Frente a frente. A veces sólo vemos el reflejo de la realidad. Descubrir lo auténtico, la verdadera luz, fuerza y belleza natural, es el objetivo de la psicoterapia.
Texto e imagen de Maite Márquez Martín
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26/05/2021
02/05/2021
25/05/2021
Eres una persona esencialmente feliz con tu smartphone, tu tablet o tu portátil, leyendo noticias en Facebook, viendo los tuits de los tuiteros de moda, comprando cositas en Amazon o Aliexpress que has visto recomendar a algún youtuber, instagramer o blogger, hablando por WhatsApp con ese amigo al que hace tiempo que no ves… La tecnología es maravillosa. Igual puedes sobrecogerte de un terremoto grado 7 en la escala Richter en una punta del mundo que enternecerte con el nacimiento de sixtillizos en la otra punta, y eso mola tanto como darle un “like” a alguno de los que antes mencionaba. Y ya si ese “like” es para ti, porque estás contando, exponiendo públicamente tu vida y milagros en la inmensidad anónima de internet, entonces ya es el acabose a nivel mental. Supremo. Deleite absoluto. Y mentira absoluta. Porque esas noticias que lees en las redes sociales no te molestas en contrastarlas; esos tuiteros tan graciosos probablemente están plagiando la creatividad de alguien que no querrá (porque es alguien inteligente) publicar nada ingenioso en la marabunta internáutica; esas cosas que compras online porque tal o cual influencer pagado por multinacionales te asegura que es lo más de lo más no es realmente lo que quieres, pero lo acabarás comprando igualmente porque es cool; y ese amigo al que hace tiempo que no ves y con el que hablas por WhatsApp vive dos calles más allá de la tuya, pero mola más mandarle GIFs y emojis que contarle las cosas a la cara con una cerveza o un café. Todo gracias a la maravillosa tecnología, que te lo pone todo al alcance de tu mano, jamás mejor dicho que ahora.
Quedar con ese amigo para contarle lo que te pasa cara a cara no es moderno. Comprar en una tienda física y buscar lo que te gusta entre muchas cosas, con tu propio criterio, no es cool. Leer una noticia en una red social y quedarte con ella como verdad absoluta es ley. Y todo gracias a este montaje, un esperpento a nivel mundial, orquestado desde el principio de los tiempos por unos pocos para controlar a otros muchos, sólo que con unos medios que esos pocos jamás soñaron y ahora manejan a su antojo para feliz desgracia nuestra. Una auténtica máquina de ordeñar nuestros cerebros y sobre todo nuestros bolsillos, lo primero ansiado por los gobiernos para perpetuarse en el poder, lo segundo por las empresas mastodónticas que se benefician directamente de esos gobiernos con leyes absurdas que en vez de ir a favor de las personas van directamente a llenar las arcas de multinacionales cada vez más ricas, podridas de dinero… Dinero que extraen metódicamente de nuestra cartera.
Querid@ amig@, hazte sólo alguna de estas preguntas cada vez que en tu quehacer diario tengas que echar mano de la tecnología: ¿Es esta noticia verdadera? ¿Lo que cuenta esta persona lo ha pensado o lo ha copiado? ¿Verdaderamente necesito esto que voy a comprar, o habrá algo que no está ahí online que sea mejor? ¿Es mejor mandarle emojis a ese amigo que invitarle a un café y contaros cómo os va la vida?
Y sobre todo pregúntate si cada vez que un dato tuyo pasa por internet sabes a dónde va a parar, porque te sorprendería (y no para bien precisamente) saber lo que saben de ti todos los gobiernos y esas grandes empresas. Maldita esa tecnología que puede salvar vidas en un hospital según dónde vivas y el tamaño de tu cartera, o en la carretera porque el coche que te puedas permitir tenga tal o cual ayuda a la conducción realmente necesaria en caso de accidente en vez de una pantallita de 8” para ver bien el logotipo de los 40 principales mientras oyes la radio. Bendita la tecnología de a diario, diseñada expresamente para encarcelar la mente de mujeres y hombres en un Matrix que no tiene nada de virtual, sino que es muy, muy real… Y que tienes en la palma de tu mano tan idiotamente feliz, somatizado.
Recuerda estas letras cada vez que tengas a alguien conocido delante y te des cuenta de que no les estás prestando la más mínima atención a lo que te dice porque en tu mano tienes tu Matrix particular, donde te sumerges, te zambulles, naufragas y te dejas ir hasta el fondo. Porque así es amig@, los coches no vuelan pero tú vives en Matrix. Y si no lo sabes ya después de leerme y pensar un poco en ello mereces quedarte ahí.
Para siempre.16/05/2021
16/05/2021
02/05/2021
Una ciudad a las 7 es un cuerpo que se despereza,
que alarga su brazo para alcanzar aquello que nunca estuvo allí.
Una ciudad a las 8 es un pulmón que respira.
