lunes, 30 de mayo de 2022

Por si las voces vuelven (reseña)

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No soy de dejarme llevar por el runrún tipo spam que hacen las grandes editoriales con sus libros, pero desde que supe de Por si las voces vuelven tenía ganas de zambullirme en él. Y ese deseo surgía por la temática y el escritor (Ángel Martín). Así que fue un acertado regalo de Reyes.

Lo leí tras terminar la novela Sigue como si estuvieras viva de Rafael Fernández Ruiz, así que la similitud de las sombras con las voces me hizo despotricar un poco sobre las editoriales que no apuestan por libros diferentes si no tienen el respaldo de un 'personaje público' (el camino mediático, los seguidores, etc.). También, a su vez, me alegré por esa apuesta sin riesgo ya que creo que es importante acercar a la masa -o sociedad- temas que siguen siendo tabú y hacer tangible una propuesta que se sale de los caminos comunes. Dicho esto os recomiendo encarecidamente que os hagáis con ambos libros, porque se disfrutan a muchos niveles (el cómo está escrito, lo que dicen, etc.).

Lo más escalofriante es que a cualquiera de nosotros nos podría pasar el hacer 'crec' y que se rompa lo que hasta entonces era nuestra vida. El desencadenante no tiene porqué ser el mismo: igual a ti te sucede si te das un homenaje de porros o monguis y otra persona se quiebra con los acordes de una guitarra; por eso mismo es bueno tener recursos que nos puedan ayudar a abrir los ojos y escapar de ese bache sin que quedemos en siniestro total. La literatura siempre ha sido un buen aliado para despertar, incluso si eres de los que les sirven los libros de Jorge Bucay o Paulo Coelho, lo importante es que encuentres lo que a ti te sirve para reconstruirte.

Y ya me meto en materia. Por si las voces vuelven consigue captar toda mi atención y que sea tan sugerente como la frase de '¿Quieres un café?' (si no me conoces está comparación está a la altura de las hojas caídas, pero te hago saber que me identifico con la palabra 'cafemaniaca'). Es bastante interesante observar cómo somos capaces de justificar cualquier cosa (desde situaciones surrealistas a actos descabellados) creando diferentes tramas. Todas ellas le dan coherencia y cohesión a cada paso que hemos dado, por más que llevemos un buen trecho yendo en contradirección. Y eso complica que frenemos en seco y podamos corregir, más bien seguiremos con la inercia avanzando hacia nuestro estrellato.

Podemos encontrarle significado a cada detalle de cada viviencia con tal de corroborar que tenemos razón. El ver todos los sucesos como señales: nos reafirma y nos hace cruzar límites. Además nos agota, porque cada decisión está alterando el presente y el futuro, el efecto mariposa nunca duerme. El estado de alerta es abrumador y fascinante al mismo tiempo, así que casi con total probabilidad evitaremos abrazar a morfeo añadiendo más café a nuestro organismo. El estrés que genera el no bajar la guardia hará su aparición estelar tarde o temprano y, entonces, tendremos suerte si al quebrar algunas de esas barreras a alguien de nuestro entorno se le enciende la bombilla de emergencia y decide actuar (que la sociedad nos ha educado más bien para 'ver, oír y callar', para hacer la visita gorda y pensar que ya se encauzará -sin que interfiramos-, aunque eso pueda ser perjudicial y genere un estado irreversible).

Lo normal es que aunque traspases las puertas del ala de psiquiatría del Hospital y vayas rumbo a tu casa, esa vivencia no se deje allí encerrada sino que te acompaña e influye en las siguientes decisiones e interacciones. Te vuelves con un lote de pastillas para mantener el equilibrio del cerebro y la decepción contigo mismo. El miedo y la inseguridad se suman al viaje y dificultan todo. Retomar las riendas y encontrar motivos que alejen la depresión no es tan sencillo como nos lo pintan en las frases de autoayuda. La lucha es diaria, las emociones son inestables y las voces se vuelven sombras que potencian tu desasosiego.

Y para los que tenemos un familiar que... o hemos pasado por un episodio que... sabemos del estigma de decir 'Yo estuve ingresado...', o 'mi padre tiene esquizofrenia' o cualquiera que sea la frase que se ajusta a tu situación. Porque a la gente le condiciona, siente miedo a lo que desconoce, se abruma pensando si es hereditario o si puedes tener una recaída... y van distorsionando la imagen que tienen de ti. Pero no entres en pánico, demasiado tienes con la autoflagelación que ya has pasado. Y es totalmente normal que titubees las primeras veces al contar ciertas cosas, porque no quieres soltar algo que desencadene una alerta visual y acústica recorriendo la ciudad a toda pastilla. Nadie quiere ser el que va dentro de una ambulancia y menos repetirlo, si es el caso. Pero cuando logres descoser la zozobra y abras en canal las emociones, es conveniente saber que habrá gente que salga de tu vida y eso será positivo, porque no iban a aportarte mucho más... y los que se queden: atesóralos. (Que a ver, esto es muy genérico todo, cada persona es un mundo y lo que sirve para mí puede no servirte y viceversa).

La paciencia será un gran aliado así que si no gozas de una buena cosecha tendrás que cultivarla (sin estar haciendo apología a las drogas, que ni fumo ya hace más de la mitad de mi vida). Y no está de más que entiendas que aunque desde fuera te pueda parecer que alguien no se está esforzando lo suficiente, a veces con el simple echo de haber salido de la cama ha gastado toda la energía de la que disponía en ese momento.

El capítulo 12 (adiós a las voces) desenroscó la llave de paso de mis lagrimales. Tuve que parar de leer e intentar sacar a mi padre de mis pensamientos. Es complejo vestirse del otro y que no se te haga un nudo en el corazón. Y en el capítulo 16 donde él menciona a Ketto mis generosas lágrimas dibujan el nombre de Yuki.

Me parece, más que valiente, generoso el acto de compartir tu propia experiencia para que pueda ayudar a otras personas (eso no quiere decir que tenga que ceder sus ganancias a cualquier asociación que investigue las enfermedades mentales o que sirva para facilitar recursos y asesoramiento a los que están en un momento peliagudo). Y la verdad es que ha sido una lectura entretenida, electrizante y muchos más términos que podría poder para manifestar que me ha bañado en muchas sensaciones, pero lo dejaré en un agradecimiento a Ángel por plasmar en un libro tantas voces (#post-it #nohagaisruidoqueestoytrabajando) y a A. Moreno por acertar aunque ya haga tiempo que no le escribo carta a los Reyes Magos (aunque a veces sí pido cosas para los gatos que rescato 😬).

Y bueno, si eres de los que no se sienten atraídos por la lectura (creo que esos no habrán llegado a esta parte de mi reseña 😅), también está en audiolibro, narrado y comentado por él. Eso mola porque se percibe 100% del mensaje a través de la entonación y es como escuchar uno de sus monólogos (aunque yo lo he leído con su voz).

Y, parafraseando:
Te quiero mucho.
A hacer cosas.

Post-it.

Reseña y fotografía de Saray Pavón

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