viernes, 11 de agosto de 2017

Reseña auriculares Onear50 + desactivar estéreo en Android e iOS

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Antes de que los bazares chinos llegasen a España, en la época de las pesetas, existían las tiendas de 20 duros. Mis primeros auriculares los compraba en estas tiendas y me costaban 100-200 pesetas (0,60 - 1,20€ para los legos). Obviamente no duraban mucho. Durante un par de semanas o un mes sonaban ambos auriculares, luego se iba uno a la porra y escuchaba música por el restante hasta que también terminaba fastidiándose tres o cuatro meses más tarde máximo.

Un día entré en un bazar que existía en mi barrio y entre los auriculares que vendían había unos Yamaha que valían 1000 pesetas (6€), mucho más de lo que acostumbra a gastar. Me decidí a comprarlos y fue una estupenda inversión. Era la época de la radio y el walkman, unos buenos auriculares mejoraban la calidad del audio bastante. De hecho cuando los probé no me podía creer que la música pudiese sonar tan bien. Aquellos Yamaha me duraron casi tres años y desde entonces he procurado buscar una buena calidad de sonido en auriculares a buen precio y con una durabilidad aceptable.

ONEAR50
Visito el Decathlon dos-tres veces al año. La última vez mientras estaba esperando en la zona de caja me percaté de que tenían a la venta estos auriculares por 6€. Los únicos que tenía (buenos) eran los del manos libres del móvil, los cuales no me gusta usar diariamente para música sino para llamar con manos libres, así que decidí arriesgarme a comprarlos.

El diseño en sí no me convencía al principio. Hay algunos que se meten demasiado en las orejas y hacen daño (no sé en que piensan los diseñadores de ese tipo de auriculares, en que no los van a usar ellos, supongo). Sin embargo tras probarlos durante unas horas cambié de opinión. No son rectos sino que hacen una ligera curva resultando bastante cómodos.

No tienen las típicas fundas de plástico que se caen con sólo mirarlas y se pierden aún más fácilmente. Las que tiene no se van a caer, hay que quitarlas a propósito para su limpieza.

Con respecto a la parte más importante, la calidad de sonido, es muy buena, y a pesar de entrar en el oído no te aísla del resto de sonidos a tu alrededor como podrían hacerlo otros de diseño similar.

El único pero que le pongo es la pinza para enganchar el cable a la ropa. Seguramente sea por falta de costumbre por mi parte, pero me parece incómoda, no sólo puesta sino también suelta pues se desplaza de una punta a la otra del cable. Por suerte quitarla y ponerla es fácil.

Datos técnicos:
Rango de frecuencia: 20Hz-20KHz
Impedancia: 34 Ohmios
Longitud del cable: 120 centímetros
Tipo de conector: 3,5 milímetros minijack estéreo.

Conclusión: buen diseño, buen precio, buena calidad de sonido. La durabilidad está por ver pero tras tres meses de uso diario siguen en perfecto estado.
El nombre del producto me dio la idea para la siguiente parte de esta entrada.




DESACTIVAR ESTÉREO EN ANDROID E IOS
En la época de los 90, la del walkman y el discman, el sonido estéreo no era un recurso habitual. Hoy día, por desgracia, los artistas tienen la mala costumbre de jugar innecesariamente con el estéreo haciendo por ejemplo que un instrumento suene por un sólo canal, que la voz vaya por el otro o que algún elemento secundario cambie de un canal a otro alternativamente. ¿Sirve para algo eso? No, para absolutamente nada, salvo para fastidiar. Imagina que usas auriculares pero se te ha fastidiado uno y sólo puedes usar el otro, o que sólo quieres usar uno, por ejemplo el derecho, pues si para una canción han decidido que X recurso (instrumento, voz) sólo se va a poder escuchar por el canal izquierdo te lo pierdes, no hay manera de que puedas escucharlo. ¿O si la hay?

Durante un tiempo busque alguna App que sirviese para que el sonido se reprodujese en mono en lugar de en estéreo. No hubo suerte. Finalmente y de manera bastante fortuita (un cliente que activó opciones que no debería) encontré una manera.

OJO: esta opción no tiene porqué estar disponible en todas las versiones de Android e iOS (sobre todo si son bastante antiguas) ni ser idéntica a como la muestro pero al menos os dará una idea de cómo activarla. En mi caso he usado un Samsung Galaxy S3 (2016) para las capturas de pantalla. Para iOS por lo que he visto en su sección de soporte es casi idéntico.

1. Ira Ajustes. Luego entrar en Accesibilidad. Esa opción debería estar siempre disponible pero puede que en algunos modelos haya que cambiar el menú de modo sencillo o básico a avanzado. En iOS hay que entrar en General antes de Accesibilidad.


