema de Laura Frost
Imagen de Pixabay

domingo, 20 de diciembre de 2020

Bien que te gustaría confiésalo lanzarte

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Bien que te gustaría confiésalo lanzarte
de bruces al abismo devorar para siempre
esas terribles ganas que humedecen tus sueños
y en tus pechos habitan enjauladas...

Dale suelta a ese inmenso poder embalsamado
momia viviente abre las compuertas:
verás cómo florecen dos volcanes
en el lugar que el hielo
cerrara la clausura y perdiera la llave...
Encárate al ariete que reclama en tu puerta
la entrada por lo menos en cada primavera:
verás cómo te llenas de caballos salvajes
y de luz que produzcan tus turbinas de sangre...

Pero, antes, mastica la medalla
de dirección prohibida que cuelga de tu cuello.



Poesía de Aníbal Núñez
Imagen de Pixabay


viernes, 18 de diciembre de 2020

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Crimen pasional

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El cañón aún vomitaba humo lentamente cuando soltó el arma de una sacudida. Las manos, manchadas de pólvora imperceptible para el ojo humano, temblaban con violencia. Había llegado al extremo. Ocurrió que había destruido algo valioso. Había arrebatado una vida. No había vuelta atrás. Miles de imágenes burbujeantes se cruzaron por detrás de su entrecejo. Ninguna era un buen recuerdo. Tenía la esperanza, al menos, de encontrar en algún rincón de su enajenada mente un momento de paz, algún instante compartido en el que recordase algún atisbo de felicidad. No fue posible. Los últimos días habían sido un caos tan absoluto que se sumergió en la más desconcertante de las locuras. 

Trató de calmarse. Buscó un cigarrillo en los bolsillos interiores de su cazadora de pana marrón. Su favorita. Y también la de ella. Ella… Había una foto suya en el otro bolsillo, donde guardaba el mechero. La sujetó con el índice y el corazón de su mano derecha, mientras agarraba el encendedor con el resto de sus trémulos dedos. Ni siquiera su imagen consiguió apaciguarlo. Ella… alivio y a la vez causa de todo. Lanzó la foto junto al cadáver y encendió al fin el cigarro. Ahora ya solo humeaba su boca, cuyos labios habían recuperado el color de la calma. Dio media vuelta y salió del salón en silencio. Junto a la foto yacía la caja vacía, rodeada de mil pedazos brillantes de plástico, del juego que ella le regaló: el Cyberpunk 2077. Justo detrás, sobre el mueble minimalista del televisor, la PS4 permanecía inerte con un agujero de bala en su carcasa negra.

Texto de A. Moreno
Imagen de Pixabay

En el camino

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Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
                                    Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
                            Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.



Poesía e imagen de Benjamín Prado


lunes, 14 de diciembre de 2020