A las 9 es un corazón taquicárdico.
Luego, a lo largo del día, volverá a su pulso,
a sus contracciones y sus arritmias.
Y al fin, de madrugada, no será más que una sirena
que sumerge su cola en cualquier río y arrulla
entre sus pechos a los pequeños tritones
que juguetean entre los mechones de su pelo.
Texto de Carmen Ramos
Fotografía de pixabay.
Nunca me he fiado de los soldados
que nunca lloran
hasta quizás el momento
justo antes de su muerte
en la frontera,
en la trinchera,
en el frente,
o en el paredón
ante el pelotón de fusilamiento.
Hasta que no tienen nada más que hacer.
Imagen de uso gratuito de Pixabay.
Texto de Álex Ruiz.
Autoviario son 7 poemas compuestos en noviembre de 2015 mientras conducía y le daba la vuelta a Andalucía por motivos laborales. Como no podía escribir y conducir (y mucho menos en una autovía) los grabé en audio una vez compuestos mentalmente y... se quedaron demasiado bien archivados durante una década. 😅
NIHIL OBSTAT
Ni las dudas,
ni el pasado,
ni las opiniones ajenas.
Nada impide.
El último único obstáculo
entre mi piel
y tu piel
es la distancia.
11/07/2025
ASCENSIÓN
Tarde o temprano acabas harto, muy harto, demasiado harto. Ese
tremendo hartazgo te abre los ojos. Estás en lo más profundo del
pozo al que tú mismo te arrojaste. Te ahogaste. Eres un finado, un
difunto, un trozo de carne pudriéndose en el fondo de tu propio
abismo. Pero tú estás harto, exageradamente harto y no vas a
quedarte ahí.
¿Hacia dónde tirar pues? Hay varias
opciones:
Una es aceptar la condición de fallecido,
estrecharle la mano a Doña Parca, abrazar el rigor mortis de manera
permanente, brutal, definitiva.
Otra es merendarte tu
hartazgo, descartarlo, hacer con él lo mismo que has hecho con todo,
quedarte ahí como cerdo revolcándose en el lodazal.
Y
otra es subir, ascender, salir del maldito pozo.
Intentas esto último. Comienzas a nadar hacia arriba mas notas
que te cuesta, mucho, demasiado. Algo impide tu ascensión. Llámalo
cadenas alrededor de tu cuerpo, anclas aferradas a tus tobillos,
tentáculos de tu monstruo interno aferrándote. Llámalo como
quieras. Llámalo todo eso y todo lo malo y lo peor que imagines. Es
algo, muchos algos, innumerables algos tirando de ti, manteniéndote
en las profundidad abisales de tu puñetero pozo.
Pero tú
estás harto, realmente harto, rematadamente harto, condenadamente
harto. Dices:
–NO.
Sigues nadando sin apenas
avances.
Tu hartazgo se vuelve supino.
Sigues
nadando.
A ratos subes, a ratos te hundes.
Tu hastío se
vuelve superlativo.
Sigues nadando.
No
avanzas.
Tampoco retrocedes.
Tu asco se vuelve
SUPREMO.
Y con él viene el odio. Odio por el tú del
pasado que te arrojó el pozo, odio por el propio pozo hecho a medida
por y para ti, odio por los excesivamente numerosos algos que siguen
jalando de ti, odio por absolutamente TODO. Odio por estar nadando,
por estar intentando… ¿un imposible?
Sigues nadando. A
pesar de todo sigues nadando. Por inercia, por cabezonería, porque a
pesar del odio y de la sensación de futilidad que te inundan
tú-sigues-jodidamente-HARTO.
Algo se rompe.
De
repente nadar se torna más y más sencillo. Los tentáculos sueltan
tu cuerpo, las cadenas se rompen, las anclas se sueltan de tus
tobillos. La infinita legión de algos cae, retorna a las más
oscuras profundidades de las que brotaron.
Un poco más y
las yemas de tus dedos acarician la superficie del agua. Tu
obstinación, tu bendita terquedad te ha hecho ascender más rápido
de lo que imaginabas. O tal vez la profundidad no era tanta como
querías creer.
Ya te da igual.
Ya
estás
ahí.
Emerges. El aire vuelve a entrar en tus pulmones. El
corazón renace, late enloquecido. Las lágrimas brotan. Vuelves a
estar VIVO.
Mas esto aún no ha terminado. Aún estás en
el pozo pero sabes que ya has superado la peor parte. Te otorgas un
momento de respiro. Cierras los ojos e inspiras lentamente, dejando
que el aire llene hasta el último rincón de tus pulmones. Sonríes
al advertir el poco esfuerzo que realizas para mantenerte a flote.
Abres los ojos. Miras hacia arriba. Luz de alborada entra por la
abertura del pozo. Sus paredes están al alcance de la mano. Parecen
húmedas y vislumbras que serán difíciles de escalar… al
principio.