2. Dentro de Accesibilidad entramos en Audición.


3. Y en Audición activamos la opción Audio mono. Con eso ya resolvemos el problema del exceso de creatividad.

miércoles, 9 de agosto de 2017

La misma cantinela

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             La joven corre calle abajo esperando ver cómo el semáforo pasa al rojo, si no lo hace le será muy difícil conseguir un nuevo cliente.

            No quiere arriesgarse a asustar a aquel tipo, la clientela es escasa en esa época del año. Así que, poco antes de llegar al coche, reduce el paso, se abomba el pelo, levanta su minifalda hasta prácticamente dejar el culo al aire, y se desabrocha dos botones de la blusa, por otro lado casi transparente.

            Ella Fitzgerald suena en el Volkswagen. El hombre al volante, de pelo canoso, tez cetrina y gordo como un cerdo recién cebado, la mira con lascivia y deja ver la punta de la lengua entre los labios. “Hace una noche muy mala para que una linda joven como tú ande sola por estas calles oscuras” comenta el tipo.

            Aquel engendrillo es verdaderamente asqueroso, la forma de mirarla le da arcadas. Teme que se dé cuenta del asco que le produce y un antiguo miedo se apodera de ella. Intenta controlarlo respirando profundamente. Debe serenarse, después de todo, un cliente es un cliente. “La verdad es que tengo un poco de miedo” se queja la joven entre risas inseguras “si no fuera por necesidad”.

           “Mi pobre chica bonita” y una sonrisa macabra surca la cara de aquel animal. La lujuria lo devora, le mana de todos y cada uno de los poros del enorme y amorfo cuerpo “Si no fuera por necesidad nadie haría lo que hace, mi pequeña…” Nunca antes le han dado tanto asco aquellas palabras, “mi pequeña”, en boca de aquel monstruo suenan a perversión, a depravación, a pederastia “…pero las necesidades existen. Tú necesitas algo y yo también lo necesito. No hay nada malo en necesitar cosas y en desearlas…”

           Los dedos del hombre tamborilean sobre el volante al compás de una canción que jamás volverá a sonar igual en la cabeza de la joven. Aunque –jamás- es una palabra que da a entender demasiado tiempo.

            La joven mira hacia la parte trasera del vehículo y, con miedo a decirlo, la señala con la cabeza

“-¿me dejas montar?-”

             No hacen falta palabras.

            Los ojos del hombre saltan de sus órbitas cuando uno de los pechos de la joven casi queda al descubierto. En su mente se suceden imágenes de la joven en una cama, desnuda.

“-Claro, monta, zorra, aunque no será agradable… eso te lo puedo asegurar-”

          El hombre asiente con un leve movimiento de cabeza. La mira mientras se introduce en el vehículo, las piernas tersas y suaves (y sin medias) son de una firmeza suprema. Los pechos perfectos (medida estándar; la inmensa mayoría no puede equivocarse) y la cara preciosa, ojos verdes, labios carnosos, melena negra anillada. NO estará igual al final de la velada… eso puede asegurárselo.

           “¿Dónde vamos?” pregunta por fin el gordo. El pescuezo le desborda el cuello de la camisa dejando a la vista una cicatriz poco más abajo de su oreja derecha.

          En su cabeza, la joven lucha por evitar lo que está a punto de hacer. Aún puede salir corriendo y huir de todo aquello. Aquel tipo no la alcanzaría en la vida “No muy lejos, si quieres” dice al fin. Las cartas ya están echadas.

“Q U I I I E E E R O O O”

            Lo hace conducir por oscuros callejones bañados, a ratos, por vagabundos y prostitutas. Por último, entran en un callejón sin salida, oscuro, macabro. Un leve escalofrío recorre la espalda del hombre al penetrar en aquella negrura. “Para”. El coche se detiene con un sonido amortiguado.

               La joven sale del vehículo sacando unas llaves de alguna parte y abre una puerta oculta tras un cubo de  basura, alumbrada sólo por los faros del coche, “¿Entras?”, “Entro”.

            Un extraño olor a antiguo llena la nariz del hombre y lo hace pensar en algo de hace mucho tiempo. “Ponte cómodo” escucha desde algún lugar a su derecha. “¿Quieres una copa?”

            Llega desnuda, con dos copas de champagne. Le ofrece una que el hombre toma sin quitarle los ojos de los pezones, por eso quizás no puede ver la expresión de asco que a ella se le dibuja en la cara y que desaparece, al instante, como por arte de magia. Se bebe la copa de un sorbo y…

            … cae.

            Cree soñar con algo, habitaciones blancas de hospitales inverosímiles, de paredes corredizas y ventanas tapiadas, de luces intermitentes y gritos en no se sabe donde, de un miedo atroz que lo baña todo  y de una muerte danzante que se escabulle y ríe, ríe con una risa insulsa y maliciosa, y malsana y…

            …por fin despierta.
             Abre los ojos y ve a la joven que lo observa desde lo alto. No entiende lo que ha pasado, sólo que está tumbado. Intenta incorporarse pero algo lo tiene aferrado y comprende que está atado en una camilla.

     - En tu situación no deberías realizar esfuerzos. Podrían producirse daños irreversibles en tu organismo.

    - ¿Qué me ha pasado?, ¿Qué me has hecho, puta? Me diste la copa y me drogaste. Suéltame – los gritos suenan por toda la estancia. Es el único sonido.

    - Te he mejorado- la joven habla de forma apaciguada, casi melosa. Al fin y al cabo lo está salvando. - Estabas mal, eras un muerto, estabas atrapado. Pero te he liberado… ya comprenderás”.

    - ¿Qué me has hecho puta loca?- intenta gritar, pero las palabras apenas se oyen. La fuerza se le escapa por los millones de poros que surcan su descomunal cuerpo. Se consume por momentos.

    - Ya te lo he dicho, te he mejorado. Sí hicieras un esfuerzo por comprender dejarías de luchar y me darías las gracias. Debes tener altas miras, intentar comprender la totalidad de la situación.

            El hombre levanta un poco los ojos, intenta verse los pies, pero algo no va bien. Unas cuerdas se extienden desde su cuerpo hasta el techo, desde su cuerpo a las paredes. Desde su cuerpo a… Comienza a llorar.

    - ¿Y estas cuerdas? - consigue preguntar. Los sollozos se hacen más continuos, por fin rompen en un llanto purificador.

    - No son cuerdas dice la joven al fin – eres tu.

    - ¿Yo?- un alarido, entrecortado por el lloro, surge de su boca y… comprende.

            La locura se apodera de él, grita, maldice, llora, llora sangre, suda sangre, como el poema, TODO ES SANGRE y… zas, un corto y cierro, una parada, un colapso, un algo y ella…

            …vuelta a la misma cantinela.

Texto de Migue Carrión
Dibujo a bolígrafo de A. Moreno

lunes, 7 de agosto de 2017

Geografía Humana

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Mirad mi continente contenido
brazos, piernas y tronco inmesurado,
pequeños son mis pies, chicas mis manos,
hondos mis ojos, bastante bien mis senos.
Tengo un lago debajo de la frente,
a veces se desborda y por las cuencas,
donde se bañan las niñas de mis ojos,
cuando el llanto me llega hasta las piernas
y mis volcanes tiemblan en la danza.
Por el norte limito con la duda,
por el este limito con el otro,
por el oeste Corazón Abierto
y por el sur con tierra castellana.
Dentro del continente hay contenido,
los estados unidos de mi cuerpo,
el estado de pena por la noche,
el estado de risa por el alma
—estado de soltera todo el día—.
Al mediodía tengo terremotos
si el viento de una carta no me llega,
el fuego se enfurece y va y me arrasa
las cosechas de trigo de mi pecho.
El bosque de mis pelos mal peinados
se eriza cuando el río de la sangre
recorre el continente,
y por no haber pecado me perdona.
El mar que me rodea es muy variable,
se llama Mar Mayor o Mar de Gente
a veces me sacude los costados,
a veces me acaricia suavemente;
depende de las brisas o del tiempo,
del ciclo o del ciclón, tal vez depende,
el caso es que mi caso es ser la isla
llamada a sumergirse o sumergerse
en las aguas del océano humano
conocido por vulgo vulgarmente.
Acabo mi lección de geografía.
Mirad mi contenido continente.


Poema de Gloria Fuertes
Ilustración de Noemí Villamuza



sábado, 5 de agosto de 2017

Pirémonos

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Da gusto leerla, escucharla y supongo que verla en directo, aunque aún no se han alineado los planetas. Por desgracia la descubrí más tarde de lo que me hubiese gustado pero lo bueno de la tecnología es que puede congelar en el tiempo fragmentos de recitales, para que no influya la distancia ni la deshora (tan sólo la conexión a internet, claro). Traemos un canapé de SilviOrión. Una artista multidisciplinar que se comparte, a trozos grandes, en todo lo que hace. A ver si más adelante la enredamos con una entrevista o algo :)


Texto: Saray Pavón
Imagen y audiovisual: SilviOrión.

jueves, 3 de agosto de 2017

Oraciones Gramaticales

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Yo tengo esperanza.
El perro tiene hambre.
El banco del jardín respira mal.
La niña se peina.
La vaca se lame.
Las cosas me miran y es peor si me hablan.
En el suburbio hay flores maleantes,
las macetas son botes,
los hombres son tigres,
los niños son viejos,
los gatos se comen
las mondas también.
Los huérfanos huelen a madre,
los pobres a humo,
los ricos a brea.