Vuelves a cerrar los ojos. Te tomas tu tiempo
para respirar con calma. Lo disfrutas. Deseas salir pero no tienes
prisa.
Ya no estás harto.
12/07/2025
Texto de Álex Ruiz.
Foto de Filipe Delgado, de uso gratuito
13/05/2021
1. Verso final del poema Si... de Miguel d'Ors en Hacia otra luz más
pura, 1999.
Foto de JohannesPlenio, de uso gratuito.
Texto de Álex Ruiz.
11/05/2021
11/05/2021
10/05/2021
Me hago mayor. Han pasado 15 años desde la última vez que tuve la suerte de ver a estos titanes del metal progresivo, de la música en general y de la historia. Porque se lo han ganado por derecho. Poco tiempo después de aquel conciert(az)o, con Symphony X como invitados (los dioses me sonrieron aquella noche), el alma de la banda abandonó sus filas. Estoy hablando del excelso Mike Portnoy, amo de las baquetas y señor del Dream Monster, ese kit infernal de tres bombos que nos vuelve majaras. Y, hablando de bombos, puede que me esté adelantando, pero esa, precisamente, es la única pega que podría poner a semejante evento histórico. Los bombos, sobre todo los de la parte del doble, sonaron demasiado atronadores y tapaban bastante el resto de instrumentos cuando el tito Mike se volvía un poco loco. Pero ¿a quién le importa eso ahora? ¡Ha vuelto, en forma de berserker!
Sea como sea, cuando conseguimos entrar en el recinto, después de admirar las espectaculares instalaciones, procedimos a asegurarnos una más que merecida segunda fila. Bueno, tras la valla de la infame zona VIP o zona millonetti o como diantres se llame esa cosa que está matando la magia de los conciertos. Allí esperamos pacientemente, con contacto visual incluido del grandioso Pablo Casas, batería de Sphinx (a quien pudimos saludar al terminar el show), hasta que las luces se atenuaron y comenzó un viaje audiovisual por la carrera de los neoyorkinos, con ovación especial en el momento en que aparecieron imágenes del Metropolis Pt. 2: Scenes from a memory. También chillé en modo Flanders cuando vi las portadas del Awake y el Six degrees of inner turbulence (de los que no tocaron ninguno 😢). Entonces, así como quien no quiere la cosa, empezaron a salir puntual y progresivamente (jeje) estas fieras musicoides.
Tras esta barbarie, Labrie nos lleva atrás en el tiempo, 26 años para ser exactos, al Metropolis Pt.2: Scenes from a memory, y entre todos encadenan (encadenamos) la segunda parte de la escena dos y la escena tres entera. Traducido: Strange déjà vu, Through my words y Fatal tragedy. ¿He dicho ya locura? Pues eso, locurón. La gente se volvía loca y ellos se gustaron bastante locamente. Aunque los únicos que parecían tener vida eran Labrie y Portnoy. Algo ya habitual. Pues los dos John a las cuerdas y el Jordan a las teclas son más comedidos y solemnes. Labrie estaba especialmente activo y, a pesar de las limitaciones, supo jugar muy bien sus cartas alterando la melodía (siempre en tono) para no tener que enfrentarse a su yo de treinta y pico años. Así fue durante prácticamente todo el espectáculo. Porque no hay otra palabra para lo que pudimos presenciar. Se pasearon por Octavarium, uno de sus discos más incomprendidos con Panic attack. Rozaron el disco que lleva el nombre de la banda con The enemy inside. Se animaron con la imposible Dark eternal night, del Systematic chaos. Acariciaron el extraño Dark clouds & silver linings (el que significase la marcha de Portnoy) con A rite of passage, tras la que nos dejaron babeando con unos minutos instrumentales muy introspectivos. Callaron la boca de los más puristas con dos temas del supuestamente comercial Falling into infinity: la preciosa Hollow years y la bipolar Peruvian skies (donde calzaron un pasaje del Wish you were here y unos cuantos riffs del Wherever I may roam. No creo que necesiten presentación pero de sus adorados Pink Floyd y Metallica respectivamente). Volvieron a la rabiosa actualidad con el trallazo de Midnight messiah. Se pusieron borricos con el inmenso As I am del tremendo Train of thought. Incluso nos hicieron la pelota tocando dos joyas atemporales que son historia de la música como son Take the time (muero de amor😍) y Pull me under, quizá su tema más conocido y con el que cerraron esta pedazo de noche mágica.
Dream Theater son estos benditos señores
El setlist:
Night Terror
Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu
Act I: Scene Three: I. Through My Words
Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy
Panic Attack
The Enemy Inside
Midnight Messiah
A Rite of Passage
Hollow Years
The Dark Eternal Night
Peruvian Skies
Take the Time
Bises:
As I Am
Pull Me Under
09/05/2021
08/05/2021
04/05/2021
02/04/2021
02/04/2021
02/04/2021
25/04/2021
20/04/2021
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13/04/2021