Poema de Gloria Fuertes
Dibujo de José Álvaro Luque Mayoral



martes, 1 de agosto de 2017

En esencia...

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Despuntaba el alba tras un manto de sombrías nubes cuando le sacaron de su celda. Le conducían irremediablemente al cadalso, en silencio. Solo se oía el crujir de sus articulaciones; el amasijo de huesos en el que le habían convertido parecía rechinar en cuanto daba un paso, como si cada una de las piezas de su esqueleto chocara con la contigua sin que la carne apenas interviniese. Los ojos, hundidos en el cráneo, se clavaban en el suelo, tal vez por la resignación, tal vez para prevenirse de los rayos del sol que, aun tras los tenebrosos cirros, podría quemar sus azules iris.

Caminaba a duras penas, casi llevado en volandas por los dos carceleros, impasibles y eficaces. No había desprecio en sus miradas, solo indiferencia, la expresión de quien hace su trabajo sin preguntar por qué. Conforme salían del edificio aumentaba en sus oídos el gentío, que vociferaba toda clase de insultos y sentencias vulgares que le condenaban al infierno, pasando antes por la hoguera. Solo algunas ancianas interiorizaban una plegaria por su alma, casi ocultas, por temor a la turba. Cuando se hubieron acostumbrado a la luz, sus ojos contemplaron por primera vez a la masa que iba a ser testigo de su muerte. Al contrario que la soga que le ataría al poste, su corazón se deshilachaba por momentos, presa de la impotencia y la rabia que, debido a la injusticia, iba a sentir por última vez.

Le hicieron pasar delante del desatado público para acceder a su particular Gólgota y allí le dejaron, donde ya estaban esperando el verdugo y el juez que oficiaría el ajusticiamiento.

El verdugo ató las manos del condenado a la picota y encendió la tea.

El reo le dedicó una tenue, casi imperceptible sonrisa a aquellas plañideras clandestinas, quienes contestaron cerrando los ojos, apretándolos hasta dejar escapar una amarga lágrima. Mientras, el resto le lanzaba piedras y fruta podrida con más saña que puntería. Con una fulminante mirada, el juez detuvo la lluvia de objetos y calmó ligeramente el rugido de la plaza.

Frente al populacho solo quedaban ya tres figuras bien diferentes. El verdugo, bajo la capucha, solo era un funcionario más, bien alimentado y sin escrúpulos que solo pensaba en sus honorarios. El ajusticiado, la sombra de un hombre, una lúgubre caricatura de sí mismo. Castigado, acusado de brujería y de practicar cartomancia se resignaba a la injusta muerte. El juez, que miraba con desprecio a todo aquello que no fuera su reflejo, devoraba una reluciente manzana y le daba instrucciones al verdugo. Su riqueza no solo provenía de las monedas que acompañaban a su cargo, también percibía grandes sumas que se perdían en su bolsillo en el camino hacia las gentes del pueblo, los mismos que contemplaban el espectáculo deseosos de una muerte dolorosa y atroz. Ni el sudor derramado de sol a sol, ni las encallecidas manos cada vez más vacías, hacían recordar a aquellos espectadores de dónde venía su mediocridad, su escasez.

El juez sacó el legajo en el que se detallaban los cargos y la sentencia.

…por brujería y por practicar artes adivinatorias tales como el tarot y la videncia, este tribunal te condena a ser purificado en el fuego divino…

Cada frase era jaleada por el tumulto.

¿…abandonas a Satán y te retractas de las palabras por las que se te ha condenado?

Se hizo el silencio, acompañado por la macabra expectación; si se retractaba, se acabó el espectáculo.

El reo negó con la cabeza y cerró los ojos. Con una sonrisa dibujada en sus grasientos labios, el gobernador ordenó la quema con un simple gesto de confirmación.

El reo se asfixiaba ya por el humo y sus pies comenzaban a carbonizarse mientras los más fanáticos de las primeras filas y el mismo juez lanzaban a la hoguera el objeto de la condena, un manifiesto en el que se podía leer:

“…he visto el futuro, me he asomado a sus tenebrosas puertas, y dentro de quinientos años, el mundo no habrá cambiado…”

Texto de A. Moreno
Imagen de dominio público extraída de Pixabay